Irrompible 11 #3
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—Mmm… —Cogió un mechón de su cabello y jugueteó con él—. Tendrá unos… treinta y nueve años. Cuarenta quizás.

—Está muy bien conservado —sonrió al ver la mueca de John.

—Estuvo conmigo en la Marina, pero durante más tiempo. Cuando llegué… intentó por todos los medios guardarme las espaldas. Yo era demasiado joven y me metía en líos.

Coral abrió mucho los ojos.

—Vaya…

—He ido a visitar a mi madre —murmuró mirándola fijamente. Estando tan cerca de ella, captó el olor a jabón. Debía de haberse duchado hacía poco. Llevó una mano a su cuello, se lo acarició y lo besó—. Es solo que…

—Está bien, no tienes que decir nada más. Todo está bien.

—Lo siento si a veces… meto la pata.

Enternecida por el giro que había dado la situación, se puso de puntillas para alcanzar su boca. Lo besó en los labios y él le rodeó la cintura con su brazo libre y la pegó a él.

—Te he echado de menos —admitió.

—Yo también. ¿Ha ido todo bien con tu abuelo?

—Sí, lo conocerás el día de la pelea. Puede ser… intimidante. ¿Qué tal ha ido tu día?

—Bien, he estado diseñando y hablando con las hermanas que hacen la ropa. Sobre las fechas, pagos y demás. Oh, mi prima Tatiana vendrá a verme, mañana me dirá qué día.

—Puedo conseguirle otra entrada en caso de que…

—No te preocupes, no creo que se quede más de dos semanas. A ella también le encantan las MMA , pero con poder asistir al entrenamiento será suficiente. —Cogió aire y clavó la vista en los carnosos labios masculinos—. ¿Mañana descansas?

—No, he descansado hoy para ver a mi abuelo y a mi madre. —Los dedos de él le acariciaban la piel de la cintura, metiéndose por dentro de la camiseta que llevaba.

—Por cierto… ¿Patrick se ha tomado unas vacaciones? No lo vi el día que entrenasteis. Dante me lo contó.

—Sí, tiene la cara magullada y sabe que, si Dante lo ve, lo echará.

—Chicos, vamos a coger ya mesa, ¿estáis listos? —preguntó Justin.

Siguieron a los demás junto a un camarero que los llevaba a la parte de arriba, donde se cenaba.

Una vez cogieron sitio, Coral sonrió y John le dio un cariñoso apretón en el muslo.

Lo hacía siempre, como si no pudiese controlar las ganas de tocarla.

Le cogía un mechón y jugueteaba con él, le daba un beso en la coronilla…

Justin y Bridget estaban sentados delante de ellos; las demás parejas ocuparon los sitios libres, y Ocean se puso al otro lado de Coral.

Charlaba animadamente con Jane y su marido Brendan.

Echó un rápido vistazo al salón y vio a Anastasia cenando con una mujer tan exuberante como ella misma, pero en morena.

Eran el centro de atención del restaurante.

Sus ojos azules se iluminaron al ver a John.

Tranquila, le dio un sorbo a su bebida en completo silencio.

—¿Te apetece que mañana hagamos algo después de entrenar?

—Sí, trabajo por la tarde, pero cierro sobre las siete. Puedes venirte a mi casa si quieres.

Él asintió con una pícara sonrisa. Le guiñó un ojo.

—Allí estaré.

—John… Qué agradable sorpresa.

El aludido levantó la mirada y la clavó en Anastasia, que se había acercado. Llevaba un ceñido vestido plateado que marcaba todas y cada una de sus curvas, pero la hacía verse elegante.

—Hola, Anastasia.

La mesa se había quedado en silencio. Justin se aclaró la voz y sacó otro tema de conversación.

—¿Qué tal todo? Dentro de poco lucharás contra Dmitry.

—Bien. —Asintió—. En un mes.

—Estaré allí, no me lo perdería por nada. —Se volvió hacia Coral y esbozó una amable sonrisa—. Me alegro de volver a verte.

—Gracias, igualmente —musitó.

—Os dejo con vuestra cena, solo quería saludar. Hasta luego —añadió, dándole un apretón a John en el hombro antes de regresar a su mesa junto a la morena.

No debía sentir celos, se dijo, ella formaba parte de su pasado, John tenía todo el derecho del mundo a tener un pasado, al igual que ella. Coral sabía que ella era una mujer atractiva, bonita, pero Anastasia estaba a otro nivel.

Ocean se agachó hacia ella.

—¿Va todo bien?

—Sí, claro. ¿Por qué?

—Tienes cara de querer salir corriendo.

—No te preocupes, me quedaré. No parece mala persona.

—No, no lo parece. —Ocean hizo una mueca tras vaciar su cerveza de un buen trago—. Menos mal que tú conduces, hoy tengo ganas de coger una buena.

—Es una cena, no salimos de copas —respondió mirando el precioso reloj que había frente a ellos. Removiéndose incómoda, se incorporó de la silla—. Ahora vuelvo —dijo al tener varios pares de ojos puestos sobre ella.

Coral se echó agua sobre la nuca y suspiró.

¿Por qué se sentía tan pequeña al lado de Anastasia?

Al mirarse en el espejo, vio fugazmente a la mujer que años atrás se había dedicado a salir para conocer hombres, tener su atención y tras encuentros esporádicos, borrar sus teléfonos e impedir cualquier tipo de contacto con ellos por miedo a volver a pasar por lo mismo.

Había cambiado. Estaba segura de que, paso a paso, iba a acabar con aquel sentimiento de inferioridad.

