Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 37. Bonnie
86%

Capítulo 37. Bonnie

Bonnie

Darren conduce con Lars al lado. Yo voy detrás perdida en mi mundo.

Al parecer tienen que ir a ver unos caballos de cría para el rancho y aprovechan para llevarme.

Cuando dije que me iba, Max insistió en traerme él, porque sabe cómo me afecta y que no estaba bien para conducir.

Darren estaba cerca y comentó lo de este viaje y que podían dejarme en mi casa y luego recogerme.

—Sí, mejor así —respondió Max, relajado.

Odio mentirle, pero sé que no quiere escuchar la verdad. No está listo para saber que estoy enamorada de su padre. Muy enamorada. Miro a Darren de reojo y, como si lo notara, me observa por el retrovisor. Sonríe como diciendo: todo irá bien, yo cuido de ti siempre.

¿Cómo no enamorarse de alguien así?

Ojalá pudiera acompañarme al baile. Pero es algo que debo hacer sola.

—¿Te llevamos directa a la mansión?

—No puedo ir con estas pintas, mi madrastra se pondría furiosa. Dejadme en la ciudad para que compre algo…

—Te esperamos. —Lars asiente ante las palabras de su amigo.

Lars se ha encargado de preparar este viaje, y siento que necesitaba hacerlo, alejarse del pueblo.

De Tara. He hablado con ella y nunca me pregunta por su marido.

Nunca. Es raro. Y habla mal de esta historia.

Lars parece abatido y ella, como si todo fuera genial en su vida.

Por lo que sé, el pequeño pasa más tiempo con sus abuelos y con la niñera que con su madre.

Se va por las tardes a la ciudad, o al pueblo vecino, a darse una vuelta.

No me ha pedido que la acompañe. Y eso es raro.

¿Qué esconde? Siento pena por Lars, la verdad.

Cuanto más lo conozco, más sé que es de esos hombres que merece la pena tener para siempre en tu vida.

Vamos hasta una tienda de ropa y les pido que me esperen.

La mujer me conoce y me dice que tiene algo perfecto para mí.

Cuando deja junto a la ropa un corsé, sé que es su forma de decirme que mi madrastra no entenderá mis curvas.

Lo miro agitada. Usé muchos desde que me cambió el cuerpo. Los odiaba, no me dejaban respirar.

Y eso me pasa cuando me lo pongo, y luego el vestido de color azul marino. Al mirarme, parezco otra. Esa mujer recatada que mi madrastra siempre ha querido ver en mí.

—Deberías maquillarte las pecas, cariño. ¿Te ayudo con eso?

—Sí, gracias, Mery.

Ella no lo hace para hacerme daño, sino porque mi madrastra es su clienta y por desgracia conoce bien sus gustos. Vamos a la trastienda y me maquilla.

—Estás preciosa, Bonnie. Más que nunca. Cuando te he visto he dicho: joder, pedazo de mujer…, y luego vi que eras la pequeña Bonnie. Siento que tengas que ocultarte por ella.

—Yo también, hago esto por Gretel.

—Lo sé. De las dos, tú siempre fuiste la que tuvo más suerte.

Asimilo sus palabras y sé que es cierto. Vivir a la sombra de esa mujer es mejor que haber sido moldeada por ella. Como Gretel. Al acabar me dice que carga todo en la cuenta de mi padre y le doy las gracias. Me tiende un vestido para esta noche y salgo de la tienda.

Darren levanta la cabeza y al verme sé que no le gusta lo que ve.

—¿Qué mierda te has hecho?

—Es lo que debo llevar…

—No eres tú. ¿Y qué les pasa a tus curvas?

—Darren, para, no puedo hacer esto si no me apoyas.

—Te apoyo, cariño, pero eres tan preciosa que verte ocultar tu luz duele.

Acaricia mi mejilla.

—Luego seré tu chica de verano de nuevo. —Me alzo para besarlo y me pone las manos en la cintura—. Me alegra tenerte aquí.

—Quiero saberlo todo de ti. Hasta lo que odias. —Pasa los dedos por mi espalda—. No cometeré más el error de mirar hacia otro lado por alguien que me importa.

—Gracias. Podemos irnos, tengo una función a la que acudir.

***

—¡Bonnie! —Gretel corre a mis brazos. Me saca una cabeza, porque no llevo tacones. Mide uno setenta. Y yo no llego al metro sesenta.

Es tan preciosa que duele mirarla. Y cada día que pasa lo es más.

Para desgracia de mi hermana. Dudo que alguien pueda equiparársele en belleza y educación.

No tengo dudas de que será elegida Miss USA y eso marcará su vida y sus sueños.

Porque su madre seguro que la ha presentado a ese certamen, y no al de Miss América, como hizo ella, para, si gana, poder llevarla luego al de Miss Universo.

—Estás preciosa.

—¿Y por qué lloras? —Llora conmigo—. Tú también te has dado cuenta, ¿no? —Nos abrazamos—. Soy una puta belleza, nadie me hará sombra en ese concurso de mierda.

—Bueno, si cuando te pregunten por qué quieres la corona dices que por la zorra de tu madre, seguro que nadie te la da. —Nos reímos juntas. Es lo que decía de niña cuando le tocaba practicar para los concursos.

—¿Te imaginas la cara de todos? —Nos miramos cómplices—. No lo haré, se lo debo a ellos. —Se refiere a sus abuelos.

—Lo sé. Y te apoyo en todo.

—Estoy segura, y luego viviré contigo en el rancho.

—No voy a vivir allí.

—Anda que no, ese vaquero te quiere, estoy convencida de ello. Lo he visto mirarte al entrar en la casa. Lo hacía como el que contempla lo más preciado de su vida.

