Irrompible 8
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Coral abrió los ojos cuando los cegadores rayos de luz se colaron por la ventana de su habitación.

Frunció el ceño; ¿qué hora era? Incorporándose sobre un brazo, estiró el otro hacia la mesilla de noche.

Eran las diez y media. Bostezó y se levantó de la cama, dispuesta a ducharse, desayunar y recoger la casa.

Se desnudó, se metió bajo el agua y sintió el agua caliente caer sobre su aún adormecido cuerpo, y una complaciente sonrisa cruzó su rostro.

¿John iba a llamarla? ¿Iban a volver a verse…

a solas? La noche anterior le había dejado clara su postura.

Él la deseaba. Y ella a él, incluso muchísimo más de lo que él era capaz de imaginar.

Se le puso la carne de gallina y salió con una toalla enredada alrededor del cuerpo, mordiéndose el labio inferior; justo en ese momento su móvil comenzó a vibrar.

Era Ocean.

—¡Buenos días! —exclamó Coral con demasiada felicidad.

—Oh, demonios, no chilles tanto… Me va a explotar la cabeza —murmuró su amiga—. Por cierto, gracias por llevarnos a todas y… no abandonarnos como las perras que somos. Salimos para que te despejaras y fuiste la única a la que le tocó no beber y vigilar a las demás. Te recompensaré por ello.

Abrió su armario, soltando una carcajada.

—No pasa nada.

—¿Por qué estás tan feliz? En vez de hablar, canturreas. ¿Va todo bien?

Las mejillas de Coral se volvieron rojas. Cogió un cómodo vestido negro con flores y lo tiró sobre el colchón.

—Pues… ¿Qué recuerdas de ayer?

—Me dejaste en mi casa y supongo que te volviste a la tuya. — Pasaron unos segundos—. Espera, espera… ¿Te has tirado a algún tío? ¡Pero si no te vi hablar con nadie! Dios mío, tengo que aprender de ti, ¿eh?, pero cuenta…

—No, no, no —la interrumpió. Puso los ojos en blanco—. No me he tirado a nadie… aún.

—De acuerdo, pero has conocido a un tío. ¿Ves? Te dije que John no era el único…

—Ha sido John.

—¿Qué? ¿Y por qué demonios no me has dicho nada? ¡No lo vi ayer en el club!

—Y no estaba —contestó, sentándose en la cama—. Fue… anoche; todo sucedió de la forma menos esperada. Os llevé a todas de vuelta porque vi a Jack en el pub , junto a Patrick.

—¿Cómo? ¿Dónde?

—En la barra, pero tú estabas demasiado ocupada intentando ligar con el camarero.

—Oh —musitó ella—. ¿Y lo conseguí? No recuerdo esa parte. No importa, ¿y qué sucedió después?

—Después de llevaros a todas, me acordé de la última vez que vi a Patrick, golpeado y entre la basura.

Sé que tiene problemas, así que llamé a John y le dije dónde se encontraba.

—Coral hizo una pausa, intentando calmar todas las sensaciones que había vivido la noche anterior.

El encontrarse a Jack con Patrick, llamar a John con un amargo sabor de boca…

y lo posterior a todo aquello—. Le pedí que me avisara cuando estuviese en su casa, para asegurarme de que no habían tenido ningún problema.

—¿Y…?

Continuó, sonriente.

—Pasó una hora y no recibí ningún mensaje.

No sabía qué hacer, Ocean. Dudaba entre llamar a la policía o ir yo misma.

— Aún recordaba el nudo en la garganta que había sentido con cada minuto que pasaba, preocupada por que les hubiese pasado algo— .

Tampoco quería dar un espectáculo, así que volví a montarme en el coche. Vi a John con Patrick.

—Supongo que no estaba muy feliz de verte allí.

—Tienes razón, no lo estaba. Me dijo que me fuera mientras él me seguía en su coche.

Llegamos a mi casa, insistió en entrar y asegurarse de que Jack no nos había seguido ni había entrado.

Yo lo esperaba en la cocina. Estaba muy nerviosa, Ocean.

Sabes lo muchísimo que me atrae John, es…

Siento una especie de química sexual animal cada vez que lo veo.

Intentaba calmarme, beber algo de agua… cuando de repente apareció detrás de mí.

—Coral sacudió la cabeza. Revivía en su mente una y otra vez lo que había pasado y su cuerpo había vuelto a responder.

Sus pezones estaban erectos contra la toalla, una especie de cosquilleo recorría su estómago y llegaba hasta su entrepierna.

—Y te besó.

—No, fui yo.

—¿Tú? ¿Otra vez?

Su tono volvió a sacarle una sonrisa.

—Lo sé, pero esta vez fue diferente. Me… apetecía, y él no parecía decidirse.

—Quizás temía que esta vez fueses tú a rechazarlo —susurró como para sí misma—.

El orgullo de los hombres es tan delicado…

Guau, sea como sea, no me puedo creer que por fin se haya animado a dar un paso adelante.

Coral…, eres la primera mujer que consigue derrumbar ese caparazón que tiene John…

Oh, por cierto, te llamaba por si te interesa ir a una pequeña demostración de MMA .

Es benéfico, todo lo que se recauda es para una asociación de niños con cáncer. Bridget me acaba de informar.

Coral echó un rápido vistazo a su desarreglada casa…, pero aquel plan le apetecía mucho más que quedarse.

—Claro.

—De acuerdo, te recojo en media hora, ¿de acuerdo? Empieza a las once, luego podemos pagar el tíquet y comer allí.

