Capítulo 31. Bonnie
Bonnie
Entro en la cocina para desayunar. Darren se ha ido, porque le han avisado que una yegua se ha puesto de parto. Su boca estaba en mi sexo mientras el amanecer se abría paso. No ha cogido el teléfono hasta que me he corrido con fuerza en su boca.
Luego lo he visto responder, duro como una piedra y gloriosamente desnudo. Este hombre no tiene un solo gramo de grasa y su cuerpo es una fantasía para la vista. Y lo que queda del verano es todo mío.
Temí que al despertar se hubiera arrepentido. No fue así. Me estaba mirando dormir con la sonrisa más bonita que le he visto nunca. Nos besamos. Y su boca acabó entre mis piernas.
Se fue y subí a mi cuarto a prepararme para el nuevo día. Tengo el sexo dolorido por todo lo que hicimos anoche. Pero es un dolor placentero. Muy placentero.
Max no me ha escrito y tampoco ha vuelto. Seguro que acabó en la cama de alguna. Max usa los estudios, el trabajo y el sexo para evadirse de la vida.
Darren no me ha podido dejar preparado el desayuno, pero hoy me ha cuidado de otra forma.
Sonrío como una tonta al recordar lo de anoche.
Con mi ex el sexo era hasta doloroso, porque no estaba lista para él y cuando lo tenía dentro era incómodo.
También, seguramente, fuera culpa mía por no decir basta.
No me gustaba, pero pensaba que era normal ese dolor y esa falta de deseo.
Que mi cuerpo era así. Estaba equivocada.
Si hay deseo, hay excitación y el cuerpo de la mujer se prepara para disfrutar.
No pasa cuando lo hacemos por obligación.
No pienso conformarme más.
Me gusta quién soy con Darren, esa mujer que exige y da. Que no siente vergüenza de darse placer porque disfruta de los ojos que la miran cargados de deseo y de promesas.
Preparo algo para comer sintiendo que estoy en una nube. Suena un mensaje y cuando lo miro veo que es de Darren. Es una foto del potrillo:
Darren: Le hemos puesto tu nombre a la nueva yegua del rancho.
Los ojos se me llenan de lágrimas. Es una yegua de color castaño. Casi como mi pelo. Y tiene una mancha blanca en el ojo.
Bonnie: Es preciosa.
Darren: Como tú. ¿Has desayunado?
Bonnie: Estoy en ello. ¿Me vas a castigar si no lo hago?
Darren: Por supuesto que sí :P
Bonnie: Esa lengua mejor entre mis piernas.
Darren: Joder, Bonnie, me pones duro en seguida.
Bonnie: Así me gusta, vaquero. Duro por su chica de verano.
Al cabo de un rato decido cambiarme e ir a conocer a la yegua, y sí, así tener una excusa para ver a Darren. No puedo esperar. Quiero verlo y sentir que todo sigue como ayer, que, aunque va a ser complicado, buscaremos la forma de que este verano sea inolvidable para los dos.
De camino a donde están los caballos llamo a mi hermana para contarle todo aprovechando que no hay casi nadie en el rancho, al ser domingo. Alucina y luego se pone a chillar de emoción como una loca.
—Bueno, ya era hora de que tuvieras sexo de verdad.
—A mí me ha costado más que a ti. —Se ríe.
—No te engañes, Bonnie, me gusta el sexo, pero pocos hombres saben follar bien. Algunos creen que solo con meterla ya está todo hecho.
—Bueno, yo creo que después de Darren estoy jodida para los restos.
—Eso seguro. Montar al vaquero es lo que tiene.
Hablamos un poco más hasta que llego a las caballerizas. Al entrar dudo si estarán aquí o en otro lugar. Escucho voces en el último box y reconozco las de Darren y Lars. Siento mariposas en mi estómago antes de verlo y mi cuerpo recuerda su forma de follarme.
Mierda, estoy ardiendo.
Al llegar lo veo al fondo, al lado de Lars. Lleva los vaqueros que le vi antes de irse y una camiseta negra. Su sombrero calado negro oculta sus ojos. Unos ojos que yo me sé de memoria.
Darren siente que lo observo y se gira. Al verme sonríe de esa forma ardiente que me enciende y agita mi cuerpo.
—Hola, quise venir a conocer al nuevo potrillo.
Darren me sonríe y luego se aparta para que pueda ver al potrillo. Ando hasta el animal y me dice cómo puedo tocarlo. Acaricio su cabecita y su lomo con cuidado. Me enamoro al instante del animal.
—Es hija de mi caballo —me informa.
—Y le has puesto mi nombre. —Nos quedamos atrapados en un intercambio de miradas hasta que lo llaman para que se vaya.
Lars se queda conmigo y me explica cómo ha ido el parto.
Cuantas más cosas sé del rancho, más conocimientos quiero.
Este lugar tiene infinidad de trabajos. Ando con Lars hasta la zona donde se ordeña a las vacas para obtener la leche que luego usan para hacer queso.
Al salir, dice que me acompaña a la casa grande.
—¿Has sabido algo de Tara? —pregunta.
—No. ¿No has hablado con ella?
—No. Estoy algo cansado de sus numeritos para llamar mi atención.
—Tal vez lo haga por algo. Lo mismo le preocupa alguna cosa y no sabe cómo sobrellevarlo. —No comenta nada, solo asimila mis palabras.
