Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 20. Bonnie
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Capítulo 20. Bonnie

Bonnie

He estado en casa de Tara para prepararnos para las fiestas.

Ahora vamos a comer en la plaza del pueblo.

Van a hacer barbacoas y hay también un concurso de pasteles.

Al llegar, con un vestido fresco de verano en color amarillo, busco a Darren entre toda esta gente y lo veo al fondo en la caseta que han instalado con productos de su rancho; es la más grande y con más variedad.

Habla con el alcalde, un hombre de más o menos su edad que se nota es el típico que se cree por encima de la gente.

Darren va con su ropa habitual, vaqueros desgastados y una camiseta blanca.

Su sombrero negro está calado hasta sus ojos.

Se gira y me ve entre este mar de gente, y algo cambia en él.

Su postura se tensa, pero no es por malestar, es otra cosa.

Sé que recuerda mi descaro del otro día.

Cómo le tiré el tanga. Evitarlo me cuesta la vida.

Solo quiero estar a su lado y no dejo de pensar por qué corro en dirección contraria.

Cuando el verano acabe, cada uno seguirá su camino y si lo hacemos bien, Max nunca sabrá nada.

Él no para de andar con unas y con otras.

Ayer lo vi en sus historias. No me molesta.

Solo me hace pensar por qué yo sí estoy resistiéndome a esto. Si Max no se entera, no le hará daño.

Cuanto más lo pienso, más me quiero dejar llevar. Experimentar esta atracción y disfrutar.

Tara me lleva hasta el puesto de Darren, al que su marido acaba de llegar para vender los productos. Darren me mira de reojo cuando me pongo cerca.

—Quiero que probéis el mejor queso. —Lars nos da a probar y cojo un poco.

Está muy bueno; todo lo que hacen en la granja es de calidad. Hay una sección de productos ecológicos, pero más pequeña. Al ser más caros, poca gente apuesta por ellos, aunque sean mejores. La gente casi no llega a fin de mes, y pagar tanto dinero por buena comida no está al alcance de todos.

—¿Te gusta esto? —me pregunta Darren.

—Sí, mi zona favorita es la que hemos creado con las flores.

—No me ha dado tiempo de verla aún. No paran de solicitarme de un lado y otro.

—Ser el empresario más destacado del pueblo es lo que tiene —lo pico.

—Saca tiempo para enseñármelo luego —me susurra.

—Vale —asiento—. ¿A qué hora es el rodeo?

—Empieza a las seis, yo no subiré hasta el final, sobre las siete.

—Allí estaré.

Me guiña un ojo y eso hace estragos en mi sexo. Se marcha cuando lo llaman. Al girarme, veo a Tara y Lars clavando sus ojos en mí; por suerte, no hacen comentario alguno. No sabría cómo decirles que no ha pasado nada, cuando yo estoy ardiendo por mi jefe.

—Vamos, tienes que ver esto.

Tara me coge del brazo y pasamos por el puesto de los Landry. Tienen poca cosa y un hombre mayor no para de gritar y de decir a todos que trabajen.

—No me puedo creer que mi hermana tenga su sangre. Es lo peor de ella. —El viejo mira a Tara y le grita—. Vámonos.

Andamos entre los puestos y algunas mujeres preguntan quién soy. Ella siempre les dice: «La chica de Max». Cosa que sabe que odio. Pero parece no importarle.

—He visto cómo te mira Darren. Bueno, lo he visto yo y todos.

Estamos en un puesto de fruta.

—No sé de qué hablas.

—A ver, es normal, eres joven, bonita y sexi. Y ellos son hombres. Al final, pues los chochitos jóvenes los ponen calientes.

Su comentario me ofende.

—No miro a Darren de ninguna manera y soy mucho más que eso.

Se ríe y me abraza.

—Era una broma, querida. Es verdad que tengo una crisis de identidad, porque los cuarenta cada vez los siento más cerca y mi cuerpo no es el mismo tras ser madre. Y Lars, bueno, me quiere, pero es tan bueno que me aburre en más de un sentido.

No me gusta que hable así de Lars. Me cae bien, es un buen amigo en este lugar, y no quiero saber estas cosas.

—Eres preciosa, Tara.

—Gracias, vamos a seguir.

***

No he dejado de comer y beber desde que llegué. Tara, por suerte, no ha hecho más comentarios ofensivos como ese y ha estado amable. Se lo he contado por mensajes a mi hermana y piensa como yo, que tenga cuidado, porque algo no le cuadra de ella.

No me ha gustado esa percepción que tiene de mí.

De que si yo fuera más mayor no tendría esa capacidad de atraer a Darren.

Es cierto que esto tal vez solo sea sexo, pero siento que es más que eso.

Porque a veces, cuando lo miro sin tocarlo, también siento una conexión que va más allá de quienes somos.

