Invasión: Sangre y Guerra 13
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—Sube a la camioneta —ordena David— ¡Ahora!

La joven, llena de nerviosismo, se las arregla para subir a la parte descapotada mientras sus manos tiemblan. David y Owen cargan el cuerpo del conductor, amarrando sus manos y subiéndolo también junto a Tara.

—¿Qué haces? —cuestiona Cat— ¿Cómo vamos a volver así donde Alana?

—¿Quién dijo algo de volver ahí?

Jenkins alza una de las bolsas de suero que estaba conectada a los bebés. Cat ni siquiera se dio cuenta de en qué momento las había tomado.

Mientras tanto, Owen requisa al hombre inconsciente y le roba la radio, arrojándosela a Jenkins.

—Catarina sube adelante —ordena David.

El pelirrojo se acomoda en la parte descubierta, con Tara, y su acompañante inconsciente; no sin antes lanzarle una mirada a Jenkins, y rozar la mano de Cat.

Los demás, solo pueden mirar con desconcierto desde el interior del vehículo. Cat obedece y sube al puesto del copiloto.

Observa a Jenkins a través del espejo retrovisor,  que antes de subir le hace una seña a la cámara y levanta la bolsa de suero para que se vea. Cierra la puerta fuertemente al ingresar, enciende el vehículo y de inmediato emprenden el camino.

—¿Conoces la frecuencia por la que se comunica Alex? —le pregunta David.

—Sí.

Le extiende el radio, y ella comienza a buscar la frecuencia.

—Alex ¿Me escuchas? Cambio.

Espera unos segundos, pero no obtiene respuesta.

—Alex, aquí Cat, ¿me escuchas?

Silencio. Siente la tensión sin necesidad de mirar a David, han dejado el vecindario atrás y ahora busca salir de nuevo a la vía principal, lugar donde los atacaron cuando intentaban llegar a la base, donde toda esa travesía empezó.

—Alex, ¿me escuchas? —insiste.

—Aquí Alex, te escucho fuerte y claro.

A medida que se alejan del vecindario la recepción va mejorando, eso es una buena señal. Mira a David y nota una extraña sonrisa en sus labios.

—Dile que vamos en su dirección, estaremos ahí en una hora. Que nos espere con doctores. Y ponlo al tanto de lo que pasa.

—Alex, vamos Jenkins, Owen, Carlo, Steve, Miriam, Amy y tres mujeres más. Una de ellas en avanzado estado de embarazo. Y cuatro bebés. Necesitamos atención médica, por favor ten todo listo para nuestra llegada, estaremos ahí más o menos en una hora.

—Confirmo recibido, estoy preparando todo, Cambio y fuera.

Deja el radio en la guantera y afloja su cola de caballo.

Todo lo que ha pasado en las últimas horas le ha costado un insufrible dolor de cabeza.

Masajea un poco su frente, pensando que mataría por un poco de agua fresca en ese mismo instante.

Estira los hombros, y todo lo hace con la mirada penetrante de Jenkins sobre ella.

—Tenemos una conversación pendiente, Catarina.

—No es el lugar ni el momento. Lo último que quiero ahora es hablar de eso, ¿no crees que es inoportuno?, David —responde con más brusquedad de lo que pretendía.

Lo ve sonreír, pero no está de humor así que lo deja pasar. Mira hacia atrás y se da cuenta de que Carlo se ha puesto un vendaje en la herida de su hombro.

Los bebés han comenzado a despertarse a diferencia de sus acompañantes que están cabeceando de sueño. Más atrás, las tres mujeres van abrazadas, hechas un ovillo.

En la parte descubierta solo puede ver la espalda de Owen. Se imagina que Tara estará realmente nerviosa. Es la primera vez que sale, y ahora está siendo secuestrada. La idea pasa por su mente, pero espera que la chica no piense igual.

Sin embargo, lo que más ocupa sus pensamientos es Alana. La posibilidad de que esté ardiendo de la rabia le hace sonreír. Aun así no deja de preguntarse el motivo. ¿Por qué Jenkins decidió no volver? ¿Qué descubrió que no les está compartiendo?, o peor aún, que no le ha dicho a ella.

—Ya estamos cerca —anuncia Jenkins a su lado, mientras hace una señal con las luces del vehículo.

Desde las sombras aparece la alta y robusta figura de Alex llevando una linterna en la mano. Agita su brazo para que lo sigan. David baja un poco la velocidad y avanza hasta una rampa. Cuando descienden unas puertas metálicas se abren.

Las luces del lugar se encienden, permitiéndoles ver un parqueadero bastante similar al de todas las bases a lo largo del país.

Todos salen del auto y las personas aparecen desde el fondo, Cat reconoce a algunos de los doctores, pero otras caras son nuevas para ella.

