Irrompible 6 #7
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Puso los ojos en blanco y estaba acercando la mano para quitarse el cinturón cuando él la agarró por el brazo de forma firme pero suave.

Esa vez, sus rostros estaban mucho más cerca, con apenas unos diez centímetros entre ellos.

Justo donde la agarraba, comenzó a aflorar un llameante calor muy placentero, casi como una descarga.

Aguantó el peso de su mirada, negándose a clavarla en el lugar por donde la tenía cogida.

—No estoy bromeando.

—Vas a tener que decirme algo más si quieres asustarme. Jack no me ha hecho nada. Todos me habéis avisado, y ahora, como mujer adulta que soy, haré lo que crea oportuno.

John miró al frente, apretó los labios y soltó una maldición.

Coral aguardó el siguiente movimiento, esperando haber conseguido convencerlo de que le diera una versión más detallada del tema.

Se apoyó con el brazo que tenía libre sobre el marco de la ventanilla del coche.

De repente, su rostro había cambiado por completo.

—La última vez que vi a Jack fue para partirle la mandíbula por haberle clavado una navaja a mi hermano en el abdomen —soltó de sopetón, aturdiendo a Coral.

Abrió la boca para decir algo, pero apenas tartamudeó.

Decidió que era mejor callarse y dejarlo continuar—.

Acosaba a Bridget cuando era más joven, una adolescente.

La perseguía al trabajo, cuando iba a comprar, con sus amigas…

En esa época todavía era la novia de mi hermano.

— Aclarándose la garganta, examinó el aturdido rostro de Coral—.

Mi hermano fue a hablar con él después de que se hubiera propasado con ella a la salida del trabajo, hace unos…

ocho años, quizás. Si hubiese estado solo, te aseguro que Justin habría podido con él.

—Le apretó más y más el brazo y decidió no decir nada.

Una lobuna sonrisa apareció en su rostro, confundiéndola aún más—. Pero no fue así.

Cabizbaja, se humedeció los labios y asintió.

Admitía que era una historia fuerte de contar, que por eso había quedado de cierta forma excluida.

¿Quién habría sido capaz de imaginarse tal desenlace?

Desde luego, Coral no. Sintiendo la necesidad de consolarle, colocó su mano derecha sobre el hombro de John, volviéndose hacia él, que se estremeció.

—Lo siento, John. Tanto por ti como por él, no tenía ni idea.

—No te acerques a él —graznó.

—No voy a hacerlo, y menos aún después de lo que me has contado. —Extrañamente entristecida, él la soltó y miró por la ventanilla.

No hacía contacto visual con ella; y lo que era más, parecía estar deseando que se fuera.

La mitad de su rostro estaba ahora oscuro por la sombra.

¿Se estaba arrepintiendo de haberle contado lo que había pasado entre Jack y su familia?

Era algo muy personal y Coral no pudo sentirse culpable, pero, si no, ¿cómo habría adivinado que había pasado algo tan grave?

Recordó que Ocean le había contado la solitaria y triste infancia de John.

Era el pequeño y aun así se encargaba de cuidar de todos.

Sin querer despedirse con aquel mal sabor de boca, le movió el hombro para atraer su atención. Una vez la consiguió, se sonrojó. Su postura intentaba transmitir total y absoluto desinterés, pero ella consiguió arañar aquella superficie para ver intranquilidad.

—Yo… Te prometo que no me acercaré a él. Y también te llamaré en caso de que… pase algo.

Al incorporarse, Coral se dio cuenta de lo necesario que era para él tener un coche tan grande. ¡John era inmenso! Su pecho, sus hombros, aquellas largas piernas… Él asintió, visiblemente más relajado. Coral cerró los ojos durante un segundo para tranquilizarse y recobrar la compostura.

No lo hagas, coge aire, dale las gracias por acercarte y…

Y sin poder evitarlo, se impulsó con la mano que tenía en su hombro y acortó la distancia entre sus rostros.

Besó a John en los labios y los sintió cálidos y sensuales.

Por fin lo estaba besando, por fin iba a poder resolver la incógnita sobre a qué sabía su boca.

Un gemido escapó de su garganta tras aquel primer contacto.

Sin esperar, sacó la lengua para acariciar la carnosa parte inferior.

Oh, Dios, quería que durara eternamente…

Un haz de luz se abrió entre sus tórridos y densos pensamientos. Él no estaba respondiendo. John estaba quieto, dejándola hacer, pero sin mostrar el mínimo interés. El calor que podía haber sentido hacía apenas unos segundos desapareció. Completamente roja, se alejó con brusquedad.

Él estaba imperturbable, justo como antes de besarlo. Sin saber qué decir, se quitó el cinturón y se colgó el bolso del hombro. Cogió aire y abrió la puerta para salir, girándose un escaso momento para murmurar un «Gracias por acercarme» y cerrar.

Entró con rapidez en su casa y cerró la puerta sin siquiera mirarlo una última vez.

No, es evidente que no, pensó. Nunca le había pasado.

Nunca se había confundido con respecto a las señales que los hombres le mandaban y había pensado que él había sido claro; las miradas, las pequeñas charlas que Ocean había calificado como poco corrientes…

Pero estaba claro que con John había sido diferente. Se había equivocado.

Dejó el bolso en la entrada y se prometió evitarlo el mayor tiempo posible hasta poder superar aquella desafortunada y vergonzosa experiencia.