Capítulo 27. Darren
Darren
Ver a Bonnie con Max me destroza. No me gusta cómo la abraza o cómo le aparta el pelo de la cara cada dos por tres. Aunque Max se pasa horas trabajando, saca tiempo para ir al lago con ella cada tarde y para cenar juntos. Juntos los tres.
Max no sospecha nada y Bonnie no me mira. Como si temiera delatarse. Aunque tal vez sea porque teme que vea cómo ha cambiado de idea con mi hijo. ¿Y si ha pasado algo entre ellos en esta semana?
—Vamos a ver una película —anuncia Max al acabar la comida—. Y es domingo. —Su mirada se centra en mí—. Si yo puedo estar sin trabajar, tú también.
Bonnie me mira y veo esperanza en sus ojos.
Asiento y les digo que luego bajaré, a la tarde, para ver algo juntos.
Subo a mi cuarto para encerrarme en él. Intento no trabajar, pero al final acabo en mi escritorio analizando las ventas y cómo dar salida a la zona ecológica.
Hemos tenido una plaga y se ha perdido la mitad de las plantaciones.
Otro varapalo. Vamos a cuidar al máximo lo que ha sobrevivido.
Y luego, por desgracia, eso encarecerá el precio en el mercado.
Se me hace la hora de bajar y no he solucionado nada.
Al entrar en el salón veo a Max dejando palomitas con chocolate en el regazo de Bonnie. Elige una película y pasa el brazo por los hombros de su amiga. Voy hasta mi sillón y evito mirarlos.
—¿Quieres palomitas? —pregunta Max. Niego con la cabeza—. Puedes sentarte en el sofá.
—Tal vez luego —miento. Desde aquí no tengo que ver cómo la toca, la acaricia, o cómo se besan… Como la bese juro que me largo de este lugar.
Los celos me están matando. Están sacando lo peor de mí. Se ríen y eso cae con pesar en mi pecho. Yo quiero estar ahí, con Bonnie, acariciarla, besarla y hacer todo lo que llevo imaginando estos días.
La echo de menos.
Cada día que paso lejos de ella es una tortura autoimpuesta.
El problema es que no sé si podré resistirme a ella si la tengo demasiado cerca.
Estos días en el trabajo han sido raros.
Quería estar trabajando, siempre he conseguido evadirme así de todo.
Pero cuando estaba solo miraba el móvil y me tentaba preguntarle qué tal estaba.
Cada mañana, antes de irme, les preparo cosas para desayunar y ella, antes de acostarse cada noche, me deja una infusión para que solo la recaliente cuando la necesite.
Es nuestra forma de cuidar del otro sin que Max note nada raro.
Una mierda.
—Tengo una llamada. —Max saca del bolsillo su móvil, que no para de vibrar—. Mierda, es de mi jefe. Debe de ser importante, si llama un domingo. —Me mira—. ¿Puedo usar tu despacho?
—Claro.
—Seguid viendo la película, seguro que tardo un rato y yo esta ya la he visto.
Se marcha y nos quedamos solos Bonnie y yo. No me entero de nada de la película. Solo puedo mirarla a ella y tratar de descubrir en qué punto está con mi hijo.
—¿Estáis juntos? —Gira su cabeza hacia mí.
—No. Ya te dije lo que siento por Max y eso no ha cambiado. Ni cambiará nunca.
El alivio que siento en mi pecho seguro que es evidente en mi mirada.
Dudo, pero me levanto para sentarme a su lado. En cuanto caigo en el sofá acerca su menudo cuerpo al mío. Tomo aire y su perfume atonta mis sentidos. Quiero respirarla más de cerca. Embeberme de ella. Giro la cabeza. Nos miramos.
—¿Me vas a estar ignorando todo el verano? —Veo el dolor en sus ojos.
—Sabes por qué te ignoro.
—¿Acaso no podemos ser amigos? Echo de menos hablar contigo y te pillado escribiendo mensajes que nunca me mandas.
—No es fácil, Bonnie. No sé cómo estar a tu lado sin tocarte. —Paso un mechón de pelo tras su oreja y luego acaricio su cuello—. ¿Ves?
—No se va a enterar. —Sonrío sin alegría—. O tal vez solo uses todo esto como excusa para no admitir que ya no te atraigo.
—¿Que no me atraes? —Ambos estamos susurrando, aunque Max está encerrado en mi despacho, al final del pasillo—. ¿Sabes lo que siento cada vez que lo veo tocarte? ¿Sabes lo que me produce verte entre sus brazos?
—No, no lo sé. Porque no me lo muestras. —Ahí está su reto. Me está retando a que haga algo o siga alejado de ella.
Puedo resistirme…, joder, no puedo, por eso la evitaba.
Bonnie
Besa mi cuello y casi gimo de placer por sentir su lengua sobre mi piel de nuevo. Sé que no me devora la boca para que Max no note mis labios hinchados.
