Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 21. Bonnie
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Capítulo 21. Bonnie

Bonnie

Tara, Lars y yo estamos en las gradas. Vemos a varios hombres subirse a lomos de caballos furiosos.

No sé cómo pueden hacer esto sin temer por su vida.

La gente está esperando el momento en el que salga Darren.

Han venido a verlo de varios lugares. Lo veo al fondo, hablando con Ehud.

Su mujer no está, porque ha aprovechado para quedarse leyendo.

A ver, a mí me gusta leer, pero ahora mismo lo que más deseo es ver a mi vaquero a lomos de ese caballo y que sobreviva.

No debería estar nerviosa. Por lo que me han contado, es muy bueno.

Su abuela está con sus amigas riendo, como si no pasará nada.

La gente está emocionada, pero tranquila.

El presentador lo anuncia y veo a varias mujeres en la primera grada sacando pecho. Podría irse con cualquiera. La idea me enfurece. No podría verlo con otra y quedarme al margen.

La puerta se abre y sale el caballo enrabietado.

Darren lo sujeta con una sola mano. Se nota que sabe lo que hace, mueve su cuerpo en sintonía con el animal.

Él domina a ese caballo negro y no al revés.

Va con sus vaqueros, pero se ha puesto una camisa negra, seguramente por si se cae. Aunque se nota que esta noche no será.

Al acabar, la gente grita emocionada y Darren va a los boxes.

Varias mujeres se bajan corriendo para ver si les pone el sombrero.

—Te escucho rechinar los dientes —dice Tara a mi oído.

—Para nada.

Pierdo a Darren de vista y saber que puede estar con ellas me enfurece. Tara nos sugiere ir a su casa a cambiarnos para la fiesta de esta noche. Van a tocar en la plaza del pueblo y sí, habrá más comida y bebida.

Ha preparado varios vestidos para mí. Su hijo está ya en casa y se quedará con sus abuelos, con los que ha estado casi todo el día. Estamos un rato con él antes de ir a cambiarnos.

—Este, sin duda este. —Saca un vestido vaquero atado al cuello y con escote pronunciado. Bajo el escote hay una cremallera que llega hasta abajo—. Con este, esta noche consigues montar a un vaquero.

No es mi estilo, pero por ella me lo pruebo. Con él puesto me miro al espejo.

—¿No es demasiado?

Mi estilo y el de Tara son muy diferentes.

—Te hace hasta parecer más mayor, y no una cría.

De nuevo un comentario que me escuece. Tengo veinticinco años. En pocos meses haré veintiséis, no soy una cría. Sonrío, porque siento que no se da cuenta de cómo puede herir sin querer.

—Más de un hombre esta noche no va a poder apartar los ojos de ti. Si yo tuviera tus curvas, ni me lo pensaba. El campo te sienta bien.

Y es cierto, tengo el pelo más claro, la piel más morena y mis pecas se ven sexis por mi cara.

Los pechos sobresalen un poco. Dan ganas de tocarlos.

Tal vez la Bonnie de antes de venir hubiera dicho que no, pero es como si este lugar hubiera liberado una parte de mí.

Una que vivía en la sombra por una madrastra que nunca quiso que yo brillara demasiado.

No lo pienso más; si no pruebo cosas nuevas, nunca sabré si me gustan o no.

Salimos de la casa y vamos hasta donde han puesto la comida y la bebida. Ya está tocando una banda de música country . Pedimos algo de beber y de comer. Tara me hace fotos y subo varias a mis redes.

—De por aquí no eres —dice un hombre a mi lado.

—Piérdete, Tyre —le dice Tara.

—¿Por qué? ¿Hablas por ella? Ya veo, no tienes boca… Ah, sí, mira, tiene una. Puedes responder solita sin tener a una defensora cerca. —Tyre me sonríe mientras Tara bufa.

Es muy guapo, muy guapo. De pelo rubio oscuro y unos ojos aguamarina muy intensos, que según la luz parecen un mar turquesa.

—Tú misma. —Tara dice que se marcha, pero yo me quedo.

No sé si porque quiero, para ver a dónde lleva esto, para olvidarme de otro vaquero, o para joder a cierto hombre por tontear con las conejitas de rodeo.

O porque hay algo en la mirada de Tyre que me hace ver que no se siente tan feliz como parece de estar en este lugar.

Como si escondiera un dolor más profundo bajo toda esa fachada.

—Entonces te llamas…

—Bonnie.

—Bonito nombre. A Tara le caigo mal porque soy un Landry, seguro que te han puesto al día de la rivalidad que hay entre los Landry y los Bennet.

