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"Creo que un héroe es quien entiende la responsabilidad
que conlleva su libertad"
—Bob Dylan
“¡Dios!” La criatura tiene enormes alas desplegadas clavadas al suelo con lo que parecen ser estacas de plata.
Sus patas están inmovilizadas de la misma forma y sobre él hay una enorme lámpara de luces ultravioleta.
Los últimos informes que llegaron de Buenos Aires indican que los invasores son vulnerables a la plata pura.
Todos los cuchillos son hechos a partir de plata fundida.
Hay unidades de recolección del metal a lo largo de cada sede de la resistencia.
Infiltrándose en las ciudades abandonadas, saqueando hogares y locales en busca de cualquier cosa que sirva para la realización de más armas, pero nunca son suficientes.
Muchos de los recolectores jamás regresan a la base y otros muchos terminan con los ojos rojos, y la humanidad perdida.
Jenkins nota los pasos lentos acercándose, sabe que Catarina ha bajado. Después de verla en el combate, tenía que llamarla. Pocas veces presenciaba algo así a pesar de la guerra, valentía pura e incondicional hacia alguien más.
El rostro de la joven refleja lo que siente, no puede creer lo que sus ojos ven.
Jenkins se arrodilla y acomoda el cuerpo del convertido en una silla de madera.
Es un hombre de piel morena, lleva el cabello muy corto, viste jeans y suéter azul.
Catarina no puede dejar de pensar en lo normal que se ve con los ojos cerrados.
Apacible, como si hubiese recobrado su humanidad.
Nota que el jefe le hace una seña a Owen y Alex para que lo aten a la silla con las cadenas de plata.
—Ruth sube a la base y cierra las escotillas. Si algo sale mal estará contenido aquí —ordena Jenkins sin voltearla a ver.
Ruth asiente y se da vuelta para obedecer la orden. Es menuda de estatura, pero muy hábil en combate. Tiene la piel blanca y el cabello muy corto y de color plata. Es una de las manos derechas de Jenkins y se ha ganado su puesto incontables veces.
—Amy me dijo que me buscaba, señor—dice Catarina al percatarse del ojo gris de Jenkins fijo en ella.
—Así es. —Se acerca un poco más—. Vi la manera en que saltaste sobre el vampiro y le rebanaste la cabeza para salvar a tu amigo.
Catarina no puede evitar sentir como el estómago se le revuelve, las imágenes de Thomas con la garganta cercenada invaden su mente. Respira hondo y trata de enfocarse.
—Fue imprudente e inútil. No pude salvarlo —contesta, tratando de mantener la voz firme.
—Fue valiente —continúa él—, y pudiste salvar a una niña.
“La niña. Había olvidado por completo a la niña. Está a salvo”.
—Disculpe señor —interrumpe Owen—, está despertando.
Owen, pelirrojo y lleno de pecas, pero mortal en combate.
Su habilidad con la espada es increíble, y es el encargado de instruir a los nuevos reclutas en el uso de arma blanca.
Tiene treinta y siete, pero no los aparenta.
Cuando todo empezó tuvo que cortar la cabeza de su esposa quien fue atacada por un Original, o al menos eso es lo que se rumorea en los pasillos.
Nadie sabe con certeza nada de los demás, solo rumores y especulaciones.
O al menos de los que tienen un rango importante como ellos, los demás son relleno con historias aburridas.
Catarina y Jenkins se dan la vuelta y avanzan hasta estar al lado de Alex y Owen.
El convertido abre los ojos y cualquier rastro de humanidad que había en su rostro desaparece.
Largos colmillos asoman de su boca mientras gruñe y forcejea para tratar de liberarse, pero la plata de las cadenas quema su piel con fuerza cada vez que se resiste.
La criatura a su lado también comienza a moverse.
Se escucha un clic y la potente lámpara se enciende dirigiendo su luz al cuerpo alado.
Jenkins arrastra otra silla y se sienta a metro y medio de distancia del convertido, con el respaldo de la silla hacia el frente.
Desenfunda un revólver y lo sostiene en su mano izquierda dejándolo reposar en su pierna.
Todo en su postura deja claro quién es el que está a cargo.
Catarina no puede dejar de preguntarse ¿Qué intenta hacer?
¿Torturarlo hasta obtener respuesta? No cree que funcione, no tan fácil.
¿Por qué traer a los dos? ¿Con el original no es suficiente?
¿Qué valor puede tener un convertido? Muchos de ellos se han aliado de manera voluntaria con los invasores.
Son traidores de la raza humana, cobardes que abandonaron la humanidad a cambio de un poco de poder.
Hasta donde ella sabe, es la primera vez que algo así ocurre.
Un fuerte gemido silencia sus pensamientos, la luz ya está haciendo efecto y la criatura se retuerce en el suelo intentando escapar de ella.
Las alas comienzan a sangrar, ahí donde la estaca de plata está clavada con fuerza, inmovilizándolas contra el suelo áspero.
El convertido detiene sus movimientos y mira petrificado a la criatura.
Sus ojos rojos están abiertos, desorbitados, mientras Catarina se pregunta si ha tenido oportunidad de ver a uno de ellos retorcerse de dolor.
