Irrompible 7 #3
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—Sí, tengo la obligación de meterme en tus asuntos siempre que vas en dirección errónea.

Bufó y ladeó la cabeza; no quería admitir que sentía el frenético impulso de acercarse a hablar con ella.

Coral había estado más distante, fría. John había conseguido lo esperado con su actuación.

La había rechazado—. Aunque, para ser sincero —continuó Justin—, la veo diferente.

Incluso estaba aliviada cuando no te ha visto llegar a primera hora.

¿Pasó algo el día que la llevaste a su casa?

—Odió la certera pregunta; apretó los dientes y se encogió de hombros.

No pensaba admitir nada—. Johnny, deja de actuar como un niño. Coral es una buena mujer, ¿qué temes?

—Yo no le temo a nada, ¿te enteras? —gruñó, sintiendo la ira fluir por sus venas.

—Pues deja de actuar como si así fuera y acércate. Es más, ofrécete a llevarla a su casa, Ocean también opina que es una buena idea.

Enarcando una ceja, comprobó que la susodicha le hacía un gesto con la cabeza en dirección a Coral, quien no parecía ser consciente de nada. John cogió aire y se permitió el lujo de dejar ver su inseguridad.

—No lo sé…

—Vamos, llévala a su casa y listo. No tienes que invitarla a cenar. Paso a paso.

Se mordió la lengua ante el insulto que había estado a punto de soltarle a Justin.

Su tono había sido bromista, y él lo sabía.

Le brillaban los ojos al disfrutar de ver por fin a John con ciertas dudas.

Siempre había sido un hombre seguro, sin miedo, al que no le importaban las consecuencias, y prueba de ello había sido su trabajo como marine antes de entrar en las MMA .

Le soltó un puñetazo en el hombro a Justin y se alejó con rapidez para que no pudiese responderle. Su hermano soltó una carcajada.

—¿Quieres que te lleve a casa?

Coral se volvió con demasiada rapidez al escuchar esa voz tan conocida.

Sus pies estuvieron a punto de liarse y hacerla caer, pero mantuvo el equilibrio.

Alzó la cabeza para encontrarse con la mirada de John.

¿Qué hacía allí? Y no se refería al hecho de haber acudido al concurso, sino al de haberse acercado a ella.

A veces, tenía el estúpido pensamiento de que sentía atracción, pero no tardaba en eliminarlo.

John era más complejo de lo que había supuesto en un principio.

Y no estaba segura de si quería entenderlo, perderse en él.

Había llegado a un punto en su vida en el que evitaba cualquier tormenta, lío o enredo con un hombre que no tuviese las cosas tan claras como ella.

Aun así, su corazón parecía ir en otro sentido, al igual que el resto de su cuerpo.

Respondían ante él, ante su olor y su cercanía.

—¿Perdón?

—Esperas a Ocean, ¿verdad? Te estaba mirando y te veía muy aburrida. Puedo acercarte, yo me voy ya.

Coral frunció el ceño, terriblemente molesta por el cambio de actitud que mostraba.

—John, no lo entiendo.

—Solo me estoy ofreciendo llevarte a casa si no quieres esperar a que Ocean acabe de hablar con la alcaldesa. Tú decides.

Apretó los labios y lo fulminó con la mirada. ¿Quién demonios se creía para comportarse de aquella forma tan ruda?

—No —graznó.

—¿No?

—Exacto, eso he dicho. No.

Coral contempló su perplejo y atractivo rostro. Para ser luchador, no tenía la cara demasiado magullada o cambiada. Recordaba a luchadores cuyas orejas y rostros acababan deformados, desgastados. ¿Llevaba poco tiempo practicando ese deporte? Al ver que no se iba, entornó los ojos.

—¿Qué te pasa?

—¿A mí? —estalló, al verlo impasible—. ¿Qué te pasa a ti?

¿Te has acercado cual alma caritativa para acercarme a mi casa?

Llevo evitándote toda la semana, cosa que no ha resultado ser muy difícil ya que pasas muchas horas en el gimnasio, la verdad, y ahora vienes y…

no, John. Gracias, pero no. Esperaré a Ocean.

Él cogió aire, llenando aquel enorme pecho.

Asintió y se alejó de ella. Coral se abrazó a sí misma, culpándose de dejar que todo aquello le afectara demasiado.

¿Acaso había sido su intención tentarla para que ella lo besara y rechazarla de nuevo?

Sacudió la cabeza. No, no pensaba maltratarse, había hecho lo correcto: poner distancia entre un hombre tan devastador e impredecible como él había sido lo correcto.

Ocean la miró fijamente, luego a John. Enarcó una ceja y fue hacia ella, dejando con la palabra en la boca a una pareja con la que hablaba.

—¿Va todo bien? ¿Quieres irte ya?

—Sí, por favor.

Se montó en el coche, se rascó los ojos y maldijo al ver maquillaje en sus manos. El camino de vuelta estaba resultando ser algo frío e incómodo. Ella solo deseaba llegar a su casa, darse una ducha y tirarse en el sofá. Tampoco iba a llamar a sus padres.

—No puedo más con este silencio ni con ese gesto en tu cara —soltó Ocean con brusquedad—. Te vienes a mi casa.

Se incorporó y parpadeó varias veces.

—¿Qué?

