Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 22. Darren
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Capítulo 22. Darren

Darren

Vamos hasta mi camioneta tras avisar a Lars de que se viene conmigo. La mirada de mi amigo lo ha dicho todo. No es tonto y sabe lo mucho que me gusta esta mujer, y a pesar de eso aquí estamos. Solos. Abro la puerta y entra con ese vestido que me está poniendo nervioso desde que la he visto.

Es la mujer más guapa de la fiesta. La más sexi y la más deseable. Me da igual lo que piense el resto, no pienso discutir sobre esto.

También es, al parecer, la única que deseo. Cuando las mujeres del rodeo se me acercaron, quise dejarme llevar, aplacar mi sed de Bonnie, olvidar su propuesta y mandar todo a la mierda.

Quise cogerlas y llevarlas al rancho para hacer realidad mis fantasías.

Pero no, no puede sentir nada por ellas. Solo tenía en la mente a Bonnie, tan guapa con el vestido de esta mañana y mi sombrero puesto. Irme de allí y quitarle el sombrero me costó la vida.

Y ahora aquí estamos, en mi camioneta, solos.

Cruza las piernas cuando la pongo en marcha. El vestido se le sube un poco. Sus cremosos muslos me tientan, quiero meter la mano entre sus piernas y palpar su humedad.

—¿Estás borracha?

—No he bebido tanto.

—¿Hubieras aceptado su sombrero?

—No, al parecer solo deseo a alguien a quien no paro de joderle la vida por mis deseos.

—Bonnie…

—No digas nada, Darren, ya me siento yo mal por ser tan idiota. Si hasta me puse este vestido para darte celos con otros. ¿Qué clase de mujer soy por ser tan egoísta y desearte a cualquier precio?

Noto la voz lastimosa. Joder, ella me ha contado lo suficiente de su vida para saber que nunca pide nada y a pesar de eso se plantó ante mí con una propuesta que ninguno de los dos deseaba rechazar.

No respondo, no encuentro las palabras adecuadas.

—¿De verdad odias tanto a los Landry?

—No los odio. Es… complicado.

—Podrías explicarte.

Lo pienso y miro la carretera.

—Mi bisabuelo se enamoró de una mujer del rancho de los Landry. Eran amigos, pero a pesar de eso cayó prendado de Meissa Landry. Una jinete de caballos increíble. Porque antes los Landry criaban purasangres. Y los Bennet los ayudaban.

—Ya me dijeron que las granjas estaban juntas.

—Sí. Meissa no dejó a su marido, pero se mató al caer del caballo y todo cambió en los dos ranchos.

Tanto mi antepasado como el de los Landry se convirtieron en personas horribles.

Y no se portaron bien con los que los rodeaban.

Pegaban a los suyos. Entre ellos, mi abuelo.

La cosa estaba tensa entre ellos y no justifico que mi abuelo fuera un mal hombre por la educación que tuvo, pero todo eso desencadenó su lado más cruel.

Aunque a mi madre no le pegaba y sin embargo ella no era buena persona.

Tras el accidente en el que murieron mi abuelo y mi madre, como fue contra uno de los Landry y las cosas habían estado tensas desde la muerte de Meissa, se rompió del todo la poca amistad que pudiera haber y levantaron las fronteras entre un rancho y otro.

Yo estaba demasiado ocupado con mis cosas como para preocuparme por ellos.

El viejo Landry es un ser horrible y su rancho está a punto de caer en bancarrota como no cambien el rumbo. Es su problema.

—Tal vez un día todo cambie. Y no, lo que vivió tu abuelo no justifica que te tratara mal. O que te pegara de niño. Tú también pasaste por eso y has sido buen padre con Max.

—Quiero creer que sí.

—A mí me encanta cómo eres. —La miro un segundo antes de volver de nuevo la vista hacia delante. Con esta mujer me abro hablando de cosas que no comparto con nadie. Es lo que me asusta de todo esto, que es más que sexo. Lo sé en el fondo de mi ser, aunque me engaño.

Aparco la camioneta cerca de mi casa y vamos hasta ella. Meto la llave de seguridad y la puerta se abre. Entramos juntos y va hasta la escalera. Hago lo mismo. La sigo sin saber qué decirle.

—Buenas noches, Darren, mañana haré como si nada. Te lo juro.

Sus palabras resuenan en mi cabeza y tiro de ella sin saber muy bien qué deseo, o si por un momento más solo quiero ser egoísta.

—Darren…

Cojo su cara entre mis manos y la beso.

¡A la mierda con todo!

Ya mañana me comeré la cabeza.

Tiro de ella hasta mi cuarto, el lugar donde la he deseado seguramente desde que la vi. Su espalda choca con la puerta cuando la cerramos entre besos y caricias. No tengo suficiente de ella. No hay rincón de su cuerpo que no quiera explorar.

—Me vuelves loco, Bonnie.

Bajo la cabeza por su cuello hasta su escote. Jadea cuando lamo la unión de sus senos.

