Irrompible 11 #4
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Tras aparcar, su amiga le dio un fuerte abrazo.

Desprendía un olor a fresa que la hizo sonreír.

Le recordaba a un champú que había utilizado durante su infancia.

Su madre solía ducharla sobre las ocho después de haber estado todo el día jugando en el parque.

Aquello le recordó que debía llamar a sus padres al día siguiente, quizás después de que Tatiana le dijera el día que iba.

—Buenas noches, disfruta de la velada. —Le guiñó un ojo.

—¡Eso haré! —gritó desde su coche tras abrir la ventanilla.

Ocean se rio y sacudió la mano antes de entrar y desaparecer.

Dio la vuelta, puso la radio y se dirigió con rapidez hacia la casa de John.

Estaba deseando pasar un rato con él a solas.

Unos quince minutos después ya la veía, pero desaceleró al ver un coche desconocido aparcado enfrente.

¿De quién podía ser? Entrecerró los ojos y vio a John en la puerta hablando con un hombre que llevaba una capucha negra.

Los dos hombres debieron de escucharla, ya que se giraron al verla bajar. Sin saber muy bien qué hacer, se cruzó de brazos y fue hacia ellos. Reconoció a Patrick. Llevaba un chándal viejo y tapaba sus características rastas rubias. Al verla, crispó el rostro.

—Joder, estás en todos lados.

Vaya, seguía odiándola. Coral fue a decir algo cuando John se adelantó.

—Patrick, cierra la boca. El que ha venido sin avisar eres tú.

—Bah, estás loco. Anastasia era mucho mejor, no sé qué demonios ha visto en ti.

—Mira, gilipollas —Coral fue hasta él y, como le sacaba bastante altura, alzó la cabeza—: Estás lleno de mierda hasta el cuello, te he salvado ese enclenque culo que tienes más de una vez y sigues tratándome de forma hostil. ¿Qué coño te pasa?

Ambos parecían sorprendidos por la respuesta de ella.

—Esas palabrotas son mucho más grandes que tú.

—Vete. —John la agarró del brazo y la pegó a él—. Mañana hablamos.

—¿Es que no ves lo importante que es la situación? —bramó—

. ¿Vas a dejarme así por estar con ella?

—Te he avisado un montón de veces de que dejases a Jack en paz.

Patrick maldijo antes de ir hacia su coche y mirarlos una última vez. Sus ojos estaban inyectados en sangre, como si no hubiese descansado. Tenía unas profundas ojeras que le añadían años y borraban todo rastro de juventud de su rostro.

—Si mañana no me ves, recuerda que preferiste follar con esta guarra a…

John la soltó bruscamente. Coral se agarró al marco de la puerta al perder el equilibrio. Parpadeó unos segundos y vio que agarraba a Patrick del cuello e iba hacia ella. Patrick insultaba y decía toda clase de palabrotas, intentando soltarse de su presa.

—Pídele disculpas. No caigas tan bajo. Tú no eres así.

—¿Y qué mierda sabes tú? —escupió—. Desde que te juntas con esta… ¡Maldición, John, no aprietes más! De acuerdo, ¡de acuerdo! —Miró a Coral con rabia—. Perdón. Listo, déjame irme.

—Llevamos juntos muchos años, Patrick, he estado aguantando tus tonterías porque te considero un hermano. —Lo soltó—. No hagas que cambie de opinión. Vete a casa, mañana hablaremos.

—Si Jack no acaba conmigo antes.

—¿Quieres que te acompañe a casa y te cambie el pañal? — John le hizo un gesto a Coral para que entrara.

Patrick murmuró algo antes de montarse en su coche y marcharse, dejando una nube de polvo tras de sí.

Coral lo observaba con cierta preocupación.

Jack había demostrado no ser un hombre normal que se regía por la ley y denunciaba en caso de robo, sino que prefería tomarse la justicia por su propia mano.

Jack se había mostrado simpático con ella, incluso cordial…

¿Y si ella podía solucionar aquel problema sin que tuviesen que llegar a las manos?

Bueno, o evitar que sucediese una vez más.

Patrick estaba perdiendo la vitalidad que ella le había visto desde el principio.

Tenía la sensación de que todo aquello iba a acabar mal, muy mal.

Iba a tener que hacer algo si no quería que John se viese metido hasta el cuello. Él nunca iba a dejar solo a Patrick: era como un hermano más.

—¿En qué piensas?

John acababa de echar el cerrojo de la puerta y se cernía sobre ella.

—Nada.

—No te metas en esto, Coral, ya es adulto.

—Estudió el rostro femenino—. ¿Coral? —La agarró del brazo y la estrechó contra su fuerte cuerpo.

Todas las curvas de ella estaban pegadas a él.

Desconectó del tema; solo era capaz de sentir su cuerpo, sus manos sobre su ella, su olor en su nariz.

John era su adicción, se perdía en un mar de sensaciones cuando la tocaba—. Prométeme que no harás nada.

Quería que la besara, saborear sus labios y mordisquearlos. Quería desnudarlo por completo. No había nada lógico, solo físico.

—Bésame. —Dio un pequeño salto y envolvió las piernas alrededor de las caderas de él. Él reprimió una sonrisa, cargándola con facilidad—. Bésame y vamos a follar.

