Capítulo 34. Darren
Darren
Entro en casa de mi abuela y Rob me saluda y dice que va a preparar café. Llevo la carpeta. Lars espera que sea yo quien le cuente todo, puesto que yo he sido el que se ha metido por medio. Él, por su parte, no quiere que nadie más lo sepa.
No he visto a Bonnie, pero sé que está mejor.
Max cuida de ella. Le he escrito por el móvil y cuando me ha respondido dice que está mejor.
No lo creo, porque siempre responde rápido y ahora tarda.
Se pasa casi todo el día dormida. No me gusta que esté mal y no estar a su lado, por eso estoy aquí, para tener mi mente ocupada con otra cosa.
—Listo. —Rob deja todo en la mesa y Saril sirve el café—. ¿Qué son esos papeles?
—Justicia. —Se los tiendo y los saca de la carpeta. Conforme los lee pierde el color—. No era tu antepasado el ilegítimo, eras tú. Tú eras hermano de mi abuelo y estabas enamorado de su mujer.
Miro a Saril y veo que no se sorprende; lo sabía todo.
—Era su secreto. —Me responde cuando la miro.
—No tenías por qué hacer esto.
—Tal vez tú no quieras lo que te pertenece por derecho de nacimiento. Pero Lars se lo merece y quiero que ocupe su lugar a mi lado. Es un Bennet. ¿Cómo es que llevas el apellido y no quieres nada?
—Eso fue cosa de mi madre. Ella le pidió a tu bisabuelo que me diera su apellido a cambio de su silencio.
Diría que mi padre era un hombre que casualmente se apellidaba igual y no admitiría nunca que yo era hijo suyo.
Y no lo hizo. Pero la gente sospechaba al llevar el apellido.
Yo siempre he sabido la verdad y que tu abuelo era mi hermano.
No quería tierras, ni nada más, hasta que se casó con Saril, porque a ella sí la quería. —Saril lo mira con cariño.
—Lars merece su parte y voy a luchar por dársela.
—Si la acepta, no me interpondré.
—¿No te importa que sepa la verdad?
—Mi madre fue la que hizo la promesa, no yo. Yo no necesito más. —Acaricia la mano de Saril—. Pero si Lars quiere ayudarte y estar a tu lado, os apoyaré. Tú no eres como tu abuelo, él nunca hubiera hecho esto.
—¿Lo sabía?
—Sí, se lo dije y me dijo que más me valía estarme calladito y no admitir esa verdad o me despediría. Pensé muchas veces en irme lejos. Pero tenía que proteger a Saril y luego, cuando ya había decidido marcharme, apareciste tú. Eras parte de mí también. Mi sobrino nieto. Tenía que cuidar de ti.
—Gracias. Ahora yo cuidaré de los míos, cuando Lars acepte.
—Dale tiempo, bastante tiene ahora con el marrón con su esposa —esto lo dice mi abuela—. A mí Tara nunca me ha terminado de gustar, pero Lars está enamorado. Me tocó callarme. No creo que duren más allá del verano.
—¿Qué sabes, abuela?
—Nada —miente, pero si no quiere contar nada, no lo dirá—. Solo te digo que si te pide tiempo, dáselo. Lars tiene que lidiar con cada problema a su tiempo.
Me quedo un rato con ellos antes de bajar al pueblo a por unas cosas. En la tienda de ropa encuentro a Tyre.
—Qué raro verte por aquí y que no mandes a nadie —me pica.
—Lo mismo digo.
—No hay mucha gente en mi rancho que quiera arrimar el hombro.
—Es lo que tiene tener tierras, pero poca cabeza.
—Bueno, ya vendrán cosas mejores. —Paga y va a irse, pero se detiene—. ¿Bonnie está bien? Dijo que estaba con gripe. —Me aguanta la mirada; no puedo negar que tiene los huevos bien puestos.
—Sí, está mejor. Mi hijo la está cuidando.
—Me alegro… Max merece su venganza —admite—. Suerte en las peleas.
—No la necesitamos, los Bennet vamos a hacer morder el polvo a todo Landry que se ponga por delante.
—Si aceptas un consejo…, hazte a un lado. Esto es cosa de él contra ellos. Si eres tú el que le roba la venganza, nunca pasará página.
Y sin más, se marcha. Pienso en lo que me ha dicho y tiene razón. Pero no sé si podré quedarme al margen. Lo que le hicieron a Max arde en mis venas. Quiero venganza.
Pero ya no es un niño…
***
Saco las fotos que el abuelo tenía guardadas de sus antepasados.
Las pongo en la mesa de mi despacho y escojo varias.
En ellas sale mi abuelo de joven; era muy apuesto.
Sus padres, igual. No tuvieron más hijos.
Al menos, no dentro del matrimonio. Sigo pasando fotos y veo un retrato de los abuelos de mi abuelo.
Él es igual a Max y a Lars. Salvo por los ojos dorados que ha heredado Lars de la madre de Rob.
—Hola. —Max entra en el despacho y le muestro el retrato—. Joder, qué miedo da verte reflejado en un retrato tan antiguo. ¿Lo ha visto Lars? Lo mismo de aquí vienen…
—No. —Le cuento todo—. De momento nadie debe saber todo esto, hasta que Lars acepte su parte.
—Me parece bien que le des lo que le corresponde.
—Sí. ¿Cómo está Bonnie? —Guardo las fotos para que no vea cuánto me inquieta su respuesta.
—Mejor, estaba viendo una serie. Ya casi no tiene fiebre.
El alivio que siento se refleja en mis ojos, por eso no lo miro. Se marcha a buscar algo para comer y regresar con Bonnie.
Darren: Al parecer, ya estás mejor.
Bonnie: Muy aburrida. ¿Subes a hacerme compañía?
Darren: Si pudiera, nadie me hubiera separado de tu cama.
Bonnie: Lo sé, te encanta cuidarme. Te echo de menos, Darren. O esta gripe se va pronto y recupero mi vida, o me va a dar algo.
Darren: Pienso lo mismo. Ya recuperaremos el tiempo perdido.
Bonnie: Espero que sea una promesa.
Guardo el móvil y sonrío. Desde que ella ha llegado a mi vida lo hago más que nunca. Ella me hace feliz. Entonces pienso en Max, en lo que me ha contado de su pasado, y me siento un padre de mierda por lo que siento por Bonnie.
Tengo mucho que procesar.