7 #2
Owen retrocede mientras un enorme Vampiro lo arrincona. Un hombre grueso, de piel blanca, que solo está usando uno de sus brazos, y no parece lo suficientemente fuerte para hacerle frente. Sin pensarlo dos veces, Catarina corre en dirección a él.
El convertido está de espaldas a ella, así que aprovecha su posición y se desliza por la calle empapada de sangre, corta sus piernas de un solo tajo y este cae de espaldas sobre el concreto.
En ese instante lo decapita y se pone de pie.
Toda su ropa está empapada de sangre, Owen le lanza una mirada de agradecimiento, y ella no puede evitar sonreírle justo en el momento en que la voz de Jenkins invade el lugar.
—¡Retrocedan! ¡Todos más cerca de las llamas! ¡Ahora!
Steve y Amy aparecen por el lado izquierdo, cubiertos de sangre y hollín, entienden lo que sus compañeros están haciendo y se unen al combate, no hay rastros de Gordon, después de la explosión solo desapareció.
Todos están a la espera de Miriam y Carlo.
El hombre de cabello negro está enfrentándose a Jenkins.
La camisa del líder de la resistencia está cubierta de sangre, pegada en su costado.
Su herida se ha abierto y, aun así, sigue luchando sin cesar.
El hombre de cabello negro se percata de la herida en el costado de Jenkins y le da un fuerte golpe con los puños.
Él retrocede y se curva de dolor. Catarina le hace señas a Steve para que vea a Jenkins, y no tiene que explicarle dos veces lo que sucede, enseguida corre a brindar soporte al jefe.
Amy intenta contener a tres convertidos, pero apenas logra mantenerlos a distancia. Catarina, por su parte, enfrenta a otros dos cuerpo a cuerpo. No se atreven a acercarse demasiado; detrás de ella, la casa arde, y cualquier chispa bastaría para reducirlos a cenizas.
De pronto, Owen cae al suelo junto a Cat. Una mujer convertida lo inmoviliza y alza el brazo, lista para asestar el golpe final. Catarina da un paso con la intención de correr hacia él, pero se detiene. Si se mueve un centímetro, los dos que la rodean se lanzarán sobre Amy… y sobre ella.
El corazón le golpea con violencia en el pecho. Está a punto de arriesgarlo todo cuando una llamarada irrumpe y aparta a la mujer de encima del pelirrojo. El fuego la envuelve en segundos, y solo quedan cenizas que el viento dispersa entre el humo.
Owen se incorpora con dificultad y detrás de él emergen Miriam y Carlo. Él sostiene una antorcha encendida que arde con fuerza; ella lleva en una mano una lata de aerosol y en la otra un galón.
En ese momento, Catarina siente que podría correr hasta Miriam y besarla por haber salvado la vida de Owen. Pero no hay tiempo para eso. Jenkins levanta el brazo y cierra el puño, la señal es clara: reagruparse.
Con dificultad, Catarina logra retroceder hacia ellos, manteniendo a los convertidos a pocos pasos de su rostro. El calor del incendio les pisa los talones. En la mano de Jenkins está la segunda granada. La sostiene con fuerza; sus nudillos se vuelven blancos mientras mide la distancia.
Suelta el aire… y la lanza hacia el norte, justo donde se encuentra la entrada a la alcantarilla que los conducirá a la base.
La explosión no tarda. En cuestión de segundos, el humo se espesa hasta volver borrosa la visión. Miriam aprovecha el caos y reduce a cenizas a los tres convertidos que Amy mantenía a raya. El hombre de cabello negro retrocede, mostrando los dientes; los colmillos asoman, afilados y ansiosos.
Ellis se aparta del grupo con el cuchillo en la mano y corre hacia los autos aparcados. Su silueta apenas se distingue entre el humo, pero Catarina sabe a dónde va: por la niña.
Mientras tanto, Jenkins guía uno a uno a sus hombres hacia la alcantarilla. Miriam derrama gasolina alrededor de la entrada, creando una barrera que arderá en cuanto sea necesario.
El plan es sencillo: cuando Ellis regrese con la niña y todos estén dentro del ducto, prenderán la gasolina y la dejarán arder mientras huyen. Así ganarán tiempo, al menos, esa es la teoría.
Steve y Carlo ruedan la pesada tapa de bronce de la alcantarilla. El metal raspa contra el suelo hasta dejar al descubierto una escalera de acero que desciende hacia la oscuridad. Carlo asoma la antorcha; el trayecto parece de unos tres metros hacia abajo.
Todo está listo, pero Ellis no regresa, tampoco la niña.
De pronto una mano se posa en el hombro de Catarina. Se sobresalta y gira, hasta encontrarse con el rostro pecoso de Owen, demasiado cerca, mas, no dice nada. Solo mira al frente.
Catarina sigue la dirección de sus ojos. Al principio no ve nada. Luego, en medio del humo, aparecen pequeños destellos rojos.
El resto del grupo también los ha visto. Las espadas se levantan casi al mismo tiempo y entonces el grito de mujer rompe el silencio.
