Capítulo 30. Darren
Darren
Bonnie sale del aseo acalorada y sin su tanga.
No me mira, pero sus labios siguen rojos e hinchados por mis besos.
Desde que la vi aparecer supe que sería imposible mantener mis manos apartadas de ella.
Estos días me ha costado no hacer nada. La echaba de menos y ver sus fotos por la noche solo servía para torturarme y excitarme.
Mis manos no bastaban para apagar el fuego que siento por esta mujer.
Su mirada se cruza con la mía, muerde su boca y luego recuerda que está enfadada por haberla dejado a medias. Sonrío y doy un trago a la cerveza fría que estoy tomando.
—Lo tienes jodido para resistirte a ella. —Lars se pone a mi lado.
Ehud no ha venido al final y Max se ha ido cuando ha intentado algo más con Bonnie y ella se ha puesto rígida y lo ha apartado.
Ver a Max triste me duele, pero cuando ella lo rechazó respiré tranquilo.
Cada día me invade el temor de que cambie de idea respecto a Max.
Por eso la besé. Necesitaba saber que esa boca seguía siendo mía.
¿Y ahora?
No lo sé. Ya no tengo claro que por una vez no quiera ser egoísta y decidir qué deseo yo por encima de todo.
—Dudo que pueda resistirme —admito ante mi amigo.
—Al menos sabemos que Max no le gusta, ni tampoco Tyre. Los vi juntos y tampoco hay nada por parte de él. La verdad es que no esperaba que un Landry fuera tan atento con la gente mayor.
—Se rumorea que el padre de Tyre es hijo del dueño. Y es un cabronazo borracho, no creo que le dejen el rancho a él. Tal vez herede.
—O la madre de mi cuñada. Es hermana del padre de Tyre, si los rumores son ciertos. Pero tal vez él no quiera heredar por ser ilegítimo.
—Eso es una tontería, Lars. Merece el rancho igual que tú el nuestro. —Se tensa—. He pedido una prueba de ADN.
—Eres un cabrón —me dice sin parecer enfadado.
—No tengo dudas, te pareces a mí y a Max. Joder, parece más tu hijo que el mío. No llevas mi apellido por casualidad. Quiero hacer justicia, y si para eso necesitas una prueba de que eres mi familia, la aportaré.
—No quiero el rancho.
—Yo sí quiero tenerte conmigo. Así podré ser algo más que el dueño. Quiero una vida, Lars. Compartamos esta carga juntos.
—Nunca me has pedido tiempo para ti.
—Bonnie me ha hecho darme cuenta de todo lo que me queda por vivir. Quiero algo más.
—Lo pensaré, pero antes quiero ver esa prueba. —Lars no lo descarta. Bien, al final lo convenceré y por si acaso he empezado a construir una casa más grande y mejor para él.
Va a decir algo más, pero su mujer provoca de nuevo a un hombre y luego lo rechaza.
Este se enfada y trata de pegarle. Joder, otra vez.
El dueño sale tras nosotros y nos pide que no rompamos nada.
Lars le cruza la cara al hombre. Cojo a Bonnie y la saco de este lugar. Le doy las llaves de mi camioneta.
—Ahora voy.
Anda hasta ella y regreso para evitar que a Lars se le vaya todo esto de las manos. Intento poner orden y sujeto a Lars de la camisa.
—Para. Si quieres partirle la cara, hay un sitio mejor.
—¿Este idiota me va a partir la cara? ¡Ya quisiera! —Se ríe de mi amigo y entonces soy yo el que le cruza la cara. Es un Landry de mierda, como no podía ser de otra forma; este lugar está lleno de ellos.
—Si quieres la revancha, te espero al final del verano en mi rancho. —Nos miramos a los ojos: es uno de los amigos de mi abuelo, un viejo verde que siempre persigue jovencitas.
Se trata de Ren, el padre de Aomar, uno de los idiotas que jodieron a Max. Sospecho que fueron los padres de todos ellos los verdaderos culpables. Por algo que pasara con mi abuelo. Mucha gente seguía el juego a mi abuelo a la par que lo odiaban.
—Allí estaremos —dice Ren.
El dueño me da las gracias. Lars mira enfadado a Tara, que bebe como si nada.
—Un día vas a matarme —le dice mi amigo, y se marcha sin su mujer.
—Estoy con él, llevas tus juegos demasiado lejos. Si estás aburrida, busca otra forma de dar alegría a tu vida. Sabías que ese hombre era peligroso.
