Invasión: Sangre y Guerra 17
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Catarina escucha una voz lejana que la llama. Abre los ojos y se topa de frente con el rostro de Jenkins. Las imágenes de lo ocurrido invaden su mente, y la vergüenza comienza a realizar su camino, apoderándose de cada poro de su cuerpo.

“Muy bien Cat, y eso que venías a ponerle fin”.

Ya se imagina la voz burlona de Amy riéndose de ella y diciéndole una y otra vez ‘te lo dije’.

—¿Estás bien? —le pregunta David—. Nos quedamos dormidos, ya va a ser medio día.

—Sí, sí, claro —susurra, con la voz rasposa, mientras trata de levantarse envuelta en la sabana.

—¿Estás nerviosa por algo? ¿Te preocupa que no nos hayamos cuidado?

“Oh dios, solo quiero que se calle, no seguir incrementando esta vergüenza” , piensa Cat.

—Porque sí lo hicimos —continúa—, fui muy cuidadoso —dice con fingida seriedad al darse cuenta de la vergüenza de Cat.

“Oh, mátenme”.

—No es eso.

—Entonces ¿pasa algo más?

Se voltea, envuelta en la sábana, con el rostro rojo, el cabello revuelto y los ojos brillantes. Lo ve desnudo en todo su esplendor. No es una buena idea, así que se enfoca en su ojo y decide hablar rápido y con claridad.

—Esto no puede volver a pasar. No puedo estar contigo, no ahora. Necesito un tiempo —le dice aguantando la respiración. Una parte de ella no quiere desprenderse de él. El aire comienza a faltarle y una leve punzada martilla su cabeza.

Jenkins la mira sin decir nada, su garganta amenaza con cerrarse. Él no quería presionarla, pero se dejó llevar, y ahora allí está ella, pidiéndole tiempo.

Inhala profundamente y trata de calmar su mente. Aparta la mirada del rostro enrojecido de Catarina y comienza a ponerse su ropa.

Cat se gira y recoge sus prendas tratando de ser lo más rápida y ágil, haciendo maniobras imposibles. Al final logra vestirse debajo de la sábana, luego, se sienta en la cama para colocarse los zapatos, al igual que Jenkins.

—Nos vemos en la sala de juntas. —Sin decir más, Jenkins sale de la habitación dando un portazo tras de sí y ella se queda atrás, pensando una y mil veces si hizo lo correcto. No solo con respecto a terminar la relación, si no acostarse con él.

Con David, las cosas siempre son a los extremos, es todo o nada. Desde que ese juego empezó entre ellos, no ha habido un término medio, a diferencia de Owen.

El estómago de Cat se revuelve un poco en pensar en él. Su mente es un caos. No tiene caso negar la atracción que siente con David, pero con Owen las cosas se mueven como en un lago tranquilo, sin turbulencias.

Termina de arreglar su cabello, y sale de la habitación. El cuerpo aún lo siente extraño por lo ocurrido, el mínimo roce la hace temblar. Sabe que debe mantenerse enfocada, y más si en el salón de juntas se topará con Owen.

Acelera el paso, ya está por subir las escaleras que la llevan directo, cuando la voz de Amy la hace detener. Ve a su amiga acercándose en compañía de Alex y una mujer que no conoce por el nombre, rubia, algo bajita. Se detiene con la espalda en el barandal a esperar.

—¿Dónde te habías metido? Te busqué por todos lados —pregunta Amy.

—Yo… No me sentía bien, fui a los baños y luego a mi habitación un rato.

—Ajá… —contesta Amy, mirándola con una sonrisa torcida.

—Espero que no sea la comida que te haya sentado mal, al parecer se acerca una misión —dice Alex.

—No… ya estoy mejor.

Alex asiente, y suben juntos la escalera.

En la oficina ya se encuentran sentados Carlo y Steve, cada uno con un vaso de té caliente en las manos. De pie, al lado de una esquina del escritorio está Miriam con su cara de pocos amigos.

Detrás del escritorio está Jenkins. Cat puede sentir que las piernas le fallan de solo verlo, pero él parece no inmutarse. Su expresión es seria y distante.

Ella se acomoda al lado de Steve y a su lado se sienta Amy, mientras que Alex queda más atrás con la rubia.

Sus ojos recorren la habitación buscando a la persona que falta, y justo en ese instante la puerta se vuelve abrir y entra Owen junto a Tara.

Los murmullos, que hasta hace poco reinaban en el lugar, quedan suspendidos. Todos miran fijamente la pequeña figura de la mujer. Amy se mueve inquieta al verla pasar.

—Ven, Tara, siéntate con nosotras.

Tara acepta la invitación de Amy, y se sienta entre ambas. Cat sabe que la chica no es más que un peón, pero no puede evitar sentir un poco de rabia e incomodidad.

Sin embargo, si Amy quiere tenerla cerca, no le queda más que tragarse la molestia y sonreír.

—¿Quieren té? —pregunta Cat.

Las dos asienten. Cat se inclina con mucho cuidado y sirve tres vasos de té caliente, les pasa dos a ellas y sostiene el suyo. Necesita algo que la ayude a mantener los dedos quietos.

—Muy bien, si ya somos todos, debemos empezar —anuncia Jenkins—.

Sé que la información que escuchamos ayer fue impactante, y cambia la forma en que vemos y actuamos frente al enemigo.

Sin embargo, una de nuestras misiones sigue siendo la misma, salvar a cuantas personas podamos, sea de los invasores o de este nuevo gobierno.

Por lo tanto, la doctora Tara, permanecerá con nosotros.

La ola de murmullos se abre paso de nuevo, pero es silenciada por un fuerte golpe que Jenkins le da al escritorio con la palma abierta de su mano.

—Está decidido —sentencia—. No hay que perder más tiempo en ese tema. Lo que debemos pensar es cuál será nuestra próxima movida.

—¿Estás bromeando? —interrumpe Steve—. Este gobierno, sean quienes sean, tienen recursos inagotables al parecer, y contactos en todo el mundo. No sabemos dónde están, no sabemos quiénes son y peor aún, no sabemos de qué son capaces ¿Qué podemos hacer nosotros frente a ellos? Somos insignificantes.

El silencio se apodera del lugar. Jenkins sabe que Steve no es el único que piensa eso, pero sí él único que tiene la boca tan grande como para decirlo.

—Es cierto. No sabemos quiénes son, ni donde están, y que cuentan con recursos ilimitados. Pero no somos insignificantes, y créanme que ellos lo sabrán. De momento tenemos una ventaja: no saben que nosotros conocemos parte de la historia. No nos verán llegar.

—Pero ¿cómo? —pregunta Carlo.

—Volveremos a hacerle una visita a Alana.

Un escalofrío recorre el cuello de Cat, no cree que volver a allá sea lo mejor, pero nadie puede contradecir a Jenkins, y cree que los demás están de acuerdo con él. Sorbe otro poco de té.

—Y bien, ¿cuál es el plan? —pregunta Owen.

—Lo haremos a lo grande. Ahora, todo el mundo atento.