De entre la bruma emerge el vampiro de cabello negro, que sonríe mostrando los colmillos. Con una mano arrastra a Ellis por el cabello rubio; con la otra, sujeta a la pequeña por los mechones castaños.
—Me parece —comienza a hablar el vampiro—, que perdieron esto —señala a Ellis—, mientras buscaban esto. —Levanta a la niña por la cabeza.
Su voz es ronca y profunda, carente de cualquier rastro de humanidad. Solo escucharlo hace que un escalofrío recorra la espalda de Catarina. Sin embargo, se esfuerza por mantenerse firme. Su rostro está contorsionado en una horrible sonrisa, de la esquina de su boca hay dos hilillos de sangre.
»¿Y bien? —continua el convertido —irrumpen en mi hogar, mi fiesta, queman mis pertenencias, queman a mis amigos y ahora, ¿son muy tímidos para hablar? —Hace un chasquido con la lengua—. Me parece muy descortés de su parte ¿No les enseñaron modales?
—Déjalas ir —Jenkins habla con una voz casi tan cortante como la del vampiro—. Yo me quedaré en el lugar de ellas.
—¿Tú? No te ofendas, pero, te falta un ojo y no eres precisamente lo que buscamos…
Además, me parece que hay un malentendido—.
Levanta la mano que sostiene a la niña pequeña, la lleva hasta su boca y de un mordisco le abre la garganta.
La sangre cubre toda su barbilla. Deja caer el cuerpo de la infante y se limpia la barbilla con el dorso de la mano—.
Yo no estoy aquí para negociar con ustedes.
Carlo se lanza hacia el vampiro sin pensarlo dos veces, pero Steve lo agarra por el brazo reteniéndolo a duras penas.
Catarina se queda congelada en el lugar, sin poder hacer o decir nada.
Los gritos de Amy detrás de ella parecen muy a la distancia, Owen y ella han empezado a bajar la escalera e insisten en que haga lo mismo, pero y ¿Ellis?
La misión es no abandonar a nadie. Ella no abandonaría a la mujer, no podría. Jamás se lo perdonaría.
El convertido coloca el cuerpo de la rubia delante de él, por si planean quemarlo, la usará como escudo.
Lo ve rozar el cuello de ella con sus colmillos, las lágrimas recorren el rosado rostro de la mujer.
Alguien tira del brazo de Cat, pero ella se resiste, no puede irse sin saber qué pasará con ella y entonces ocurre.
Los colmillos del hombre se clavan en la delicada piel, no salvajemente como con la niña, si no suave, como el beso de un amante.
Lo ve beber la sangre. Es lo último que ve antes de que Jenkins la arrastre hasta dentro de la alcantarilla, tirando con fuerza de su brazo.
En algún momento las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.
Miriam enciende el fuego en toda la calle.
Los pies de Catarina se mueven por la delgada escalera, mientras siente arder el pecho y las lágrimas invaden su rostro hasta que no puede más y rompe en llanto.
Una vez aterriza en el suelo húmedo de la alcantarilla, apoya las manos sobre las rodillas y no puede evitar llorar.
Llora hasta que un fuerte impacto golpea su mejilla derecha haciéndola caer en el agua asquerosa que corre por el lugar.
Levanta la vista y ve que Miriam la ha abofeteado.
—¡Todo es tu culpa! —grita Miriam —Tu estúpida idea de salvar a la mocosa ¡Por tu culpa Ellis está muerta! ¡Debiste haber sido tú! ¡Tú tenías que morir, no Ellis! ¡Tú, estúpida niña inmadura!
Cat logra incorporarse, pero no le respondo nada a Miriam.
Ella tiene razón, si no hubiese insistido en salvar a la niña, Ellis aún estaría con vida.
Baja sus ojos aún llenos de lágrimas a su cuerpo y nota que está toda sucia de quien sabe qué porquerías, pero no le importa, en esos momentos realmente no le importa nada.
—¡Basta! Fue mi plan, yo di la orden de ir por la niña, si vas a cuestionar a alguien Miriam, que sea a mí.
Sin embargo, no es el momento, ni el lugar y bajo mi mando jamás dejamos a nadie atrás, niño o adulto, moriremos intentando salvar a tantos como sean posibles ¿Entendiste?
Ahora si nadie más tiene algo que decir, salgamos de aquí.
Puede ver a Miriam luchando para contener su rabia, su rostro está rojo, su pecho sube y baja con violencia. Con un brazo se limpia las lágrimas, da media vuelta y comienza a caminar.
—Cat ¿Estás bien? —Es la voz de Amy.
La mira y asiente secándose las lágrimas. Llorar no traerá de vuelta a Ellis, ni a la niña. Sin duda no trajo de vuelta a Thomas o a sus padres.
—Estoy bien, llena de desperdicios, pero bien.
—Bien, igual me quedaré a tu lado, ya sabes solo por si acaso —responde Amy.
Cat asiente y caminan juntas. Va en una fila de a dos, primero va Jenkins con Steve, seguido por Carlo y Miriam quienes se unen en su odio hacia Cat, y por último van Amy, Owen y ella.
Todos cubiertos de sangre y hollín; definitivamente necesitan un descanso.