8 #2
»Nosotros trabajamos por el panorama general.
La única forma de salvar a la humanidad es ganar esta guerra, y esta guerra se gana con estrategias, no con ataques al azar.
¿Qué pasaría si hubiésemos ido por esas mujeres?
Ahora quizá todos estuviéramos muertos, y eso no le hace ningún bien a nadie. Muchos más morirán en el camino...
—No puedo creerlo —dice Miriam en medio de las lágrimas— Ellis… ella dio su vida por intentar salvar a una niña y ustedes… ¿Cuántas mujeres antes que ellas? ¿Cuántos niños…?
—Es suficiente por hoy —interviene Jenkins, al ver que Miriam se ahoga con sus palabras en medio del llanto—. Es mejor descansar y mañana con la cabeza fría hablar de estrategias, planes y muerte.
—Tienes razón David —dice Alana mientras apaga las pantallas—. Douglas, llévalos a las habitaciones del segundo nivel y asegúrate de que estén cómodos.
Todos se ponen de pie, mientras el hombre indica el camino a través de la puerta. Miriam sale disparada seguida por Carlo y Steve, que seguro corren detrás de ella para consolarla. Amy y Owen van después y Catarina se queda atrás.
Antes de cruzar la puerta vuelve la mirada atrás una vez más y puede ver a Jenkins y Alana mirándose fijamente. El ambiente está tan tenso que se puede cortar con una tijera. Siente de nuevo ese hormigueo en el estómago. No hay duda, hubo algo entre ellos.
Catharina se da media vuelta y sigue el camino por una habitación llena de pantallas, donde se ven distintos lugares de la superficie, hasta que llegan a una enorme escalera en espiral de suelos blancos brillantes y un barandal negro.
—Arriba están las habitaciones, con todo lo que puedan necesitar. —Dicho eso el hombre comienza a subir, seguido por una muy furiosa Miriam.
Antes de partir, unos murmullos hacen que Cat se detenga, se gira un poco y se da cuenta de que es la voz de Jenkins y Alana. Sea lo que sea que discuten, lo hacen a gritos.
Por más que intenta enfocarse no logra descifrar bien de qué hablan, y no quiere arriesgarse a bajar, ya que eso la pondría en una posición bastante incómoda. Decide avanzar en la escalera, pero nota enseguida que Owen y Amy la observan desde unos escalones más arriba.
—Cat ¿estás bien? —pregunta Amy.
—Sí, sí, anda ve subiendo y consíguenos unos buenos lugares, ya te alcanzo —le dice con una sonrisa fingida.
Cat no está bien ni de cerca. Su pecho se siente como un nudo, pues, toda la información parece revelarse frente a ella de un momento a otro.
Se recuesta en el barandal de metal de la escalera y siente que la cabeza le da vueltas. La muerte de Ellis, la indiferencia de Alana, la muerte de la niña y de esas mujeres… y estas personas viéndolo todo sin hacer nada… es demasiado.
Amy ya se ha ido, sólo quedan ella y Owen en la escalera, este último da un paso, quedando a escasos centímetros de su cuerpo.
—Cat, ¿segura de que estás bien? —le pregunta con una mirada que dice: ‘Sabré si me mientes’.
—Sí, es solo que fue demasiado. Saber… saber que prácticamente nos dejaron morir… Es demasiado.
—Te entiendo, no todos velan por el bienestar de los que están allá afuera.
Esa mujer, sin duda solo piensa en salvar su propio pellejo.
Tú no eres así, tú te preocupas. —Sin decir más, extiende sus brazos y la lleva hasta su pecho envolviéndola en un abrazo.
Su piel está cálida y huele a jabón. Cat empieza a sentirse mejor y segura.
»Para esto y para lo que sea, cuentas conmigo —susurra el pelirrojo en su oído, causándole un escalofrío que logra poner toda su piel de gallina—. Hizo bien Jenkins en seleccionar a mi mejor alumna y promoverla —dice mientras afloja el abrazo.
Ella está por contestar algo cuando suenan unos pasos detrás de ellos.
—¿Interrumpo? —La voz divertida de Jenkins hace que el corazón le dé un vuelco— ¿Todo en orden Catarina? —Una pregunta bien pensada, que ella sabe que abarca más de lo que aparenta.
—Sí, todo bien —dice, separándose de Owen—. Iré a buscar a Amy. —Sabe que sus mejillas están en llamas.
Apura los pasos en la condenada escalera, deseando que se la trague la tierra. Sin embargo, sus labios han comenzado a tirar hacia arriba, con una sonrisa.
“Mejor alumna… Ojalá Thomas estuviera aquí” , piensa.
Owen retiene a Jenkins en las escaleras. La sonrisa plácida que adornaba los labios del pelirrojo segundo atrás ha desaparecido. Su rostro es una máscara fría de rabia.
—No confío en esta gente —Le dice sin más preámbulos—. No me parece sensato quedarnos mucho más tiempo aquí. Esa mujer trama algo y es mejor que…
—Alana siempre trama algo —le responde Jenkins—. Haces bien en no confiar en ella. Ni en nadie de esta base, para variar. Pero estaremos aquí hasta que yo diga… de todos modos, te aseguro que Alana no nos dejará ir tan fácil.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Ya lo verás —dice, mientras emprende el camino hacia arriba en las escaleras.
