Capítulo 29. Bonnie
Bonnie
No he visto mucho a Max estos días. A Darren, solo en algunas cenas.
Con Tyre he quedado para traer a gente de su rancho a ver a sus amigos.
Usamos mi camioneta y la suya. Lars se acercó para asegurarse de que todo fuera bien.
No hubo incidentes y me gustó ver a la gente compartir recuerdos y jugar a las cartas.
—Esto nunca debió cambiar —me dijo Lars al ver como una mujer abrazaba a Tyre, feliz de que hubiera dado este paso.
Luego llevamos de vuelta a los mayores a sus casas.
El rancho de los Landry da pena. Faltan arreglos por todos lados y las casas tienen muchas carencias.
Tyre se encarga de arreglar todo lo que puede.
Cuanto más lo conozco, más me doy cuenta de lo malas que son las etiquetas. Este hombre se preocupa por los suyos.
Ahora estoy bajando al pueblo, donde por la tarde he quedado con Max. Me ha dicho que me debía una fiesta y que así me compensaba por pasar de mí estos días por culpa del trabajo.
Lo veré luego, de momento voy a pasar el día con Tara. Comida de chicas y luego nos arreglaremos juntas. Se enteró de que iba a quedar con Max y me llamó para que nos viéramos antes.
—Entonces, las cosas en el rancho siguen igual —me pregunta Tara, y recuerdo lo que me dijo Tyre.
Me está alisando el pelo y se atreve a preguntarme lo que lleva todo el día rondando su mente.
—Sí. Es lo normal, Darren no quiere hacer nada que haga daño a Max. Y yo lo veo bien, es mejor así.
No, joder, quiero que pierda los estribos y se meta en mi cama, pero no se lo digo. He visto más cosas buenas en Tyre que en ella, por eso confío en él.
—Ya, pues como siempre. Darren no es que no piense en ti, es que tampoco piensa en él.
—Lo entiendo.
—Yo no. Si fuera Darren y tuviera un tío bueno, joven y sexi, que me ofreciera un verano sin ataduras, no me lo pensaba dos veces.
—Bueno, por suerte tienes a Lars.
—Suerte… Supongo que sí. Pero a mi marido, o lo pongo celoso, o el sexo con él es… una mierda.
De nuevo no me gusta que hable así de Lars.
Me cae bien, me encanta cuando lo veo y hablamos.
Además de que es uno de los hombres más sexis de este lugar.
¿Y si lo suyo está acabado por los dos? Yo era una sosa con mi ex y ahora he descubierto con otra persona que no soy así.
Tal vez la historia de Tara y Lars no sea tan idílica como parece.
—Díselo.
—No, paso. Un hombre tiene que saber cómo dominar a una mujer, y si no lo sabe no pienso ponerle un mapa. Ya tomo yo las medidas para apagar mi fuego. —Pienso en consoladores, no quiero pensar otra cosa. Este pueblo es pequeño, si tuviera un lío con alguien lo sabrían todos.
Tras maquillarnos y arreglarnos el pelo, me dice lo que ha elegido para mí. Saca una falda muy corta de lentejuelas y un top blanco atado al cuello y a la espalda que solo cubre mis pechos.
—¿Quieres que vaya desnuda? —Se ríe y me pone una corbata cowboy plateada y de cuero. La mete entre mis tetas.
—No, pero cierto vaquero irá con Lars, que sepa lo que se pierde. Y así, si los tíos no paran de mirarte, con suerte mi marido perderá los papeles cuando se nos acerquen y me follará contra la camioneta.
—No sé quién es más cabrona de las dos. —Se ríe.
—A mí me encanta poner celoso a mi marido, luego me folla como si no hubiera un mañana. Que le voy a hacer, cuando tienes un hijo la vida en pareja es más aburrida, hay que darle vidilla. Y si no lo hago yo, Lars no hará nada.
Miro la ropa y quiero probármela. Cuando me miro con ella puesta me gusta lo largas que se me ven las piernas. El moreno de mi piel resalta por el blanco del top. Busca unas sandalias de tacón y me las pongo. A la mierda. Me gusta la mujer que veo en el espejo.
He vivido toda la vida pensando que no era suficientemente guapa, y no es así.
No soy como Gretel, rubia, más alta y de curvas perfectas, pero esta mujer que me devuelve la mirada esta para comérsela.
A la mierda con todos los pensamientos intrusivos de mi madrastra. Me hizo daño porque yo se lo permití.
Me hago una foto y la publico con el pie de foto:
Para tus noches solitarias :P
—¿Va para Darren?
—O para otro.
—Si es para Tyre, pierdes el tiempo. Ese tío nunca sentará la cabeza. Aunque se rumorea que en la cama es muy bueno y que él sí sabe lo que hacer para que una mujer no se aburra.
No le digo que no es para Tyre, que piense lo que quiera.
Al poco vemos como Darren le da «me gusta» a la foto. Esperamos que diga algo, pero no hace nada.
—Mira, ¿sabes qué te digo? Que les den a los Bennet. Esta noche te buscaremos otro vaquero al que montar.