—Darren…

—¿Querías provocarme? ¿Que perdiera los estribos por ti?

—¡Sí!

—Eres una chica mala.

—¿Se castiga a las chicas malas? —El desafío en sus ojos llena de sangre mi polla y me la pone más dura de lo que ya la tenía por su boca.

—Sin duda. —Lamo su boca—. No puedes correrte hasta que te dé permiso.

—¿Solo eso?

—¿Solo eso? Cariño, no estás preparada para la que te espera.

—Pues entonces, ya es hora de que empieces. A ver si eres tan bueno como para que esta chica te haga caso y solo se corra cuando tú se lo pidas.

Que me rete me gusta mucho. Que conmigo sea ella misma, sin miedo de dejar salir este fuego.

La beso de nuevo. Nos restregamos el uno contra el otro. Pega su cuerpo al mío y sube y baja para obtener más placer. Me separo cuando está jadeante. Tiro de la cremallera y la voy bajando como si fuera un regalo. Uno precioso.

Dejo a la vista su sujetador de encaje negro. Sus pezones presionan duros contra la tela.

—¿Pensabas enseñar esto a alguien, Bonnie?

—Solo a ti.

—Así me gusta.

Sigo bajando la cremallera y lamo toda su piel expuesta. Se derrite bajo mis atenciones. Contonea su cuerpo cada vez más fuera de sí. Al llegar a la goma de sus bragas, me quedó ahí y la miro.

—¿Quieres mi cabeza entre tus piernas, preciosa?

—Sí. —Muerde su boca y luego me confiesa algo que me desarma—. Serías el primero, Darren. —Coqueta, me mira sabiendo que el control lo tiene solo ella.

—¿Nadie, Bonnie?

—Mis ex eran idiotas, no he estado antes con un hombre de verdad. ¿Vas a remediarlo?

Coqueta, me mira a la espera de mi reacción. Lo que hago es ponerme de rodillas a sus pies y termino de bajar la cremallera. La miro desde donde estoy, tan preciosa que duele observarla. Paso los dedos por sus cremosos muslos, mojados ya cerca de donde su sexo ansía mi boca.

—Tan mojada por mí. —Paso los dedos por su ropa interior—. ¿Quieres mi lengua aquí?

—¡Sí! —Tiro de su ropa interior y la bajo lo justo.

La imagen de ella medio vestida me pone mucho. Saco el móvil y le hago una foto. Se la enseño. Le gusta. Bajo su sujetador y le hago otra con mi mano tirando de sus pezones.

—Te gusta jugar con fuego, Bonnie.

—Al parecer, sí.

Le bajo más las bragas y hago otra foto donde se ven sus duros pezones y su sexo sonrojado y mojado. En la siguiente, ella abre sus labios vaginales y junta sus tetas con los brazos.

—¿Las mirarás para correrte cuando no me tengas en tu cama?

—Por supuesto.

Dejo el móvil y meto la lengua en su sexo. Tira de mi pelo y jadea mientras mi lengua alcanza su clítoris y hago círculos sobre él. Bajo su ropa interior hasta que se la quito del todo. Me la guardo en el bolsillo y paso una de sus piernas por mi hombro.

—Ahora sí te tengo donde quería. —Lamo su sexo abierto y mojado—. No puedes correrte hasta que te lo ordene.

—Vale.

Su sabor me embriaga y me hace lamer hasta la última gota. Gruño en su sexo mientras se mueve para follarme la cara.

—Eres deliciosa.

Disfruto comiendo su coño. Me encanta pasar mi lengua por él y ver como jadea y grita. Tiembla en mis brazos mientras hago círculos en su abultado clítoris.

Madre mía, imaginé que sería bueno, pero es mucho mejor.

Meto un par de dedos en su vagina. Está apretada y muy estrecha. Demasiado. Quiero adentrar mi polla en ella. Follarla hasta arruinarla y que no pueda follar con nadie más. La idea primitiva de hacerla mía para siempre resurge dentro de mí.

—Qué apretada estás. ¿Quieres un dedo más?

—¡Sí!

Meto un dedo más. Jadea y gimotea mientras mis dedos entran y salen de su cuerpo con fuerza.

—Estás a punto, ¿verdad?

—Sí —dice de forma lastimosa.

Saco la punta de la lengua y lamo su clítoris sin dejar de mirarla mientras mis dedos se giran hasta encontrar su punto G. Lo froto. Su orgasmo está cerca. Muy cerca. Me separo cuando casi se corre y luego me levanto.

—De rodillas en mi cama, Bonnie.

—¿Cómo?

—¿No quieres seguir jugando? —Algo brilla en sus ojos y asiente.

Se quita el vestido y el sujetador. Madre mía. Esto es una tortura. Coqueta, se sube de rodillas y me mira sobre su hombro.

—¿No necesitas más fotos? Porque seguramente mañana no tengas los huevos de reconocer que quieres aceptar mi oferta y tal vez necesites un incentivo para correrte.

