Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 24. Bonnie
57%

Capítulo 24. Bonnie

Bonnie

Llegamos a las fiestas del pueblo. Max no tiene buena cara cuando detiene el coche. Se ha pasado la mano por el pelo varias veces.

—Si no quieres ir…

—No, vamos. Solo es un pueblo de mierda.

Vale, un pueblo de mierda el lugar donde nació. Aquí pasa algo. Y me da igual que me diga que nada cuando le pregunto. Mi instinto no me falla casi nunca.

Sale y hago lo mismo. Hoy llevo un vestido sencillo color rosa con florecitas. He preferido dejar los ajustados y demasiados sexis para otro momento. No quiero que Max piense que me visto para conquistarlo. No quiero cometer un solo error que le dé esperanzas.

Vamos hasta donde están Tara y Lars. Saludan a Max y, aunque este trata de sonreír, sigue tenso y mira hacia todos lados como si buscara algo.

Cojo su mano, porque quiero darle mi apoyo.

Me devuelve el gesto apretando nuestras manos.

Pillamos unas cervezas y andamos hasta la zona de puestos.

Nos dan a probar de todo y al llegar al de su familia, Ehud lo saluda con un abrazo de oso.

—Qué bien tenerte por aquí, muchacho.

—No puedo decir lo mismo.

—Tú y tu manía de odiar este pueblo. —Ehud lo mira molesto.

—Sí, yo y mi manía de odiar este lugar. —Max coge un plato de queso y me lo tiende.

Acepto un poco mientras Ehud se va a atender a unos clientes.

—Si quieres nos vamos —le digo.

—No, voy a pasar todo el verano aquí, en algún momento deberé venir al pueblo.

—Max…

—No me gusta este lugar, Bon, ya lo has notado. Me conoces seguramente mejor que nadie.

—Hace años que no vienes por aquí. Y cuando te pregunto dices que no pasa nada, pero sé que sí.

Desde que se fue a la universidad no había vuelto. Ha visto a su padre y a su bisabuela lejos de aquí, porque han ido a verlo.

—Podría no haber vuelto nunca y no me perdería nada.

—Por eso no entiendo que me necesitaras aquí todo el verano. Vivíamos en la misma ciudad…

—Y hace meses que casi no nos vemos.

—Bueno, no es mi culpa, Max.

—Por eso, aquí no puedo huir, solo estar en este lugar tan claustrofóbico.

—Vale, pero si te hace daño abortamos plan. Regresamos a la ciudad e intentamos que nuestra amistad no se vaya a la mierda allí. —Coge mi cara entre sus manos y me da un dulce beso en la frente.

—No te preocupes por mí. Ya no soy el mismo, he cambiado. Puedo con este lugar.

—Eso seguro.

Nos miramos a los ojos con intensidad. Cuando se aparta sentimos acercarse a alguien. Darren. Mi cuerpo reacciona a él y siente que lo que acaba de ver es como una traición. Como si fuera una mujer fácil que se va con unos y con otros. Y lo peor es que él y yo no somos nada.

—Hola, chicos —nos saluda—. Me voy a quedar un poco en el puesto. ¿Queréis algo?

En cuanto entra tras el mostrador y Ehud se marcha, las mujeres, al verlo, hacen cola para comprar lo que sea.

—No, ya nos vamos.

Tiro de Max incapaz de ver como esas chicas tratan de llamar su atención. No quiero irme, pero la idea de que volvamos ambos a la ciudad cada vez me tienta más. Vamos hasta la plaza y pedimos algo para beber y comer. Alguien cerca reconoce a Max y lo mira de arriba abajo.

—Joder, no te había reconocido. Ya no eres un larguirucho escuálido. —Parece que se ríe de él.

—¿Max escuálido? Es el hombre más fuerte que he conocido —defiendo a mi amigo, por cómo lo mira ese gilipollas—.

Por si no lo sabes, la gente sufre cambios en la pubertad.

Lo mismo es que naciste con los huevos tan gordos que no te llegó sangre al cerebro y por eso no lo entiendes.

—Dejo dinero para que se cobre y cojo todo para llevarlo a una mesa.

Max me sigue de cerca y al llegar me besa en el cuello.

—Eres una fiera —me dice divertido.

—Debiste partirle la cara.

—No quiero ser como ellos, Bon —admite, y eso me da una pista de por qué odia este lugar. Si le pegaron o denigraron, es normal que odiara volver—. Era Aomar Landry, y no va a cambiar en la vida.

Un Landry, vale, vamos uniendo piezas. Los Landry odian a los Bennet. ¿Y si por eso atacaron a Max?

—No eres como ellos. Si lo fueras, yo no podría quererte tanto.

—Eso lo sé.

Comemos algo y luego tiro de él para bailar. Pone sus manos en mi cintura. Y yo las mías en sus hombros. Es tan perfecto, tan sexi, tan guapo… ¿Por qué no estoy enamorada de él? Todo sería menos complicado.

—Ahora mismo soy el hombre más envidiado.

—Y yo la mujer, sin duda; hay varias chicas que no dejan de mirarte el culo. —Se ríe.

