11 #3
Antes de que pueda reaccionar, una mano le rodea el cuello y la levanta del suelo.
El aire desaparece de sus pulmones en ese mismo instante.
Se retuerce, forcejea, intenta arrancarse aquellos dedos de encima, pero es como luchar contra una pared de acero.
Los colmillos del vampiro descienden lentamente hasta su cuello, y el odio que arde en sus ojos le hiela la sangre.
Entonces... Una flecha le atraviesa el pecho.
Rex ruge y arranca el proyectil de un tirón. Apenas gira hacia Owen, Cat aprovecha el instante de descuido. Saca el cuchillo de plata escondido en su bota y lo hunde con fuerza en el muslo del vampiro. No bastará para matarlo, pero sí para hacerlo sangrar.
Acorralado, Rex retrocede de un salto y atraviesa la ventana. Los cristales estallan a su alrededor.
Cat corre hasta la abertura justo a tiempo para verlo subir al todoterreno. Ellis ya está dentro, tiene un brazo ensangrentado, pero sigue con vida. El vehículo arranca levantando una nube de polvo y desaparece carretera abajo.
Un escalofrío le recorre la espalda.
“¡David!”. El pensamiento la golpea con tanta fuerza que el corazón parece detenerse por un segundo.
Se vuelve hacia la puerta dispuesta a salir, pero esta se abre antes. Carlo entra primero, detrás de él aparecen Jenkins, Amy, Miriam y el resto.
Cat busca de inmediato el ojo gris de David. Está vivo. Solo entonces siente cómo el aire vuelve a llenar sus pulmones.
Sin decir una palabra, cruza la habitación hasta Owen y se arrodilla a su lado. Con cuidado aparta la tela empapada de sangre que cubre su brazo.
A su alrededor nadie habla. Todos contienen la respiración, esperando encontrar las marcas de una mordida.
Cuando la herida queda al descubierto, Catarina cierra los ojos un instante. No hay dientes, solo un profundo corte.
Por primera vez desde que empezó el ataque, consigue sonreír.
—Es solo un horrible y profundo rasguño. Vivirás —dice, mientras con un pedazo de tela limpia retira poco a poco el exceso de sangre.
—Bueno, el rastreador ya está puesto, afuera no queda un solo convertido con vida ¿Cuándo vendrán por nosotros? —pregunta Steve a Tara—. No quiero volver a ver este jodido barrio en mi vida.
—¿Por qué Ellis se fue de aquí con vida? —pregunta Cat a David antes de que Tara pueda responder.
Los ojos de todos se posan en David, llenos de sorpresa y confusión. Solo él y yo sabíamos lo de Ellis hasta ese momento.
—¿Ellis está con vida? —pregunta Miriam a David con la confusión bailando en sus ojos.
—Es una convertida —responde David mientras acomoda la espada en el cinto.
—¿Convertida? ¿Por qué no la detuviste? Es lo que cualquiera de nosotros querría en caso de que eso llegara a pasar —reclama Carlo.
—¡No pude hacerlo esta vez! —grita Jenkins—. Se escapó antes de que pudiera terminarla...
—Concentrémonos en salir de aquí. Después hablamos de esto, ¿les parece? —interviene Steve, siendo razonable por primera vez en su vida—. Este lugar no trae cosas buenas.
—Esta casa —murmura Jenkins mirando a su alrededor—… Estuvo vigilada y protegida todo el tiempo, incluso Rex se rehusaba a irse, aun sabiendo que no podría ganar ¿Por qué? ¿Qué hay aquí que es tan importante para ellos?
La mirada de todos comienza a recorrer la habitación que los rodea.
Antes del fin de todo, el lugar era un vestíbulo, nota Cat, uno bastante bonito, si se aparta la suciedad y destrucción que llevan los convertidos consigo.
Al fondo se puede ver una cocina y otro salón, enormes vigas llenas de polvo adornan el elevado techo.
Paredes con molduras y enormes lámparas terminan la decoración, descuidada con el pasar de los años y el mal uso.
—Bueno, supongo que lo averiguaremos —dice Owen poniéndose de pie.
—Es una casa grande —recalca Jenkins—. Owen y Catarina, buscarán en este piso y en el sótano.
Amy, Tara y Steve tomarán el piso de las habitaciones.
Miriam, Carlo y yo tomaremos el tercer nivel y el ático.
Si alguien encuentra algo llamará a los demás.
Estén alerta, no queremos atraer a más nadie y no sabemos con qué nos vamos a encontrar.
Todos se dividen rápidamente en pos de la orden, Jenkins mira en dirección a Catarina antes de subir las escaleras. “Tenemos que hablar”, Sus palabras resuenan en la mente de la joven, pero decide apartar los pensamientos; todavía no es el momento.
Deja escapar un suspiro, y junto a Owen, recorren el primer nivel en busca de cualquier cosa que valga la pena reportar.
—Ellis, ¿ah? —dice Owen al fin, rompiendo el silencio.
—Sí. Verla fue... Impactante.
—Sabes que no fue tu culpa, Cat —dice lanzándole una mirada de soslayo.
—Ella dijo que la abandonamos. Nos culpa.
—Ella hubiese hecho lo mismo en nuestra posición. No fue culpa de nadie, la que hablaba ya no era Ellis. Es lo que el virus le hizo a su mente. No es humana, no puede razonar como humana. Lo sabes.
Se queda en silencio, pues no quiere hablar de eso. Ellis murió ese día y lo que ocupa su cuerpo ahora, ya no es ella.
La cocina está llena de polvo por el desuso, a excepción de la nevera. La abren, solo para encontrar dentro unas veinte bolsas de sangre. Con desagrado, vuelven a cerrar la puerta.
Están por salir a la segunda sala de estar cuando se topan con una puerta pequeña, vieja y sucia que da al sótano. No solo está cerrada si no que tiene un enorme candado. “Bingo” , piensa Cat. “Sea lo que sea que almacene allá abajo no querían arriesgarse a que alguien lo viera”.
—¿Cómo lo abrimos? —pregunta.
Owen desenvaina la espada y golpea el candado varias veces con la empuñadura. Al tercer impacto, el metal cede con un chasquido seco y cae al suelo arrastrando las gruesas cadenas.
El hedor los golpea incluso antes de abrir la puerta. Sangre, orina y humedad.
Owen inspira hondo antes de entrar. Catarina hace lo mismo mientras busca a tientas el interruptor de la pared y descienden las escaleras con cautela.
Cuando el sótano termina de revelarse ante ellos, ambos comprenden que acaban de encontrar aquello que Jenkins les había pedido buscar: algo importante que reportar.