Irrompible 6 #2
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6 #2

La pálida piel del luchador mostraba algunas cicatrices en la espalda que la espesa y oscura tinta de los tatuajes intentaba disimular.

De hombro a hombro tenía escrito « N o regret », pero justo debajo, casi cubriendo toda la parte izquierda de la espalda llevaba una calavera y un cuervo al lado.

Todos estaban enlazados entre sí, como si las letras diesen paso al resto del tatuaje.

Él paró de golpear y se quedó quieto, como si acabase de descubrir que ella estaba mirándolo. Se giró con lentitud, mirándola de reojo. Una nariz recta y unos labios carnosos fue lo primero que quedó al descubierto antes de que Coral supiese de quién se trataba.

Era John.

—John, ella es Coral, es nueva en Valley’s Moon .

Él fue acercándose poco a poco, y Coral tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no mirarlo de arriba abajo.

Para su desgracia, John se agachó y se puso una camiseta negra de tirantes que le cubría el torso, pero no así los brazos.

Tenía algunos mechones pegados al rostro por el sudor, pero se los apartó con el brazo cuando se quitó las pequeñas gotitas que corrían por su frente.

—Lo sé, la conozco. —John se paró a una buena distancia, pero lo bastante cerca como para hablar—. ¿Qué tal?

—Bien, he venido a traerle la comida a Dante, Ocean no podía.

—¿De qué os conocéis? —Dante se cruzó de brazos, mirándolos a los dos.

—Estuve en la barbacoa que hizo Justin, soy amiga de Bridget. —Coral se aclaró la garganta.

—Mmm… John, descansa diez minutos y luego llamaré a Sergei para que entrenes con él, mientras tanto…

—¡Eh, jefe! Han venido los de la EFL para las fotos de la revista.

—Una voz los interrumpió. Todos se giraron para encontrarse a Patrick detrás de ellos.

Coral puso los ojos en blanco. Parecía estar mucho mejor, pero seguían estudiándola como si la considerasen una paria.

Una persona non grata en el gimnasio—. ¿Qué demonios hace esta tía aquí? —bramó.

—Patrick, compórtate—habló gélidamente John, sin moverse ni un ápice.

Dante parecía confuso.

—Creo que me he perdido algo, ¿todos conocéis a Coral menos yo?

—No es nada importante, jefe. Olvídalo, y…

John esbozó una media sonrisa. El entrenador no debía de creerse nada porque tenía el ceño fruncido.

—Patrick, ¿tiene ella algo que ver con el hecho de que tu cara no esté del todo deformada?

—¡Joder, no es nada! Ella llamó a John para que viniese a recogerme, eso es todo.

—Me dijiste que te habías caído por las escaleras, Patrick. — Dante dio un paso hacia él—. Si me entero de que te has metido en algún lío…

—No me he metido en ningún lío, ¿vale? Todo está solucionado.

—Patrick clavó sus enfadados ojos en Coral.

Echaban chispas—. ¿Y tú qué coño haces aquí?

Pírate, estamos hablando de cosas que una mujer como tú no puede entender.

Trabajas en una tienda de ropa, ¿no? ¿Por qué no te vas y nos dejas en paz?

Tanto John como Dante fueron a responder cuando Coral se adelantó.

No necesitaba que nadie la defendiera y menos de un hombre tan enclenque como Patrick, cuya arma letal eran sus palabras y su venenosa lengua.

Pensaba irse de allí de inmediato. Había atraído la atención de todos y se sentía expuesta en un circo mediático.

—Le he traído la comida a Dante —espetó, intentando mantener un buen tono de voz.

—¿Ahora trabajas con Ocean o qué? Oh, no respondas, era una pregunta irónica, jefe…

Coral se sintió terriblemente abochornada. Apretó los puños a los lados de su cuerpo, alzó la cabeza y miró a Dante.

—Tengo que irme, te agradezco que me hayas enseñado el gimnasio, me parece una pasada. —Luego se centró en John. Intentó que la voz no le temblara—. Suerte en tus futuros combates.

Y se marchó con rapidez.

John observó cómo la esbelta y delgada figura de Coral se alejaba con rapidez y rigidez, aunque no menos elegancia, hacia la puerta. Muchos luchadores la contemplaban de arriba abajo; incluso Hanks señaló su trasero e hizo un gesto obsceno delante de Jamie y John, que se rieron.

Coral abrió la puerta y se fue, no sin antes quedarse parada y coger aire, con la vista perdida.

Su rostro estaba serio, pálido, pero aguantaba la compostura.

Por lo poco que la conocía, John ya se había hecho una vaga idea de cómo era aquella mujer: independiente, serena y valiente.

¿Cómo si no había dejado su país para irse a otro y empezar de cero? ¿Escondía algo?

Por el momento, estaba cabreado. Muy cabreado. Patrick le había hecho daño.

Lo agarró de la nuca. Él se sobresaltó.

—Demonios, tío…

—¿Te parecen esas formas de tratar a alguien que te ha ayudado? —Le dio una colleja—. ¿Qué eres? ¿Un matoncillo?

—¡Joder, John! ¿Qué coño te pasa? ¡Solo es una tía! —se quejó, sin conseguir zafarse de sus manos.

—Has sido un capullo, Patrick —convino Dante, observando aquella situación con una mueca divertida—. Más de lo que sueles serlo.

—Maldita sea, sois todos unos sensibleros. —John lo empujó y dejó que se apartara.

