Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 37. Bonnie #2
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Capítulo 37. Bonnie #2

Guardo el móvil en el bolsillo de mi vestido y bajo a donde está mi padre. No se ha pasado a verme en toda la tarde y cuando me ve me dice un frío hola mientras se arregla los gemelos.

—No me habías dicho que tenías novio.

—No te he informado nunca de mis parejas. Desde que me fui de casa y dejé de necesitar tu dinero, mi vida pasó a ser mía.

—Bueno, todo importa si tu novio es alguien que puede ayudar a esta familia en sus inversiones con los caballos de carreras.

Me pregunto qué ha hecho Darren justo cuando informan de la llegada de Darren Bennet. Me giro hacia la puerta y ahí lo veo. Con un esmoquin que le queda como un guante. ¿Qué hace aquí? Todas las preguntas se disipan cuando se me acerca, me guiña un ojo y me da un beso leve en los labios.

—No podía dejarte sola —susurra en mi oído.

Se presenta a mi padre y a mi madrastra. Gretel lo abraza como si lo conociera de toda la vida.

—Eres el mejor cuñado que podría tener, y mi futuro suegro.

—¡Gretel! Esas no son formas de tratar al señor Bennet.

Gretel se muerde el labio y nos informan de que el resto de los invitados van llegando. Mi padre pide a Darren que nos espere en el salón. Lo hace, pero tirando de mí hacia allí. Al llegar disfruto de su imagen. De lo guapo que está y de su apoyo.

—¿Qué me he perdido?

—Cuando trajiste a Max a tu casa hace años, tu padre me llamó para hacer negocios conmigo. Quería invertir en las carreras de caballos y le dije que no. Lo investigué y no me gustó lo que vi. No trata bien a sus empleados y se rumorea que no es un jefe justo.

—No siempre hace tratos limpios para conseguir lo que quiere y, si se entera de algún chisme, presiona con eso para no contarlo a cambio de favores. —Asiente.

—Hoy, cuando me dijiste lo de tu madrastra, lo llamé por teléfono para decirle que estaba por la ciudad porque mi novia estaba aquí y era su hija mayor.

—Pasa sus dedos por mi espalda—. Me invitó a la fiesta.

Y, bueno, Lars consiguió encontrar un sitio en que nos proporcionasen un esmoquin con tan poco tiempo. No tardará en venir.

—¿Lo han invitado también? —Asiente y me río divertida.

—¿Te ha molestado? —Me cuelgo de su cuello perdida en la vulnerabilidad de su mirada.

—Me ha encantado.

Nos besamos lentamente y pasa los dedos por mi corsé.

—No me gusta esto.

—Solo unas horas. Luego diré que me marcho a dormir. Y mañana regresamos. Lo hago por Gretel.

—Os parecéis.

—En nada.

—Tiene tu mirada, esa mirada de una mujer que se quiere comer el mundo. ¿Y qué es eso de que seré su suegro? —Me río.

—Cuando vio a Max hace años, me dijo que sería su futuro marido.

—Es decidida.

—Muy decidida, pero aquí le cortan las alas. No puede ser ella misma.

Entran más invitados y mi padre se nos acerca. Quiere llevarse bien con Bennet, así que de golpe no quiere que sea solo un mueble. Ahora tengo un «novio» influyente. Qué asco me dan.

Pasan comida y no puedo comer nada. De hecho, tampoco puedo respirar.

Darren solo se separa de mi lado cuando Lars llega y hablan de cómo han ido los negocios.

Los dos destacan sobre el resto porque están morenos.

Y son los más guapos del lugar, con diferencia.

Las mujeres no paran de devorarlos con la mirada y más de una se abanica, y no por el calor, sino por ellos.

Creo que es la primera vez que soy tan envidiada en una de estas fiestas.

—Es mucho más guapo en persona —apunta mi hermana.

—Sí, y está aquí.

—Te lo dije, está enamorado de ti. Y Lars es muy guapo, se dan un aire, aunque se parece más a Max, ¿verdad?

—Sí, salvo en los ojos, son casi iguales.

Mi hermana me abraza y nos hacen una foto juntas. Sé que luego irá a las revistas. Lo tengo asumido. Sacan los postres y luego mi padre baila con mi hermana. Darren se pone a mi lado.

—Tienes mala cara.

—¿Vas a bailar conmigo?

—Odio bailar. —Mete la mano en mi cuello y me acaricia—. Solo un baile, y luego déjame que te quite este corsé.

—Vale. Un baile y me quitas el corsé.

