Irrompible 10 #2
56%

10 #2

—¿Y no has pensado nunca diseñar ropa masculina? — preguntó con curiosidad, musitando un «Gracias» cuando les llevaron las bebidas.

El hecho de que John no parase de hacerle preguntas para obtener más y más información de ella la hacía sentirse…

halagada. Había salido con bastantes hombres, pero ninguno había mostrado tanto interés.

Al revés, solían enfrascarse en sí mismos, hablando durante horas de sus trabajos, sus logros, sus exparejas…

lo que acababa consiguiendo que ella pasara de ellos.

—No —se aclaró la garganta—. John… Necesito saber más sobre Patrick.

El rostro masculino se endureció.

—Cuanto menos sepas mejor.

—Me merezco saberlo, sobre todo porque ayer nos atacaron. Me lo debes y lo sabes.

En ese momento la camarera llegó y alzó su libreta.

—¿Ya sabéis lo que queréis de comer?

—Yo quiero una hamburguesa número ocho —pidió Coral con rapidez, deseosa de que dejaran de interrumpirlos.

—Estupendo, ¿y tú John?

—Lo mismo.

La joven se fue con rapidez a dar la orden antes de dirigirse a otra mesa donde una nueva familia esperaba con ansias. Cogiendo aire, lo miró. Intentó no reírse. John tenía una ceja enarcada.

—¿Y bien?

—Yo… No sé hasta qué punto conoces la historia.

Digamos que antes de pelear legalmente para la EFL …

—Coral vio la tensión en su rostro, la incomodidad que lo rodeaba al hablar de su pasado.

Abrió la boca para pararlo cuando él continuó—: Cuando salí de la Marina me dediqué a luchar en las calles para ganar dinero.

— Se cortó de forma brusca, como si hubiese ido a decir algo que, para él, no tenía nada que ver o no era necesario que ella conociera—.

Patrick se dedicaba a las apuestas. No siempre fue limpio, se quedó con dinero de gente bastante peligrosa, entre ellos el de Jack.

—Cogió aire y apretó los puños—. Digamos que meses más tarde conocí a Dante en un pub …

Él me animó a dejar de luchar en los tugurios y a hacerlo en su gimnasio.

Hasta llegar a ser quien soy. Dante se dio cuenta de que Patrick tenía una habilidad especial para las matemáticas, las relaciones públicas y las organizaciones de eventos.

Lo contrató…, pero siguió durante un tiempo metido en asuntos con Jack, ganando mucho dinero.

Parece ser que se quedó dinero de él… y así están.

—John se encogió de hombros, quizás para relajar su postura—.

Le han dado palizas y no ha levantado cabeza.

Como Dante se entere, lo echará. —Miró a Coral a los ojos—.

Es muy importante que no llames a la policía, que Jack no se haya atrevido a matarlo aún es por Dante y por mí, ¿me entiendes?

Hablaré con Patrick y Jack, me aseguraré de que no te pase nada, pero… no metas a la policía.

Coral asintió varias veces, comprendiendo la complejidad del problema…

, aunque sabía de sobra que eso no iba a acabar bien.

Iba a salpicar a todos los que se encontrasen cerca, incluido ella.

Se hizo el silencio mientras John la estudiaba, midiendo su reacción.

Sabía que no estaba de acuerdo con su plan, que le veía muchos agujeros.

—Está bien, no llamaré a la policía…, pero que sepas que no es un buen plan. Cubrirlo no hace que huela mejor.

Él sonrió de forma casi imperceptible.

—Sigue oliendo a mierda.

—Totalmente. —Coral colocó ambas manos sobre la mesa, sintiendo las puntas de los dedos frías—. Aún recuerdo la primera vez que te vi, en mi tienda —musitó—. Me quedé… en shock .

—¿Te asusté? —preguntó con tono jocoso.

—No, me encantaste. ¿No se notó?

—No. Estaba demasiado preocupado contemplándote.

—Un intenso calor se concentró en sus mejillas.

Se estaba sonrojando. Aclarándose la voz, se removió en la silla, cambiando de posición.

La temperatura del ambiente parecía haber subido unos cuantos grados.

Sentía el cuerpo pesado. John la estudiaba, satisfecho de haberle causado aquella reacción—.

¿Te gustaría venir esta tarde al gimnasio?

—Coral levantó la vista de golpe, sorprendida—.

Voy a entrenar con Yakiv, me dijiste que te gustan las MMA , así que pensé que…

—¡Me encantaría! —lo interrumpió con efusividad—. De todas formas esta tarde solo pensaba en mandarle los diseños a Zafrina y a su hermana. Puedo hacerlo por la noche.

Él asintió, poco dispuesto a usar más palabras de la cuenta.

A pesar de que se le había cruzado un par de veces preguntar por su familia, sabía que no era el momento.

¿Iba a ser más efectivo quizás esperar a que él hablase cuando se sintiese cómodo?

Estaba segura de que, si hubiera preguntado, habría levantado una barrera entre los dos que iba acabar por echar por tierra todo lo que habían progresado.

—Sé lo que estás pensando.

Coral sacudió la cabeza.

—¿Perdón?

—Quieres preguntarme por mi niñez, por mi familia. —John le dio un buen trago a su cerveza.

—Puedo esperar hasta que te sientas más cómodo.

No tenía sentido negarlo, su cara era como un libro abierto.