—Al menos yo hago algo por ser feliz. ¿Lo haces tú? —Me quedo callado—. Pues eso, no me des consejos de mierda que no te aplicas.
Se marcha y la sigo hasta la casa de sus padres. Si le pasara algo, mi amigo no se lo perdonaría. Tara está loca, pero él la adora a pesar de todo. Yo no sé si a esto se le puede llamar amor.
Ando hasta mi camioneta y Bonnie me abre desde dentro.
—¿Todo bien?
—Hoy sí. Otro día, a ver qué lía Tara.
—Lars ha salido solo.
—Creo que se empieza a cansar de sus juegos. —La miro. Está preciosa, todos se han dado cuenta de su belleza—. ¿Quieres ir a tomar algo?
—¿Sinceramente? —Asiento—. No, me están matando los zapatos. No sé ir con tacones.
Bajo la mano y se los quito. Luego doy un masaje a sus pies magullados.
—Así mejor, entonces.
Cruza las piernas y la falda se le sube.
—Mejor así. —Sonríe con picardía y no sé cómo voy a sobrevivir a este viaje—. Cuando Max se ha ido, me he sentido mal, pero luego no. Estoy cansada de pensar en todos menos en mí. Tiene que asumir que solo seré su amiga.
—Sí, lo tiene que asumir.
—A esta chica le gusta otro Bennet. Y, aunque a este le joda, es lo que hay.
No sé si lo dice por él o por mí. Mueve las piernas y puedo ver su sexo. Aparto la mirada para centrarla en la carretera. Al llegar, salgo y voy hasta ella para cogerla en brazos.
—No hace falta.
—Me gusta cuidar de ti.
Entro con ella en la casa tras marcar el código y la llevo hasta mi cuarto. Al dejarla en el suelo, nos miramos con intensidad.
—Me pregunto si tenía alguna posibilidad de escapar de este momento o si solo he estado retrasando lo inevitable.
—Creo que solo lo has estado retrasando. —Pasa los brazos por mi cuello.
—Si te follo no habrá marcha atrás, Bonnie, este verano serás solo mía.
—Soy tuya desde que te vi, vaquero. —Lame mi boca y mando todo a la mierda.
Sí, esto era inevitable. Lo que me une a ella es una fuerza más imperiosa que toda razón o lógica. Nos besamos sabiendo que todo va a cambiar. No me importa, joder, no me importa nada que no sea ella.
Estoy cansado de luchar contra corriente.
Andamos a tientas hasta la cama. La dejo caer en ella y la miro con la ropa medio corrida y la falda subida. Abre las piernas y se toca.
—¿Vas a darme lo que quiero? —Sus dedos se pierden entre sus pliegues. Está muy mojada. Jadea y se retuerce.
—No creo que pueda durar. Son muchos días imaginándome dentro de ti.
Busco su boca y le quito el top. No lleva sujetador; sus pechos rebotan y se erizan. Le quito la corbata.
—Solo las mías, Bonnie. Y esta, a saber de dónde la ha sacado Tara.
Se la quito y cojo una de las mías del cajón. Se la pongo y luego tiro de su falda dejándola desnuda, solo con mi corbata vaquera entre sus pechos. Saco el móvil y le hago varias fotos. Se toca para la cámara y jadea.
Dejo el móvil sobre la mesa. Tiro de los botones de mi camisa.
—A pelo, vaquero. —Abre su sexo—. Te quiero dentro de mí sin nada.
—¿Estás segura?
—Lo estoy, quiero sentir tu humedad entre mis piernas cuando no estemos juntos. Y tomo la píldora.
—Yo llevo mucho sin nadie.
—Y yo, y nadie me ha follado sin condón. Serías el primero.
—Joder, Bonnie, si dices esas cosas voy a durar una mierda. —Se ríe y termino de quitarme la ropa. Su mirada es hambrienta cuando me pongo sobre ella—. ¿Te la vas a meter toda? —pregunto al ver su miedo ante el tamaño de mi miembro.
—Toda. —Restriega su sexo por mi pene.
Nos besamos mientras la dejo que juegue y que su cuerpo se prepare para mí.
—Darren…, te necesito dentro ya.
—Un poco más mojada. —Bajo los besos por su cuello hasta coger uno de sus pezones entre mis dientes. Tiro de ellos. Lo beso. Succiono y disfruto de su carne blanda en mi boca.
