6 #4
—Comprendo. Pues ven cuando quieras. Es un placer tener mujeres tan guapas por aquí. —Les guiñó a todas un ojo, riéndose cuando Bridget puso los ojos en blanco.
—Para, gigolo, echa el freno y tráenos las bebidas.
—No se diga más, ¿qué queréis?
Tras pedir lo que a cada una le apetecía, Lance prometió llevarles la carta por si se animaban a cenar allí. A Coral le pareció una buena idea, aunque no tanto al recordar que no había llevado el coche y que iba a tener que irse andando o en taxi.
—¿Qué tal está Justin, Bridget ? —preguntó Jane, sacándola de sus pensamientos.
—Bien, a lo mejor se pasa más tarde, no es seguro. —Soltó aire despacio y pareció cansada—. Queremos volver a intentarlo, pero… no sé, tengo miedo.
Coral se perdió en la conversación, pero todas las demás asintieron como si supieran de sobra a qué se refería.
Ella entrecerró los ojos. ¿Qué querían volver a intentar?
¿Quizás habían puesto todo su empeño en abrir un negocio y no había dado resultado?
No estaba segura de que fuera algo así. El tema parecía tener un matiz más oscuro.
Sin querer entrometerse, se cruzó de brazos y apartó la vista.
Ocean le tocó la pierna por debajo de la mesa y le hizo un gesto.
—Chicas, ¿tenéis claro lo que queréis para cenar? Coral y yo podemos ir a la barra y darle la orden a Lance.
—Oh, sí, claro, yo querré lo mismo de siempre —musitó con una tierna sonrisa, quizás al darse cuenta de lo incómoda que se había sentido Coral.
—Yo también —añadió Jane.
—Estupendo, vamos, Coral. Si no lo sabes aún, te recomendaré algo.
Asintió, se levantó de su silla y dejó la cazadora bien colocada en el respaldo. Ocean esperó hasta que estuvo a su lado.
—Del uno al diez, ¿cómo de incómodo ha sido?
—No pasa nada, apenas llevo unos días juntándome con vosotras. —Se apoyó en la barra, ignorando las miradas de curiosidad que le dirigían. Un enorme hombre con una gorra blanca la observaba, sin dejar de beber de su botellín.
—Estoy segura de que Bridget te lo dirá más adelante, pero para que lo sepas… —Ocean llamó a la camarera con un gesto—: Perdió a su bebé hace poco. Sufrió un aborto. No estaba de muchas semanas, pero supongo que sigue siendo duro.
Abrió los ojos de par en par e iba a decir algo cuando la camarera se movió hasta la parte de la barra en la que se encontraban.
—Hola, chicas, ¿qué queréis? —preguntó con una enorme sonrisa, clavando sus claros ojos en ella.
—¿Te fías de mí, Coral?
Miró a su amiga y asintió.
—Por supuesto.
—Danos cuatro de lo de siempre, Kate. Que estén bien tostados. Estamos sentadas allí, ¿lo ves? —Señaló hacia donde se encontraban Bridget y Jane.
Kate respondió con un gesto enérgico, sirviendo mientras tanto otro par de botellines a una pareja que había aparecido detrás de ellas.
—Vuestra comida no tardará. Por cierto, eres nueva, ¿no? — Coral asintió despacio, esbozando una sonrisa—. Bienvenida a Valley’s Moon .
—Gracias —musitó antes de volver con Ocean hacia la mesa—
. Es la primera vez en ocho meses que me dan tantas bienvenidas.
Coral se encogió de hombros, riendo.
—Antes apenas ibas a los sitios más frecuentados por la población joven. Es como si hubieses llegado hace unas semanas.
Bridget sonrió al escucharlas y se levantó para dejarlas pasar. En ese momento se fijó en un pequeño tatuaje que tenía en la clavícula; era una palabra en cursiva. Intentó enfocar la vista y lo que consiguió fue darse un golpe con la pata de la mesa.
—Joder —murmuró en español.
—¿Te has hecho daño?
—No, no, va todo bien —sonrió a Jane—. Estaba distraída.
—Lo entiendo, es un pub muy bonito, ¿verdad?
Tiene ambiente y está muy bien decorado.
¿Ves todas esas fotografías? Las ha tomado el dueño del bar.
Si te levantas antes del amanecer, puedes verlo cerca del lago Moon o por el bosque que se encuentra justo detrás.
Cada año se hace una exposición de fotografía, en primavera.
El ganador se lleva una noche en el hotel Valley’s Moon , además de dibujarse dicha foto en la pared.
Coral frunció el ceño. ¿Por qué todo en aquel hotel? ¿Acaso era el único que poseía aquel pueblo?
—¿Cómo que en la pared?
—En dirección al bosque, antes de que se acabe el camino de piedra, hay una enorme pared blanca de doscientos metros.
En ella ves dibujadas todas las fotografías que han ido ganando el concurso desde que se inició hace unos cinco años —le explicó Jane—.
Hay algunas que son fantásticas. Cassel tiene una de ellas en esa pared. Oh, Cassel es el dueño del pub .
Dejó escapar un «Guau». Definitivamente, aquel pueblo guardaba muchas sorpresas en su interior.
Cada día descubría algo nuevo. Iba a visitar aquella pared, quizás después del concurso de comida si no acababa muy tarde.
Siendo sincera, se arrepentía de haberse apuntado, pero una vez más su poca disposición a dejar ver lo que quería y lo que no le había vuelto a pasar factura.
