Irrompible 6 #6
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—No dejes que esa mala experiencia te haga tener miedo, Bridget. Que te haya pasado una vez no quiere decir que se vaya a repetir. —Cogió aire y sintió que ella le devolvía el apretón—. Es más, mi madre sufrió un aborto antes de tenerme a mí.

—¿En serio? —Sus ojos parecieron recuperar aquel brillo cálido que había visto desde el día en que la conoció, en su tienda—. Gracias. Yo… Sé que suele pasar, es común en mi familia. Solo ha sido más duro de lo que pensaba.

Coral dejó que le enseñara el resto de la casa.

Su mal humor se había disipado, volvía a ser la misma.

Incluso parecía haber olvidado el encuentro con Jack en el pub .

Miró de reojo a Ocean, que le guiñó un ojo, consciente de su cambio.

Una vez terminaron, Coral supo que tenía que volver a estar delante de John, actuar como si no despertara en ella sus más oscuros instintos, que ni ella misma había sentido antes.

Iba a ser capaz: era una experta en no mostrar a los demás cómo se sentía en realidad.

O eso había pensado, gruñó para sus adentros.

Una vez en el salón, se había sentado en el sofá, Ocean en uno de los sillones y Bridget en el otro sofá, que era de tres plazas, en vez de dos, como en el que estaba Coral.

Una tenue luz iluminaba escasamente el salón y estaban en penumbra.

La mesa baja estaba tapada con un mantel y repleta de comida que Justin y John se habían encargado de preparar.

O mejor dicho, de servir. Patatas fritas en boles, pizzas de tamaño familiar, nachos, salsas, las bebidas…

¿De verdad habían pensado comerse todo aquello entre los dos?

Los hermanos regresaron y Justin tomó asiento junto a su esposa y le dio un beso en la frente.

Tenía una enorme jarra de cerveza y más aperitivos.

John echó un rápido vistazo con discreción para ver qué sitio estaba libre.

Aguantó las miradas de curiosidad que les dirigían todos mientras él tomaba asiento a su lado.

¿Era él consciente, al igual que ella, de que todo había sido premeditado? Bridget estaba radiante de felicidad.

—Os lo habéis currado, chicos. Ha quedado genial —habló Ocean, cogiendo un enorme trozo de pizza—. Mañana daré diez vueltas al pueblo, quizás de esa forma queme una décima parte de todo lo que voy a comer hoy.

Sonriendo, Coral cogió otro trozo.

—Tiene todo muy buena pinta.

Justin apoyó los codos sobre las rodillas. La miró fijamente, quizás consciente de que Jack se había acercado al grupo por ella. O al menos, la había utilizado como excusa. ¿Tenían él y su mujer algún pasado juntos?

—¿Qué ha pasado en el pub ?

Directo, al grano. La postura de John se tensó. Le dio un trago a su cerveza y se quedó quieto, esperando su respuesta. Sin entender todavía el papel que jugaba Jack allí, Ocean le dirigió una tranquilizadora sonrisa.

—Sinceramente, creo que nada… —titubeó, mordiéndose el labio inferior—. Eh, solo se acercó a presentarse y luego se fue. Poco más.

—Y se ofreció a ayudarte en todo. Incluso te dio la dirección de su taller.

Fulminó a su amiga con la mirada por haberlo dicho en voz alta. Luego negó con la cabeza. John parecía estar incómodo, aún más, si era posible. Miraba al suelo, cruzado de brazos.

—Estaba siendo cordial, supongo.

—Oh, no, cariño, Jack no es cordial. —Bridget se aclaró la garganta, luego soltó una risita nerviosa—. En fin, creo que deberíamos dejar el tema aparcado y disfrutar de la cena.

Sin querer ocultar cómo se sentía, frunció el ceño.

—Claro.

—No deberías acercarte a Jack, Coral —habló John por lo bajo, agarrando con demasiada fuerza el botellín. Se escuchó un chasquido. Los demás no parecieron darse cuenta, inmersos en sus propias conversaciones.

—¿Qué demonios pasa con ese tal Jack?

—No es de fiar, ha estado metido en varios líos.

Fue muy escueto y no quiso dar más razones.