Tras ponernos perfume y despedirnos de su hijo y sus padres, nos vamos a cenar algo. Las miradas de la gente son descaradas. No se cortan a la hora de mirarnos como si estuviéramos mal de la cabeza por ir medio desnudas.
Pedimos hamburguesas y me pone una servilleta en el escote.
—Para que no se manchen. —Se ríe y la dueña nos mira y gruñe—. Ya quisieras tú tener mi culo, Ane, deja de mirarnos como si hiciéramos algo malo.
—Es un poco descarado tu culo esta noche —le replica esta.
—Esto es lo malo de los pueblos, que todos se creen con derecho a opinar —dice Tara, y se nota que le da igual—. Tú disfruta de la comida mientras ellas se mueren de envidia por no tener tus tetas y mi culo.
—Os voy a cobrar más por bordes —añade Ane.
—Entonces ponlo en la cuenta de mi marido, que es el que va a disfrutar esta noche mis curvas. —Ane emite un bufido y Tara se ríe. Se nota que disfruta picando a la mujer.
Al acabar la cena, Ane nos sirve helados por cuenta de la casa.
—Si es que no puedes evitar quererme —le dice Tara.
Disfruto del helado, pero estoy llena. Por eso, antes de ir a beber nada, damos una vuelta por el pueblo. Max ya me ha escrito para decirme que está jugando al billar con su padre y Lars. Ehud irá ahora.
Al llegar sigo llena por la comida y con los pies destrozados por los tacones. Tara me sube las tetas en la puerta y un hombre nos mira.
—¡No mires, que no son para ti! —le espeta mi amiga.
—Porque no querré.
—Ya, claro —replica Tara—. Lista.
Entramos y vamos a la barra sin buscar a los chicos. Max se nos acerca y me abraza por detrás.
—Estás muy sexi —dice en mi oído—. ¿A qué hombre quieres poner celoso?
Sé que lo dice por mi foto en redes.
—Es un secreto —le respondo, y algo cambia en su mirada, porque se ha dado cuenta de que me gusta alguien y no es él.
—Bien. —Me da un beso en la mejilla y dice que estará al fondo con los chicos.
—No le gustas ni un poco —apunta Tara cuando cogemos las bebidas y nos sentamos cerca de la improvisada pista de baile.
Este lugar sirve para todo.
—Ya lo sé.
—No te ha mirado las tetas ni el culo; en cambio Darren, cada vez que mira hacia aquí, quiere matar a cada hombre que te está devorando el culo con los ojos.
Giro la cabeza y veo a Darren al fondo, bebiendo cerveza apoyado en la pared y mirándome. Parece que ahora mismo le importa una mierda quién pueda darse cuenta. Max no se percata de nada. Está tomando algo mientras mira el móvil.
Lars mira a su mujer enfadado y Tara baila coqueta, moviendo el culo para que Lars pierda los nervios otra vez, porque siempre es lo mismo cuando Tara sale de fiesta en noche de chicas.
Vamos a bailar y un hombre se nos acerca. Tara me mira mientras el tío nos devora con la mirada.
—¿Te gusta? —Casi me atraganto con mi propia saliva.
—No.
—Pues entonces, piérdete, chaval, que yo estoy casada.
El hombre se marcha enfadado. Yo no contengo la risa y me carcajeo por la situación.
—¿Qué ha pasado? —Max me abraza por detrás y bailamos juntos.
—Tara y su forma de ser. —Max sonríe.
Giro y caigo sobre su pecho. Paso las manos por su cuello. Está muy guapo. Sus manos suben por mi espalda de forma sugerente y me separo.
—Voy a por…, al aseo.
Mierda, mierda y mierda.
Voy hasta el aseo agitada y nerviosa. No quiero hacerle daño, pero parece que ha tratado de dar un paso más.
Nos abrazamos. Nos cogemos de la mano, pero nunca nos hacemos caricias sugerentes.
Entro al primer servicio que veo libre y dejo caer la cabeza sobre la puerta.
Al poco me suena un mensaje de Max: que su padre me llevará de vuelta al rancho. Él se marcha al pueblo de al lado.
El dolor en mi pecho por hacerle daño se expande. Tal vez sea mejor así, que asuma cuanto antes que de mí solo puede conseguir esto, una amistad.
Cuando salgo, Darren está apoyado en los aseos. Su mirada es afilada.
—Me voy contigo… a menos que me apetezca quedarme aquí.
—No te vas a quedar aquí con nadie, y Max se ha ido porque lo has rechazado.
—¿Te lo ha dicho?
—Lo he visto todo. No puedo apartar los ojos de ti.
La puerta se abre y entra una mujer. Darren se acerca y coge mi boca para besarme. Miro hacia la puerta, donde está la mujer, y él sonríe en mi boca. Sabe cómo me gusta esto. Devoro su boca con hambre hasta que mete la mano bajo mi falda y tira de mi tanga. Lo deja caer al suelo.
Cuando espero que haga algo más, se agacha. Coge el tanga tras hacerme levantar los pies y se marcha. Agitada y excitada, miro la puerta odiándolo un poco.
¡¿De qué va?!