Abre las piernas y veo su sexo mojado. Cojo el móvil y le hago un par de fotos mientras ando hasta ella. Tiro de su pelo y la hago levantarse para comerle la boca. Se aprieta contra mí y restriega su coño mojado por mi dura polla.

—No vamos a follar. Si lo hiciera, dudo que pudiera apartar las manos de ti en todo el verano. —Paso los dedos por su sexo—. Pero nos vamos a correr. ¿Vas a ser buena chica y hacer lo que te pida?

—Sí.

Lamo su boca y luego recorro su espalda con besos y caricias hasta llegar a su trasero. Chupo y disfruto de esta parte tan oculta al mundo hasta llevar mi boca a su sexo. Meto la lengua dentro todo lo que puedo y la follo con ella mientras mis dedos se frotan contra su clítoris.

—Darren…, no puedo más —me dice casi sin voz.

—Lo sé.

—Por favor.

—No he tenido suficiente.

La sigo lamiendo hasta que no puede más.

Y luego me quito el cinturón y la hago sentarse en la cama.

Ato sus manos a la espalda y de nuevo hago fotos de esta mujer preciosa en mi cama.

El pelo revuelto, los labios rojos e hinchados.

Sus pezones duros y el sexo mojado y ansioso.

Es toda una fantasía. Mis sueños no le han hecho justicia.

Dejo el móvil y devoro sus preciosas tetas. Se mueve agitada.

—Vas a comerme la polla. Y me voy a correr en tu boca.

—Sí. —Se lame el labio, ansiosa por tenerme así.

Abro mis vaqueros y libero mi miembro. Por su mirada agitada sé que le gusta, y mucho.

Muevo la mano de arriba abajo hasta que una gota preseminal moja mi capullo.

Lo acerco a su boca y lame de arriba abajo.

Jadeamos juntos. Cierro los ojos mientras cojo su cara y se la mete poco a poco en la boca.

Hasta el fondo. Me mira desde abajo con mi polla en la boca.

Preciosa.

Empujo su cabeza hacia atrás y luego hacia delante.

Ella toma el control y marca el ritmo. Estoy perdido.

Joder, estoy perdido. Sentir su boca caliente y mojada es más de lo que esperaba.

Sus jadeos y la forma de succionarme me vuelven loco.

Noto como las pelotas se me contraen, a punto de dejarse llevar.

—Bonnie…

Aumenta las embestidas y no me da tregua hasta que me corro en su boca y se lo traga todo.

Madre mía, estoy perdido. No voy a poder sobrevivir a ella.

La dejo caer en mi cama. Pongo sus manos sobre la cabeza y la beso mientras mi mano encuentra la unión entre sus piernas. Está muy mojada. Le ha puesto mucho comerme la polla.

Bajo los besos por su cuerpo perfecto hasta perderme de nuevo en su sexo. La devoro y meto los dedos dentro.

—¿Quieres correrte en mi cara?

—¡Sí!

—Pues hazlo, preciosa.

Muevo la lengua y los dedos hasta que se corre con fuerza con mi nombre en su boca. Lamo todo su placer y no dejo ni gota, esto la excita y acaba por tener un segundo orgasmo.

La desato y la atraigo a mí.

—No puedo moverme, dame unos minutos.

—¿Y qué tal toda la noche?

—Hasta que con el amanecer llegue el arrepentimiento, ¿no? —No respondo, pero se acurruca a mi lado y por ahora tengo suficiente. Ya me mortificaré mañana por todo esto y por desearla contra toda lógica.

La beso en la frente y la dejo aquí, a mi lado. Sin querer separarme de esta mujer tan preciosa que ha puesto todo mi mundo patas arriba.

Bonnie

Me despierto sintiendo un brazo pesado en mi estómago y a alguien dormido en mi cuello. Sonrío al recordar como anoche se nos fueron las manos a Darren y a mí, hasta que el amanecer se abre paso y sé que eso marca el final de esta noche.

—Vuélvete a dormir —me pide, y se gira para atraerme a su pecho.

—Darren…, está amaneciendo.

Darren abre los ojos y mira el amanecer reflejado en mis ojos y mi piel. Sigo desnuda y por su mirada noto que le gusta verme así en su cama. Su mirada es hambrienta. Voy a besarlo cuando escuchamos abrirse la puerta de la casa.

—¿Quién puede ser? —pregunto nerviosa, por si alguien nos pilla aquí.

Entonces escuchamos a Max cantar. Siempre suele hacerlo. Canta la música que tiene dando vueltas por su cabeza. Por su melodía sé que está contento, muy contento.

—Mierda —digo, y salgo de la cama.

Cojo mis cosas y abro la puerta para correr a mi cuarto. Max no me pilla por poco. Abro la puerta y la vuelvo a cerrar con sumo cuidado. Luego me meto en el cuarto de baño y me dejo caer en la ducha confundida, agitada y con un sentimiento de pérdida anclado en el pecho.

Quería que Max luchara por nuestra amistad, pero ahora solo puedo pensar en cómo su llegada lo va a cambiar todo entre Darren y yo para siempre.