¿Por qué había aceptado? ¿Quizás para no parecer una ermitaña y encajar en Valley’s Moon ?
¿Tan importante era para ella la aprobación de aquellas personas?
Soltando todo el aire que contenían sus pulmones, se recordó la idea de llamar a su madre.
A lo mejor una de sus increíbles recetas lograba que no hiciera el ridículo.
Una presión se instaló en su pecho ante toda la cantidad de cosas que tenía que hacer.
Se llevó una mano hasta el cuello y miró a lo lejos.
Alguien se puso en medio, sacándola de sus pensamientos.
Parpadeó varias veces para humedecerse los ojos antes de fijarse en la figura.
Era un hombre alto, de pelo oscuro y ojos chocolate. Sonreía, socarrón, de forma descarada.
—¿Qué haces aquí, Jack?
Coral tuvo que mirar dos veces en dirección a Bridget al no reconocer su voz. En vez de su usual tierna y bonita voz, su tono había sido gélido, incluso un poco brusco. Tenía el ceño fruncido.
El tal Jack cruzó sus musculosos brazos sobre el pecho, sin apartar sus ojos de Coral.
—Me han llegado rumores de que tenemos una nueva…
vecina en el pueblo. Solo he pasado a saludar.
—Su voz era ronca, áspera, quizás incluso atractiva si no fuese por el hecho de que estaba totalmente desprovista de emociones.
Por el cuello de la camiseta blanca se asomaban unos trazos de un oscuro tatuaje que lo rodeaban por completo.
Jane y Bridget se tensaron, cruzaron las piernas y desviaron la mirada. En cambio, Ocean no ocultaba su mal humor.
—Deberías irte. —Ocean ladeó la cabeza, examinándolo con poco interés. Pero hubo algo que falló en esa fachada de despreocupación. Tenía los hombros muy rígidos y tensaban la camisa vaquera que llevaba.
Jack ni siquiera respondió, se limitó a estirar una mano.
Sin pensar antes si hubiese sido más adecuado rechazar el saludo, la dependienta cordial y perfeccionista que llevaba en su interior aceptó el apretón con una cordial sonrisa.
Los oscuros ojos masculinos se entrecerraron y poco a poco apareció una lobuna sonrisa en su atractivo rostro.
Le recordó al típico chico malo que se dedicaba a recorrer el país entero en una impecable Harley negra, vestido con una chaqueta de cuero y haciendo todo aquello que le apetecía, quizás dejando a muchas mujeres destrozadas a su paso mientras una canción de Gun’s and Roses sonaba de forma aterciopelada, dejando humo tras su rastro.
Era como una inmensa y preciosa ciudad destruida.
Un aura animal, peligrosa e incitante lo rodeaba.
Muchas personas lo miraban con curiosidad; otras, con irritación.
—Encantada, soy Coral.
—Bienvenida, Coral. Soy Jack. No te creas todo lo que te dicen de mí, solo me dedico a arreglar coches…
—Hacer apuestas, meterte en líos —le interrumpió Ocean. Él enarcó una ceja—. No intentes venderte como si fueras un cordero. Eres un lobo.
Jack se mordió el labio inferior, encogiéndose de hombros.
Ocean se empequeñeció, pero alzó la cabeza con rapidez.
Aquel gesto masculino desinteresado aunque perfectamente calculado hizo que lo viera atractivo pero peligroso.
Soltó su mano con rapidez y sonrió antes de desviar la mirada, esperando que aquella noche acabase lo más rápido posible.
—Y me encanta ser un lobo, Ocean. No lo olvides. —Alzó el brazo e hizo un gesto para descubrir el reloj que llevaba. Volvió a centrarse en Coral—. Ha sido un placer. Si alguna vez necesitas algo…, puedes venir a mi taller.
Coral se adelantó cuando vio que Bridget abría la boca para decir algo, a todas luces molesta y violenta. Había descruzado las piernas y se agarraba al borde de la silla con las dos manos, como si necesitase un fuerte soporte en aquel momento. Sus nudillos estaban blancos.
—Gracias, pero estoy bien. Ellas me están ayudando con todo.
—De acuerdo, pero mi propuesta sigue en pie… —Levantó la mano como despedida—. Adiós, chicas.
Un denso silencio las rodeó; en ese preciso momento apareció Lance.
Llevaba cuatro sándwiches en la bandeja, sonriendo mientras echaba un vistazo a la comida y al ticket que había al lado para asegurarse de que todo estaba bien.
Cuando vio sus rostros contraídos y amargados, su espléndida sonrisa desapareció.
—¿Todo bien?
—Llévate mi comida, Lance. —Bridget sacó dinero y lo dejó en la mesa, levantándose—. Yo me voy.
Coral abrió mucho los ojos, sin entender qué papel jugaba Jack en su vida para haberle hecho tomar aquella decisión.
Todas se levantaron y dejaron dinero, y ella hizo lo mismo con cierta torpeza, buscando la mirada de Ocean.
Estaba cabizbaja, aunque se esforzó en hacer una mueca amigable. ¿De verdad tenían que irse?
—Lo siento, Lance. Ahí tienes el dinero, ya vendremos otro día.
—¿Os ha molestado alguien? Chicas, esperad…
—Nos vamos… —Bridget se dio cuenta de que Coral estaba allí plantada, con las manos caídas a los lados—. Vamos a mi casa, Coral. ¿O te has traído coche? En caso contrario te acercaré.