9 #5
Una descarada sonrisa fue apareciendo en el rostro de John.
—No dejes de mirarme. —Su voz ronca la aturdió durante unos segundos.
Luego asintió. Los labios masculinos se abrieron con lentitud y fue pasando la lengua por su sexo, atrevido.
Ella movió las caderas de forma inconsciente, deseando que su lengua impactara en su clítoris.
John frenó su movimiento y le puso una mano sobre el pubis—.
Hueles tan bien, cariño —murmuró contra su piel—.
Hueles a mi jabón mezclado con tu olor, dulce, cremoso.
El primer impacto de su lengua contra el tenso clítoris la dejó fuera de combate durante unos segundos.
Un gemido escapó de su boca y dejó caer la cabeza contra el colchón.
Los movimientos de John se hicieron rápidos y regulares; trazó círculos alrededor del punto donde más necesitaba su lengua, besando, lamiendo y mordisqueando con algo de brusquedad sus labios menores.
Coral movía las caderas todo lo que las manos de John le permitían; a veces incluso intentaba pegarlo más a ella, agarrándolo por el pelo.
—Joder… —murmuró. Su espalda formó un arco aún más elevado por cada caricia que recibía.
Una de sus manos entró en juego y le presionó el clítoris con la fuerza requerida para mandar oleadas de placer a su excitado cuerpo. Un dedo entró en su cuerpo—. John…
—Si vieses mis dedos, Coral… están empapados.
—Sus palabras solo conseguían avivar el fuego que se había desencadenado en su interior—.
Voy a lamerte desde el clítoris hasta tu sexo —murmuró situándose justo donde le había indicado—.
Y luego te follaré con mis dedos, haré que te corras antes de metértela.
Su voz sonaba lejana, incluso algo distorsionada. No le extrañó, ella estaba sumida en todas las sensaciones que John le provocaba. Era increíble lo bien que parecía conocer su cuerpo…
Justo como había dicho, su lengua empezó en su clítoris y lo chupó, dedicándole unos momentos antes de bajar a su entrada y volver a lamerla, penetrándola con varios dedos.
Tres, eran tres, y estaban curvados de forma que acariciaban una secreta zona que acabó por desencadenar todo el placer que su cuerpo había estado reteniendo.
Llegó al clímax en su rostro, gritando su nombre en un vano intento por alargarlo.
Con la mirada empañada y traspuesta por el inmenso orgasmo, vio de forma confusa cómo John cogía un condón y lo deslizaba por su erección. La miró de reojo. Coral se incorporó sobre los codos y abrió las piernas de todo, dándole la bienvenida.
—Joder, vas a matarme. Estoy a punto de correrme — murmuró John sobre ella, haciendo que le rodeara las caderas con las piernas.
¿En serio? No podía estar peor que ella.
Sentía la pesadez de su miembro, justo en su entrada.
Caliente y suave, pero duro—. Estás ardiendo. ¿Te gusta lo que te estoy haciendo?
Ella asintió efusivamente.
—Hazlo, ya. —Clavó los dedos en las caderas masculinas y empujó hacia abajo. El glande entró. Ambos gimieron—. Déjate de juegos.
John asintió y puso una mano al lado de su cabeza, sin dejar de mirarla.
La otra estaba en su cintura. De un fuerte empujón, se impulsó con la mano y terminó de entrar en ella.
Coral puso los ojos en blanco, ¿qué había estado haciendo mal todos aquellos años?
Por supuesto, elegir al hombre equivocado.
Nunca había sentido tal intensidad durante el sexo.
John contoneaba las caderas, entraba y salía de ella con fuerza y rapidez, clavándose en su interior hasta que sus testículos la golpeaban en los labios. Una y otra vez, aumentando la velocidad.
—Maldición…
—Me encanta —Coral deseó ponerse una mano en la boca y evitar de esa forma decir algo más—. No pares, por favor. Otra vez.
Las penetraciones la aturdían, hacían que su cuerpo se ciñese sobre él como un húmedo y caliente guante que intentaba impedir de todas las maneras posibles que saliese de su interior.
Coral gritaba, luchando por mantener los ojos abiertos y disfrutar de John, de su torso húmedo y contraído cada vez que embestía, de su rostro cubierto de una suave capa de sudor, de sus carnosos labios…
Contemplarlo fue el último empujón que necesitó antes de correrse.
Su clímax se extendió durante unos breves segundos antes de que dejara caer los brazos.
John seguía en su interior, estaba a punto de llegar, sentía su pene hinchado y latente.
Deseosa de hacerle sentir más placer, extendió una mano y acarició sus testículos de forma delicada pero firme, ahuecándolos en la palma de su mano.
—Maldición, ¿qué voy a hacer contigo? — Follar conmigo, mucho.
Siempre, pensó Coral mientras otra ráfaga de placer comenzaba a surgir en su cuerpo.
Con esfuerzo, puso una mano en su torso y lo empujó para cambiar de posición.
Se puso encima de él y fue marcando el ritmo.
Los hombres solían amar esa postura y Coral estaba lo bastante mojada para hacerla—.
Tus pechos se mueven, cariño, me encanta verte sobre mí.
Su intención de hacerlo disfrutar desapareció cuando Coral fue sintiendo otro orgasmo recorriéndole las entrañas. John se corrió justo en ese mismo momento, embistiendo una última vez antes de hacerla bajar sobre él.
Ella se dejó caer sobre su torso, con la cabeza apoyada justo donde el corazón masculino latía.
John acabó por rodearla con los brazos y la besó con ternura en la frente.
Ella se estremeció y se movió para que él saliese de su interior, a regañadientes.
John se incorporó y le dio la espalda para quitarse el condón.
Menudo trasero tenía… Extendió la mano para acariciarle las nalgas. John la miró de reojo.
—Lo siento.
—No lo sientas, puedes tocarme todo lo que quieras.
Es lo que pienso hacer yo con todo tu cuerpo.
—Tiró el preservativo en el baño, volvió a la cama y la pegó a él.
Vaya… No se había esperado que ocurriera aquello.
Recibir dos palizas y luego mantener relaciones con John había sido…
del todo inesperado. Algo que no habría hecho en su día a día.
Y había disfrutado tanto… Ansiaba saborear su cuerpo, conocerlo aún más.
Pero luego recordó que John era impenetrable, que nunca se dejaba conocer del todo.
Como si él siguiese el hilo de sus pensamientos, le dio una suave nalgada—. Deja de pensar.
—Lo intento —admitió.