10 #2
Sabe algo más. Su vista desviada le da a entender a Cat que les está ocultando algo. Probablemente por órdenes de Alana o alguien más. Pero es entendible, es fácil imaginar lo que le haría Alana si Tara se va de lengua con ellos.
—¿Tienes experiencia en combate? —pregunta Miriam con su tono característico de superioridad. Es evidente que la mujer no tiene experiencia en combate, está temblando solo de estar sentada hablando con ellos.
—Entreno a diario, como todos aquí, pero… esta sería mi primera misión en el exterior...
—¿Estas bromeando, cierto? —refuta Steve— ¿Cómo vamos a cargar con alguien que jamás ha estado en el exterior? ¡Es una jodida locura!
—¡Cállate! —grita Jenkins al rubio, aunque esta vez, todos están de acuerdo con Steve. No es buena idea, lo único que hará será retrasarlos, además ¿por qué cargar con una doctora en este tipo de misión?— ¿Sabes el motivo por el cual tienes que acompañarnos?
—Estamos realizando algunos... estudios, necesito tomar unas muestras de sangre, y otras cosas, además tengo que ganar experiencia…
Al menos eso dice Alana. Ahora si me disculpan iré a alistar mis cosas.
—Sin decir más y casi corriendo, la mujer atraviesa las puertas y se pierde en el pasillo del fondo.
Más verdades a medias. Jenkins no sabe qué juego está jugando Alana, pero si hay algo que odia, es desconocer las reglas. Presiente que la razón por la que los acompañará una doctora es mucho más que turbia. Pero nada se gana sembrando el nerviosismo, ya de por sí todos están alterados.
Es obvio que las personas detrás de todo esto, están en un rango muy alto, pero ¿Dónde? Casi todo ha sido destruido, o al menos eso es lo que le han dicho a Catarina, no existen gobiernos, o cargos políticos, solo gente tratando de sobrevivir.
—Creo que todos estamos de acuerdo en que es un gran problema —dice Miriam—. Luchar en una habitación de entrenamiento es algo muy diferente a enfrentar esas cosas en el exterior y ¡¿de noche?! ¡Por Dios santo! no podemos estar detrás de ella. No hay forma de que sobreviva.
—Enfoquémonos en la misión, ya iremos resolviendo las cosas —anima Jenkins pasando una mano por su espeso cabello—. No hay que entrar en pánico.
—¿Y cómo vamos a hacer eso? —vuelve a refutar Steve—.
Saldremos ahí a enfrentarnos con todo un nido, ¿y si Rex no aparece?
¿Volveremos aquí como si nada? ¡Tú eres el jefe!
deberías saber lo jodida que está esta situación.
¡Entraremos directo a la boca del lobo, de noche y con alguien que en su miserable vida ha usado un arma en el exterior!
¿Te parece un plan ideal? ¡Debería ser tu quien esté haciendo estas preguntas!
—Alana tiene un plan. —Es lo único que responde David casi masticando las palabras y por el rostro de Carlo y Steve, es obvio que no es respuesta suficiente.
Cat está un poco sorprendida de que Jenkins no reprendiera al rubio por la forma en la que le habló, pero eso quiere decir que en parte Jenkins piensa lo mismo—.
Seguiremos sus indicaciones lo mejor posible, cargaremos con Tara, hemos estado en terreno antes y haremos lo posible por mantenerla a salvo. No quiero más discusión sobre ella.
El lugar queda en silencio por unos minutos. Steve aún lleva el ceño fruncido, pero se cruza de brazos y decide no decir nada más, así su rostro hable por él.
—Voy a alistar todo —anuncia Cat poniéndose de pie.
Necesita aclarar la cabeza y poner distancia entre David y ella.
Ya bastante tiene con lo que hay que enfrentar dentro de poco, no necesita que sus emociones se lo pongan más difícil—.
Alana parece ser una mujer que no espera a nadie, así que mejor dejar todo listo con tiempo.
—Te acompaño —dice Owen detrás de ella—. Igual sería buena idea descansar un poco antes de salir, ¿no es así Cat? —le guiña un ojo. Ella le responde con una sonrisa, pero más atrás Jenkins los mira fijamente, con el semblante como piedra.
Los ve salir juntos de la habitación y emprender el camino hasta el piso superior.
Quiere ir tras Catarina, sacar un momento para hablar con ella y aclarar todo ese maldito mal entendido, pero no puede abandonar el grupo.
No con una misión tan cerca, y menos cuando van en terreno desconocido.
Así que, toma aire, vuelve la vista al frente y levanta los papeles que descansan en la mesa frente a Amy.
Catarina y Owen llegan a la recámara y la chica se lanza directo en el catre con los pies por fuera.
Su cabeza es un enredo de pensamientos entre Jenkins y la misión suicida a la que saldrán dentro de poco.
Coloca una mano sobre sus ojos y justo cuando piensa que nada más puede sorprenderla, Owen se acuesta a su lado, haciendo que los resortes del endeble colchón rechinen en protesta.
Se quedan en silencio varios minutos, aunque el corazón de ella late desmedido, cierra los ojos y decide tratar de relajarse, deja que el olor a jabón de él la envuelva en un arrullo.
Es bastante reconfortante estar al lado de Owen.
