10
—¡Gracias por su compra!
Coral despidió a la última clienta, cerró y le dio la vuelta al cartel.
A pesar de no haber descansado más de tres horas, se sentía radiante.
Llena de vida. Sus clientas la habían observado con cierta curiosidad.
Su usual actitud era amable y alegre, pero aquel día parecía…
incapaz de guardar toda la energía que recorría su cuerpo.
Y la excitación. Sentía como si la sangre le burbujeara dentro cada vez que pensaba en John.
Se moría de ganas por verlo.
Por la mañana, Coral se había asegurado de tapar con maquillaje las heridas causadas por la enorme mujer con la que se había peleado y… Al recordar al hombre que la había golpeado en la cabeza, se estremeció.
Tranquila, Coral… Respira hondo y relájate .
Había quedado con John a la una y media, y, con suerte iba a poder relajarse lo suficiente como para no sonreír como una adolescente al ver a su primer novio.
No, iba a recuperar el control. Cogiendo aire, fue hacia la caja y la vació.
Fue hacia los almacenes y guardó el dinero en su taquilla antes de dirigirse al baño y mirarse; su móvil vibró varias veces.
Al sacarlo del bolsillo de su pantalón, vio un mensaje de John.
John: Estaré allí en diez minutos.
Mordiéndose el labio, se apoyó contra la pared y cogió aire. ¿Le había gustado alguien tanto como le gustaba John? ¿Había sentido alguna vez aquella química animal con otra persona? No lo creía. Se habría acordado. Vio que tenía otro mensaje, esa vez de Ocean.
Ocean: ¿Todo bien con John? Hemos encontrado las llaves de tu casa. Cuando quieras me avisas y te las acerco.
Ocean no iba a creerse lo que había pasado…
Desde luego, que los hubiese atacado un hombre durante la madrugada parecía ser más una escena de una película que de la realidad.
Antes de marcharse de su casa, John le había pedido que no lo denunciara, que le dejara a él encargarse de todo.
Le había prometido no hacerlo si no había una segunda vez.
No quería que su vida se complicara por los problemas en los que Patrick se metía.
Estaba decidida a sacarle información a John, al menos lo mínimo para calmar los pensamientos que invadían su cabeza cada vez que veía un hombre alto y parecido físicamente al del día anterior. No pensaba vivir con miedo.
Yo: Sí, todo bien… Tengo que contarte algo… Te escribo en un rato.
La respuesta de su amiga no tardó en llegar.
Ocean: ¿Te has acostado con John? ¡Lo sabía! He ganado la apuesta, Yakiv me debe cincuenta dólares.
Mientras ponía los ojos en blanco, sonó el timbre de la tienda.
El corazón le dio un vuelco dentro del pecho. Estaba segura de que era John.
Alcanzó el bolso y cogió aire una última vez antes de salir del almacén y verlo en la puerta, mirando de soslayo la calle.
Demonios, qué guapo era… Estaba buenísimo.
Debía de haberse tomado una ducha, aún tenía el pelo algo húmedo.
Llevaba unas gafas de sol Ray-Ban de aviador.
Como él aún no la había visto, Coral disfrutó un instante efímero de lo bien que le quedaban los vaqueros y la camiseta gris corta que mostraba los bordes de los tatuajes.
Tatuajes que el día anterior había visto y que se había prometido lamer.
Llevaba colgando de un hombro su bolsa de deporte.
En ese momento la vio. Sonrojada, lo saludó con una sonrisa antes de dirigirse hacia él y abrir. John esbozó una sonrisa casi imperceptible.
—Hola —murmuró ella, cerrando tras sí.
—Hola.
¿Debía besarlo o…? John tomó la decisión al agacharse y besarla.
La cabeza de Coral comenzó a dar vueltas y justo cuando iba a entreabrir los labios, él se separó.
John no solía sonreír: hacía una mueca jocosa que te daba una vaga idea de lo que pensaba.
Y parecía estar riéndose de ella… o de su rostro.
—¿Lista?
—Sí —Coral se aclaró la garganta—. ¿Dónde vamos?
John la tomó de la mano y fue hacia donde estaba su coche. El calor que transmitía su mano iba ascendiendo por su cuerpo con suavidad pero con firmeza.
—Podemos ir al bar de Jojo. O también…
Coral pensó, con cierta desilusión, que no iban a ir a casa de John ni a la de ella. De acuerdo, era una mujer adulta, podía estar delante de un hombre como él sin pensar en tirárselo. Seguro. Era una forma de obtener más información de él, de Patrick y de lo que había sucedido la noche anterior.
—El bar de Jojo está bien —lo interrumpió—. Fui con Ocean y me gustó.
—Muy bien —John le abrió la puerta del coche para que entrara. Una vez sentada, se echó sobre ella. Coral intentó alcanzarlo para besarle, sin dejar de sonreír… hasta que oyó un clic. Le había puesto el cinturón de seguridad.
Se negó a mirarlo, pero sabía que la observaba con diversión.
Esto no está saliendo como esperaba, se dijo Coral mientras lo veía ir hacia la puerta del piloto.
Una vez arrancó el coche, el móvil de Coral comenzó a sonar una y otra vez.
Estaba segura de que se trataba de Ocean.
La ignoró e ideó la mejor forma de sacarle información a un hombre como John. Podía…
—Te gustan las MMA , ¿verdad?
Ella asintió, mirando por la ventanilla.
