Irrompible 4 #2
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—Ah, ¿Coral? Sí, lleva poco tiempo aquí. No conoce a nadie, así que Bridget tuvo la idea de invitarla. Para que se relacionara un poco y eso. Es bastante simpática.

John sacó dos hamburguesas más. Esa vez fueron Brendan y su mujer, Jane, quienes las cogieron con rapidez.

—Te ayudo, así podremos hacer el doble. Déjame un hueco.

John obedeció antes de seguir estudiando a la mujer desde su posición.

Llevaba una camiseta blanca con dos volantes de un tejido translúcido que conseguían aumentar un poco su menudo cuerpo.

Su cintura era estrecha, pero a medida que bajaba por su cuerpo, aparecían más curvas.

Tenía un trasero respingón que resaltaban los estrechos vaqueros que llevaba.

Unas botas cortas tobilleras con un poco de tacón le alargaban las torneadas piernas.

—Ve a hablar con ella.

La voz de Justin llegó hasta él, divertida, risueña. John torció la boca.

—¿A qué te refieres?

—Está claro que sientes curiosidad por Coral. Acércate, háblale… Aunque parece que Paul está interesado.

Se encogió de hombros.

—Me da igual.

Su hermano puso los ojos en blanco.

—Tu forma de ligar apesta, Johnny

—Tanto como tus hamburguesas —añadió Bridget, guiñándole un ojo a su cuñado—. ¿Me he perdido algo?

—No —contestó con tono seco.

—Nada, cariño, estamos hablando sobre cosas de hombres.

Bridget enarcó una fina ceja roja. John estuvo a punto de soltar una carcajada.

—Cosas… de hombres.

—Bueno, ya sabes, cielo, intento aconsejar al terco de mi hermano.

—Guárdate tus consejos, no los quiero —comentó antes de poner tres hamburguesas en un plato.

Justin agregó dos más.

—Los necesitas, soy tu hermano mayor. Tengo más experiencia que tú.

—Llevas toda la vida con Bridget.

—Acerté a la primera, se siente. —Justin esquivó un puñetazo que iba dirigido a su hombro. Se rio—. Deja de comportarte como si fueras un ser asocial. Toma, llévales esta bandeja a Ocean y a Coral, ellas todavía no han probado bocado.

—¿Por qué demonios no se la llevas tú? Yo las estoy haciendo. —John sabía las intenciones de su hermano y no pensaba darles cabida en sus planes.

—Porque es mi parrilla y yo decido.

—Y una mierda…

—Anda, dádmelas a mí, yo las llevo —dijo Bridget; suspiró y extendió las manos hacia el plato.

—No, cariño, tú disfruta de la fiesta. Nosotros nos encargamos. —Justin se agachó para besarla en la mejilla, guiñándole un ojo.

—De verdad, Justin, no me importa. Te estás comportando de una forma muy rara.

John estuvo a punto de volver a reírse. Aquello era nuevo para él, sentirse como si aquello fuera su hogar. Bridget no parecía entender las indirectas de su hermano, que estaba a punto de perder la paciencia.

—Bridgie, por favor, disfruta. Nosotros nos encargamos.

La persuasión en su voz la convenció y se fue hasta donde se encontraban Jane, Brendan y otro matrimonio.

John miró a su hermano con una ceja enarcada. Justin se encogió de hombros y le colocó el plato en las manos.

—Vamos, Johnny, ayúdame y reparte la comida. —Le guiñó un ojo.

—Maldito cabrón… —gruñó, cogiendo el plato.

John fue directo hacia el par de mujeres que hablaban animadamente.

Notó que Coral lo miraba de reojo y que su postura cambiaba.

Estaba más recta y se había pasado por detrás de la oreja algún mechón suelto que se había escapado del moño.

Sus labios se entreabrieron y se los humedeció. Vio la pequeña y rosada lengua.

A medida que estaba más cerca de ella, pudo comprobar que era mucho más menuda de lo que había pensado en un principio. No debía de medir más de un metro sesenta y dos. Ella alzó la cabeza y lo miró fijamente. Un olor a vainilla llegó hasta él, y no era de Ocean.

John no supo cómo proceder.

—Coged una hamburguesa antes de que Fred y Paul las devoren todas.

Ocean cogió una con ganas y le dio las gracias.

—John, te agradecemos que hayas pensado en nosotras. Estábamos atentas a ver cuándo nos tocaba comer una.

—Gracias —añadió Coral cuando cogió otra.

—Si queréis echarle algo, en la mesa están todas las salsas.

—Perfecto. ¡Oh, por cierto, John! Espera, espera. ¿Conoces a Coral?

—Sí, fui a su tienda —añadió, escueto.

—Ah, bueno, pues Coral, él es John, el hermano pequeño de Justin. John, ella es Coral.

—Encantada de conocerte —dijo ella con educación, tendiéndole una mano—. Oh, perdón, las tienes ocupadas.

—Es un placer. Bienvenida al pueblo, Coral.

Los ojos de Ocean casi se salieron de sus órbitas, pero volvió a mostrar su cara de póquer a toda prisa.

—Gracias, me gusta. Es bastante bonito.

John iba a asentir y dar por finalizada la conversación cuando Ocean intervino una vez más.

—Por cierto, enhorabuena, John. Fue un combate estupendo. —Le palmeó el brazo—. Te vi desde el bar con Sandy y Robert. Ya veo que esos fuertes brazos no son solo para presumir de cuerpo.

Él puso los ojos en blanco.

—Gracias, Ocean. Y no, no lo son.

