Invasión: Sangre y Guerra 20
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Owen detiene el auto y todos bajan de un salto. Cat gira sobre sí misma y el caos la golpea de lleno. Hacia donde mire solo encuentra muerte, cuerpos desmembrados y personas luchando desesperadamente por sobrevivir.

Durante un instante no sabe a quién ayudar primero. Obliga a su respiración a acompasarse y fija la vista en la mujer rubia que horas antes estaba junto a Alex.

La encuentra forcejeando con dos convertidos que intentan derribarla. Sin pensarlo, corre hacia ella con la espada en la mano, pero antes de alcanzarla una de las criaturas le desgarra la garganta con las uñas y se inclina sobre la herida para beber de la sangre que brota a borbotones.

Cat se detiene en seco. Un nudo le oprime el estómago mientras la rabia y la impotencia le queman el pecho.

El segundo convertido levanta la cabeza y la descubre.

Una sonrisa espantosa, con la mandíbula empapada de sangre, se dibuja en su rostro mientras gruesas gotas caen hasta el suelo.

Se impulsa hacia ella dispuesto a atacarla, pero una bala le atraviesa el ojo antes de alcanzarla. El cuerpo cae sin vida a sus pies.

Busca de inmediato el origen del disparo y encuentra a Alex unos metros más allá, con un revólver en la mano y el uniforme cubierto de sangre.

Corre hacia él al mismo tiempo que Owen llega por el lado contrario. Cuando lo alcanzan, resulta evidente que el brillo de la batalla empieza a abandonarlo.

No muy lejos, Jenkins pelea codo a codo con Miriam y Carlo, abriéndose paso entre los convertidos. Amy y Steve mantienen un perímetro alrededor de Tara y del pequeño grupo de supervivientes que han logrado reunir.

—Hay algo muy extraño —dice Alex, mirando a Owen—. Hay demasiados originales... y ni hablar de los convertidos. A estas alturas todos deberíamos estar muertos, pero no están atacando con toda su fuerza.

—Mira. —Alex señala el cielo—. La mayoría solo da vueltas allá arriba. Nos observan... como si estuvieran esperando algo.

Un grito los obliga a bajar la vista. En la entrada de la base, un original de enormes alas arrastra por el aire a una niña sujetándola entre sus garras.

—Es Ellen.

Alex intenta correr hacia ella, pero Owen lo detiene sujetándolo del brazo.

—Estás perdiendo demasiada sangre. Yo voy.

Le aprieta el hombro antes de incorporarse.

Luego busca a Cat y le sostiene la mirada durante apenas un segundo.

El tiempo parece detenerse en esos ojos verdes.

Ella quiere pedirle que no vaya, quiere decir cualquier cosa que consiga frenarlo, pero las palabras nunca llegan.

Lo ve desenvainar la espada mientras Alex intenta mantenerse de pie con la pierna abierta por una profunda herida.

Jenkins alcanza al grupo con el suéter rasgado y el rostro cubierto de suciedad y sangre, pero Cat apenas lo registra.

Toda su atención permanece fija en Owen.

Y entonces ocurre lo peor.

Owen consigue liberar a la niña, que por segunda vez escapa de una muerte segura, pero dos originales le cierran el paso.

Su espada cae varios metros más allá y queda completamente desarmado.

La desesperación se apodera de Cat. Está a punto de correr hacia él cuando un grito desgarrador rompe el campo de batalla.

Levanta la vista justo a tiempo para ver a Jenkins lanzarse hacia Owen con la espada en alto mientras grita su nombre… pero llega demasiado tarde.

Uno de los originales le rodea el cuello con una enorme garra y lo levanta del suelo como si no pesara nada. La presión aumenta hasta que, con un crujido espantoso, separa la cabeza del resto del cuerpo.

Las piernas de Catarina dejan de responder. Cae de rodillas y apenas alcanza a escuchar el golpe seco de su propio cuerpo contra el pavimento. Durante unos interminables segundos siente que su corazón ha dejado de latir.

El aire desaparece de sus pulmones. Las lágrimas desbordan sus ojos sin que pueda detenerlas. El dolor se abre paso con una violencia insoportable y, en medio de aquella devastación, comprende una verdad de la que había huido demasiado tiempo.

