7 #5
—¡Fue militar, Coral! —gritó Patrick desde el coche, abriendo la ventanilla. John le hizo un gesto para silenciarlo—. Es imposible contener sus ganas de tenerlo todo bajo control.
Ella enarcó una ceja y volvió a centrarse en John.
—¿En serio?
—Ajá. —Dejó caer los brazos a los lados, mirando por encima de ella a través de las ventanas—. ¿Por qué te ha decepcionado?
—¿Quién ha dicho que me haya decepcionado?
—Tu postura se ha vuelto tensa y has comenzado a mirarte los pies.
Sorprendida por lo observador que había sido, se obligó a levantar la vista.
Algo había cambiado en él. No se veía tan frío e impenetrable.
Estaba más cerca de ella que nunca y su cuerpo estaba relajado, o al menos eso le parecía a Coral.
Llevaba una sudadera oscura que envolvía su fuerte y amplio torso, y un chándal oscuro que cubría sus largas piernas.
Se había vestido con rapidez, seguramente preocupado por su amigo.
John no era tan solitario como aparentaba. Ella llegó a la conclusión de que se escondía, quizás por su horrible infancia. ¿Tanto le costaba relacionarse con los demás? Parte de su rostro estaba en penumbra, los ojos de Coral, secos y cansados, se desenfocaron durante unos segundos.
Se aclaró la garganta, extrañada por su comportamiento.
—Eh…, vale, me voy a ir a dormir. Estoy muy cansada.
—Déjame echar un vistazo rápido.
—Ni hablar, John. No te obsesiones, Jack no nos ha seguido.
—Por favor —murmuró.
Coral suspiró y abrió la puerta, haciéndole un gesto.
—Toda tuya… durante dos minutos. Que sepas que ya estoy contando.
John entró con rapidez y sin tocarla. Subió las escaleras en absoluto silencio.
Coral cerró la puerta y se fue a la cocina a buscar un vaso de agua.
Lo llenó hasta arriba y se lo bebió en apenas unos segundos.
Sentía un intenso calor en el pecho; se humedeció las manos y las puso justo donde latía su corazón, por debajo de la camiseta.
La piel se volvió íntimamente sensible, erizándose bajo su contacto. Cerró los ojos y apretó las piernas ante las sensaciones que comenzaron a invadirla. Su pulso se volvió pesado, el calor, más intenso y el olor de John llegó hasta ella: fresco, varonil, limpio.
Oh, por Dios, deseaba que se fuera ya… Le estaba poniendo muy difícil no volver a besarlo. Cerró los ojos un momento antes de girarse y encararlo. Estaba apoyado en el frigorífico y la examinaba. Su mirada de un azul verdoso era… diferente. Iba de su cuerpo a su rostro y viceversa.
Y en ese momento estaba clavada en sus labios.
Su corazón se agitó.
—¿Has… terminado? —graznó, dándole la espalda. No quería quedarse embobada, mostrándole lo mucho que lo deseaba—. ¿Quieres agua antes de irte?
Coral dio un pequeño salto. John se había colocado a sus espaldas y la había encerrado entre sus brazos, apoyados a ambos lados de la encimera.
Podía escapar sin problemas de aquel extraño abrazo y echarlo, y él no iba a decir nada…
, pero era justo lo contrario a lo que quería hacer.
La nariz masculina estaba hundida en su cabello, una mano jugueteaba con sus mechones, envolviéndolos con suavidad.
Nunca la habían tocado con tanta… delicadeza, como si fuera algo más allá de su entendimiento.
Coral giró un poco la cabeza, sin aliento.
Era la primera vez que veía aquella expresión en su rostro: absoluto deseo.
John pegó su frente a ella y acercó sus labios a la sien de Coral.
La besó ahí, un beso gentil e íntimo que acabó por desatar en su cuerpo la más grande de las llamas.
Sin poder controlarse, terminó por girarse y puso sus manos sobre los antebrazos de él, sintiendo su fuerza.