—Sí, algo me han dicho.

—En realidad, yo pienso que toda esta enemistad es una tontería. Pero no está en mi mano que acabe esto. O tal vez un día sí. —Por cómo lo dice, siento que me oculta información—. ¿Y tú eres feliz en este pueblo, o prefieres la ciudad?

—Si te soy sincera, me encanta este sitio, aunque me iré.

—¿Por qué?

Andamos por la zona con una cerveza cada uno. Aunque intenta no mirarme el escote, fracasa. Pero lo disimula de una forma que me parece dulce.

—Porque mi lugar está en la ciudad y quiero ahorrar para comprar una casa donde vivir con mi hermana pequeña.

—Es un sueño bonito, pero si eres feliz en este lugar, lucha por quedarte.

—Es complicado. ¿Conoces a Max Bennet?

—Sí. Un chico solitario. Le saco un año. Iba un curso por debajo. Fue a clase con mi primo Aomar. —Mira hacia donde está este y lo vemos haciendo el capullo con unos amigos, a ver quién puede beber más cerveza.

—No me gusta tu primo —respondo sincera.

—A mí tampoco. —Él también parece sincero.

Doy un trago a mi bebida y siento que alguien me mira. Busco de quién se trata y es Darren, apoyado en la barra del fondo con una mujer a su lado que se esfuerza en que le haga caso. Él solo me hace caso a mí y mira a Tyre como si lo quisiera matar.

Solo por eso dejo de mirarlo y centro mi atención en Tyre.

Creo que, de no llevar este puntito de contenta, no lo haría.

No sería tan zorra para hacerle daño sabiendo que me desea, pero no quiere hacer nada por Max.

Pero esta noche quiero brillar y me da igual el resto.

Y además, Tyre me cae bien. No sé por qué Tara se puso así solo porque fuera un Landry, a mí me parece una gilipollez.

Siento que este lugar está sacando de mi interior esa parte de mí que ha callado tantos años.

Que se conformó con un padre ausente, con una mierda de madrastra y con una hermana que me quiere, pero nunca ha podido estar conmigo al cien por cien para no hacer daño a su madre.

Y con un mejor amigo que en vez de estar aquí está a saber dónde.

Cada vez hablamos menos. Siento que mi amistad con Max está abocada al fracaso desde que me confesó lo que cree sentir.

—¿Bailas?

—Vale.

Vamos hasta la pista y bailamos juntos con las demás personas. No es una canción lenta y me muevo sin saber muy bien qué hacer con los pies. Río por cómo evita varias veces que lo pise, y cuando acabamos estamos jadeantes y sudados.

—¿Te pondrías mi sombrero, Bonnie?

—No se va a poner tu puto sombrero, largo, Tyre —responde Darren.

Tyre le sostiene la mirada sin achantarse, a pesar de que Darren, ahora mismo, da miedo. Luego me mira y me guiña un ojo antes de marcharse.

—Me has jodido la noche —le espeto a Darren.

—Es gilipollas. Si lo soporto es porque tengo negocios con su familia.

—¿Es porque es un Landry? Te creía más listo que para dejarte llevar por ese enfrentamiento.

—Es un mujeriego. Ha roto el corazón a casi todas las mujeres de este lugar. Las idiotas caen rendidas pensando que, a pesar de su mala fama, lo van a cambiar.

—Y no cambia.

—No, no cambia. Solo quería avisarte. Tú ya haz lo que quieras.

Nos miramos y él no oculta ese deseo velado. Sus ojos azules recorren mi escote.

—Gracias.

No se va, y yo tampoco me muevo de su lado. Nos quedamos cerca el uno del otro viendo a la gente bailar y pasarlo bien.

—Si quieres irte, te llevaré a casa. Yo me he cansado de estar aquí. Si te quieres quedar, puedes dormir en casa de los padres de Tara.

—Esa era la idea…, pero la verdad, estoy cansada de estar todo el día aquí. Me marcho contigo. A menos que estar en el coche a solas sea demasiado para ti.

—Con este puto vestido, seguro. Ahora vengo.

Tras decir esto, me deja sola con el corazón agitado. Vaya, al parecer mi vestido le pone y mucho. Miro a Tyre y lo veo solo; una mujer se le acerca, pero no se va con ella. Siento que hay mucho más que la fama que le han colgado. Cuando se da cuenta de que lo miro, sonríe y le devuelvo la sonrisa.

A ver, no me hace sentir nada, pero me intriga.

Yo no pienso juzgarlo solo por ser un Landry.