10 #4
—Síganme —ordena, y vuelve a salir.
Todos salen detrás de la mujer. Bajan a otro nivel, apenas iluminado con tenues luces amarillas en lo alto de las paredes. El piso es de concreto puro y las paredes son ladrillos con barras metálicas. El aire se siente espeso y sucio.
—Hasta aquí los acompaño —sentencia—. Derecho por este camino encontrarán una escalera a un kilómetro más o menos, por ella saldrán al vecindario vecino el cual, como ya saben, está a escasas cuadras de su objetivo. Estaremos vigilándolos.
Al terminar de hablar, le hace a Jenkins una seña con la cabeza y da la vuelta regresando por donde habían venido. Se escucha la puerta al cerrarse, y así sin más, vuelven a quedar solos.
—Muy bien, ya escucharon. Andando —ordena David.
El pasillo no es muy amplio así que caminan en parejas, a la cabeza va Jenkins, como siempre, seguido de Miriam y Carlo, detrás de él Steve y Owen, seguidos por Tara y por último Amy y Cat.
Desde el incidente en el cuarto, las palabras entre el pelirrojo y David han sido bastante escasas.
—Creo que me debes cierta información —murmura Amy a Cat mientras la golpea suavemente en las costillas con el codo.
—No hay mucho que contar.
—Pues a mí me pareció que estaban pasando muchas cosas —dice con cierta diversión en su voz.
Cat no puede evitar reír ante el comentario, y siente cómo sus mejillas vuelven a ponerse rojas. Suelta un suspiro y clava la mirada en el techo. Sabe que no será posible evitar más el tema con Amy, así que es mejor salir de eso de una buena vez.
—¿Cuándo empezó?
—¿Hoy? —contesta Cat.
—¡Wow!, ¡y yo que había puesto mi dinero en Jenkins! —exclama con fingida decepción.
Catarina baja la vista llena de asombro y algo de vergüenza y la ve con los ojos tan grandes como los de ella.
—¿Por qué dices eso?
—Porque hay cierta química entre ustedes y pensé… pensé que pasaría algo más.
Agarra a Amy de la mano y la detiene dejando que los demás avancen. Cuando siente que puede hablar con libertad desata el nudo que lleva en el pecho y le cuenta todo a Amy.
El beso con Jenkins en la escalera, sus sentimientos confusos, todo.
Por unos momentos, se olvida de que es Amy, y la imagen de Thomas aparece frente a sus ojos.
Con su media sonrisa, aquella que siempre ponía cuando ella le contaba algo de interés.
Cuando termina de hablar se siente mucho mejor, entonces se da cuenta de que Amy la está mirando con picardía.
—Vaya, vaya, Catarina, no lo esperaba —dice mientras retoman el paso.
—Pues sí, soy un desastre, igual con todo lo que está pasando, no tengo tiempo para eso, hay cosas más importantes. No debería tener estos dilemas, cuando el mundo está ido por el retrete y nuestras vidas penden de una psicópata que nos manda hacer su trabajo sucio.
—No —la contradice, mirándola muy seria—.
No dejes que lo que pasa en el exterior te impida vivir.
Como están las cosas no sabemos cuánto tiempo tendremos, bien podemos morir esta noche y tienes que preguntarte ¿has vivido?
¿Has disfrutado, reído, amado? Si la respuesta es no, lo has hecho mal.
Siempre habrá problemas Cat, c’est la vie, así es la vida Catarina.
Cat queda un poco impresionada por las palabras de Amy. Espanta las lágrimas que ya amenazaba con venir y le sonríe. Sabe que es afortunada de tener una amiga en esos tiempos, Thomas la amaría si estuviera aquí, tal vez demasiado. Cat le extiende la mano y siguen caminando.
—Y... ¿Qué hay de ti? ¿Algún afortunado? —pregunta con bastante curiosidad. Nunca la ha escuchado hablar de ningún chico.
—Pues, la chica nueva es muy atractiva, algo nerviosa y sin duda nos oculta algo importante… pero... eso no niega que sea atractiva, además no es su culpa, es ese lugar, aquella mujer Alana está podrida por dentro.
“Mujeres, claro como no lo vi antes” , piensa Cat.
Se ríen juntas y siguen andando hasta que Jenkins levanta el brazo para que se detenga. Han llegado a la escalera. Sobre ellos hay una entrada igual a la de la alcantarilla que los trajo el día en que todo salió mal.
—Carlo y yo iremos primero —anuncia David—. Cuando todo esté despejado saldrán los demás.
Catarina baja el rostro y para su sorpresa el ojo gris de Jenkins está fijo en ella. Traga saliva, y se da cuenta, de repente, de lo asustada que está de que le llegue a suceder algo. Lo ve subir, seguido de Carlo, abre la escotilla y desaparece en el exterior.
Suelta un suspiro y aprieta las manos, de un momento a otro se ha puesto inquieta.
—Cat. —Es la voz de Owen—. Todo estará bien.
Le extiende la mano y ella la toma, empezando a sentirse un poco mejor, como si parte de su tranquilidad se pasara a su cuerpo. Vuelve a levantar la vista y cierra por un momento los ojos. No puede evitar pensar, que hay algo que están haciendo mal, algo que no están viendo.
Aparta esos pensamientos, no es momento para ser pesimista.
Jenkins se asoma de nuevo y da la señal para subir. Cat le regala una mirada a Owen y este le devuelve una sonrisa. Ha llegado el momento.