—Las he visto. No las tocaría ni con un palo —murmura en mi oído.

Voy a decir algo, pero veo a Darren al fondo con Lars y Tara. Está bebiendo algo y no deja de mirarnos. Parece un padre que disfruta de ver a su hijo feliz, pero yo advierto algo oscuro en sus ojos azules.

—¿Tantos fueron los cabrones?

—Prácticamente toda la clase. Es un pueblo, la clase era de pocos críos. —Me hace girar y caigo sobre su duro torso.

—Me cuesta imaginarlo; desde que te conocí siempre has destacado por ser el hombre más sexi del campus.

—Bueno, quise dejar todo atrás, todo, y ser otra persona.

—¿Y a mí me has dejado ver al verdadero Max?

—No —admite con dolor—. Hay partes de mí que prefiero no sacar a la luz.

—Pero somos amigos. Los mejores. —Me besa en la mejilla.

—Así está bien. —Me hace una elegante reverencia y luego se marcha.

Lo veo alejarse con más preguntas que respuestas. Max siempre ha destacado por su sonrisa ladeada, sus hoyuelos, y lo guapo y sexi que es. Pero ahora veo un lado de Max que ignoraba y me pregunto si todo era fachada, hasta nuestra amistad perfecta.

Ando hasta la barra y Darren se pone a mi lado.

—¿Todo bien?

—No lo sé —admito—. Max esconde demasiados secretos.

—Sí. He visto cómo lo miran algunos. No me había dado cuenta de esto antes. Hace tantos años que no viene, y cuando estaba aquí yo tenía demasiado trabajo en el rancho.

—No te culpes, Darren.

—Sí me culpo, el trabajo no lo es todo.

—Pero no sabes cómo vivir, ¿recuerdas? Me necesitas como vía de escape y ahora vas a alejarte de mí.

—Si Max está mal, lo que menos necesita es que yo me meta en tu cama —murmura, y luego se pasa la mano por el pelo negro—. No me gusta verte con él.

—Eso tampoco cambiará nada.

Me alejo a donde está Tara y pronto me saca a la pista a bailar las dos juntas. Intento no pensar en Max. Lo seguiría, pero no conozco este lugar como él. No sé a dónde ha podido ir, pero Darren parece que sí, porque tras pensarlo sigue el camino que tomó antes Max.

—La verdad es que es una putada —miro a Tara, que me hace girar— estar pillada por el padre cuando el hijo está enamorado de ti.

—No, yo…

—Mira, a mí no me engañas. —Mira a Lars, que niega con la cabeza como si supiera de qué está hablando su mujer. Tara alza los hombros como diciendo: es lo que hay.

—Vale, supongo que es un secreto a voces.

—A ver, no, nadie conoce a Darren como nosotros… Lars, Ehud y Saril; ella fue la que nos hizo sospechar. Dijo que, cuando os vio juntos, la forma de miraros le hizo ver que aquello daría problemas.

—Genial.

—Estamos contigo y con Darren. Pase lo que pase, Max lo superará.

—Creo que Max no necesita más mierda en este momento.

—Todos nos hemos fijado en que algo no va bien.

—Ahora sí, pero antes, nada.

—A ver, cuando Max nació éramos todos unos críos, yo aún más, tenía solo doce años. Y luego, cada uno tenía sus movidas. No es lo mismo tener un hijo cuando la vida te ha enseñado cosas que cuando no tienes ni idea de nada.

—Ya.

—Estarán bien los dos. Y ahora, dime, ¿cómo es Darren en la cama? Tiene pinta de no ser un soso como su amigo. —De nuevo su comentario sobre Lars me molesta.

—No ha pasado nada. —Me mira como si no me creyera, pero me da igual. No quiero contar nada.

Dejamos de bailar y vamos hasta donde está Lars, aunque mi cabeza no deja de pensar en los hombres Bennet y en qué estarán hablando. Voy a por algo de beber y Tyre se me pone al lado.

—Ha vuelto el hijo pródigo —me dice mirando a Max con su padre

—Sí, ¿y tú sabes por qué tu primo Aomar es un gilipollas con él?

—Mi primo es un idiota con todo el mundo. —Parece molesto—. Pero Max es un Bennet, puede ser por eso.

—¿Y tú no odias a los Bennet?

—No, esas tonterías que se las queden otros. —Tyre mira a Lars y a Max—. Cada vez se parecen más. Si no fuera por los ojos, parecerían iguales.

Miro a Lars y Max y sí, se parecen mucho. Tienen el pelo igual y también esa sonrisa con el hoyuelo en el mismo lugar. Darren, en cambio, tiene un hoyuelo en la barbilla. Está oculto por la barba.

—¿Todos saben que Rob es un hijo bastardo?

—Este pueblo está lleno de hijos fuera del matrimonio. —Noto como este tema lo tensa—. Es un secreto a voces.

Max se da cuenta de que hablo con Tyre y me mira molesto. Su padre, igual. Genial, ahora tengo a dos Bennet cabreados porque un Landry me caiga bien. Tyre se da cuenta y me dice que ya nos veremos por ahí.

Max mira algo y se marcha, y sé que está agitado por todo este lugar y por su gente.