Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 32. Bonnie
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Capítulo 32. Bonnie

Bonnie

Voy quitándome prenda a prenda sintiendo sus ojos azules puestos en mí. Están oscurecidos por el deseo y veo el hambre voraz brillando en ellos. Nunca me he sentido tan hermosa desde que lo conocí. Como si a su lado hubiera salido a la luz esta mujer sexi y preciosa que se moría por ser vista.

Cuando me siento a horcajadas sobre él, no llevo nada salvo el rubor de mi piel.

—Podría pasarme toda la vida mirándote. —Pasa los nudillos por mis pezones, que se fruncen ante su contacto. Jadeo—. Tienes que estar callada, cariño, o mandaremos todo a la mierda antes de tiempo.

—Ya sabes que me pone ser la chica mala.

Tiro de su camiseta y luego beso cada centímetro de su piel mientras me contoneo sobre él. Ya noto su dura polla presionando contra los vaqueros. Sus manos están en mi trasero y clava sus dedos en mi piel. Lamo y succiono sus labios, perdida en lo que me hace sentir su cuerpo.

—Azótame, vaquero. —Gruñe y luego me da un azote en el trasero que va directo a mi sexo—. Más.

—Vas a matarme, Bonnie.

Me azota una y otra vez. Jadeo en su boca cuando me besa.

—Darren…, te quiero dentro. Necesito que me llenes.

—Pues remédialo. Soy todo tuyo.

No lleva cinturón y abro los botones de su pantalón hasta que su miembro duro sale libre, porque tampoco lleva ropa interior.

—Eres un provocador, Darren. —Subo y bajo la mano por su polla. Está mojada de la excitación y me arrodillo para llevarla a mi boca—. Me encanta chuparla.

Darren aprieta las manos en los apoyabrazos del sofá hasta que se le quedan los nudillos blancos. Hay algo embriagador en tener a un hombre tan grande y fuerte derretido ante tus atenciones.

—¿Quieres estar aquí dentro? —pregunto metiendo un par de dedos en mi sexo.

—Ten piedad de mí, cariño.

No la tengo. Lamo su pene hasta que no puede más ni yo tampoco.

Solo entonces me levanto y, tras sentarme sobre él, voy dejándome caer sobre su miembro, notando como mi cuerpo se abre a la invasión.

Las paredes de mi sexo se contraen. Noto como mis nervios internos se agitan.

Poco a poco me dejo caer, hasta sentir que llega al fondo.

—Me siento tan llena de ti.

—Madre mía… —Darren busca mi boca y nos devoramos mientras apoyo los brazos en sus hombros para poder moverme mejor.

Contoneo mi cuerpo hacia delante y hacia atrás. Mi clítoris se roza contra su cuerpo y repito una y otra vez, sintiendo como la fricción en esa zona y sentirlo clavado hasta el fondo, duro y grueso, me desatan.

—Es tan bueno —le digo. Muerdo su boca.

Se hace con el control de mi cuerpo y alza la pelvis para clavarse más hondo mientras presiona mi cuerpo hacia abajo.

Baja los besos por mi cuello hasta mis pechos.

Lame y muerde levemente mis pezones. Nuestros cuerpos se mueven juntos.

Mi mano va a parar a mi sexo y me froto el abultado clítoris ansiando la liberación.

—Eso es, preciosa, date placer sobre mí mientras mi polla se clava en tu precioso coño. —Repite lo de la pelvis y no puedo más—. ¿Te gusta sentirme dentro?

—Mucho. Cada vez es mejor.

—Sin duda.

Moja con mis jugos sus dedos y luego los lleva a mi trasero y presiona en el centro. Mete la punta y no puedo más. Son demasiadas sensaciones. Me dejo ir sobre él mordiendo mi labio para no gritar de puro éxtasis. Darren se derrama en mi interior y eso prolonga mi orgasmo.

Al acabar caigo sobre él sin fuerzas.

—No quiero que te vayas. —Acaricia mi espalda.

—Voy a dormir contigo, Bonnie.

Sus palabras me hacen vibrar. Me gusta el sexo con él, pero más aún cuando tras este me abraza y no me hace sentir usada. Con mi ex era así. Tras el acto se iba a sus cosas o a su casa, y la verdad era que yo me sentía aliviada. Tantas señales que no quise aceptar.

