Irrompible 6 #3
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—Deja de exagerar. —Se puso de pie para recoger los platos, haciéndole un gesto a Ocean cuando se iba a levantar para ayudarla.

Los guardó rápidamente en el lavavajillas, abrió el frigorífico y fue hacia la mesa del salón con un postre que había preparado.

Apenas se conocía un par de recetas, pero admitía que le gustaba bastante cocinar—.

Y aquí está el postre, es todo lo que he hecho.

No te acostumbres —bromeó—. Esto no sucede todos los días.

Su amiga soltó una fuerte carcajada y aplaudió.

—Prometo no decirle a nadie que he tenido el inmenso placer de almorzar contigo. Sobre todo a Paul. —Enarcó una ceja mientras Coral le servía—. Me he enterado de que… anda detrás de ti. ¡Todos andan detrás de ti!

Coral frunció el ceño y terminó de servirse a sí misma.

—¿De quién hablas?

—Paul, John… Oh, John. Ese es el mejor. ¿Ha habido algún avance? ¿Te ha saludado en el gimnasio?

—Sí, sí que lo ha hecho. Creo que voy progresando en eso de no babear y quedarme paralizada cada vez que lo veo. —Su voz adquirió un tono burlón.

—Atracción, ¿eh? ¿Qué es eso? Hace meses que no lo experimento.

—Yo, años, y créeme que… es diferente. No sé, he conocido a hombres con los que he tenido una química muy fuerte, o eso pensaba hasta que lo vi.

—¿No dejas de pensar en él? —Ocean cogió una primera cucharada del postre y gimió, lo que le arrancó una sonrisa. Ocean alzó el pulgar.

—Bueno… —Sin querer admitirlo, se encogió de hombros—. Por cierto, recuerda que vienes conmigo a la competición, en el lago Moon.

—Por supuesto, allí estaré, iré contigo. Ya he dejado el coche en el taller, así que iré andando, está al lado.

—Puedo recogerte de camino, no me importa.

—¿En serio? Eso sería genial, gracias. —Sonrió y miró fijamente a Coral—. A lo mejor John se presenta allí. No me sorprendería. —Ella intentó no curvar las comisuras de su boca hacia arriba, pero fue imposible. Su amiga la señaló con la cuchara—. ¡Ves! Te gusta.

—¡Claro que me gusta! Me encanta, pero no sé qué piensa él, o si siquiera siente atracción hacia mí.

—Es obvio… Además…

El teléfono de Coral sonó en ese momento.

Frunció el ceño y musitó una disculpa antes de levantarse e ir hacia la cocina, donde lo había dejado, sobre la encimera; vio que era Emilia, su mejor amiga.

La expectación del momento y los nervios después de tanto tiempo hizo que cogiera la llamada demasiado tarde.

Maldijo en voz baja.

—¿Todo bien?

—Sí, ahora mismo voy —le respondió a Ocean.

Decidió dejarle un mensaje a Emilia, prometiéndole llamarla unas horas más tarde. Suspirando, volvió a su asiento. Echó un rápido vistazo al plato de su invitada, que ya se lo había comido todo.

Ocean se sonrojó.

—Estaba riquísimo.

—¿Quieres más? Aún me queda…

—Oh, no, no, qué va, no es necesario. Estoy llena. ¿Sabes? Creo que no te he contado mi primer encuentro con Patrick. Fue horrible, seguro que más que el que tú has tenido.

Aquello despertó su curiosidad. Enarcó una ceja y tomó una cucharada del postre.

—Ah, ¿sí? Cuéntamelo.

—Acababa de romper con quien era mi novio por aquel entonces.

—Coral contuvo una risa ante la seriedad que ella mostraba—.

Había cogido algo de peso e iba por la calle casi corriendo porque quería llegar a mi casa para echarme a llorar.

Dios, cada vez que lo recuerdo quiero meterme en un agujero.

Fue muy bochornoso… —Hizo una pausa antes de continuar—.

Nos chocamos, él iba con el móvil y yo mirando al suelo.

Al parecer mi ex era amigo suyo, así que se acababa de enterar.

Pues no tardó en echarme en cara que qué hombre en su sano juicio querría estar con un botijo como yo. Fue así, directo.

Coral se llevó una mano a la boca para aguantar la risa, abriendo mucho los ojos.

—No me lo puedo creer.

—Ríete, no pasa nada. Ahora que lo pienso, es gracioso. Han pasado ya unos años. Me sentó tan mal que perdí cinco kilos en dos semanas, hasta que poco a poco me quedé en este peso. Ni nos saludamos, es un niñato en cuerpo de hombre.

—¿Tiene la misma edad que John?

—Sí, treinta y tres años. Parece más joven, ¿verdad? Corre el rumor de que Patrick anda metido en algo… A ver si le dan una buena paliza y despierta.

—¡Ocean!

—¡Es verdad! No puede seguir con esa actitud, nadie se lleva bien con él, excepto los que entrenan en el gimnasio. Es un pardillo. Y además, si sigue con esos aires es por John, que le cubre las espaldas junto a Dante, el entrenador.

Coral comprendió entonces cómo eran las cosas.

Recordó cuando había visto a Patrick en el suelo, herido, con el orgullo a modo de escudo, rechazando su ayuda.

¿Qué problema tenía con las mujeres? La había tratado de forma desagradable en el gimnasio.

Llegó a la conclusión de que no era su asunto, se encogió de hombros y decidió mantenerse apartada de él.

