Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 16. Bonnie
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Capítulo 16. Bonnie

Bonnie

—Como sigáis así, al final ni Max ni leches —dice mi hermana al teléfono al día siguiente.

He cogido el coche para ir a comer y pasar el día a un pueblo cercano. Necesitaba alejarme de todo. Sobre todo de Darren y mi deseo de buscarlo por el rancho y pedirle hablar con él de nuevo…, esta vez sin ropa.

—Siento que soy un poco egoísta.

—¿Y eso por qué?

—Porque Darren me desea y si no hace nada es porque no podría perdonárselo. Creo que jugar con fuego le hará más daño a él que a mí.

—Ya, es una putada. Pero si tú sintieras algo por Max y fuera tu novio, a mí me dolería, pero la vida sigue. Al final te perdonaría por robarme al amor de vida.

—No lo querrías de novio, Gretel.

—Bueno, no sé. Tal vez por mí si cambie.

—O no, y por no perderlo te pierdas tú por el camino. Max es el mejor amigo del mundo, pero como novio no se lo deseo a nadie. Cuando ha tenido parejas ha pasado de ellas. No sabe ser novio de nadie, porque se pasa horas metido en su mundo y perdido en sus demonios.

—No te ha contado qué pasó, ¿no?

—No, y Darren tampoco lo sabe. Esperaba que estar aquí me ayudara a entenderlo mejor y así poder ayudarlo.

—Complicado si no va… Vale, como novio sería una mierda. Pero podría follar con él y luego dejarlo en plan drama y seguir con mi vida. Seguro que una ruptura así me da para canciones de puta madre.

—Seguro que sí.

Hablamos de ella y luego cuelgo. Me hago varias fotos en un campo de flores y las subo a mis redes.

Max me da «me gusta» y luego lo hace otro cuya foto de perfil es una corbata de vaquero.

Entro en su perfil y no sigue a nadie. Solo a mí.

Le escribo desde la red social, donde usé el diminutivo de mi nombre como si fuera un dulce de chocolate:

Bonbonlove: ¿No serás por casualidad Darren…? Te delata que no sigues a nadie, solo a mí, porque te encanto.

D38: Me has pillado, he creado otra cuenta para no delatarme. En la otra solo sigo a Max, a Lars y a Ehud. ¿Dónde estás?

Bonbonlove: En un pueblo cerca.

D38: Si pasas el pueblo y giras a la izquierda, hay un camino que lleva a un bosque. Al fondo hay un lago inmenso rodeado de montañas. Merece la pena verlo.

Bonbonlove: Voy hacia allí, atento a mis fotos, que seguro que subo más.

D38: Aunque no debería, siempre estoy atento a todo lo que haces.

Cojo el coche y voy a donde me ha dicho Darren.

No tardo en ver el camino. Conduzco hasta donde me dejan llegar con el coche y luego aparco junto a otros coches.

Salgo y voy hasta el lago. Impresionada por las fotos, hago varias y subo un carrusel de imágenes donde en algunas salgo yo y en otras, el lago.

Saber que Darren las va a ver hace que suba una donde miro a la cámara, coqueta.

Aunque casi nunca subo fotos de mí, o mejor dicho, nunca, esta vez me siento guapa.

Al poco le da a «me gusta». Guardo el móvil y me mojo los pies tras quitarme las botas.

No me baño, aunque hay gente que sí lo hace.

Le dije a Darren la verdad, mi madrastra me hizo odiar ir en bañador y sus fiestas del agua.

A ella le encantaba ir en bikini presumiendo de su cuerpo.

Nadie le quita el cuerpazo que tiene, ni que es guapa, pero tampoco que es un ser horrible.

La belleza solo reluce mientras el interior se pudre en quien eres en verdad.

Tras un rato en este lugar tan bonito, regreso al rancho de Darren. Al entrar en la casa me llama desde la cocina.

Ando hasta allí y lo veo preparando algo de cenar. Aunque está de espaldas, verlo hace que se aceleren mis latidos y recuerde dónde estuvieron ayer mis manos y lo que hice pensando en él tras la puerta. Agitada, entro y voy hasta su lado.

—¿Te ha gustado?

—Me ha encantado. Pero había demasiada gente como para atreverme a bañarme en ropa interior.

Sus ojos azules se clavan en los míos y luego me recorre el escote de la camisa sin mangas que llevo atada a la cintura.

—Si alguna vez tienes el impulso de bañarte en ropa interior, yo puedo vigilarte. —Su mirada se oscurece. La respiración se me agita.

—Tal vez un día podrías bañarte conmigo, no solo mirar o escuchar lo que hago —¿Qué estoy haciendo? Me arrepiento al ver el dolor en sus ojos—. Voy a mi cuarto…

—No tienes que irte, Bonnie. He hecho cena para los dos. Puedes cambiarte y ponerte ropa cómoda. Podemos cenar en el cenador del jardín trasero.

—Vale. Ahora vengo.

Subo a mi cuarto sabiendo que es mala idea cenar con él, con esta atracción que me quema las entrañas cuando lo tengo cerca. El problema es que no puedo huir de esta necesidad de estar cerca de él un poco más de la única forma que puedo.

Darren

Termino de preparar la cena y la espero. Esto es un error, lo sé. El problema es que cuando se trata de ella no pienso de forma racional, solo quiero una excusa para estar más tiempo a su lado.

La escucho acercarse. Se ha dado una ducha rápida y lleva el pelo algo húmedo.

Un vestido fresco de color azul cae sobre sus curvas.

Esas curvas en las que me perdería una y otra vez.

Es una putada que la mujer que más he deseado en toda mi vida sea ella.

La deseo tanto que cuando estoy a su lado mi mente se pone en pausa y solo la siento a ella.