—No es así…, Max.

—Max ya es mayorcito. Le toca librar una batalla más. Antes de que el destino nos una y tengamos hijos preciosos juntos.

—De verdad, me gustaría ser como tú. —Se ríe hasta que unos pasos nos hacen perder la sonrisa a las dos de golpe.

—Bonnie —dice Aldara.

—Hola. —Me mira de arriba abajo y el corsé no basta para contener su desprecio.

—Te has puesto más gorda.

—Sí, es lo que tiene tener un cuerpo precioso de bonitas curvas.

—No en mi casa. Pediré un corsé completo, y más maquillaje para las pecas, y tinte para el pelo. Qué colores…

—¡Ya basta, mamá! —Gretel se pone ante mí y su madre la mira de una forma que da miedo—. Vamos a mi cuarto.

—Sí, mejor desapareced de mi vista.

Sigo a Gretel y es como volver a mi infancia. Ahora recuerdo por qué odiaba estar aquí. La tensión que se respira en el aire me mata por dentro. Me anula hasta hacerme pequeñita.

Vamos por el pasillo donde están bien visibles todos los trofeos y coronas de Gretel y de mi madrastra. Todos con fotos de esos momentos. Odiaba este pasillo, a la vista de todos, para que cada invitado viera esto antes que nada.

Subimos a la primera planta y vamos derechas al cuarto de Gretel. Dejo en el suelo la bolsa que llevo con el vestido y nos abrazamos.

—¿Te pega? —digo apretándola fuerte.

—No se atrevería a dejarme una marca en la cara. —Eso es cierto y alivia en parte mi miedo—. Piensa que en unos meses estaré contigo viviendo la buena vida.

—Vas a vivir conmigo, pero vas a estudiar una carrera. Yo tengo algo ahorrado y…

—No quiero eso.

—Gretel, no es discutible. —Se tira en la cama y hago lo mismo.

Giro la cabeza y nos miramos. Somos tan diferentes que no parecemos hermanas. A ella mi madre le quemó las pecas. Antes eso era lo único en que nos parecíamos.

—Qué alegría tenerte aquí. —Noto como sus ojos se llenan de lágrimas.

—Eh, peque… ¿Estás bien?

—Estoy harta de todo esto, pero queda poco, ¿verdad?

—Verdad.

Quedará más si gana el concurso. Las dos lo sabemos. Pero luego, luego será libre y vendrá a donde yo esté. Darren me escribe para ver cómo va todo. Le cuento lo de mi madrastra mientras me arreglan el pelo.

Darren: Ten cuidado.

Bonnie: Siempre lo tengo. Seguramente me muera de hambre.

Darren: ¿Por?

Bonnie: Mi faja no le ha parecido suficiente…, no era consciente del daño que me hacía.

Darren: Max me dijo que contabas las calorías.

Bonnie: Por si me decía que viniera. Nunca me he sentido tan libre como en tu rancho. Querría estar ahí ahora, contigo.

Darren: Mañana todo habrá pasado, cariño. Y si de mí depende, no volverás a esa casa jamás.

Bonnie: ¿Me atarías a tu cama para evitarlo?

Darren: No me tientes con la idea. ¿Llevas ya el corsé puesto?

Bonnie: No, hasta dentro de dos horas.

Darren: Perfecto.

No escribe más y dejo que me sigan arreglando el pelo. Al poco tocan a la puerta de mi cuarto. Es el mayordomo con una caja.

—De su novio, querida. Ha dicho que era urgente.

Cojo la caja y cuando la abro dentro hay dónuts glaseados, galletas y café en termo. También una nota escrita por Darren:

Ya sabes el placer que me da cuidarte. Disfruta antes de la fiesta. Y no dudes nunca de tu belleza, eres la mujer más preciosa que he conocido nunca y perderme en tus curvas, mi pasatiempo favorito.

Tu vaquero

Emocionada, corro al cuarto de mi hermana y se lo enseño todo. Cojo un dónut y les pido a las peluqueras que no digan nada.

—Tu novio, ¿eh?

—Bueno —chupo mis dedos. Mi hermana me hace una foto—, se toma muy en serio ser mi chico de verano.

—Eso sin duda, y sabes que estás loca por él, ¿verdad?

—Lo sé.

Su madre nos regaña y me llevo la caja a mi cuarto. Entra hecha una furia y me tira la caja al suelo.

—¡En mi casa, esto no! ¡Si quieres ser una gorda, no en mi casa!

—No soy una gorda y nunca lo he sido. Tengo un buen par de tetas. De las cuales mi novio no tiene queja. —Grita por mi descaro—. Y ahora, déjame que me terminen de peinar.

—Más te vale no dejarnos en evidencia.

—Eso ya lo haces tú sola cada vez que abres la boca.

Nunca en toda mi vida le he hablado así; le tenía miedo, pero ya no. Cojo el dónut que ha caído encima de otro y me lo como ante su atenta mirada. Le molesta. Le jode no tener más poder sobre mí.

—Con faja, o se lo haré pagar a tu hermana.

Cierra la puerta dando un portazo. Vale, si amenaza a mi hermana me tiene.

Mando a Darren la foto que me hizo mi hermana y luego le cuento lo de mi madrastra.

A la hora de ponerme la faja, siento que me falta el aire.

Me llega desde la rodilla a los pechos. El vestido que elegí no les ha gustado.

Han traído otro. Azul oscuro, de tirantes.

Sencillo y feo a partes iguales. Y mi pelo lo han arreglado en un moño bajo. Discreto. Mando foto a Darren.

Darren: Tu madrastra no es tonta, sabe que si te deja brillar le harás sombra. Estás preciosa siempre. Nos vemos.