***

Estamos en la cama tras limpiarnos. Darren acaricia mi mano posada en su pecho desnudo.

—Anoche no necesité la infusión.

—Yo tampoco —me responde, y besa mi nariz—. Pero si la necesitas, bajo a prepararla.

—Tal vez solo te necesito a ti. Me haces sentir segura.

Siento haber revelado demasiado. Voy a decir algo, pero su boca me silencia con un beso dulce que no hace más que alentar lo que late bajo mi piel por este hombre.

—Duerme, preciosa, yo cuido de ti.

Lo abrazo sintiendo que podría quedarme para siempre aquí, cerquita de los latidos de su corazón.

Darren

El amanecer se abre paso por el cuarto de Bonnie y es un recordatorio de que me tengo que ir antes de que Max descubra que estoy aquí. Se ha girado y duerme abrazada a la almohada. Su culo respingón está girado hacia mí y puedo ver parte de su sexo, sonrojado por lo que hicimos ayer.

—¿Vas a irte ya? —me dice con la voz ronca.

—Puedes dormir algo más.

—No quiero. —Va a girarse. Se lo impido poniendo mi mano en su hombro—. ¿Qué quieres hacer?

—De todo. Quédate así, preciosa.

Cojo el móvil y le hago fotos para cuando esta mujer no sea más que un recuerdo y las necesite para poder vivir sin ella. Se las enseño y noto como su sexo se contrae de placer.

—Te excita saber que me correré con ellas, ¿verdad?

—Mucho. —Meto un par de dedos en su sexo.

—Ya estás lista para mí.

—Siempre.

Gruño. Colmo de atenciones su sexo hasta que no puede más y solo entonces entro en ella con una firme estocada. La atraigo a mi pecho y me muevo mientras tiro de sus pezones. Busca mi boca. Nos besamos mientras aprieta su trasero contra mí.

—Si haces eso me correré pronto.

—Me encanta sentirte hasta el fondo. —Lo repite y luego su vagina me succiona.

—Mierda, Bonnie…, eso que haces me va a matar.

—¿Esto? —Inocente, contrae sus músculos internos y los dos jadeamos entre susurros para no despertar a nadie.

Muerdo la curva de su cuello. Mi mano busca su sexo y juego con su clítoris.

—No te corras.

—Estoy a punto… Más duro.

—No te corras. Quiero devorarte este coño antes de irme y que te dejes ir en mi boca.

Su sexo se contrae sobre mi polla. Salgo y entro en ella con fuerza hasta que estoy a punto y entonces salgo para correrme sobre su redondo trasero. Pinto su cuerpo con mi semen caliente.

—Darren.

Pongo su cuerpo pegado a la cama y mi boca vaga hasta su sexo empapado.

Lamo su raja de arriba abajo. Lo hago una y otra vez.

Me encanta cómo sabe. Su sabor me vuelve loco.

Y más alzar la vista y verla tan excitada por mis atenciones.

Con los pezones duros, el pelo revuelto y los labios rojos por mis besos.

—Me vas a recordar todo el día aquí.

—¡Sí!

Subo y bajo la lengua por su sexo hasta llevarla a su vagina. La endurezco para meterla y sacarla mientras mis dedos hacen círculos en su nudo de nervios. No dejo de hacerlo hasta que su cuerpo se contrae y se corre con fuerza en mi cara.

Al acabar nos besamos y la llevo hasta la ducha en brazos.

Cuido de su cuerpo y de ella. Mimarla se ha convertido en mi pasatiempo favorito. Luego la envuelvo con la toalla y la dejo en el sofá mientras cambio las sábanas. Cuando voy a buscarla está dormida en el sofá. La dejo en la cama sin que se entere de nada.

Tengo que irme, pero me cuesta dejarla atrás. Como si tuviera miedo de que esta burbuja de felicidad se rompiera si la pierdo de vista.

Cojo mis cosas y me marcho con cuidado, recordando que todo esto es pasajero. Acabará cuando termine la época veraniega. Ella regresará a su vida y yo…, yo me quedaré aquí, extrañándola cada día.