18
La reunión se extiende casi dos horas. Entre estrategias y discusiones, parecía imposible llegar a un acuerdo.
Cat casi brinca del alivio cuando finaliza la reunión.
Su estómago lleva el mismo tiempo protestando sonoramente, furioso por no haberlo alimentado en todo el día con nada más que tres vasos de té.
Al salir del salón de juntas, Amy y ella bajan a la cocina, y para su sorpresa, consiguen algo de carne seca con pan.
—Y bien, ¿A qué se debió ese trato frío que dio Jenkins? —pregunta Amy de la nada.
—No sé de qué hablas.
—No me vengas con eso, apenas te miró durante la reunión —dice, mientras se sirve más pan—¿Qué pasó exactamente?
Mira a Amy con resignación, porque sabe que no dejará de insistir hasta que obtenga lo que quiere.
—Está bien… Tuvimos sexo.
—¡Sabía que algo había pasado! —grita, atrayendo miradas hacia la mesa donde se encuentran.
—¡Baja la voz! Igual... después le dije que no quería verlo más... de esa manera —explica, y enseguida se llena la boca de pan.
—¡¿Qué hiciste qué?! —vuelve a gritar Amy— ¿Tan malo fue?
—¡No!... Fue… perfecto. Pero, creo... creí que era lo mejor, pero ahora no sé. En fin, no importa. —Pasa sus manos por su rostro en señal de desespero— ¿Qué hay de ti y Tara?
—Pues, la compadezco, la gente la trata como a la peste. Ella solo seguía órdenes, además no conoce nada más allá de la base de Alana. No es justo culparla por todo.
—Sí, entiendo que tienes razón. No quisiera estar en sus zapatos.
—O en los tuyos, para el caso —dice Amy entre risas—. Botaste a dos perfectos especímenes.
—Lo mejor es que esté sola por un tiempo —contesta, sin creer ella misma lo que dice.
—Ajá… veremos cuánto dura.
—¡Ja!, no eres chistosa. Oye Amy, hablando ya serio.... ¿No te pone nerviosa la misión? no sabemos cuántas personas hay en esa base, me parece arriesgado e imprudente.
—Como todo lo que hemos hecho últimamente. Obvio que estoy nerviosa, hay una infinidad de cosas que pueden salir mal, pero confío en Jenkins. Y además me gusta la aventura, es mucho mejor que quedarse aquí bajo tierra, esperando sin saber que ocurre, ¿no lo crees?
—Supongo que tienes razón.
—Soy una persona sabia.
Tienen que estar listos para salir a las siete de la noche, eso significa baño y ropas adecuadas, preparar las mochilas y alistar las armas.
Cat y Amy entran a los baños justo en el momento en que Miriam y la mujer rubia que anda con Alex van saliendo, pero antes de irse, la morena se detiene con una extraña sonrisa en sus labios.
—Al parecer se aburrió más rápido de ti, que de mí —dice con una diversión salvaje en los ojos. Da media vuelta y abandona el lugar.
—Y aún crees que no se notó la indiferencia de Jenkins. Ignórala, no hay nada peor que una mujer celosa.
Furia es lo que Catarina siente, pero no tiene tiempo para eso, se traga todo lo que quiere decir y entra a la ducha, esperando que el agua calme un poco sus emociones.
Pero a la vez, mientras las gotas caen y bajan libres por su cuerpo, no puede evitar pensar en los dedos de David, haciendo el mismo recorrido horas antes.
Una vez en la habitación, se cambia muy rápido, casi sin pensar en la ropa que se pone. Al final, son un montón del mismo color, no hay espacio para vanidades. Recoge su cabello en la habitual cola alta y sale en busca de los demás.
El reloj que cuelga de la pared en el salón de juntas ya marca las seis y cuarenta, la hora de salir está llegando y la ansiedad se siente en el aire.
Cat decide sentarse a esperar, se acomoda en una silla en el fondo recostándose con la cabeza mirando el techo. Cierra los ojos y deja que sus pensamientos hagan de la suyas por unos momentos.
