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—Yo nunca he usado un arma… No sabría qué hacer. Mi madre se encargaba de protegernos y ahora ella… —Su voz comenzaba a quebrarse, y sus ojos ya vidriosos por las lágrimas contenidas, miran fijamente el morral.
—Es solo precaución, tú irás en el camión. Llegarás rápido y segura, pero en caso tal —le dice Catarina sosteniendo una espada corta hacia ella—, el lado filoso va hacia los enemigos ¿vale?
—Está bien.
Después de varios minutos llegan hasta el punto de partida.
En el camión viajarán al menos sesenta personas, más el armamento y suministros de comida y aseo.
Mientras hacen la fila para ingresar, la mano de la pequeña se aferra con fuerza al brazo de Cat.
La mujer baja la mirada y nota cómo el cuerpo de Ellen se estremece de miedo.
Una punzada de nostalgia le toca el pecho.
Ella no era mucho más grande cuando quedó huérfana.
—Tengo miedo —murmura Ellen, y se detiene a pocos pasos de subir al bus.
—Estará todo bien, dentro de un rato nos volveremos a ver. ––Cat pasa con ternura un dedo por la mejilla de la niña.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo.
Se suelta de su mano y sube al bus con la ayuda de Alex, que presencia toda la escena, y no puede evitar sonreír en dirección a Catarina.
Alex ama a los niños. No le importa pasar horas entreteniéndolos, jugando o leyendo algún libro. Para él, la diversión es tan importante como el entrenamiento, su cordura depende de ello.
Mientras tanto, Jenkins envía a una de sus manos derechas para que los que viajan se sientan seguros.
Owen y Ruth harán el trayecto a pie al lado de él y Catarina también.
Sabe que ha sido apresurado ponerla en su división, pero es consciente de lo que una pérdida puede hacerle a la mente si no se encuentra un nuevo propósito y no quiere que la joven pase por nada de eso, no sola al menos.
Al llegar la hora, ya están todos organizados listos para abrir las compuertas y salir.
Se escucha el rugido del motor al encenderse, a la vez el chirrido del acero al abrir las enormes puertas.
Después de unos momentos el camión arranca y se aleja dejando atrás a los que emprenderán la travesía a pie.
Según las órdenes de Jenkins hay que esperar al menos diez minutos para salir.
La ansiedad se apodera lentamente de Catarina. Retuerce sus dedos y clava la vista en el bus que se pierde a lo lejos, normalmente Thomas la ayudaba a relajarse, pero ahora...
—¿Lista, Cat? —Amy aparece de la nada enfrente de ella. Armada hasta los dientes, y la mira con una sonrisa. Descubre, que, a pesar de todo, se siente un poco mejor tener al lado a una persona con la que pueda ir conversando, sabe que él lo hubiese querido así.
—Lista.
Todos esperan que Jenkins de la orden. Saldrán en tres grupos: el primero encabezado por el jefe, el segundo por Owen y el tercero por Ruth.
Amy y Catarina van juntas en el primero.
La idea de ir en bloques es que, de ser atacados, algunos tendrán más chance de sobrevivir.
Si se mueven como una sola masa es más riesgoso, más fáciles de detectar desde el aire y más difícil de organizar una huida.
—¡A mi señal sale mi grupo! —anuncia Jenkins—. El de Ruth contará cinco minutos y después saldrá, lo mismo el de Owen ¿Entendido?
—¡Si señor!
—¡Andando!
Las compuertas se abren una vez más y Jenkins sale seguido de las treinta personas que conforman su grupo; el más grande. El de Owen se moverá con veinte personas y el de Ruth con veinticinco.
El cielo está lila, eso quiere decir que es alrededor del mediodía, donde el sol intenta abrirse paso con más fuerza a través de la espesa bruma. El medio día es la hora en que los originales son más lentos y los convertidos evitan salir.
Avanzan con paso firme y, pasados alrededor de cinco minutos, la radio de Jenkins suena, anunciando que el segundo bloque está en movimiento.
La carretera por la cual se mueven con precaución está desierta, al costado ya pueden observar a lo lejos los edificios residenciales; están entrando en la zona muerta.
Hay ciudades que siguen ocupadas por convertidos, donde aún hay movimiento y pequeñas colonias de esclavos, pero no ésta.
Por donde ellos avanzan es un desierto lleno de recuerdos y memorias.
La imagen de un pasado, la añoranza de lo que fue.
—Es muy triste ¿verdad? —La voz de Amy la toma por sorpresa un momento.
—¿Qué cosa? —responde, mirándola directo al rostro. Ambas van sudadas, con los cabellos pegados a la frente.
—La ciudad. Convertida en un pueblo fantasma —señala con la cabeza alguno de los edificios que se alzan a lo lejos.
“¿Perdurarán las almas de las personas asesinadas en la ciudad, rondando las calles?” , piensa Catarina mirando con nostalgia. ¿Penarán sus padres en su antigua casa? No. Los fantasmas no existen. Aunque, siempre se pensó que los monstruos y vampiros eran solo fantasías.
Están por doblar en una esquina cuando el cielo se oscurece. Levanta la mirada para ver de qué se trata y queda congelada. Justo encima de ellos con las enormes alas abiertas al menos dos docenas de originales.
—¡Oh por Dios santo! —exclama Amy a su lado.
—Parece ser que hoy será mi primer día en combate después de todo.
“Esto no es normal” , piensa Jenkins. Dos ataques seguidos de Originales no es algo muy común. Jenkins mira a su alrededor y el pánico ya se refleja en el rostro de todos sus hombres. Debe mantenerlos a salvo, a tantos como pueda.
—¡Todo el mundo preparado y posición! —grita Jenkins, a la vez que enciende la radio—. ¡Estamos bajo ataque, repito estamos bajo ataque! ¡Usen otra ruta! Cambio y fuera.
En ese momento la señal se corta y como águilas tras una presa, las enormes bestias bajan a toda velocidad hacia ellos.
Catarina clava sus ojos en la figura robusta de Jenkins, quien, con un fusil en los brazos y el cinturón lleno de armas, se adentra al combate.
Sus manos no tiemblan y no hay duda en su rostro.
Respira hondo y mira a Amy a su lado, sus ojos ya no se ven asustadizos o tímidos, están enfocados y decididos.
—Hoy es un buen día para patear traseros ¿o no compañera? —le dice con una sonrisa real.
Como siempre, cuenta hasta diez, y se prepara para luchar, para dar su último esfuerzo y para morir si es necesario, pero no caerá fácilmente.
Escucha los gritos de Jenkins dando instrucciones, se mueve, aproximándose muy cerca a Amy, espalda con espalda, apuntando a dos direcciones.
Luchan por un mundo mejor, aunque no sea mejor para todos.
Tiene la esperanza de verlo, de que Amy lo vea, da un último respiro y aprieta el gatillo.