9 #3
—Frustrada, ¿no? —interrumpe Steve, para su sorpresa—.
Todos nos sentimos un poco así. Nuestra situación es una mierda, es lo que es.
¿Esta gente? —dice haciendo un gesto que abarca todo el lugar—, sin duda son igual de peligrosos que los originales.
Solo debemos tratar de aguantar y salir de esta.
—Sus oídos no dan crédito a lo que escuchan.
De todos los presentes, jamás pasó por su cabeza que fuese Steve quien le diera palabras de apoyo, o de algún tipo para variar.
Le dirige una sonrisa, y va en busca del sable.
—¿Dónde está Jenkins? —pregunta Miriam en un tono brusco y cortante.
—No lo sé —responde, mientras gira la vista hacia algo más agradable, Owen.
—Lo siento Owen. No sé qué pasó...
Sin decir una palabra, el pelirrojo se acerca donde ella, y coloca su mano sobre la cabeza de Catarina.
—No pasa nada Cat. A veces es mejor sacar todos esos sentimientos o podemos ahogarnos dentro de nuestra mente. —Su mano baja hasta la mejilla y siente como la piel se pone de gallina. Es consciente de que todos tienen sus ojos fijos en ellos.
—Vaya, al parecer se aburrieron rápido del entrenamiento, ¿no es así? —La voz de Douglas se abre paso en la habitación. De un brinco Catarina se corre un poco de Owen y gira hacia el menudo hombre que está en la puerta, en sus manos lleva una ballesta y un saco de flechas.
—Quiero presentarles nuestro último juguete —dice el hombre mientras levanta la ballesta.
El aparato es negro con bordes plateados, pero no se ve para nada rustico. Tiene finos acabados metálicos, y luce ligero de peso.
—Las flechas no causan mayor daño contra los invasores —refuta Steve—, son inútiles.
—No las que son creadas aquí, niño. —El hombre avanza hasta el centro del cuarto, sosteniendo la ballesta con una mano y levanta una de las flechas.
Están hechas de acero y la punta es roja—.
Estás flechas rojas son especiales, una vez penetran el cuerpo del enemigo, la punta se disuelve introduciendo un rastreador.
Las azules —dice mientras levanta otra flecha la cual es de punta plateada a diferencia de la anterior—, explotan también al penetrar el cuerpo del enemigo soltando una infusión de plata líquida.
Letal para convertidos, ralentiza a los originales.
Y por último las verdes, estas llevan en la punta un explosivo de alto alcance.
Úsenlas con sabiduría ya que aún no las fabricamos en masa.
Son solo un prototipo. Recuerden el objetivo de la misión: Rex.
Ahora, pueden ir a limpiarse, la comida estará pronto.
Dicho eso, sale de la habitación dejando la ballesta y las flechas sobre la mesa. Todo este lugar parece sacado de otro tiempo.
Catarina de repente siente que amaneció en el futuro, pero a la vez todo le da mala espina. ¿De dónde obtienen tantos recursos? ¿Quién es el jefe de Alana? ¿Qué otras misiones realizan?
—No soporto a ese sujeto —gruñe Steve.
—Ni tú ni nadie, creo —responde Carlo.
—Voy a informar a Jenkins de lo que nos explicaron —dice Miriam mientras sale disparada de la habitación.
—¿Vamos a las duchas? —le pregunta Catarina a Amy.
—Si quieres adelántate tú, quiero practicar un rato más, no todos los días tenemos juguetes de tan alta tecnología.
En otro momento le hubiese gustado quedarse entrenando, pero de verdad Catarina siente que un poco de agua fresca es justo lo que necesita en ese momento. Con una última sonrisa Amy sale de la habitación junto con Carlo. Steve se queda practicando también y Owen ha desaparecido.
Agarra ropa limpia, una toalla, y va directo hasta un cubículo de ducha. Se despoja de la ropa sudada y queda desnuda, abre la regadera y el agua fresca cae sobre su pecho.
Cierra los ojos y deja que los pensamientos la envuelvan en un torbellino de emociones. Aparta la idea de la misión suicida a la que tienen que enfrentarse dentro de poco, e inevitablemente termina pensando en David.
En su respiración tan cerca de ella, en su mano sobre su espalda.
Pero justo en el momento que va a visualizar el rostro de David, aparecen los ojos verdes de Owen.
Sin duda, sus pensamientos son un caos, al igual que sus sentimientos.
El pelirrojo es dulce, gentil y sin duda, muy atractivo también.
Jenkins es odioso a veces, pero a ella le consta que tiene otro lado.
El sonido de otra ducha, la devuelve a la realidad. Alguien más ha venido. Después de eliminar todo el jabón de su delgado cuerpo y dejar a un lado una cadena de pensamientos inoportunos, cierra la llave, se seca con rapidez y se coloca la ropa interior.
“Iré a hablar con David” .
Después de darle muchas vueltas, ha decidido que es lo mejor.
Amarra la toalla al cuerpo y sale del cubículo, solo para encontrarse cara a cara con Miriam semidesnuda sobre el cuerpo de Jenkins mojado, y semi envuelto con una delgada toalla.
La morena tiene sus manos entrelazadas en la cabellera de Jenkins, mientras que la mano de él descansa en la pequeña cintura de ella.
Un latigazo recorre la espina de Catarina. Cierra la puerta con un azote, tratando de hacer todo el ruido posible. En ese instante, él se gira hacia ella.
Jenkins pierde todo el color del rostro y sus manos, que antes reposaban cómodamente en la cintura de Miriam, caen a un costado de su cuerpo.
—No se detengan por mí —dice con los dientes apretados, tratando de controlar su rabia—. Ya voy de salida. —Y sin decir más, camina como alma que lleva el diablo hasta la habitación.
Jenkins es consciente de lo mal que se ve su situación. Por más que intenta llamar a Catarina las palabras sencillamente no salieron de su boca. Miriam, sin embargo, está de pie frente a él con los ojos muy abiertos.
—Tienes que dejar de hacerte esto, Miriam —murmura Jenkins ofreciéndole una toalla a la mujer.
—¿Por qué de repente ya no quieres nada, David? ¿Es por ella? —reclama, con los ojos vidriosos por las lágrimas.
—Tú sabías desde un inicio que lo que había entre los dos era sin ataduras. Mereces algo mejor.
Sin decir más, David sale de los baños dejando atrás a una inconsolable Miriam, pero él solo puede pensar que necesita hablar con Catarina.
La sangre hierve en las venas de Catarina.
Más que rabia hacía él, siente ira consigo misma, por ser tan estúpida, crédula y haber bajado la guardia con él.
Lo de Miriam era obvio desde un inicio y ella fue ciega al no querer verlo.
Camina rápido y su corazón bombea desenfrenado.
Se viste muy de prisa, solo puede pensar en una cosa: Owen.