—Si vuelves a comportarte así con ella…. —murmuró con tono duro, avanzando un paso.

—¿Y qué coño te importa a ti? ¡No la conoces!

—Patrick, esa mujer te ayudó ayer, muestra un poco de respeto. —Dante suspiró—.Voy a ver lo de las fotos y tal, prepárate, John. Ya sabes que tú tienes que aparecer en ellas para la entrevista.

Frunció el ceño, se agachó para coger su botella de agua y se fue hacia los baños.

—No firmé ninguna maldita entrevista —graznó, irritado tras imaginarse otra vez sentado respondiendo a las mismas preguntas de siempre. Y las fotos, la peor parte, donde él tenía que entrenar mientras dos fotógrafos intentaban sacar buenas imágenes para la revista.

—Sí que lo hiciste, al aceptar un combate con Dmitry — respondió, tajante—. Así que prepárate para las fotos. Y tú, Patrick, llama a Charles. Necesito contactar con él.

John le dio un fuerte golpe al saco de boxeo antes de asentir.

El saco se movió de un lado a otro mientras sus pensamientos se centraban en Coral.

Le habían hecho daño. Ella se había limitado a llevarle la comida a Dante, silenciosa, mirando el gimnasio como si se tratara de un nuevo planeta.

Los luchadores de MMA eran rudos, brutos, con poco raciocinio tras la cantidad de golpes recibidos en las peleas.

Sin necesidad de girarse, sintió a tres hombres a sus espaldas. Cogió aire, se dio media vuelta y se cruzó de brazos para dejar claro que no quería hacer aquella entrevista ni ser fotografiado. Pero ante él no estaba personal de la EFL , sino Hanks y sus dos amigos.

Enarcó una ceja.

—Eh, John, ¿quién era esa tía? —Hanks se encogió de hombros, pasándose una mano por el pelo decolorado—. Está buena, es diferente de las groupies .

Sin responder, siguió en su posición. Dante se acercaba poco a poco con tres hombres, dos de ellos con cámara y otro vestido con chaqueta.

—¿Eres mudo o qué? Joder, John, no sabía que fueses tan exclusivo con las groupies .

Algo ardió en su interior y centró su atención en el luchador.

—No es una groupie .

Hanks chascó la lengua, abriendo los brazos cubiertos de tatuajes.

—Me han dicho que es nueva, ¿no? Chicos, ¿os habéis enterado? Nueva mercancía y…

En un rápido movimiento, John agarró a Hanks por la camiseta y lo hizo chocar contra la pared.

Brusco, sin preámbulos. No fue consciente del repentino silencio del gimnasio ni de las miradas de los demás.

Imaginar que Hanks pusiera sus asquerosas manos sobre la limpia y suave piel de Coral había hecho que le hirviera la sangre.

Los ojos azules de Hanks brillaban.

—Oh, ¿es tu chica?

—No te acerques a ella, ¿te enteras? —gruñó, volviéndolo a golpear contra la pared—.

¿Te acuerdas de cuando te vencí por un KO hace dos años?

Te di un gancho, te partí la nariz y te golpeé hasta que el árbitro frenó la pelea.

Pues bien, eso no es nada comparable con lo que sería capaz de hacerte si te acercas a ella.

¿Te has enterado? Tu historial con las mujeres apesta.

Hanks gruñó antes de asentir. John lo soltó y miró cómo se iba tras echarle un vistazo, rabioso.

Sabía que Hanks no era capaz de hacerle nada a Coral, era un chulo de poca monta que se dedicaba a fanfarronear de sus pocos combates ganados con tal de pillar dinero y mujeres. Esas eran sus aspiraciones en la vida.

—Eh, John —Dante apareció en su lado, unos pasos más cerca que los hombres que iban con él—, cuando acabes la entrevista, vete a casa.

Su tono era frío pero mesurado. John aceptó, preguntándose por qué había actuado así.

A él le daban igual los demás. Él no sentía interés por las mujeres si no era para acostarse con ellas, no intentaba saber sobre ellas ni verlas por casualidad.

Por algún motivo desconocido, con ella había sido diferente.

—¿Coral? ¿Estás bien?

La aludida alzó la mirada de su plato de comida e hizo un gesto incómodo.

—Sí, claro, todo bien. Dante tiene la comida y ha sido muy amable al enseñarme su gimnasio.

Su amiga abrió los ojos de par en par.

—¿En serio? Me alegro, es un hombre muy simpático. A mí también me lo enseñó no hace mucho, aunque admito que habría disfrutado más de la visita si no fuese por lo… rudos que son algunos hombres. Sin contar a Patrick. —Puso los ojos en blanco—. Es horrible, siempre atacando.

—Sí, he tenido la… suerte de conocerlo.

—Te ha tratado mal, ¿no? —Ocean le apretó la mano con calidez—. Si te sirve de algo, es así con todo el mundo. No le des más importancia de la que tiene, ¿vale?

Coral cogió aire y sonrió.

—Por supuesto, no ha sido nada. —Se aclaró la garganta—. En fin, ¿qué te ha parecido? ¿Te ha gustado lo que he preparado?

Ocean se llevó las manos al estómago y gimió.

—Estaba delicioso, las croquetas… nunca había probado unas así, y el arroz… No me van las mujeres… —Coral se rio ante el tono de su voz—. Pero por ti, me pasaría a la otra acera y me casaría contigo.