—La quiero mucho, Bonnie, pero el amor es algo más que llevar al límite a una persona solo por aburrimiento. ¿Qué pasaría si fuera al revés? ¿Si yo me dedicara a salir de fiesta y provocar a mi mujer para ponerla celosa?
—No me gusta lo que hace, por eso pienso que tal vez haya algo más. ¿Antes era así?
—Antes de nuestro hijo no lo creo. Pero después cambiamos los dos. Un niño te cambia aunque sea deseado, lo ames con locura y sea lo mejor que te ha pasado. Yo me centré en Robin porque ella está centrada en otras cosas. Alguno tiene que ser el padre responsable.
—¿No era buscado Robin?
—No. Aunque habíamos hablado de tener hijos, cuando Tara se quedó embarazada nos pilló por sorpresa. Habíamos estado usando protección…, pero Robin estaba ahí.
—Y lo querías.
—Ella no lo tenía claro. Ahí empezaron los problemas. Quería plantearse el aborto, porque su cuerpo iba a cambiar. Yo no quería, pero no era mi cuerpo, así que no le dije lo que pensaba. La dejé tomar la decisión, aunque por dentro la idea del aborto me matara.
—Tiene que ser duro estar en esa situación.
—Cuando se hizo pruebas descubrió que estaba de más tiempo del que creía y abortar ya no era posible. Pasó un embrazo complicado, pero cuando nació Robin me dijo que se alegraba. Pero luego, tener un hijo le quitaba mucho tiempo.
—Y eso os ha distanciado.
—Eso y mi trabajo, pero para pagar la tienda de Tara necesito trabajar el doble. Su negocio no proporciona suficientes ingresos. Y luego están la casa, el niño… No es que no quiera estar con ella. Es que la vida a veces te priva de eso. Y estoy cansado, Bonnie.
—No mereces que ella te haga pasar por eso cuando quiere algo más de ti.
—No, supongo que se habrá ido con su hermana a pasar el fin de semana, a veces lo hace.
—Seguramente, aunque Tara habla muy poco de Meissa.
—Solo se acuerda de ella cuando quiere ir a la ciudad.
Llegamos a la casa.
—Espero que todo se resuelva —le digo antes de despedirme de él y entrar en la casa de Darren.
Tras lavarme las manos y cambiarme de ropa decido preparar algo de comer. Cuando escucho abrirse y cerrarse la puerta de la casa, ansío que sea Darren. Pero sé que no es él por los andares. Podría reconocerlo solo con eso. Max entra en la cocina con la misma ropa de ayer.
Se acerca a mí y me abraza apretadamente por detrás. Apago el fuego y me quedo quieta mientras absorbe mi fuerza.
—¿Todo bien? —pregunto, aunque sé la respuesta
—No.
—Deberías dejar de usar el sexo para olvidarte de tus mierdas. —Por cómo se tensa sé que he dado en el clavo.
Giro y lo abrazo. Nos quedamos así hasta que Max me dice que se va a duchar y que luego bajará a ayudarme con la comida.
No es la primera vez que, tras una noche loca, luego se despierta agitado y nervioso.
Le gusta el sexo, pero no siempre le gustan al día siguiente las mujeres con las que se va a la cama, y se pregunta por qué narices se dejó llevar.
Max regresa y acabamos la comida. Darren responde a su hijo cuando este le pregunta y le dice que no vendrá a comer.
Siento desilusión, aunque tal vez sea mejor para no ocultar lo que siento al mirarlo.
Por la tarde, Max sube a su cuarto para trabajar y yo me quedo en el salón leyendo por si aparece Darren.
Cuando lo hace estoy a punto de ir a hacer la cena.
Nos encontramos en la entrada y me pregunta dónde está Max tras quitarse el sombrero y dejarlo en la percha.
—En su cuarto.
Sonríe y me acerca a él para besarme.
—Llevo todo el día deseando hacer esto. —Nos besamos de nuevo hasta que escuchamos abrirse la puerta de Max—. Luego iré a tu cuarto. —Mi sexo se contrae ante su promesa.
Deja un beso en mi cuello y se marcha a ducharse. Lo escucho hablar con su hijo mientras voy a la cocina. Los labios me arden por sus besos y me echo agua en el cuello para refrescarme. Madre mía, y solo ha sido un beso.
Max es el primero en bajar a cenar y por eso, cuando Darren lo hace, intento no mirar a este último en toda la cena.
Por suerte, Max le cuenta a su padre lo que está planeando para hacer que la zona ecológica no reciba solo pérdidas.
La conversación es interesante y me encanta verlos compartir ideas.
Son muy parecidos. Aunque mi corazón solo late con fuerza por Darren.
Al acabar la cena, Darren recoge mientras Max propone ver algo en la tele. Acepto y vemos un programa de pruebas. Darren se despide hasta mañana y sube a su cuarto. La ansiedad se instala en mi pecho, aunque dijo que luego nos veríamos.
—Estoy agotado —anuncia Max al cabo de un rato—. ¿Te quedas un rato más?
—Sí. —Deja un beso en mi mejilla tras darnos las buenas noches.
Escucho como sube las escaleras y entra en su cuarto. Me quedo el tiempo justo antes de apagarlo todo y subir al mío. Abro la puerta y veo una luz tenue iluminar el sofá y la cama. En el sofá está Darren, que me observa acercarme de forma hambrienta.
—Llevas mucha ropa. Ven aquí… sin nada encima.
Tiro de mi vestido, excitada y ansiosa por montar al vaquero.