—¿Acaso cada fin de semana se celebra algo en Valley’s Moon ?

—Por supuesto, la alcaldesa se ocupa en persona de ello. —Se escuchó el ruido del agua caer.

—De acuerdo, te veo en un rato.

—¡Genial, hasta ahora!

Una duda fugaz cruzó su rostro… ¿Iba a ser capaz de arreglarse y recoger al menos su habitación?

Se vistió, se fue al baño y se maquilló de forma natural, resaltando sus ojos y labios.

Tras terminar y dejarse el cabello suelto y liso, buscó unos zapatos que fueran a juego con su vestido.

Debajo de la cama, donde guardaba sus favoritos, tenía apenas dos pares.

El pitido de un coche la asustó. Coral dio un pequeño brinco y se golpeó la cabeza.

—Joder —murmuró, dolorida.

El pitido volvió a sonar. Extrañada, se incorporó, fue hasta la ventana de su cuarto y se asomó.

Un coche blanco y grande estaba enfrente de su casa, y no era el de Ocean.

El cristal se bajó, revelando el rostro de John.

Coral no fue capaz de ocultar su sorpresa y aún menos lo genial que se veía con un brazo por fuera y las gafas de sol puestas.

Curvó la comisura izquierda de la boca en una tenue y juvenil sonrisa. Demonios, aquello era nuevo.

—Buenos días —dijo él.

Ella asintió, sonriendo.

—Buenos días, ¿me llamabas a mí?

—Claro, estoy parado enfrente de tu casa, ¿no?

Vale, sí, pero lo menos que se habría esperado de él era que fuera a hacerle una visita exprés y, aún menos, que la mirara con una irresistible sonrisa. Se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja y asintió.

—Sí, claro.

—¿Tienes algún plan?

—¿Yo? —Se señaló a sí misma, apoyada sobre el marco.

—Demonios, Coral, sí, ¿qué te pasa? —contestó en tono jocoso.

—Oh, nada, me acabo de levantar —mintió, queriendo restarle importancia al asunto.

—Pues estás arreglada. —Ella se sonrojó, pero decidió no añadir nada más—. Entonces, ¿te gustaría venir conmigo a una exhibición de MMA ?

Vaya, dos personas la habían invitado al mismo plan.

Coral estaba segura de que Ocean no iba a enfadarse si la llamaba.

Incluso podía incluirla y… En ese momento el coche de su amiga aparcó justo detrás.

Llevaba sus gafas de sol en forma de corazón puestas y sonreía ampliamente.

Tenía los labios pintados en un tono muy oscuro.

—Pero, bueno…, John, ¿te dejas ver por aquí?

El aludido enarcó una ceja y negó con la cabeza.

—¿Llego tarde?

Al final pesó más sobre ella el hecho de no dejar sola a su amiga. Ocean había estado con ella, enseñándole el pueblo, metiéndola en su grupo de amigas. No iba a dejarla plantada por un tío, aunque se tratase del mismísimo John.

—Pues la verdad es que…

—No, no llegas tarde, yo venía para sorprender a Coral también —mintió su amiga, deslizando las gafas por su nariz—. ¿Qué os parece si vamos todos juntos? Puedes dejar tu coche aquí y vamos en el mío, John.

Coral se preguntó qué iba a hacer. Él la miraba sin ninguna expresión en su rostro.

¿Iba a echarse atrás? El hecho de que hubiese ido a buscarla la había sorprendido por completo.

Nunca se lo habría imaginado y menos de parte de un hombre como John.

Se dijo que más tarde, en cuanto tuviesen un momento a solas, debía preguntarle.

Quería establecer algo de claridad y no andar a ciegas.

—Claro —murmuró él, haciéndole un gesto a Coral para que bajara.

John insistió en pagarles las entradas tanto a Coral como a Ocean.

A Coral le incomodó en cierto grado y se ofreció a comprarle una cerveza en el puesto que había dentro de aquel gimnasio del colegio.

Con las dos manos llenas, fue hacia donde se encontraba John.

Lo vio rodeado por varios niños que le pedían un autógrafo o unas fotos.

Le hacían miles de preguntas y le tocaban los brazos como si quisiesen cerciorarse de que era real.

También estaban Bridget con su marido, Sandy, Rose, Paul, Fred y Robert, además de Jane y Brendan. Ocean la empujó con suavidad, sacándola de sus pensamientos.

—¿Por qué te has quedado parada?

Coral se sonrojó.

—Me llamaba la atención lo mucho que esos niños admiran a John. ¿Sabes? Siempre me han gustado las artes marciales mixtas y las seguía, pero las femeninas. ¿Quién me iba a decir que acabaría viviendo cerca de un aspirante a campeón?

De pronto una mujer rubia y alta fue hacia John, luciendo una enorme y reluciente sonrisa.

Coral la reconoció. Aquella espectacular mujer había ido a su tienda a comprar unas…

¿blusas? No lo recordaba, pero era imposible olvidarla.

Vio que le tocaba el hombro a John, pasando delicadamente sus uñas por él. Él la miró y sonrió. ¿Se conocían?

—Oh, oh… Supongo que esta parte también te la perdiste — susurró Ocean.

Miró a su amiga.

—¿A qué te refieres?

—Las groupies . Se llama Anastasia y tiene fama de ser la favorita de John. —Luego se aclaró la garganta—. Quizás sean amigos y solo haya ido a saludarlo.

Coral soltó una carcajada.