Él asintió, tenso, mirando por la enorme ventana.

Coral vio la cicatriz de su rostro, que iba desde la sien izquierda hasta el final del pómulo.

Era casi imperceptible, ella ya se la había visto, pero no había caído en ella.

Era apenas una suave línea blanca. Se acordó de lo que Ocean le había contado, lo de las palizas que había recibido a manos de su padre, un hombre borracho que había descargado su ira y sus pesadillas en su hijo pequeño.

Sintió una presión en la garganta. Cuando él la miró, Coral giró la cabeza.

—Creo que ahí viene nuestra comida.

Coral entró en el enorme gimnasio de Dante con los ojos muy abiertos.

Ya había estado allí, pero era sorprendente cómo aquel entrenador y antiguo campeón había hecho de su gimnasio todo un santuario y zona de entrenamiento para luchadores.

No había tanta gente como la vez anterior, pero sí algunos.

Dante los vio y sonrió, aunque parecía sentir verdadera curiosidad por ellos.

Sobre todo al ver sus manos entrelazadas.

Dante era enorme y muy guapo. Al parecer, había conocido a John en los peores momentos de su vida. La amistad que los unía era más que evidente: se miraban de la misma forma en la que lo habrían hecho dos hermanos. Sus negros ojos se clavaron en ella.

—Me alegro de verte, Coral, ¿vienes a verlo entrenar?

—Gracias, y sí.

—John, prepárate, Yakiv lleva ya un rato en los vestuarios. Estará aquí en dos minutos.

John asintió y la miró una última vez antes de dirigirse al baño. Coral echó un rápido vistazo a su alrededor y no vio ni rastro de Patrick.

—Si buscas a Patrick, se ha tomado una semana de vacaciones.

Vale, entonces Dante no tenía ni idea de que le habían dado una buena paliza días atrás. Entonces vio la enorme figura de Yakiv aparecer y dirigirse a ella con una enorme sonrisa. Sus ojos grises plateados brillaron.

—Me alegro de verte, ¿qué tal estás?

—Mejor —respondió con una tenue sonrisa—. El maquillaje hace milagros.

—Lo siento, intenté deshacerme de todos esos fans cuando te vi en el suelo.

Dante la miró con sorpresa. Ella se sonrojó.

—Es una larga historia.

John salió con unos pantalones de chándal y una camiseta corta de color oscuro. Se estaba colocando los guantes de pelea, dirigiéndose hacia la jaula. Yakiv cruzó sus amplios brazos sobre el pecho.

—No deberías haber invitado a Coral, y menos cuando voy a tirarte a la lona en dos segundos.

Ella sonrió. En los ojos claros de John saltaban chispas de humor.

—Sube ya.

Yakiv se giró hacia ella, andando hacia atrás.

—Lo siento, pero voy a tener que darle una buena paliza a tu novio.

—Es mejor de lo que crees.

El ucraniano se rio sonoramente, dirigiéndose hacia la zona de combate.

Otros luchadores se colocaron alrededor, bastante animados de ver a pelear a aquellas dos enormes estrellas de las MMA .

Entre ellos vio a un hombre de ojos azules y pelo decolorado junto a otros dos.

La ignoraron y se centraron en el combate.

Dante se alejó de ella y fue hacia los luchadores.

—Combate limpio. John aprende todo lo que puedas y fíjate en sus movimientos, son muy parecidos a la técnica que utiliza el ruso. Yakiv —el aludido miró al entrenador—, no tengas piedad.

Coral sonrió, acercándose un poco más a la jaula.

—¿Preparado? —Miró a Yakiv, que asintió—. ¿Preparado? — John hizo un gesto afirmativo—. ¡A luchar!

No era un combate justo, Yakiv pertenecía a otra categoría y era mucho más grande que John, pero le servía para entrenar sobre el peso y estar preparado para el campeón.

Era un hombre fornido, fuerte y con la sangre fría.

Incluso mientras recibía golpes, pensaba con claridad, alejándose del plano físico.

Coral cogió aire cuando Yakiv lanzó un rápido puñetazo en dirección al estómago de John, quien se giró y acabó alzando la pierna para golpearlo en las costillas.

—¡Vamos, chicos! —gritó una voz.

Yakiv comenzó a repartir puñetazos y patadas a diestro y siniestro, haciendo que John se cubriese y retrocediera. Asustada, se llevó una mano a la boca. Cuando una de las largas piernas del ucraniano se levantó para golpearlo, John la cogió, lo tiró al suelo y le hizo una llave.

Su contrincante se liberó y lo golpeó con fuerza.

—Joder… —murmuró.

John pareció entender que su colección de llaves no iba a ser muy efectiva, ya que optó por golpear muy fuerte a Yakiv en el estómago. Pero Yakiv parecía estar acostumbrado y siguió contraatacando, sin retroceder.

Demonios, era un hueso duro de roer.

En ese momento el ucraniano atrapó a John por la cintura y lo tiró al suelo. Todo tembló. Asustada, fue a decirle algo cuando un hombre muy alto y fornido de ojos oscuros la agarró con amabilidad del brazo. Ella lo miró, aprensiva.

—No te preocupes, está todo controlado. Dante está atento, ¿lo ves?

Tras asegurarse de que así era, le sonrió, agradecida, y volvió a centrarse en el combate.