Y he visto a Lars mirar a Tara con cariño y ternura. A él no le importa que tenga casi cuarenta. Lo que sí he visto es que le molesta que se ponga a tontear para conseguir que la proteja cuando un cerdo le toca el culo sin su permiso.

No, como dice Gretel, algo en todo esto no me gusta. Y no me quito de la cabeza que, sin conocerme de nada en persona, me dejó al cuidado de su hijo.

Estos días sin Darren he pensado mucho en lo nuestro, en que hagamos o no hagamos algo más, y hay secretos míos y de Darren que no contaré a Max.

¿Qué más dan unos cuantos más? Al fin y cabo, en unas semanas me iré, seguiré con mi vida y Max no sabrá que besé a su padre y muchas otras cosas.

¿Tan malo sería engordar un poco más esos secretos, si tenemos claro que no habrá más?

Tara dijo que Darren solo me mira así por ser joven y guapa, y sé que no. Y desde que ese comentario me dolió tanto, no he parado de darle vueltas a esto. A que yo sé que esta conexión es especial y tal vez solo tenga la suerte de experimentarla una vez en toda mi vida.

Hoy voy a decirle lo que pienso.

Junto a las creaciones de flores.

Que es donde estoy ahora esperando a Darren.

Como la gente está comiendo sentada en las mesas, hay menos personas por esta zona.

Como si no hubieran tenido suficiente con la comida de por la mañana.

Le he mandado una foto mía con las flores a mi espalda y ponía que si no venía en cinco minutos entraría sola.

No sé qué está haciendo, pero necesito saber que por llegar a tiempo movería cielo y tierra.

Y así es, viene casi a la carrera.

Y cuando llega, ve que no llevo mi sombrero.

—Te vas a quemar, hace demasiado sol en esta zona.

—Bueno, es lo que hay.

Lo estoy provocando. Entro en la zona de las flores y me sigue. Estamos solos, no hay nadie dentro. Voy hasta una mariposa enorme que he creado yo.

—Tara me dijo que la mariposa de flores rosas y blancas era tuya.

Se quita el sombrero y me mira dudando.

—¿No me lo vas a poner?

—Bonnie…, ¿a qué juegas?

—No estoy jugando, Darren. —Cojo el sombrero y me lo pongo—. Estoy cansada de estar alejada de ti. Me gusta estar a tu lado.

Me mira con el sombrero puesto. Su sombrero. Alza su móvil y me hace una foto al lado de mi creación.

—Para cuando estés lejos.

—Me voy a ir al acabar el verano. —Andamos hasta la siguiente decoración—. A Max todo le haría daño si se entera.

—¿Qué quieres decir, Bonnie?

—Que él está por ahí con unas y con otras, y yo estoy aquí no haciendo lo que deseo para no hacerle daño.

¿Pero y si no se entera? Al final, esto es cosa de un verano.

De dejarnos llevar y luego cada uno por su lado.

No estamos hablando de amor. Si se hablara de eso, al final tocaría decirle algo.

Pero si no es amor, ¿por qué nos privamos de disfrutar cuando no se va a enterar de nada?

—Yo sí lo sabría, Bonnie. —Andamos hasta la abeja enorme con flores—. No sé si puedo dar ese paso y mirarlo a la cara después.

—Entiendo.

Andamos por la zona y cuando pasan unas mujeres me acerca a él pasando una mano por mi cintura.

—No lo entiendes, Bonnie, no entiendes lo que es reprimirme. Me encantaría ceder. Pero no sé si luego podría mirar a Max a la cara sabiendo lo que he hecho.

Giro y le pongo de nuevo el sombrero tras apartar de su frente su pelo negro. Coge mi mano y acaricia su interior.

—Voy a buscar a Tara. Te animaré esta tarde y no te mates, por favor.

—No lo haré.

—Siento haber sido tan egoísta con mi petición.

Me sujeta antes de que me pueda marchar. Trago con dificultad por su forma de mirarme. Luego se acerca a mi oído y me susurra:

—Yo no; si solo fuera un hombre…, tú serías mía todo el verano, Bonnie. Me alegra saber que sientes lo mismo. —Acaricia mi espalda y luego me deja un beso en el cuello—. Te dedicaré lo de esta tarde, ya que no puedo permitirme que tú me cabalgues a mí hasta el amanecer.

Cuando se aparta está sonriendo, porque sabe el efecto que han causado en mí sus palabras susurradas. Y entonces se marcha y me quedo acalorada, y no por el sol. Salgo cuando consigo esconder lo que siento.

Estoy entre desilusionada y avergonzada por exponerle lo que deseo sin pensar en él.

Tal vez porque estoy harta de pensar en todo el mundo.

Hasta con Max. Ser su amiga es increíble, pero ser su amiga ha conllevado siempre perdonarle sus desplantes.

Por una vez quería ser esa mujer que piensa en ella misma y nada más. Y ha salido fatal.