—Vamos a pasarlo bien. Ya que todos mis intentos por juntarte con John son inútiles, quizás es que en realidad no estáis destinados a estar juntos. Así que nos arreglaremos, cenaremos e iremos a un pub .

—Gracias, pero de verdad que no me apetece.

—Tonterías, es sábado y somos jóvenes. Y tampoco tenemos por qué recogernos muy tarde. Le diremos a Bridget y a Jane que se unan. Créeme, cuando esas dos beben… Ocurren grandes cosas.

Y tan grandes, pensó Coral mientras le sujetaba el pelo a Jane.

Vomitaba una y otra vez detrás de unos setos del pub Rox.

Ella misma sintió arcadas al mirar una vez hacia abajo.

Definitivamente, no estaba siendo su día.

Había tomado apenas dos copas, asegurándose de que las otras no pasaran el límite, cuando Jane se había tropezado y había echado parte de la consumición.

La cena había sido en casa de Ocean y, tras llegar, apenas una hora más tarde, Bridget y Jane se habían presentado con mucha comida, gritando un «¡Noche de chicas!

» que había hecho asomarse a una de las vecinas.

Arregladas y con toda la noche por delante, a sabiendas de que John y los demás podían estar en el pub de Cassel, Bridget había tenido la idea de ir a otro.

—Lo siento, Coral. —La ayudó a incorporarse—. He bebido demasiado.

—No pasa nada, yo conduciré.

Si aquella noche había sido ideada con el fin de despejarla, estaba siendo todo lo contrario.

Cuidar de tres mujeres adultas resultaba agotador.

Coral ansiaba beber, bailar, hablar con gente…

Pero no podía hacer todo aquello y dejar a sus amigas de esa forma.

Sintió impotencia y cierta tristeza por cómo estaba resultando ser su fin de semana.

Volvieron a entrar en el local. Coral se dirigió hacia la mesa donde se encontraba Bridget, terminándose un margarita.

Había estado bailando horas y horas, su pelo rojo apuntaba a todos lados, fuera de su sitio.

Por otra parte, estaba Ocean, que había desaparecido junto a un hombre bastante atractivo.

Cerró los ojos y sintió una mano en su rodilla. Era la pelirroja.

—Cariño, sé que esta noche pintaba diferente…

—Creo que deberíamos irnos. Busquemos a Ocean y…

—Oh, ¿Ese no es Patrick?

Siguiendo la dirección del dedo de Bridget, lo vio. Tomaba una copa, hablando con uno de los camareros. Su postura era tensa, miraba a todos lados. ¿Estaba esperando a alguien? En ese momento entró Jack seguido de dos enormes hombres. Frunció el ceño y se volvió hacia Bridget.

—Deberíamos irnos —se apresuró a decir.

Coral asintió con lentitud.

—Id al coche, tomad las llaves. —Las sacó del bolso y se las lanzó por el aire—. Voy a buscar a Ocean.

Se apartó de ellas, fue hacia los baños de mujeres y a los de hombres y no la encontró.

Dio una vuelta por el pub , ignorando a los hombres que intentaban sacarla a bailar o tocarla.

Estaba demasiado preocupada como para reparar en ellos.

Por desgracia no podía acelerar el paso: sus pies estaban hinchados por los tacones.

Al final la vio saliendo de la barra, bromeando con un atractivo camarero rubio de estilo hipster . Suspirando, la agarró del brazo.

—Nos vamos.

Ocean enarcó una ceja, sorprendida.

—¿Ya?

—Sí, Bridget y Jane nos esperan en el coche.

No discutió, quizás consciente de que algo no iba bien, le mandó un beso por el aire al rubio.

—Espero verte de nuevo, Robert.

—Me llamo Sam —la corrigió.

Sin prestarle más atención, la siguió hasta que salieron.

El frío de la noche la rodeó, helándola por completo.

Cuando todas estuvieron en el coche, Coral arrancó y las llevó una a una a sus respectivas casas; tardó apenas unos veinte minutos.

Aun así, no pudo evitar preguntarse si había hecho lo correcto.

La última vez que había visto a Patrick, se lo había encontrado en la basura, magullado.

Y Jack no tenía fama de ser pacífico, sino de estar metido en todos los líos.

Ocean le dio un beso en la mejilla antes de irse, demasiado borracha como para musitar una frase coherente.

Con el motor encendido y los seguros bajados, puso el freno de mano.

Eran las tres de la madrugada. John debía de estar dormido.

Debatiéndose consigo misma para tomar la decisión correcta, decidió buscar su móvil en el bolso y marcar el número de John.

No lo cogía.

—Joder… ¿qué debería hacer?

Volvió a marcar su número, mirando a todos lados. La calle estaba iluminada por las farolas, pero completamente vacía. La vegetación proyectaba sombras que formaban un ambiente frío, peligroso e incluso aterrador. Si no lo coge esta vez, me voy a casa.

—¿Coral? —Una tentadora voz ronca respondió al segundo pitido—. ¿Estás bien?

—Sí, sí, lamento llamarte a estas horas, pero es importante, John.

Escúchame, he estado en el pub Rox y me he encontrado a Patrick.

—Le siguió el silencio como respuesta—. Luego llegó Jack…

No sabía qué hacer, así que llevé a todas a su casa y antes de irme a la mía, quería avisarte de que tu amigo se encuentra allí.