Él sabe que está tratando muy duro a Owen, que está siendo injusto. Pero estar en ese lugar después de tanto… después de ella… Son heridas que creía que habían sanado, pero están aflorando nuevamente. Y Catarina… se le parece tanto; el mismo espíritu valiente.
Catarina camina por un largo pasillo hasta llegar a una habitación que tiene la luz encendida, abre la puerta gruesa de metal y encuentra a los demás.
El lugar contiene varias literas, cada una con un baúl frente a ella.
Altas paredes color gris oscuro, un lavabo al fondo y un reloj en la pared central.
Va directo a Amy y se deja caer en la cama al lado de la de ella.
—En el baúl hay sábanas y una almohada —dice Amy—, ¿dónde dejaste a Owen? —añade con la ceja enarcada.
El rubor invade las mejillas de Cat, se estira hacia el baúl para que Amy no lo note, pero sabe que a esa chica no se le escapa nada.
—Se quedó hablando con Jenkins en la escalera.
—Oh, bien. Estoy rendida Cat, espero que también descanses. No te agobies pensando en lo que esa bruja dijo, descansa y mañana será un nuevo día. Hasta mañana.
Se da media vuelta y cae profundamente dormida. Steve y Carlo también duermen en una esquina, seguidos por Miriam. Cat se acuesta y cierra los ojos, poco a poco el sueño se va apoderando de ella… “Mejor estudiante”, “Oh Thomas…” .
Los gritos desgarradores de una mujer muy parecida a ella la ensordecen. La mujer grita su nombre una y otra vez, pero en medio de la oscuridad, no logra encontrar el camino.
Luego el rostro de un hombre aparece, un hombre apuesto de cabellos dorados. El hombre le sonríe justo en el momento en que una mandíbula llena de enormes colmillos se cierra en torno a su cuello. Intenta gritar, pero no puede mover su cuerpo, está paralizada.
De pronto aparece un joven de ojos amables y rostro atractivo. Thomas… mucha sangre en sus manos y rostro, una mujer rubia… y unos colmillos delgados alrededor de su delicado cuello.
Con un grito ahogado despierta envuelta en sudor.
No sabe cuánto tiempo ha pasado, el corazón le late desenfrenado.
Una pesadilla, la misma desde que tiene diez años.
Ella sabe que los rostros de sus padres poco a poco se van difuminando de su memoria.
Con el tiempo se han ido sumando otros rostros, el de Thomas, y ahora el de Ellis y la pequeña niña.
A su alrededor todos duermen. Owen y Jenkins llegaron en algún momento mientras ella dormía y ahora descansan en literas cerca de la puerta.
Suspira y sale de la cama. Camina muy despacio hasta la puerta, su intención no es despertar a nadie, solo necesita aclarar la cabeza y estar sola un rato. Una vez fuera de la habitación llega hasta la escalera en espiral, baja algunos escalones y se sienta a la mitad.
Las imágenes de la pesadilla aún revolotean en su cabeza. Siempre es igual, pero antes tenía a Thomas, que le ayudaba a pasar las noches. ‘Estoy aquí Cat’, era lo que solía decir cuando despertaba sudando y gritando.
Apoya la cabeza en sus manos y masajea su frente. Estos días han sido un total caos y ahora para colmo, la mitad del grupo la culpaba por la muerte de Ellis. Gracias al cielo aún tiene a Amy y a…
—¿Estás bien? —La voz profunda de Jenkins la hace brincar
—¡Por Dios Santo! ¿Buscas matarme de un susto? —reclama mientras se pone de pie, recostándose al barandal—. Y además, ¿estás siguiéndome?
—No, y no. Te sentí salir de la habitación y me preocupé es todo.
—No es nada, solo tuve una pesadilla y necesitaba aclarar la mente.
Se sienta en el escalón en el que ella se encontraba y fija su ojo gris en el blanco rostro de Catarina. Lleva solo pantalones, y el cabello café le cae en la nuca, una sombra de barba ya cubre su rostro.
—¿Quieres hablar de eso? —pregunta.
Catarina lo mira por unos segundos y luego aparta la vista y la clava en el alto techo. Lleva el cabello suelto, cosa que casi nunca hace, se siente un poco expuesta ante él. Ahora está ahí esperando a que hable de sus demonios y temores.
—Es el mismo sueño, viene desde que vi a mis padres morir frente a mí —comienza a hablar sin saber muy bien por qué—. Desde la muerte de Thomas ha vuelto con más frecuencia, y ahora con lo de Ellis…
—Te entiendo —interrumpe—. Hace muchos años...
hace años casi me dejo consumir por mis demonios.
—Ella se queda muy quieta, es lo más profundo que le ha escuchado y no quiere que cualquier movimiento lo espante—.
Se lo que es la pérdida, todos lo sabemos, el punto es cómo sobrevivir a ella.
Vivimos en un mundo donde las personas mueren.
Donde no sabemos qué podrá pasar mañana.
Vivimos en lucha constante, pero tienes que recordar por qué luchamos.
—¿Qué sentido tiene? Salvar a alguien solo para regalarle un par de días más.
Mira a esta gente. Alana… ellos viven en la indiferencia, haciendo planes y sacrificando inocentes, y ¡Mira que bien están!
¡Mira todo lo que tienen! —Hace un gesto que abarca su alrededor—. Tanta tecnología, tanto espacio...