Baja los besos por mi escote. Los pezones se me ponen duros y pesados. Baja la boca hasta la cima de ellos y me mira desde ahí.
—¿Ves lo que pasa cuando te tengo cerca? No puedo dejar de tocarte. —Baja la camiseta de tirantes. Mi sujetador semitransparente revela demasiado—. Cómo he echado de menos tenerte así.
—No se nota —le replico.
Estos días han sido horribles. Saber que estaba tan cerca y ser solo dos extraños no me ha gustado nada.
Ir al lago con Max y no ver a Darren ahí era un recordatorio de cómo ha cambiado todo.
Max se está esforzando por esta amistad.
Eso me alegra, porque parecemos los de antes.
Solo espero que de verdad se haya dado cuenta de que no siente amor por mí.
Solo un deseo de tener algo con una mujer a la que quiere tanto.
Y mientras tanto, no ver a Darren me destroza. Lo necesito tan cerca que me duele esta distancia autoimpuesta entre los dos.
—¿Quieres que siga?
—Nunca quise que pararas en todo el verano.
—Bonnie…
—Te respeto, Darren, pero nadie habló de amor. Solo de dejarse llevar y luego seguir con nuestras vidas.
Lo peor es que no sé si podré seguir con mi vida como si nada ahora que sé que estar sin él cerca no me gusta. Estoy alargando el sufrimiento de la despedida.
—O tal vez tenga que buscarme a otro vaquero que apague mi fuego… —lo reto, soy una cabrona. O tal vez solo quiero sentir que me desea con la misma desesperación con la que yo lo deseo a él.
Por respuesta baja mi sujetador y mete uno de mis pezones en su boca caliente. Aprieto los labios para no gemir con fuerza. Tiro de su pelo y me permito tocarlo mientras se da un festín con mis pechos.
—Podría correrme así —le digo contoneando mi cuerpo en el sofá.
—¿Estás muy mojada?
—Puedes comprobarlo.
—Si nos pilla…
—Tardará, y tus manos no van a estar en un lugar donde no hayan estado antes.
—Eres peligrosa, Bonnie.
Lleva su mano al interior de mis muslos y los abre. El pantalón corto es oscuro, pero seguro que ya se nota la humedad. Pasa los dedos por la tela.
—Vas casi sin ropa… con él, y no me gusta que te vea medio desnuda.
—En el lago llevo aún menos.
—¿Te pones esos bikinis indecentes?
—¿Y qué si lo hiciera? —Su mirada es oscura—. No, solo contigo.
—No merezco tu respeto, Bonnie, pero no negaré que me gusta mucho. —Aparta la tela y me toca sin nada—. Estás tan mojada… No sabes cómo he añorado tener mis dedos aquí, meterlos hasta el fondo de tu apretado y precioso coño. ¿Es lo que quieres?
—Sí, por favor.
—Eres una chica mala, te pone que te toque cuando Max podría pillarnos.
—Siempre has sabido de mi lado rebelde en la cama.
—Y no sabes cómo me gustaba alentarlo. Que fueras tú misma conmigo como con nadie. Abre más las piernas, cariño.
—¿Así? —Abro las piernas del todo—. ¿No quieres una foto para cuando decidas que no quieres tocarme más y la necesites para darte placer?
Busca su móvil y da a grabar al tiempo que sus dedos entran y salen de mi cuerpo. Solo se escuchan mis jadeos amortiguados, sus gruñidos y la humedad entre mis piernas mojando su mano.
Deja de grabar y me pone el vídeo mientras devora mis duros pezones y su pulgar acaricia mi clítoris.
—Te gusta verte tan cachonda, ¿verdad?
—Sí, e imaginar como luego, en tu cuarto, te tocarás mirándolo. —Gruñe y mete un dedo más—. Darren…, necesito…
—Yo sé lo que necesita esta chica.
Aumenta las embestidas y le da a grabar de nuevo. Imaginarlo viendo luego mi vídeo y dándose placer hace que me corra con fuerza en torno a sus dedos. Noto como se contrae mi vagina.
Al acabar arregla mi ropa tras coger un paño para limpiarme. En vez de irse me abraza, y eso me derrite aún más que todo lo demás.
—No sé que hacer, Bonnie —confiesa sin soltarme.
—No puedo evitar tentarte, Darren, te deseo demasiado. ¿Me perdonas? —Se ríe.
—Sabes que sí, y me encanta que me busques. Pero está Max.
No dice nada, pero tampoco se marcha. Me sujeta, me cuida y me mima mientras la película sigue.
Al acabar me marcho a mi cuarto y él al suyo.
Max no se ha dado cuenta de nada. Bien podría haberle rogado que me besara una vez más.
Mi tiempo en este rancho se agota y si Darren aquí me evita, cuando me marche hará lo imposible por olvidarme.