—Me encantan. Sobre todo por mi madre; mi padre… pasa de ello.
—¿Tu madre? —preguntó, girando por una calle. Parecía sorprendido.
—Por supuesto, las mujeres también les inculcan deportes como las artes marciales mixtas a sus hijos e hijas. Yo fui una de ellas. —Girándose, enarcó una ceja—. Mi padre… es más de arreglar relojes y todo tipo de máquinas domésticas.
—Creo haber oído que están en España, ¿no?
—Sí —Se preparó para contarle la historia que todo el mundo le pedía y ella se sabía de memoria—. Mi madre es de Sevilla, pero mi madre es de Brighton. Me crie entre ambas ciudades. Se conocieron cuando ella tenía unos veintiséis años, él estaba aquí por su trabajo y…
—Todo el mundo te lo pregunta, ¿verdad? —Una tenue sonrisa apareció en su rostro. Ella sonrió.
—Sí, pero lo entiendo. Suele despertar curiosidad. Domino los dos idiomas bastante bien, tuve suerte. Y…
—¿Tienes hermanas?
—Mmm… No, no tengo, biológicamente hablando, pero tengo a Tatiana —murmuró con cierta nostalgia—. Es mi prima, aunque yo la considero como mi hermana pequeña. Me toca, para de hacer preguntas.
John aparcó en ese momento.
—Apenas te he preguntado un par de cosas.
—Pues ahora me toca a mí. —Ella se bajó del coche y fue hasta él, viendo lo lleno que se encontraba el restaurante de Jojo.
Esa vez ella se animó a cogerlo de la mano y sintió cómo él le daba un apretón.
—Está bien. Pero antes cojamos una mesa.
—Creo que hemos venido demasiado tarde —comentó mientras se acercaban—. Está llenísimo.
Pero al contrario de lo que había pensado hacía un momento, John obtuvo una mesa que tenía vistas al lago Moon.
Justo el mismo sitio que había tenido con Ocean.
Enfrente de él, Coral se dio cuenta de que estaba tranquila, de que había recuperado en cierta medida el control sobre sí misma.
También se fijó en que varias personas miraban hacia ellos, o mejor dicho hacia John.
Un chico de unos diez años, junto a su hermana pequeña, se acercó con una tímida sonrisa.
John miró hacia ellos.
—John, ¿podríamos hacernos una foto contigo? Por favor.
—¡Patrick! Te he dicho que los dejaras en paz, acaban de llegar —lo riñó una mujer entrada en carnes de pelo rubio. Los miró con una disculpa—. Perdonad, os han visto y…
—Yo les haré la foto —Coral se levantó y cogió el móvil que llevaba el niño.
John se levantó y habló con los niños, sacándoles unas sonrisas. La niña parecía estar totalmente hechizada por John y lo miraba con los ojos húmedos y brillantes. Antes de irse, ella se despidió dándole un sonoro beso en la mejilla. Tras sentarse de nuevo, Coral sonrió.
—Vaya… estoy celosa —bromeó.
—Tengo un club de fans muy grande, tengo que hacer lo que me piden. —Le siguió la corriente, apoyando los codos en la mesa.
Coral se rio con suavidad.
—Por supuesto. Me he dado cuenta de que te gustan los niños.
—Sí, más que los adultos. —Llamó a una camarera con la mano—. Siéntete afortunada, eres una de las pocas personas que pertenece a mi círculo de «personas gratas».
Incapaz de contenerse, soltó una carcajada.
—Vaya, gracias.
—De nada, es muy reducido.
Una joven y atractiva camarera se acercó a ellos con una amistosa sonrisa. Jojo apareció detrás.
—¡Cuánto me alegro de veros, chicos! ¿Qué tal va la adaptación, Coral?
—Genial, gracias —respondió—. Perfecta.
—¿Y tú, John? ¿Cuándo te enfrentas al campeón?
—Dentro de un mes y unas dos semanas.
—Ten cuidado, cariño. —Jojo parecía preocupada—. Lo he visto luchar. No me gusta. Cassandra, tómales nota. Me alegro de veros, intentaré pasarme antes de que os marchéis.
Coral asintió y pidió su bebida y John después; cuando se quedaron de nuevo a solas, cogió la carta y revisó todos los platos. Aunque en realidad, estaba recordando todo lo que Ocean le había contado sobre su niñez. Tenía claro que él no iba a hablar de ello.
—¿Por qué te dedicas a la moda?
—Me encanta. —Cerró la carta y la dejó a un lado—.
La verdad es que yo lo tuve más fácil que otras personas.
Mis padres me pudieron apoyar económicamente cuando despegué y abrí mi negocio.
Luego, poco a poco, conseguí aumentar mi clientela y contratar a otras personas que se encargaran de fabricar mis diseños.
Al principio los hacía yo, pero no duró mucho.
Prefiero dibujar en mi mesa del salón, idear colores y prendas y mandar que los hagan.
—Se encogió de hombros—. Coser no es lo mío.
—Todas las mujeres de Valley’s Moon tienen al menos una prenda tuya.
Ella sonrió con orgullo.
—La verdad es que sí, es genial. Y son ropas exclusivas, supongo que eso les gusta bastante. A la hora de diseñarlas… me imagino a Tatiana o a mi madre. Son como mis modelos. Tienen unas proporciones… digamos en la media, y a partir de ellas lo dibujo todo.