—Perdón, esperad, me he liado, ¿de qué habláis? —La femenina voz de Coral lo sacó de su estupor y se centró de nuevo en ella.

—John es luchador. ¿Sabes lo que son las MMA ?

—Sí, claro, las artes marciales mixtas —respondió. Él se sorprendió. Nunca habría imaginado que una mujer como ella conociera aquel deporte—. Sigo la división de peso gallo femenino.

—Pues John lucha y es muy bueno. Está en la EFL , la más famosa e importante compañía de las MMA .

Es buenísimo, y no te lo digo para que te hinches como un pavo, John.

—Ocean suspiró—. Tuvo un combate hace apenas unos días.

Ganó y ahora va a enfrentarse al campeón ruso. Si gana, le arrebatará el cinturón.

Los labios de Coral se abrieron hasta formar un círculo.

—Oh, vaya… No me lo puedo creer. ¿Estás en la EFL ?

John asintió con rigidez.

—Sí —masculló.

—Pues enhorabuena, John, y mucha suerte para tu próximo combate. Estoy segura de que te irá bien.

Se sorprendió ante su frialdad para finalizar el tema, como si hubiese notado su incomodidad. Asintió a modo de agradecimiento, se despidió haciendo un gesto con la cabeza, pero antes de irse oyó la voz de Ocean.

—Qué raro… Hoy John ha articulado más de tres palabras.

Con una sonrisa, terminó de repartir el resto de las hamburguesas.

Coral contempló la ancha espalda de John, que se alejaba de ellas. Había sido un momento tenso, en el cual ambos habían aprovechado todos los instantes posibles para examinarse el uno al otro. Y ella había quedado más que maravillada ante tal espécimen.

—Qué raro, hoy John ha articulado más de tres palabras.

Miró a su nueva amiga, Ocean, que parecía muy confusa. Sus labios estaban fruncidos en una mueca.

—¿A qué te refieres? Apenas ha hablado.

—¡Cómo que no! John apenas pasa de decir «hola» y «adiós». Siéntete afortunada, porque contigo ha hablado más que nunca. Y hay mucha tensión entre vosotros.

Coral se sonrojó y bajó la vista hacia el suelo.

—No digas tonterías.

—Él siente curiosidad por ti.

Esa vez fue ella quien puso los ojos en blanco. Desde luego, estaba comenzando a exagerar, pero estaba feliz. Había hecho una nueva amiga. Ocean era bastante simpática y tenía un sentido del humor parecido al de su madre.

—Es normal, todos tienen curiosidad. Soy nueva.

Iba a rebatirle lo que acababa de decir cuando Fred se acercó con un enorme trozo de tortilla de patatas.

—Coral, esto está de muerte. Cocinas de maravilla.

La aludida sonrió de oreja a oreja, halagada. La comida estaba yendo mejor de lo que en un principio había pensado.

—¡Cuánto me alegro! Gracias, Fred, ha sido un placer.

—Y ese gaz…

—Gazpacho —lo ayudó.

—Coral, estoy casado, pero puedo hacer una excepción y…

—Oh, vamos, vamos, déjala en paz, Fred. —Bridget apareció en ese momento junto a ella, dedicándole una radiante sonrisa—. No solo tienes buen gusto para diseñar ropa, sino que además también cocinas genial.

Coral hizo un gesto con la mano, intentando desviar la atención.

—Apenas sé cocinar nada más. Solo he practicado mucho de pequeña.

—¿Sabes? El fin de semana que viene se celebra en el lago Moon una pequeña competición de comida.

Cada participante puede llevar un plato.

Deberías participar: el premio es una noche en el hotel de cinco estrellas Valley’s Moon Hotel —habló Paul, quien apareció con un vaso de su gazpacho—.

Hay un jurado compuesto por tres personas, pero desde luego tienes posibilidades de ganar.

Se sintió abrumada por los halagos de todos y no pudo evitar preguntarse si solo estaban siendo corteses con ella.

—Rose es la que apunta a los participantes. ¡Eh, Rose! Ven un momento. —Paul la llamó con un silbido.

Vale, de acuerdo, aquello se le estaba escapando un poco de las manos. Desde luego, Coral no se veía participando en un concurso de comida, pero tampoco rechazando aquella cálida invitación de quienes iban a ser sus futuros vecinos.

Rose se acercó con la boca llena de comida.

—¿Qué pasa, chicos?

—¿Has probado la comida que ha traído Coral? ¡La ha hecho ella! —Paul le palmeó la espalda—. Hemos pensado que deberías apuntarla al concurso ese que hay el fin de semana que viene. Tiene altas probabilidades de ganar.

Los ojos de la mujer morena se iluminaron.

—Es una buena idea. Entonces, ¿te apuntas?

Coral se sentía observada por varios pares de ojos que tenían puestas sus esperanzas sobre ella. ¿Y qué le costaba hacer un simple plato e intentarlo? No solía trabajar los fines de semana, excepto cuando eran fiestas o había una gran cantidad de turistas. Justin alzó el puño, dándole ánimos.

Le echó un vistazo a John, que también estaba pendiente de ella.

Su salvaje mirada estaba clavada con fuerza, observándola con detenimiento, como si se tratase de algo que nunca había visto.

Se preguntó si habría tenido una buena primera impresión de ella.

Abrumada ante la intensidad de aquellos ojos azul verdosos, sonrió y asintió.

—Por supuesto, participaré.

Los vítores hicieron que se riera con suavidad. Bridget alzó el pulgar y se tapó la cabeza con una gorra amarilla que controló algunos alocados mechones.

—Vas a ganar, Coral.