Mi padre acaba de bailar con mi hermana y viene hacia mí. Nunca ha querido bailar conmigo, y ahora sí le importo. Me mira con la mano tendida. No puedo dejarlo en ridículo, por eso la cojo y vamos a la pista de baile.

—Darren no está aquí para ti, padre.

—Ya veremos.

—No, ya verás tú como me encargo de que nunca haga tratos contigo. Es la primera vez que bailas conmigo. Y eso que soy tu hija.

—Sonríe y baila. Y sí los hará, querida. Si le importas, no querrá llevarse mal con su futuro suegro.

Por suerte, Darren me espera cuando acaba la pieza y bailamos juntos. Al mirarlo lo quiero ver con su sombrero vaquero, en su casa, bajo un manto de estrellas. Lo quiero ver en mi cama, o en la suya, no en este lugar lleno de falsedad.

Bailamos juntos y lo disfrutaría más si no sintiera que me falta el aire.

Darren se da cuenta y me saca de aquí al acabar el baile. Buscamos un cuarto vacío y al cerrar la puerta saca una navaja de su bota. Lo único de su estilo que lleva.

—¿Por si tenías que cortar cabezas? —Lo miro agitada—. Darren…, no puedo… —Tira de mi vestido y luego usa la navaja para cortar con precisión la faja.

Tomo aire como si acabara de salir del agua. Al fin puedo respirar.

La prenda cae y me quedo solo con el tanga y el liguero.

Acaricia mis pechos llenos de marcas y el estómago magullado.

Baja la cabeza y me besa cada centímetro de piel sonrojada.

Se pone de rodillas y baja mi tanga hasta que puede colar su lengua entre mis pliegues.

Me come el coño con hambre. Tiro de su pelo y acerco su cara a mi sexo.

—Más…, más.

—Te pone saber que te estoy follando en esta casa, cerca de ellos, ¿verdad?

Atrapa mi clítoris con sus dientes.

—¡Sí!

Tira de mi tanga y se levanta para besarme. Me saboreo en su boca. Gira mi cuerpo y me pide que me sujete a la mesa. Lo hago y mis pechos se aplastan contra la mesa donde hemos cenado tantas veces. En esta pequeña salita de la casa. Escucho como se abre los pantalones y luego me penetra con fuerza.

—Tan mojada…, no sabes cómo me pones.

—Como tú a mí. Estoy ardiendo, Darren. Te siento tan hondo… Más duro.

Gruñe y tira de mi pelo para levantar mi cabeza y besarme mientras presiona su cuerpo contra el mío. Yo empujo mi trasero hacia él y nos provocamos mientras nuestras lenguas se enredan.

Estoy chorreando. Noto como mis muslos se empapan mientras me empala con fuerza. Las paredes de mi sexo se contraen. Lo succiono. Jadea y me besa la espalda.

—Tan preciosa. —Toca mis curvas—. Tan perfecta.

Así me siento con él. Tremendamente sexi.

Nos movemos juntos hasta que nos corremos. Luego caemos en el suelo y me lleva a sus brazos.

—No pienso salir. —Se ríe.

—No vas a volver a esa fiesta. Ya has cumplido. —Asiento y le dejo besos en el cuello.

—Me ha gustado… ser tu novia. Aunque haya sido de mentira.

—No ha sido mentira, Bonnie. Eres mi chica —afirma, y no me atrevo a preguntar si solo mientras dure el verano. Lo abrazo y sueño por un segundo que podemos con esto, que encontraremos la forma de que Max lo entienda y que podré tener a los dos hombres de mi vida sin que ninguno salga lastimado.

Por un momento fantaseo con que al fin pueda tener este sueño.

***

Entro en mi cuarto con la chaqueta de Darren puesta y nada más.

En la mesa de mi escritorio hay comida de todo tipo.

Ha debido de pedir que me la subieran. Siempre pensando en todo.

Tras darme una ducha, ceno. Gretel se une a mí aún con el vestido puesto.

Se lo quita y pica un poco de todo. Dormimos abrazadas.

—Pronto estaremos juntas —le prometo.

—Sí, es mi sueño. Pero antes, seguro que me toca portar la dichosa corona. Soy demasiado perfecta. —Me río y la beso.

—Eres perfecta y preciosa, cariño.

—Y tú. Lo mejor de mi vida es tenerte como hermana.

Los ojos se me llenan de lágrimas y pienso que mi infancia no ha sido perfecta, pero presiento que la de ella tampoco. Al menos nos tenemos la una a la otra y ese es el mayor regalo que me podría haber hecho mi padre.