Por primera vez en mi vida entiendo lo que es la paz.

—Todo tiene una pinta deliciosa —comenta cuando se sienta en el banco frente a mí—. ¿Quién te enseñó a cocinar?

—Mi abuela. No había día que no me recordara que para saber llevar este lugar debía ser bueno en todo.

—Tu abuela me rehúye.

—No lo hace…, bueno, sí, pero porque es una mujer un tanto especial. Mañana vienen a comer a casa, haremos barbacoa.

—¿Y yo estoy invitada? —Coge un poco de pan mientras me observa divertida.

—Esta es tu casa mientras estés aquí. No tengo que invitarte a tu casa.

Su mirada es agitada y luego se muerde el labio inferior, ese que yo quiero atrapar entre mis dientes.

—Nunca he tenido una casa tan especial. Mi padre tiene una mansión.

Pero siempre la he sentido fría. Cuando éramos solo él yo, pasaba tiempo trabajando.

Aun así, cuando estábamos juntos era feliz a su lado.

Hacíamos una tienda de campaña en el salón, con una sábana y cojines.

Ese era mi momento favorito. Aunque era muy pequeña la última vez que lo hicimos, lo recuerdo con cariño.

—¿Por qué se acabó?

—Mi padre se enamoró de la que ahora es mi madrastra y pasó a darle todo a ella.

Todo su tiempo. Esperaba que ella me diera a mí el tiempo que él no podía darme, pero ella dejó claro desde el principio, cuando se casó con él, que nunca haría de madre.

Y tras la llegada de Gretel se centró en ella, y mi padre pasaba menos tiempo en casa por trabajo.

Ahora mismo no reconozco, al mirarlo, al hombre cariñoso de mis recuerdos.

—Es duro mirar a alguien a quien has querido y no reconocerlo.

—Sí. No sé si es mejor que Aldara pasara de mí.

Gretel, desde pequeña, se ha sometido a dietas horribles y concursos de belleza infantiles.

En muchos de ellos parecían niñas disfrazadas.

Gretel es preciosa, mucho más de lo que nunca lo fue mi madrastra, y ella quiere que su hija brille donde ella brilló.

Por eso la ha presentado al concurso de Miss USA.

—¿Y tu hermana qué piensa de todo esto?

—Que no quiere ser parte de ese circo. Pero mi madrastra tiene poder sobre ella hasta los dieciocho años. Y antes de que los cumpla quiere exprimirla bien.

—¿Y eso?

—Sus abuelos le dejaron una herencia que administra mi madrastra mientras mi hermana no sea mayor de edad.

Gretel los quería mucho. Y no quiere que ese dinero se lo quede mi madrastra, pero en el testamento ponía que para poder acceder a la herencia debía permanecer con su madre hasta la mayoría de edad.

Eso es lo que ella le dijo, pero yo siento que hay gato encerrado.

Y Gretel no lo hace por el dinero. Es que todo es todo.

También los recuerdos de sus abuelos, y colecciones que tenían ellos, que ella quiere cuidar y darles un lugar bonito.

—Tu madrastra no lo haría.

—No. Por eso Gretel va a aguantar, para no poner en riesgo la herencia, y luego, bueno, su idea es vivir conmigo. Y yo no tengo ni una casa donde caerme muerta.

—¿Y el dinero de tu padre?

—Mi padre no me da nada. Aldara lo convenció de que tenía que ganarme la vida para ser una mujer de provecho.

—Es una zorra. —Me río y asiento.

—Sin duda alguna.

Miro lo que está haciendo en el jardín trasero. Ha puesto un huerto de hierbas y ha plantado flores.

—Está quedando muy bonito.

—No estoy haciendo tanto como me gustaría, porque con este calor no apetece.

—No tienes que hacer nada.

—Lo sé, pero me gusta pensar que cuando me vaya una parte de mí se quedará aquí y cuando la mires me recordarás. —Dudo que alguna vez pueda olvidarme de ella—. Y ahora, tres preguntas. —Espero las preguntas—. ¿Un sueño cumplido, uno por cumplir y uno imposible?

La intensidad de sus ojos hace que piense de verdad qué responder. Con sinceridad. Como siempre que estoy a su lado.

—Un sueño cumplido, Max, aunque llegó demasiado pronto. Antes de que supiera si de mayor desearía ser padre.

—Comprensible.

—Un sueño por cumplir…, ser feliz. No recuerdo si alguna vez lo he sido de verdad. O si he sentido esa paz que te da la felicidad más absoluta cuando sientes que lo tienes todo en ese instante.

—Te entiendo.

Se agita el aire y su vestido se mueve, revelando parte de su escote.

—Un sueño imposible…, tú.

La intensidad de sus ojos me hace apartar la mirada y centrarme en la cena. No sé qué decir. Esto no debería ser así con ella, con ella no. ¿Por qué de entre todas las mujeres de la tierra tengo que sentirme así por ella?

Aparta los platos y se sienta sobre mí. Joder. Alzo la cabeza y la determinación de sus ojos me agita. Pongo las manos en su cintura. Tiembla en mis brazos mientras me debato entre besarla o apartarla.

—Si ya nos hemos besado una vez…, ¿habría que contarle a Max una segunda?

—Cariño…, si jugamos con fuego nos vamos a quemar. Si te follara como deseo, dudo que pudiera conformarme con una sola vez.

—Entiendo. —Arrepentida, trata de levantarse, pero anclo mis manos en sus caderas y le impido que se alce.

Acerco mi boca a la suya y pienso que ya la besé, un beso más no cambiará nada. Solo un beso. Lamo su boca. Jadea y sé que el beso se nos irá de las manos. Aun así, no me detengo y atrapo su boca en la mía para devorarla.