—Joder —gruñó John antes de tomar su boca en un posesivo beso.

Pero aquella vez era diferente. Las manos femeninas fueron al borde de la parte superior de su vestimenta, dejándole el torso expuesto.

Pasó con suavidad las uñas por la espalda, agarrándose cuando él profundizaba el beso.

Sintió que la apretaba contra una superficie de madera; seguían en el recibidor.

Llevó las manos hasta el cinturón, lo desabrochó y le bajó los pantalones y la ropa interior hasta la mitad de los muslos. No tenían que desnudarse de todo, Coral quería saciar aquella parte oscura de sí misma y recobrar el control. Luego podían volver a hacerlo con más lentitud, pero esa vez no.

Ella sí que estaba desnuda, John debía de haberle quitado la ropa mientras la besaba. Coral gemía con cada suave tirón que la boca de John daba sobre sus erectos pezones, acariciando su tembloroso cuerpo con esas manos que casi la cubrían por completo.

—John… —murmuró; cerró los ojos y se arqueó hacia él.

Él fue bajando por su cuerpo, besando su abdomen hasta estar de rodillas en el suelo, justo a la altura perfecta de su sexo. Al abrir los ojos, vio que le colocaba los pies sobre el mueble para que estuviese abierta y expuesta ante él. La agarró de las caderas y la llevó hasta el borde.

John acercó su rostro, la besó en la cara interna de un muslo y luego en la otra.

La respiración de Coral era entrecortada. Desde donde se encontraba, podía ver su erección, pesada y con la cabeza oscurecida. Apuntaba hacia ella descaradamente. Se humedeció los labios y cogió una rápida bocanada de aire justo cuando John le lamió la vulva.

—¡John! —Se aferró su cabello con las dos manos y se pegó a su cara.

Él la lamía sin parar, prestando especial atención a la zona del clítoris, pero sin tocarlo.

Daba suaves golpecitos, mordisqueando para luego lamer, aliviando la zona.

Justo cuando un dedo comenzó a hacer presión, Coral se relajó, dejándolo entrar.

Aguantó la mirada de él entre sus piernas con un suspiro. Era terriblemente erótico—. Por favor…

Quería correrse, pero sabía que él intentaba alejarla lo suficiente para alargar el placer. John hizo un movimiento rápido en el que su boca acabó sobre su hinchado y excitado clítoris, chupando y acariciándolo con la punta de la lengua mientras sus dedos entraban y salían de su sexo con rapidez.

El placer se fue acumulando en la parte baja de su vientre y se expandió por todas las extremidades de su cuerpo hasta que acabó llegando al ansiado clímax; John tuvo que sujetarla cuando estuvo a punto de caerse de lado al suelo.

Se incorporó y le dio un intenso beso. Su propio sabor en los labios de él volvió a caldear su cuerpo.

Lo envolvió con las piernas y le acarició el duro miembro.

—Voy a meterte en mí —susurró contra sus labios.

John la alzó con facilidad con un brazo y la acercó a su pene hasta dejar el inflamado glande justo en la cálida entrada.

Gimieron cuando entró por completo. Se sostuvieron las miradas mientras sus cuerpos se unían, sintiendo una conexión profunda que se formaba entre ellos.

Coral se aferró a él con las piernas aún más fuerte y le rodeó el cuello con el brazo para estar más cerca de sus labios.

Justo cuando estuvo complemente dentro, rodeado por las cálidas paredes de su sexo, tomó su boca en un profundo e íntimo beso. Sus lenguas se acariciaron, al igual que sus manos, que se recorrían para sentir aún más.

—Coral… —murmuró contra sus labios.

Empezó a moverse cada vez con más rapidez, ocasionando que ella sintiese otra vez placer. Sabía que no iba a aguantar mucho; ninguno de los dos iba a hacerlo. Entraba y salía, tocando todos los puntos sensibles que había en su sexo. Lo recibía con ansias, intentando retenerlo en su interior.

—John… —Quiso ocultar su rostro y morderlo en el hombro justo en el momento en el que se iba a correr, pero se lo impidió.

Su abrazo se hizo más fuerte.

—Quiero… verte. —Su voz ronca llegó con dificultad hasta ella.

Coral llevó una de sus manos hasta su clítoris y se lo tocó con rapidez, sintiendo un abrasador placer que acabó por llevarla de nuevo al orgasmo; se deshizo entre los fuertes brazos de John. Él siguió embistiendo, hinchándose más y más hasta vaciarse por completo en su interior, abrazándola.

Ella le rodeó con los brazos, cargando su peso con ganas. Le daba besos en el cuello, en la mejilla, e incluso logró alcanzar sus labios, que le correspondieron. Coral había disfrutado como todas las veces que se habían acostado, con la diferencia de que había sentido… algo. En su pecho.

Con la tenue luz del salón, pudo ver algunas de las cicatrices de su cuerpo. Cogió aire con brusquedad y sintió un nudo en el pecho. Acarició cada trozo de piel que pudo, dándole aquellos eternos segundos que John necesitaba para tranquilizarse.

Él se incorporó, la cogió en brazos y clavó su oscurecida mirada en ella.

No dijo nada, pero no le hizo falta. Él también lo había notado. Un sentimiento nuevo, puro y cálido había surgido entre los dos.