La puerta del baño se abrió. A través del espejo, vio a Anastasia. Ella echó el pestillo y se acercó despacio hasta apoyarse en el lavamanos.

—¿Pasa algo? —preguntó Coral.

—¿Sabes? En realidad no somos tan diferentes como crees. — Esbozó una tranquilizadora sonrisa—. Quería decirte que acepto lo que hay entre tú y él, no voy a meterme en medio. Eso no quiere decir que pueda borrar mis sentimientos, pero puedes estar segura de que…

—Yo… Te agradezco esto, Anastasia, pero John es adulto. Confío en él. Entiendo que hayáis tenido un pasado juntos.

—Solo follábamos y yo lo seguía en todas las peleas —la interrumpió.

Sabía que se habían acostado juntos, pero que ella se lo confirmara la aturdió.

—De acuerdo. —Asintió.

—Iré a la pelea el mes que viene —confirmó—. Te veré allí. Soy una fan más. Solo… No quería que hubiese mal rollo entre nosotras, ¿de acuerdo?

Extendió su delicada y elegante mano con uñas largas y transparentes. Coral se la estrechó y sonrió, sacudiendo la cabeza.

—Por supuesto.

Se miraron fijamente unos segundos antes de que Anastasia retrocediera un paso.

—Hasta luego, Coral.

Quitó el seguro, salió del baño y la dejó sola.

Ella no tardó mucho en reunirse con los demás.

La mirada de John, que seguía en la mesa, la congeló un segundo antes de continuar su camino.

Él las miraba a las dos, quizás preguntándose qué le habría dicho o qué habría pasado. Ocupó su sitio y él se acercó a ella.

Su intenso olor fresco llegó hasta ella. Se removió sobre la silla, sintiendo una vez más cómo su cuerpo respondía ante su cercanía.

—¿Va todo bien?

—Claro.

Él inspeccionó su rostro, pero no debió de ver nada sospechoso, ya que dio por válida la respuesta de ella con un asentimiento.

Colocó el brazo sobre su silla y la acercó con descarado hacia él.

Las patas de la silla crujieron. Lo miro con las mejillas sonrojadas.

Estaban tan cerca el uno del otro que podía ver a la perfección el color de sus ojos y olerlo.

—Déjame que luego te lleve a casa.

Negó con la cabeza, aguantando la risa.

—He traído mi coche.

—Deja a Ocean y… te espero en mi casa. ¿Qué me dices? — Le echó un mechón hacia atrás y le acarició el cuello con la yema de los dedos en círculos.

Sabía cómo llevársela a su terreno, pensó.

Sentía la boca seca y un ardiente calor en el centro de su pecho.

Quería besarlo, mordisquear sus irresistibles labios y sentarse sobre él para sentir su erección empujando a través de la tela.

Colocó una mano en su mandíbula, acariciando el vello incipiente.

—Vale. Allí estaré.

—Iré detrás de ti —añadió, dándole un suave pellizco en las caderas.

—No hace falta, John. Puedo ir perfectamente sola. Espérame en tu casa, allí estaré.

A regañadientes, movió la cabeza en gesto afirmativo.

—Está bien.

—Y ahora veamos qué vamos a comer. Tengo muchísima hambre.

Coral se estiró para alcanzar una de las cartas y le echó un vistazo fugaz al reloj que había sobre ellos.

Deseaba que la cena acabara, acercar a Ocean a su casa y tirarse a los brazos de John.

Cruzó las piernas e intentó concentrarse, haciendo a un lado sus pensamientos y sensaciones más primitivos.

—¿Ha pasado algo en el baño, Coral? —La voz de Ocean llegó hasta ella nada más ponerse el cinturón y sacar el coche del aparcamiento.

—No, la verdad es que no. Es… Es bastante limpia. ¿Sabes a qué me refiero? No juega sucio.

—¿Qué te ha dicho? He escuchado que John te lo preguntaba, pero estoy segura de que algo ha pasado.

—No se lo he dicho porque es echar más leña al fuego y tampoco ha sido nada. Se ha acercado a decirme que lo acepta, que ellos solo follaron y que básicamente tiene sentimientos por él, pero no piensa interferir.

Ocean asintió despacio y se volvió hacia ella.

—Pues sí, me la esperaba más… horrible.

—Yo también, pensaba que no aceptaría una derrota, pero parece que sí.

¿Sabes? Siempre que estoy cerca de ella me siento…

pequeña. Como si fuera mi hermana mayor y tuviera que darme una lección.

—Cogió aire y miró un momento a su amiga, que la escuchaba con atención—.

Sé que son mis inseguridades, pero es… incómodo.

—Eres guapa, Coral. Que seáis diferentes no quiere decir que ella sea mejor.

John solo tiene ojos para ti. He visto cómo te miraba durante la cena.

Es increíble lo mucho que habéis progresado desde que os conocisteis.

—Coral le sonrió a Ocean, agradecida por sus palabras—. ¿Le has contado lo de Tatiana?

—Sí, se la presentaré. Él también… me ha hablado de su abuelo, Cam.

—Eso es un gran paso. Deja de comerte la cabeza y disfruta.

Asintió, sonriente.

—Eso pienso hacer esta noche.

Ocean se llevó teatralmente una mano a la frente. Coral se rio.

—Oh, no, no me des envidia. Hace bastante tiempo que no me como nada —se quejó, apoyando la cabeza en la ventanilla.

—¿Cuánto tiempo?

—Cuatro meses, y lo que queda.

—No es para tanto… Una vez estuve casi dos años sin nada. Aunque tampoco es que valiese mucho la pena después.