Siempre fue Owen.

David atraviesa al original de un solo tajo y le arranca la cabeza. El segundo bate las alas y asciende hasta reunirse con las demás criaturas que continúan suspendidas sobre el campo de batalla sin intervenir.

Entonces todo cambia. Como si hubieran escuchado una orden imposible de percibir para los humanos, convertidos y originales se inmovilizan al mismo tiempo.

Una brisa helada recorre el lugar y el silencio cae con un peso insoportable.

En el cielo comienza a extenderse una neblina rojiza y, desde su interior, emerge un original distinto a todos los demás.

Tiene apariencia completamente humana. Un hombre.

En su espalda se despliegan dos alas gigantescas que parecen cubrir el firmamento.

Cat siente que el frío le cala hasta los huesos. Nadie se mueve. Todos contemplan a la criatura suspendida sobre ellos.

—Sus juegos de guerra son inútiles —retumba una voz profunda, antinatural—. Su causa está perdida. Este mundo ya no les pertenece. Esta noche será una advertencia. La próxima... será la aniquilación. Están advertidos.

La neblina vuelve a envolverlo y desaparece tan repentinamente como llegó.

Uno tras otro, los originales emprenden el vuelo. Segundos después, los convertidos abandonan el combate y se internan en la oscuridad.

Nadie entiende lo que acaba de ocurrir.

Cat se pone de pie tambaleándose y corre hacia el cuerpo de Owen, pero Alex la sujeta con fuerza antes de que pueda llegar. Ella intenta soltarse, forcejea, golpea sus brazos, pero él, aun herido, consigue retenerla.

David se acerca cubierto de sangre de la cabeza a los pies.

Al verlo, la rabia desplaza por un instante al dolor. Quiere gritarle, golpearlo. Si hubiera llegado antes, Owen seguiría vivo. Si nunca los hubiera llevado hasta Alana...

Alex percibe la dirección de sus pensamientos y la aferra con más fuerza. Cuando ella gira el rostro hacia él, basta una sola mirada para entender el mensaje.

Cat aprieta la mandíbula, contiene el impulso y se obliga a respirar. Habrá tiempo para esa rabia.

—Lo que vimos en el cielo... —dice Alex cuando consigue recuperar el aliento—. Esa cosa... es la misma que apareció en Argentina.

—Probablemente —responde Jenkins con la vista fija en el horizonte.

—¿Entonces por qué seguimos vivos? —pregunta Steve.

—No lo sé. Pero sí sé que no podemos quedarnos aquí. ¿Queda algún vehículo operativo? —pregunta Jenkins.

—Uno de los buses. Está escondido en la parte trasera.

—Entonces muévanse. Los que puedan caminar ayuden a los heridos. Todos al autobús. Salimos hacia el sur.

—¿Al sur? —protesta Alex—. Nos alejaremos de nuestro objetivo.

—Nuestro único objetivo ahora es sobrevivir. Después de lo que acaba de aparecer ahí arriba ya no estamos en condiciones de hacer nada más. Todos lo vieron. Y Alana sabía que esa criatura vendría... si es que no fue ella quien la envió.

Sin añadir una palabra más, Jenkins echa a correr hacia el autobús.

Cat ayuda a Alex a subir mientras Steve pone el motor en marcha.

Apenas cuarenta personas, entre adultos y niños, lograron sobrevivir.

Miriam recorre el campo de batalla recogiendo todas las armas que encuentra entre los cadáveres: espadas, escopetas, pistolas, cualquier cosa que todavía pueda servirles.

Carlo y Amy regresan cargando los pocos suministros que alcanzan a rescatar de la base, cuyas llamas ya comienzan a devorar el edificio después de que uno de los convertidos le prendiera fuego antes de retirarse.

Cuando por fin todos están a bordo, el autobús arranca rumbo al sur, seguido por el jeep de Jenkins.

Amy toma asiento junto a Cat y apoya una mano sobre su hombro. Catarina gira apenas la cabeza, la mira un instante y, sin necesidad de pronunciar una sola palabra, se derrumba entre sus brazos. El llanto que llevaba conteniendo desde la muerte de Owen termina por romperla por completo.