Algunos corren a auxiliarlos, pero la mayoría está congelada contemplando a los bebés. Se escuchan murmullos, y más espectadores comienzan a llegar. En los quince años que ella lleva en la resistencia, varios niños han llegado, pero nunca bebés.

Es algo fuera de lo ordinario, pero ahí están ellos. Con cuatro recién nacidos en los brazos.

Owen y David se acercan a Alex y en breve, lo ponen al día con todo lo sucedido. Cat no alcanza a escuchar lo que hablan, pero están señalando a Tara y al hombre amarrado en la camioneta.

Su mirada sigue el dedo de David hasta Tara, y ahí se da cuenta de que la pobre chica está muerta de miedo.

Enseguida se acerca a ella con la intención de brindarle algo de consuelo, aunque preferiría que Amy lo hiciera; es mucho mejor para esas cosas.

—Hey, ¿Estás bien?

—¿Qué si estoy bien? ¿Dónde estamos? ¿Por qué no regresamos con Alana? —cuestiona con un tono alterado, mientras que se abraza a sí misma.

—¿Sabes lo furiosa que se pondrá? ella no reacciona bien ante estas cosas, si se desquita con alguien será conmigo.

—No te preocupes, seguro hay una buena razón.

Los médicos ya han comenzado a llevarse a los bebés, y Carlo va con ellos por el corte en su brazo. Todos lucen horriblemente mal, cansados y sucios. Amy se acerca a Cat; su suéter lleva salpicaduras de sangre y lodo.

—Vaya noche, ¿eh?

—Ciertamente inolvidable.

De pronto ve a Alex acercándose a ellas. El hombre lleva el pelo más corto que la última vez que lo vio. Se detiene a escasos centímetros, con la vista fija en Tara.

—Tara, voy a llevarte a una habitación para que descanses —le dice con cierta coquetería, natural en él.

La joven nos mira esperando alguna indicación, Amy coloca una mano sobre su hombro y le regala una sonrisa.

—Está bien, vamos, te acompaño —ofrece con una sonrisa.

Las dos caminan detrás de Alex hasta las escaleras que llevan al nivel de las habitaciones. Alrededor, ya todos se han ido dispersando. El dolor en la cabeza de Cat sigue punzante, suelta del todo la cola de caballo y se dispone a buscar una habitación también.

—Cat, espera —la llama Owen.

Gira y ve al pelirrojo, que viene a su encuentro con una gran sonrisa. Se detiene a medio subir, con el cuerpo apoyado en el barandal de la escalera.

—¿Estás bien?

—Sí, solo cansada.

—Entiendo, todos nos sentimos un poco así.

—Sube un escalón quedando muy cerca de ella—.

Cat… sé que no es el momento, pero... no sé qué acuerdo tienes con David, o lo que haya pasado entre ustedes.

Solo quiero que sepas que estaré ahí, sin ataduras.

O no, si así lo quieres. Me gustó lo que pasó y… me encantaría terminarlo.

Cat no dice nada, sabe que su rostro está en llamas.

—Tengo que quedarme a organizar unas cosas con Jenkins —continua el pelirrojo—, pero te busco mañana, ¿de acuerdo?

—Sí, me gustaría.

Con lo cansada que se encuentra y todo lo que ha pasado en el transcurso de la noche, ni siquiera pensó en lo que sucedería con Owen después. Ahora solo tiene algo en la mente, y eso es dormir.

El lugar es un poco más grande que donde estuvieron la última vez, pero en general es la misma distribución. Camina en busca de un cuarto desocupado, de preferencia, apartado de los demás.

Thomas solía decir que eran los mejores, ya que no se escuchaban murmullos, ni ruidos inapropiados. Deambula por los pasillos por lo que le parece una eternidad, hasta que encuentra algo pequeño, con un catre, una mesilla y un pequeño baño al lado. Es perfecto.

Cierra la puerta y comienza la rutina de cada día.

Se despoja de las armas que lleva encima: la espada que cuelga de su espalda, el cinturón cargado de explosivos y el pequeño puñal de plata escondido en la bota.

Después se quita los zapatos y la chaqueta.

Cuando por fin se deja caer sobre el catre, cierra los ojos con la esperanza de dormir profundamente, sin sueños ni sobresaltos.

“Tenemos que hablar, Catarina”. La voz de David resuena en su cabeza con una claridad desesperante.

—Claro... hasta cuando intento descansar me persigue —frunce el ceño y deja escapar un suspiro. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Qué es eso tan importante que quiere decirle?

Aprieta los ojos con fuerza. No, no va a pensar en él. Además, está convencida de que ahora debe estar con Owen.

Se acomoda sobre la almohada, obliga a su mente a guardar silencio y espera que el sueño termine por vencerla.