Es sencillo, no hay complicaciones. Mientras Jenkins es como un mar agitado, Owen es un día sereno.
—Cat, ¿segura de que no te pasa nada? —pregunta casi en susurro después de varios minutos.
Ella se gira un poco y abre un ojo para verlo, encontrándose con su intensa mirada.
—No, nada.
—¿Pasó algo entre David y tú?
La pregunta la toma por sorpresa. Siente como la sangre corre directo a sus mejillas. Pestañea varias veces y se acomoda de lado hacia él.
—¿Qué...? ¿Por qué dices eso?
—Sé que David ha estado muy pendiente de ti, creo que siente algo y pensé...
que había surgido una relación entre ustedes —habla sin apartar la mirada de ella.
Puede ver cada peca de su bien formado rostro.
Algunos bucles caen en su frente. Su cara le recuerda a las pinturas antiguas, ángeles, con rizos color cobre.
—No hay nada. Él tiene asuntos más importantes en los que estar concentrado, además... tiene a Miriam, ¿no?
—Puede ser —murmura acercándose un poco más—… Entonces, ¿nada? —vuelve a preguntar con una ligera sonrisa en sus rosados labios.
—Nada —repite, con los ojos fijos en los labios de Owen.
—En parte, es un alivio escucharte decir eso —Y antes de que ella pudiera reaccionar a su comentario, Owen con gran habilidad, gira quedando sobre su cuerpo, apoyado en sus fuertes antebrazos, mirándola.
Se acerca unos cuantos centímetros hasta el punto de que sus labios rozan un poco los de ella a la espera de su reacción, un hormigueo le recorre el cuerpo, cierra los ojos y da el paso.
Lo besa tiernamente, y luego un poco más apasionado. Pasa un brazo detrás de su cabeza, atrayéndolo hacia su pecho, el pelirrojo se deja caer sobre ella. El beso se prolonga, y ahora las manos recorren sus bien formados brazos, puede sentir cada músculo debajo de la delgada tela del suéter.
—Cat —dice entre besos—, puedo detenerme si es muy rápido… No quiero que pienses que estoy aprovechándome ni mucho menos…
—No —dice Cat poniendo nuevamente sus labios sobre los de él—. No quiero que te detengas, necesito esto, necesito dejar de pensar. Somos adultos Owen, podemos afrontar las consecuencias.
Owen baja su mano por la blusa de Cat, ella la siente recorrer la redondez de sus senos, y con extrema habilidad desabrocha el sostén.
Catarina deja escapar un pequeño gemido, se siente llena de dicha y placer, en estos momentos todo desaparece a su alrededor, no hay preocupaciones, ni desengaños, sólo Owen y las maravillas que hace con sus labios.
Sin embargo, la puerta de la habitación se abre de pronto, interrumpiendo de manera abrupta.
Con la misma velocidad con la que Owen se puso encima de Cat vuela hasta el frente de la cama, mientras ella se sienta con la cara roja, los cabellos desordenados, y la boca hinchada, ante la mirada acusadora de todos sus compañeros. Todos, incluido Jenkins.
—Si saben que es una recámara compartida, ¿verdad? —pregunta Steve muy divertido—. No es que me moleste, siempre es entretenido mirar, incluso podemos dar comentarios.
“Al igual que los baños” , piensa Cat, pero decide no decir nada.
Lucha torpemente por abrocharse el brassier, pero sus manos aún son presa de temblores, igual que sus rodillas.
—¿Alguna novedad? —pregunta Owen, con el fin de llenar el silencio incomodo.
—Alana nos quiere en la sala de entrenamiento —dice Jenkins con la voz fría como el hielo, sin siquiera mirar en dirección a Cat. Su ojo gris está clavado como daga en el rostro del pelirrojo—. Al parecer surgió algo.
Con una punzada de sentimientos encontrados, Catarina se atreve a mirar el rostro de Jenkins, pero la visión de él con Miriam en los baños aparece como recordatorio en su confundida mente. “Fue él quien obró mal, no yo” . se dice mientras por fin logra abrochar el brassier.
Steve y Carlo entran a sus respectivos catres, y sus miradas viajan con poco disimulo hasta Cat, quien se muere de ganas de cerrarles los ojos de un buen golpe. Con la barbilla en alto, Cat logra ponerse en pie, acomodando su cabello en una cola alta.
Owen hace lo mismo, mientras recoge sus cosas en un morral.
Una mezcla extraña de emociones se anida en el pecho de la joven, se siente muy bien con respecto a Owen, pero a la vez, punzadas extrañas la atormentan con respecto a Jenkins, ¿dolor?
¿Arrepentimiento? No debería importarle, no debería pensar en estas cosas antes de una misión.
Sale en dirección al cuarto de entrenamiento y la mano fría de Amy la detiene, viéndola con sus enormes ojos.
—Creo que me debes los detalles. Podría ofenderme y molestarme. ¿Cómo es posible que no me contaras a mí? Tu mejor amiga en este frío y cruel mundo —pregunta con extremo dramatismo.
—Preferiría no hablar de eso.
—No es una opción, Catarina.
Entran en la habitación y ahí ya se encuentran David, Miriam, Alana y Douglas. Las chicas se acomodan al lado de ellos, guardando una distancia prudente.