Hago lo mismo con el otro. Noto como se moja cada vez más.
Mi punta está húmeda y resbaladiza por sus jugos.
La meto un poco y su cuerpo se abre a mí.
Entro un poco más y casi pierdo la cabeza al notar lo apretada que está.
Llevo mi mano a su clítoris y hago círculos sobre su montículo mientras entro poco a poco en ella.
—Esto es muy bueno, cariño. —La beso con ternura.
—La necesito hasta el fondo. —Gruño y la meto un poco más—. Es tan grande.
Beso su boca sintiendo sus caricias en mi espalda. Las uñas se clavan en mi piel cuando entro casi del todo. Su cuerpo me engulle hasta el fondo. Noto como las paredes de su sexo laten en torno a mi polla. Se mueve y es demasiado. Estar así es mejor de lo que imaginaba.
—¿Te hago daño?
—No, me encanta. Nunca me he sentido tan llena. —Muerde su labio inferior.
—Me encanta ser el primero para ti en muchas cosas.
—¿Y lo vas a ser corriéndote en mi interior? Eres el primero en eso, vaquero.
Mueve su cuerpo. Nos besamos mientras acoplo mejor nuestros cuerpos para que el placer sea mayor. Salgo y entro de ella.
—Duro, vaquero, no me voy a romper.
Clava sus talones en mi culo y entro más hondo.
Me muevo más duro. Más fuerte. Notando como su sexo se contrae cerca del orgasmo. Voy a durar una mierda, son demasiadas emociones ahora mismo. Y aunque quiero alargar esto, estar así con ella es increíble.
Nunca he sentido nada parecido.
Nuestros pechos se juntan, no dejo que el aire pase entre nuestros cuerpos, como si ansiara fundirla con el mío para siempre.
Encajamos perfectamente. Su menudo cuerpo se pierde en el mío.
—Darren…, estoy a punto…
—Déjate ir, preciosa. Deja que vea esa carita que pones cuando te corres entre mis brazos.
Y lo hace. Su cuerpo se contrae y grita mi nombre. No puedo hacer más que seguirla y derramarme en su interior con fuerza. Al acabar estamos agotados. No la suelto. Ella a mí tampoco.
—No pienso irme a mi cama —promete.
—Yo tampoco creo que pueda dejarte ir.
Tal vez nunca tenga fuerza para dejarla ir. Acaricio su mejilla. La beso mientras me muestro reticente a alejarme. Cuando salgo de ella, se retuerce excitada al notar mi semen salir de su sexo.
—¿Te ha excitado eso, cariño?
—Mucho. —Lleva su mano a su sexo para tocar la prueba de lo que hemos hecho—. Me encanta. —Mueve los dedos.
—Tócate para mí, preciosa.
Y lo hace; se toca el sexo, se da placer mientras tira de sus pezones.
No deja de hacerlo hasta que se corre de nuevo y veo como su sexo se contrae y se moja más.
La beso de forma hambrienta. Estoy duro de nuevo, nunca me había pasado algo así.
Reponerme tan pronto. La giro en la cama y entro en ella por detrás.
Salgo y entro con fuerza buscando su clítoris para que se excite de nuevo. Bajo la mirada viendo como su sexo me engulle y su culo respingón alzado para mí. Le doy una palmada y su nalga rebota.
—Otra —me pide con la voz ronca, y le doy otra en el otro lado.
Salgo y miro cómo entra de nuevo mi polla en ella. Dura y mojada. Aprieto su trasero perdido en ella. En su cuerpo y en lo que siento cuando se tensa por notarme tan adentro.
No dejo de moverme hasta que nos corremos juntos. Y cuando salgo de ella, admiro su precioso cuerpo marcado por mí.
—Nunca voy a olvidar esto.
—Hablas como si mañana te fueras a arrepentir.
El dolor en sus ojos me mata.
—No lo haré, y ahora, a la ducha.
Cuido de ella. Le lavo el pelo y el cuerpo.
Y luego la hago acurrucarse en mi sofá envuelta en la mullida toalla mientras cambio las sábanas.
Cuando la llevo de nuevo a la cama, está dormida.
Me pongo a su lado y la acerco a mí para poder abrazarla.
Pronuncia en sueños mi nombre y pienso si cuando acabe el verano podré dejarla ir.
Siento que esta decisión de prometerle un verano al final me hará tomar decisiones dolorosas, o para mí o para Max.