Entreabrió los labios.
—John… —musitó.
Él se debatía entre besarla o no. Su hambrienta mirada estaba clavada en su boca. Y Coral no estaba dispuesta a desaprovechar aquella oportunidad, olvidando por completo… que podía pasar lo mismo de la otra vez.
De puntillas, subió las manos de forma gradual, acariciando sus hombros, su cuello y su rostro.
Estaba caliente, terriblemente caliente.
Pero dudaba que lo estuviese más que ella.
Sintió bajo la palma de sus manos la barba incipiente, dibujó sus carnosos labios, la recta nariz a pesar de ser un luchador, la línea de la mandíbula…
Y lo besó.
Sus manos se agarraron al cuello de él y pegó su cuerpo al masculino.
Una fugaz pregunta cruzó su mente: ¿iba a responder esa vez?
John reaccionó de inmediato, moviendo sus labios sobre los de ella.
Una sensación de alivio la invadió y se relajó entre sus brazos.
John la agarraba con firmeza, una de sus manos estaba en su espalda, la otra, en la cintura, impidiendo que hubiese distancia entre los dos.
Su contacto era suave; ¿temía hacerle daño?
La boca masculina encajaba a la perfección con la suya.
Su lengua jugueteaba con el labio inferior, usando los dientes para morderlo con cierta dureza y luego calmar la zona lamiéndola.
Estaba desesperada por sentir más. Quería tocar su piel sin barreras. Cuerpo contra cuerpo, compartiendo el calor. Con tantas capas no podía sentirlo libremente.
Coral tenía las manos sobre su espalda y las llevó más abajo. Su objetivo era meterse por dentro de la tela, colarse y sentirlo. Justo cuando apenas una mano había logrado su cometido, John se separó.
Ella estuvo a punto de gemir.
Los dos tenían la respiración agitada, pesada. John cerró los ojos y apretó la mandíbula.
—Tengo que irme, Patrick… —Sacudió la cabeza—. Quiero asegurarme de que no tiene ninguna lesión. —Ella asintió apenas asintió, envolviéndose con los brazos. Él seguía sin separarse del todo—. Sé que… lo siento, Coral.
Frunció el ceño y se atrevió a alzar la cabeza.
—¿A qué te refieres?
—La última vez, cuando me besaste. —La mano masculina fue a su cadera y jugó con el borde de la camiseta.
—Oh…
—No… pienses ni por un momento que te rechacé —añadió, volviendo a pegarse a ella—. Solo… me sorprendió. No lo sé, no puedo explicarlo. Pero no quería que te hicieras una idea errónea. —El tono ronco la envolvió y apenas fue capaz de seguir lo que decía—. Te deseo.
—Yo también… —respondió para volver a besarlo, atrapando su boca. No cabía en sí de gozo. Él también lo sentía, no era tan inmune a la química que había entre ellos como había estado aparentando.
John correspondió al beso, acariciándola exquisitamente, volviendo a incendiar cada milímetro de piel que tocaba. Cada vez que sus lenguas entraban en contacto, ella gemía. Ansiaba bajar la mano para acariciar el duro bulto que sentía en el estómago. ¿Iba a dejarle? No pensaba quedarse con la duda.
Sin embargo, la besó por última vez y se apartó.
—Patrick…
—Claro, por supuesto. Lo siento.
Quieta, observó su esbelta figura pasar por la puerta, en penumbra, girando una última vez el rostro.
Coral cogió aire al sentir un intenso vacío en el pecho.
Se había quedado con ganas de más y si no se iba ya…
no iba a soportar dejarlo ir una segunda vez.
John cerró la puerta y desapareció de su vista.
Escuchó el motor del coche y cómo se alejaba de la calle hasta no oír más sonido que los torpes y erráticos latidos de su corazón.
Con una mano en los labios, gimió. Toda la fatiga que hubiese podido sentir había desaparecido por completo. Se preguntó si iba a ser capaz de dormir.