—Mmm, Bridget me ha escrito para preguntarme si nos apetece tomar algo en el pub de Cassel, que es amigo de su marido. — Ocean levantó la vista del teléfono—. ¿Qué me dices? ¿Te apetece? Algo rápido y nos volvemos. Al fin y al cabo mañana trabajamos.

Coral tardó unos segundos en decidirse. Después de todo, tenía el resto del día libre y tampoco le apetecía quedarse en casa toda la tarde.

Todo ello sin contar que le venía genial hacer migas con la gente del pueblo.

Cada día se sentía más y más aceptada, como si formara parte del lugar, que estaba convirtiéndose en su hogar.

Asintió varias veces y Ocean sonrió ampliamente.

—Sí, deja que me acicale un poco y nos vamos.

—Estupendo, yo voy a decirle que nos vemos allí en una media hora.

Fue hacia el cuarto de baño, con una pequeña llama de esperanza instalada en su pecho.

¿John iba a ir? ¿Iba a verlo? Esperaba que así fuera; deseaba profundizar, conocerlo más.

Saber sobre su tormentoso pasado había hecho que comprendiera en cierta medida por qué era así, tan distante y frío, pero siempre atento y cuidadoso con las personas cercanas a él.

Pero si iba John también podía encontrarse con Patrick.

Y no estaba segura de que esa vez pudiese reprimir las ganas de estrellarle un botellín en la cabeza.

Coral entró en el pub detrás de Ocean, observando el lugar donde se encontraba.

El suelo era de madera, al igual que la barra, las mesas y las sillas.

Detrás de la barra había una enorme cantidad de licores y dispensadores de cerveza de todo tipo.

Estaba completamente llena, apenas había un hueco libre.

Se preguntó si Bridget estaría allí. En caso contrario, iba a ser difícil que pudieran sentarse.

La música fluía a través de los altavoces, suave. Las paredes estaban repletas de antiguas fotografías que mostraban el progreso de Valley’s Moon hasta la actualidad. Tragó saliva y una mano que se movía con rapidez captó su atención.

Era Bridget.

—Allí está, vamos.

Ocean la agarró de la mano y tiró de ella para que no se separaran. Los agradables y bonitos ojos de la pelirroja se posaron sobre ellas.

—Cuánto me alegro de veros, chicas. A Jane y a mí nos ha costado mucho trabajo conseguir esta mesa. Se lo tenemos que agradecer a Lance.

—Oh, Lance, quién tuviese la oportunidad de cabalgarte durante toda la noche —murmuró Ocean, cerrando los ojos.

Coral se dio la vuelta.

—¿Quién es Lance?

—Es ese camarero tan guapo que ves en la barra, el rubio. — Bridget le hizo un gesto.

Desde su distancia y estirándose un poco, consiguió deslumbrarlo.

Vaya, sí que era atractivo… Tenía el pelo rubio, muy corto por los laterales y más largo por el centro, un corte de moda, de esos que llevaban los hombres de ciudad.

Sus ojos eran grises, eléctricos y rasgados.

Servía con rapidez, sonriendo a todos los clientes.

Echó un vistazo a su alrededor: muchas mujeres tenían puestas sus miradas sobre él.

Lance salió de la barra para dirigirse al almacén.

Era alto, muy alto, espalda ancha y brazos fuertes. Vestía de forma arreglada pero informal. Desde luego le habría venido genial como modelo para su tienda en caso de que también tuviese ropa masculina. Aun así, a pesar de ser guapísimo no conseguía tener esa chispa animal que John poseía.

—Oh, oh, Coral se replantea si John o Lance —bromeó Ocean.

Sonrojándose, negó varias veces con la cabeza.

—¡Por supuesto que no!

—Ah, o sea, que te gusta mi cuñado. —Bridget se rio al ver el tono rojizo que había decorado las mejillas de Coral—. No te preocupes, solo bromeaba. Yo también pienso que John es mucho mejor.

—Por cierto, ¿habéis visto a Patrick? —preguntó Ocean, cruzándose de brazos mientras esperaba llamar la atención de algún camarero para pedir las bebidas—. Parece ser que también se ha metido con Coral. Deberíamos tener una charla con…

—¡No! —exclamó la aludida—. Es agua pasada, lo que diga él no me importa absolutamente nada. Solo ha sido un momento desagradable.

—No le hagas caso, no tiene donde caerse muerto —murmuró Jane, poniendo en blanco sus ojos verdes.

—No seáis tan crueles con él. —Un gesto parecido a la tristeza surcó el rostro de Bridget—. Lo ha pasado muy mal. Solo le ladra a todo el mundo para esconder sus complejos.

Ocean bufó y sonrió cuando consiguió captar la atención de un camarero.

—Que le jodan. Aquí viene Lance, ya era hora… ¡Eh, Lance! Llevamos esperando un buen rato y ninguno de vosotros ha venido a atender a las mujeres más guapas de Valley’s Moon .

El camarero mostró una enorme sonrisa.

—Estamos llenos, además ya os había visto. —Sus ojos grises pasaron por todas hasta caer sobre Coral—. ¿Eres nueva? Tu cara no me suena.

—Sí, soy Coral, encantada. —Extendió la mano tras incorporarse.

—Bienvenida a Valley’s Moon . ¿Llevas mucho tiempo aquí? — preguntó estrechándole la mano con un gesto cálido.

—Unos ocho meses. —Se sentó otra vez y señaló a Ocean—. Estoy conociendo más sitios gracias a ella. Apenas salía de la calle de mi casa.