A los pocos segundos, una sombra se posa sobre ella, abre los ojos para encontrarse con el rostro de Jenkins mirándola con su implacable ojo gris.
Ella se detiene unos segundos a apreciar su mandíbula cuadrada, el pequeño orificio que se hace en su barbilla, y el cabello cayendo alrededor de su rostro.
—¿Soñando algo particularmente satisfactorio? —pregunta—. Lo digo por la sonrisa que tenías.
Sus rodillas tiemblan ante el comentario y el color invade su rostro. Las puertas se abren, Carlo y Steve entran conversando ruidosamente, salvándose de tener que responder. Se acomoda en la silla y ve a Amy entrar con Tara, seguidas por Owen y los demás.
—Como ya saben saldremos dentro de poco —anuncia Jenkins—.
Aún contamos con los sables que nos dieron, y dos escopetas.
Las granadas de luz ultravioleta se acabaron, pero contamos con algunas flechas y las ballestas.
Ese será otro objetivo de la misión, vamos a hacernos con la mayor cantidad de esas armas que podamos, y para eso, necesitamos recorrer cada rincón de ese lugar.
Nada puede salir mal, al mínimo error, nos descubrirán.
Traten de mantenerse en sus posiciones y no hagan nada fuera de lo acordado.
Ahora, Alex, me encantaría que vinieras, pero alguien tiene que quedarse a cargo y tú lo has hecho muy bien en mi ausencia.
Quiero que te pongas en contacto con las otras bases, aquellos en quienes de verdad confiamos, y diles que necesitamos una reunión general, déjales claro que es una emergencia.
—Entendido —responde Alex.
—La única forma de ganar esta guerra es manteniéndonos unidos, allá fuera, tenemos que ser uno solo, y de ahora en adelante Tara es uno de nosotros, así que quiero que la traten como tal. ¿Está claro?
—Entendido —responden todos al unísono.
—Muy bien. Alisten las mochilas, saldremos en una hora.
Amy y Tara se acercan a Cat.
—¿Estás bien Tara?
—Físicamente sí, mentalmente…. ¡Ja!, no sé ni por dónde empezar.
Hasta hace dos días no había salido de la base de Alana en más de diez años.
Y ahora, no solo estuve en un enfrentamiento con convertidos, si no que hago parte de la resistencia, y de un plan para destruir a Alana. Tengo ganas de vomitar.
—Te entiendo Tara, sé que es mucho para asimilar —le dice Amy—, pero sabes por qué lo hacemos ¿verdad? lo que ella hace está mal. Lo que el gobierno nuevo hace está mal. Las vidas de las personas importan.
—Sí, lo sé —responde la joven—. Lo siento.
—Está bien.
—Ven, te ayudaremos a armar tu mochila y te daremos un curso rápido en defensa —le dice Cat mientras caminan a la armería.
Cuando llegan, los demás ya están listos. Solo Carlo y Steve permanecen en el lugar.
Cada una agarra un morral, y empiezan a guardar lo esencial.
Amy y Cat se hacen con los sables de luz ultravioleta de Alana.
Cargan a Tara con una escopeta de balas de plata y le dan un rápido curso de cómo usarla.
Por último, pasan a llenar los termos con agua y guardar porciones de pan.
Cat asegura un cuchillo de plata de hoja corta en su bota al igual que Amy.
—Ves, ya todo está listo. Ahora vamos al garaje donde está el jeep en el que vinimos.
—Ok, está bien, puedo hacerlo.
—Claro que puedes, estaremos contigo a cada momento —dice Amy.
El corazón de Cat, como siempre, se acelera antes de cada misión, sus manos sudan descontroladas, pero hay algo más, algo que hace que su estómago arda.
Tiene un mal presentimiento sobre esta misión, en las entrañas siente que algo no anda bien.
Quiere decirle a Amy, pero al final se arrepiente; no quiere alarmar a nadie sin sentido.
“Al menos espero que sea sin sentido”.