Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 17. Darren
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Capítulo 17. Darren

Darren

Nuestras bocas se funden en un beso demoledor de dientes, lenguas y gemidos por su parte que me están haciendo enfebrecer. Noto como la polla se me pone cada vez más dura y cuando ella se echa hacia delante lo nota también. Muerde mi boca y luego se restriega sobre mi dureza.

No dejamos de besarnos. Soy incapaz de separar mi boca de la suya.

Llevo muchos días perdido en el recuerdo de lo que fue morir en sus labios.

Ese día junto al lago fue uno de mis favoritos.

Detenerme me costó la vida y seguramente hoy me pase igual.

Esta mujer es todo lo que nunca me permití soñar, porque desde niño acepté que algunos sueñan y otros viven la vida que les toca, donde los sueños no los alcanzan.

—Darren —su voz lastimosa y su forma de moverse me hacen saber que está al límite.

—¿Qué necesitas, cariño?

—Ya lo sabes. —Bajo los besos por su cuello hasta la cima de sus pechos. Si le quitara la ropa, dudo que nada pudiera evitar que la penetrara.

—Quiero oírte.

—Te necesito aquí. —Toca su sexo sobre la ropa interior.

—Entonces, date placer. Algo que tampoco es la primera vez que haces cerca de mí. —Muerde su labio—. Eres una chica mala, te pone llevarme al límite. ¿Verdad, cariño?

—Algo debe de haber mal en mí para provocarte tanto y disfrutar de verte perdido.

—Muy perdido. —Cojo su mano y la llevo a sus duros pezones.

Los quiero en mi boca, los necesito, mejor dicho. No, eso sería ir demasiado lejos.

—Darren…

—Tócate, Bonnie. Como anoche. Que vea como esta chica cachonda se da placer a ella misma. Sobre mí. Notando mi dura polla en tu trasero.

Veo en sus ojos lo mucho que le gusta esto.

Siento que este lado de ella lleva años oculto.

Saber que soy el primero en esto me hace desear mandar todo a la mierda para ser su primera vez en muchas más cosas.

En todas las que me ruegue así, con los ojos entrecerrados, los labios rojos y las mejillas sonrojadas.

Llevo mi dedo a su boca y lo chupa como si fuera mi polla. No me dejo ir de milagro, pero noto los huevos duros por verla hacerlo.

—Me gusta tocarme así. —Tira de su vestido y libera uno de sus rosados pezones. Sin dejar de mirarme, lo pellizca con sus dedos y tira de él—. Imaginar que tu boca caliente se lo mete entero y succiona con fuerza.

—Te gusta sentir dolor.

—Un poco.

—¿Te gustaría que te atara las muñecas y te entregaras a mis deseos? —Por como su respiración se agita sé que sí. Muerdo su cuello levemente y luego cojo sus muñecas para llevarlas atrás—. Te imagino desnuda en mi cama. Abierta y lista para mí.

Acerco mi nariz a su pecho y la toco levemente. Huele a flores. Me encanta cómo huele esta mujer. Suelto sus manos y espero que se dé placer.

—Darren…, estoy muy excitada y ni me he tocado.

—Seguro que me has mojado los pantalones. —Se avergüenza levemente. Pongo las manos en su trasero y la hago restregarse sobre mí con más ímpetu. Lo hace varias veces, mojando mi tela vaquera.

—Tócate, preciosa, deja que vea como te corres sobre mí e imagine que te estoy llenando hasta el fondo.

Coge su vestido y lo levanta. Ambos podemos ver sus bragas negras con una mancha de humedad. Aprieto mis dedos en sus caderas para no ponerla sobre la mesa y que sea mi postre.

—Preciosa, o te tocas tú, o mandaré todo a la mierda, y no estoy preparado para el arrepentimiento de mañana.

Mueve su mano hasta su ropa interior y veo como sus dedos tocan tentativamente su sexo.

Echa la cabeza hacia atrás. Lamo y beso la curva de su cuello.

Busco su boca mientras jadea entre nuestros besos por la magia que hace en su cuerpo.

Se retuerce cuando toca un punto que le encanta. Me aparto para verla bien.

—Bájate un poco las bragas, muéstrame ese coñito que tantos sueños húmedos míos ha conquistado.

Lo hace, tira con sus dedos del elástico de su ropa interior hasta que veo sus labios inferiores sonrojados e hinchados por el deseo.

Su clítoris asoma cuando los abre. Madre mía.

Muerdo mi boca hasta casi hacerme sangre mientras ella pasa los dedos por su sexo, moviéndolos en círculos.

No dejo de observarla mientras se toca cada vez con más fuerza.

Sus gemidos rompen la noche hasta que no puede más y se deja ir.

El orgasmo la recorre de pies a cabeza. La beso mientras aún lo siente y me corro, joder, me corro solo por verla, por sentirla.

Por tenerla sobre mí tan preciosa y deseable.

—Creo que es mejor no jugar a esto más, porque dudo que la próxima vez pueda evitar adentrarme en ti o meter mi cabeza entre tus piernas.

Toco sus labios sonrojados y le coloco la ropa.

—Es mejor que me marche.

—Sí.

No, no quiero que se vaya, quiero abrazarla. Quedarme aquí con ella disfrutando de su cercanía. Que se duerma entre mis brazos para luego llevarla a mi cama y dormir juntos. Ella me hace desear cientos de cosas que nunca me planteé con nadie, o que no me atrevía a hacerlo.

La veo irse y siento el frío posarse en mi piel.

Con ella quiero todo lo que sé que no puedo tener.

Necesito recordar mis prioridades. Ella solo está de paso, solo nos consume el deseo, y arriesgar todo con Max por un calentón no me lo perdonaría en la vida.

No consigo levantarme. Sigo aquí, perdido en lo que sentí cuando la tuve en mis brazos sabiendo que lo que dije es cierto, es mi sueño imposible y duele admitirlo.

Que el verano pase pronto… o que Max venga de una puta vez.