—Bienvenido de vuelta —comienza a decir Jenkins con una sonrisa calculadora en los labios—Poco agradable cuando no eres quien tiene el control, ¿verdad?
—La criatura gruñe en respuesta—. Ah, muy bien, al grano entonces.
Voy a hacerte tres preguntas y vas a contestar a ellas.
Si te rehúsas, o evades, la luz que tienes encima aumentará su potencia hasta rostizarte por completo ¿Entendido? —Jenkins habla con calma letal.
La criatura gira su rostro hacia ellos, la saliva escapa de su boca a través de los enormes colmillos. Sus facciones se retuercen en lo que parece una mueca, una sonrisa. No hay temor o miedo en esos ojos, solo rabia y odio.
—El castillo de Windsor ¿Es ahí donde se encuentra tu líder? —Pregunta Jenkins. La extraña sonrisa del Original se ensancha deformando sus fauces mientras asiente en contestación a Jenkins.
—¿Cuántos de ustedes lo protegen?
—No muchos. —La boca del animal permanece cerrada, pero su voz se escucha firme y fuerte dentro de mi cabeza, y por lo que veo a mi alrededor, los demás también la escuchan—. No es necesario, ustedes no son más que polvo para él —continua—. Insignificantes, efímeros, no son nada.
—¿Cuántos humanos hay cautivos? —vuelve a preguntar Jenkins, ignorando las palabras de la bestia
—Hoy, algunos miles, mañana, unos cuantos menos. Hay que alimentarse, ¿sabes? —La voz suena divertida y para nada asustada—. Todos sus esfuerzos serán inútiles. Este mundo ya no les pertenece, su única función es servirnos o ser alimento.
‘Servirlos’ La sola mención de la palabra hace que los músculos en el cuerpo de Jenkins se tensen.
Se pone de pie sin darle mucha importancia al vampiro, no se ve estresado ni tensionado, le hace una leve inclinación de cabeza a Alex quien en un rápido movimiento desenvaina una larga espada y de un solo tajo le corta la cabeza a la criatura, la cual cae y rueda un poco dejando a su paso un rastro de sangre negra y viscosa.
El convertido gruñe mostrando sus largos colmillos.
Jenkins lo ignora, no lo necesita porque ya confirmó lo que quería saber, así que guarda nuevamente el revólver en su cinto.
—Windsor está a casi cincuenta kilómetros de distancia —interviene Alex limpiando la sangre del vampiro de su espada con un paño gris—, estamos en las afueras de Berkshire, no contamos con vehículos suficientes para una campaña así.
—Es por ese motivo que iremos a pie —responde Jenkins
—¿A pie? —La voz de Owen deja clara su incredulidad—. Serán aproximadamente diez horas de paso continuo, mucho más haciendo las pausas y resguardándonos del enemigo. Podría ser una misión suicida.
—Es por esa razón que tenemos que planearlo bien.
Después de lo que pasó ayer, este lugar ya no es seguro.
Alisten todo para salir, iremos a la base B, está solo a cinco kilómetros y es mejor que aprovechemos mientras hay algo de luz.
Sube y di que doy la orden de que todos se alisten para salir.
Una vez que estemos allá, encontraremos la forma de llegar a Windsor.
El pelirrojo se dirige a cumplir la orden.
Catarina se gira para verlo subir por las angostas escaleras, siempre le ha parecido que Owen es sumamente atractivo, pero nunca había tenido mucho contacto con él ni con Jenkins hasta hoy.
Lo ve cerrar la bóveda, y vuelve su mirada al frente.
De aquí a la Base B es una caminata relativamente corta.
Cuentan con dos vehículos que transportarán los armamentos y algunos miembros, pero la mayoría hará el recorrido a pie, como cada vez.
—¿Qué haremos con él? —pregunta Alex señalando al convertido. Alex tiene ese tipo de rostro que siempre parecen estar siendo sarcásticos o amargados. Su piel es bronceada, cosa que a Catarina le parece increíble ya que el sol apenas se asoma, y sus cabellos van muy cortos, de un color oro viejo.
—Investigación —responde Jenkins con una sonrisa y la mirada fija en el hombre de ojos rojos—. Siempre me he preguntado... ¿cuánto tiempo pueden permanecer vivos sin consumir sangre?... bueno, supongo que lo averiguaremos. Sube y alista mi unidad, enseguida te alcanzo.
Con eso dicho Alex se va por el mismo camino que Owen. Las manos de Cat comienzan a sudar al percatarse de que está sola en la bóveda con el jefe y un convertido amarrado en la silla. Nunca se había quedado a solas con Jenkins, hasta hoy ni siquiera habían cruzado palabras directas.
Es intimidante, todo en él lo es. Su postura, su ancha espalda, el hecho de que siempre tiene el ceño fruncido. Se siente un poco mareada y recuerda que no ha comido ni un bocado de pan desde la noche anterior antes de salir a la misión, antes de…
La chica sacude la cabeza, no se permite pensar en Thomas porque sabe que necesita mantenerse enfocada en lo que viene.