Irrompible 9 #6
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—¿Vas a dejar que mañana te invite a comer?

¿Una cita? No quería admitirlo, pero le hacía muchísima ilusión.

—¿Vas a dejar que te conozca un poco más? —Coral se incorporó sobre un codo. Los ojos de John seguían oscurecidos por el deseo—. Si piensas actuar como lo has estado haciendo todo este tiempo, la respuesta es no.

Él asintió vagamente. Su mano fue hasta el cuello de ella, masajeándolo, enredándose en los pesados mechones.

—Está bien.

La acercó más a él, aguantándole la mirada.

Justo cuando apenas había unos centímetros entre ellos, Coral lo besó con suavidad.

El sabor de su boca inundó la de ella. Fue colocándose poco a poco a horcajadas, sintiendo su miembro contra la cara interna de uno de los muslos.

Estaba duro y parecía impaciente por sumergirse en su interior.

John la agarró de las caderas, buscó en el cajón y sacó otro condón.

Ella volvió a besarlo despacio, subiendo la intensidad hasta tal punto que John se incorporó.

Estaba rodeada por sus fuertes brazos, que la aprisionaban contra él.

Su lengua jugueteaba con la de ella en una erótica danza que incendiaba su cuerpo.

Necesitaba más. Gimió al sentir un suave pero firme mordisco.

Se miraron.

Unos segundos más tarde, John volvía a tomar el mando de la situación.

Ella estaba debajo, sintiendo todo su peso.

Él parecía estar demasiado impaciente para ir poco a poco.

No le importaba. Necesitaban saciarse. Coral acarició los costados de su cuerpo, ascendiendo por su ancha espalda hasta su pelo oscuro.

—Oh, joder… —gruñó John cuando ella le acarició el cuello con la lengua, contundente, mordiendo con suavidad—. Sí, cariño, sigue así…

John comenzó a restregarse contra ella, acariciando su sexo con su erección.

Deslizando despacio la boca por su cuello, escuchó el sonido de algo al rasgarse. Supo que John se había puesto el condón justo cuando dirigió una mano hacia su vulva. Sus dedos acariciaron el tenso e inflamado clítoris.

—Abre la boca.

Coral, sumida en el torbellino de emociones que él desencadenaba en su cuerpo, tardó unos segundos en entenderlo.

Entreabrió los labios y él deslizó dentro uno de sus dedos.

Coral lo humedeció con la lengua, acariciándolo de arriba abajo.

John pareció entender lo que hacía, la forma en que lo succionaba, ya que sacó el dedo y lo llevó hasta su húmedo sexo.

Comenzó a acariciarla en círculos alrededor del clítoris, haciendo presión.

—John… —gruñó, alzando las caderas.

Bajó aún más hasta que llegó a la entrada. Penetró en su interior, acariciando las cálidas paredes que lo rodeaban.

—Maldición, me muero de ganas por sentir esto alrededor de mi polla.

—No esperes más —le sugirió, moviendo las caderas—. Entra en mí.

Al ver que no pensaba hacerlo, Coral sacó el dedo masculino de su interior y cogió su verga. La acarició de arriba abajo, dando un enérgico empujón justo cuando llegó al glande. Miró hacia abajo y se la encontró envuelta por el condón. Aun así, podía ver la rojiza punta húmeda.

El hecho de que se preocupara tanto por su placer la halagó. No estaba acostumbrada a que su pareja sexual tuviera tanta consideración por ella.

—Mañana —murmuró introduciéndose el miembro de John en su interior. Él la observaba, apretando los dientes—. Mañana te saborearé como tú has hecho conmigo, recorreré todo tu cuerpo con mi lengua.

John terminó de entrar de una embestida.

Cogió sus manos y las colocó por encima de su cabeza, exponiéndola por completo.

Él comenzó a moverse, a entrar y a salir de ella con rapidez, sabiendo por sus expresiones y gemidos si lo estaba disfrutando.

Se sentía expandida por completo, la abría y rozaba todos y cada uno de sus nervios.

Sintió que una nueva ola de placer se instalaba en su bajo vientre.

—Deja las manos ahí —ordenó.

Ella se mordió el labio y asintió.

La boca de John se apoderó de la de ella.

Coral le respondió con ansias y necesidad, acariciando su lengua.

Deseaba que la besara durante horas. Nunca iba a cansarse de su sabor masculino y oscuro.

Gruñó a modo de protesta cuando se separó de ella…

para bajar por el arco de su cuello, lamiendo, mordisqueando hasta llegar a sus pechos.

—Sí… —pidió al borde del clímax. Sus dedos estaban acariciándola debajo.

Él esbozó una descarada sonrisa antes de meterse uno de los pezones en su boca, sin apartar los ojos de ella.

El clímax llegó, la sacudió y la dejó sin sentido.

Los movimientos de John se habían vuelto más enérgicos, hasta el punto de oírlo gruñir.

Coral le mordió el hombro, captando el sabor salado de su piel.

Una última y profunda embestida hizo que se corriera y cayera sobre ella.

Ella lo rodeó con los brazos, acariciándole la espalda.

Habría podido pasarse toda la noche así, sintiendo a John, teniéndolo en su cuerpo. No sabía cómo iba a salir todo, pero se prometió disfrutar del tiempo que estuviesen juntos.