La cena fue amena, aunque quizás no había conseguido relajarse del todo por el tema de Jack, totalmente incomprensible para ella.

Decidió hablar a solas con Ocean al día siguiente para ver si conseguía enterarse de algo, arrojar luz sobre lo que había pasado aquella noche.

Si fuese tan peligroso como ellos lo pintaban, ¿no debería estar en la cárcel?

¿O vigilado? Por el buen ambiente que había en el pub , estaba segura de que le habrían prohibido la entrada.

Estaba dándole vueltas a un montón de preguntas en su cabeza cuando una suave caricia en la rodilla la sacó de sus pensamientos.

Ocean la miraba con preocupación.

—¿Va todo bien?

Sorprendida, se alegró mucho de que Bridget y los hermanos estuviesen absortos en otro tema.

—Por supuesto.

—Mañana hablamos, ¿de acuerdo? Ahora disfruta, relájate.

—¿Tengo que… temer por mi vida o…?

—¡No, no! Para nada, Coral. Olvídate de todo, quizás… lo hemos hecho parecer más peligroso de lo que es. Solo tiene mala fama y juega sucio. No es alguien con el que merezca la pena juntarse. En serio.

—De acuerdo.

Una vez terminaron de comer, todos se levantaron para recoger. Coral cogió los dos platos donde habían estado las pizzas y los llevó hacia la cocina. Bridget apareció a su lado para dejar otros platos vacíos, luego le estrechó cálidamente el hombro.

—¿Qué tal?

—Bien, bastante bien, ha sido una buena cena —afirmó, apoyándose en la encimera.

Echó un rápido vistazo al reloj de cocina y descubrió que era bastante temprano, apenas las nueve y media.

Para ellos debía de ser tarde, teniendo en cuenta la diferencia horaria de comida entre España y Estados Unidos.

Y tampoco le apetecía quedarse mucho más allí, siendo la única que no sabía nada y con la incómoda sensación de que sobraba por ser la nueva, la que desconocía lo que había ocurrido tiempo atrás.

—Creo que es hora de que me vaya ya. —Señaló el reloj—. Es bastante tarde. Mañana tengo que trabajar y supongo que vosotros también.

—De acuerdo, voy a decirle a Justin que os lleve.

—No es necesario, las llevaré yo. —John apareció por la puerta de la cocina y dejó varios botellines en la mesa. Sus ojos estaban puestos en ella—. Me coge de camino.

Regresó al salón para coger su bolso. Se despidió de todos y Bridget le dio un cálido abrazo.

El matrimonio los acompañó hasta la misma puerta, donde había aparcado un EcoSport blanco crema.

Se trataba de un vehículo grande, alto y ancho.

La suave brisa de la noche llegó hasta su olfato y captó una amplia gama de olores cada cual más agradable, similares al jazmín.

Coral acabó sentándose de copiloto, Ocean detrás de ella, mirándola por el espejo retrovisor con una ceja enarcada.

Diez minutos más tarde, se encontraban en la casa de Ocean. Tras despedirse, Coral y John permanecieron allí durante un rato, quizás para asegurarse de que entraba en su casa, o quizás tan solo porque él estaba disfrutando de aquel agradable silencio tanto como ella.

La figura esbelta de su amiga desapareció cuando entró en su casa.

La luz de una farola parpadeante iluminó la fisonomía del rostro de John.

De todas las partes de su cuerpo, la que sin lugar a dudas la dejaba sin palabras era su mirada.

Fría, distante, como si una batalla se desatara en su interior.

—Necesito que me guíes.

Su ronca voz rompió el silencio que hasta ese momento había reinado en el coche. Tragó saliva e hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Fue indicándole dónde se encontraba su casa, apenas a unos diez minutos de la de Ocean.

Una vez paró enfrente de su pequeña pero cómoda casa, dejó las manos descansando sobre los muslos.

La miraba de reojo.

—Tienes mi número, por si alguna vez te pasa algo.

Cansada de aquel enigma relacionado con Jack, explotó, sin pensar dos veces lo que estaba a punto de decir.

—¡¿A qué demonios te refieres, John?! —exclamó con voz cansada.

Durante una breve milésima de segundo, la sorpresa destelló en su mirada azul.

—Si se te acerca y estáis a solas, llámame.