Capítulo 15. Bonnie
Bonnie
—¡Bonnie! —grita Tara, y me separo de Darren como si quemara.
Quería que me besara, que me follara, que me lamiera… Joder, lo quería todo sin pensar en las consecuencias, y por su mirada sé que él también. Se aparta y vamos a donde están sus amigos. Tara, al verme, me abraza.
—Se nos ha ido un poco de las manos, y eso que debería cuidarte. —Se ríe, va algo achispada.
—Vamos a tomar la última a un sitio más tranquilo —añade Ehud—. Si voy ahora a mi casa, mi mujer me mata, seguro que no ha acabado de leer.
No entiendo a qué viene esto, pero los sigo.
Darren no dice nada. Tampoco cuando entramos en un bar más tranquilo y nos sentamos cerca del escenario donde la gente canta.
Mi hermana disfrutaría de este lugar. Le gusta mucho cantar, pero mi madrastra tenía otros planes para ella, claro.
Aun así, en sus pruebas canta con una guitarra.
Para eso sí quiere sus cualidades como compositora.
—Me gusta cómo canta —digo, y cojo palomitas que nos han puesto, y cacahuetes dulces—. Solo me falta chocolate y ya puedo morirme del gusto. —Todos me miran y Darren se levanta.
Al poco vuelve y deja sobre la mesa una tableta de chocolate. No me mira pero sé lo que hace: me cuida, me mima de la única forma que puede. Cuanto más tiempo paso a su lado, más me gana. No es solo atracción física, es algo más. Algo más fuerte, que se abre paso en mi pecho.
Cojo el chocolate y lo mezclo con todo. Lo disfruto en la boca y luego preparo otra mezcla y la pongo en la mano de Darren. Cuando lo prueba siento que esto es lo más cerca que estaré de nuevo del sabor de su boca. Aparta la mirada.
—Voy a cantar —anuncia Tara.
—Ah, bien. ¿Sabes cantar? —pregunto.
—Canta como el culo —interviene Ehud, y ella le pega.
—Tú conmigo. Lo podemos hacer en modo karaoke.
—No estoy tan borracha. —Me pone su cerveza delante y luego me pone ojos de corderito. Soy débil ante esa mirada.
Mira a su marido, que está tenso desde que hemos salido del otro sitio. Tiene la ceja partida, pero ya no le sangra. Por lo poco que sé de Lars, siempre anda sonriendo, pero ahora está perdido en sus pensamientos y no nos mira.
Si soy sincera, no sé qué pensar de todo lo que ha pasado esta noche.
Tara lo estaba provocando para que hiciera algo.
Y mientras nos vestíamos me dijo que estaba aburrida del sexo con su marido.
Que en realidad siempre había sido así, por eso ella esta noche iba a darle vidilla.
Al parecer, darle vidilla es provocar los celos de Lars.
No quiero meterme en su matrimonio, pero esto no me parece algo sano.
Como tengo que subir a cantar, no dejo de beber para ver si esto aplaca mi vergüenza.
Cuando subimos al escenario, no es solo ella la que tiene ese punto de borracha. Yo también. Darren nos graba con mi móvil para mandarlo a mi hermana y a Max. Hago un saludo a la cámara y cojo el micro. Luego me presento.
—Mi nombre es Bonnie Gray, canto muy mal, pero mi hermana ama esta canción y se la dedicamos.
—A mí ya me conocéis todos —dice Tara.
—¡Y sabemos lo mal que cantas! —Esto lo añade el dueño y la gente se ríe.
Tara les saca la lengua y luego empezamos a…
destrozar la canción. Lo peor es que nos venimos arriba y creo que conseguimos un récord de gallos mundial.
Al acabar me duele la garganta de forzarla tanto.
Darren me tiende una botella de agua. Está en todo.
Joder, está en todo. Quiero abrazarlo, perderme en él, que me cuide como una princesa.
—Gracias —le digo, y bebo agua para ver si el nudo que siento se me pasa al tragar.
No se va, dura toda la noche. Max se ríe de mi actuación. Luego me dice que me quiere y que cuando venga cantaremos juntos. Gretel me dice que me ha tenido que escuchar sin sonido para no destrozarse los tímpanos. Lo peor es que seguro que es cierto. Un gato atropellado canta mejor.
Llevamos a Ehud a su casa y Lars y Tara se van a la suya.
Al entrar en la casa de Darren, deja las llaves y cierra la puerta.
—¿Me mandas el vídeo?
—¿Eres masoca?
—Estabas sexi, sin voz no está tan mal. —Le tiro un cojín que pillo. Lo atrapa en el aire—. Así que palomitas, cacahuetes y chocolate.
—Eso parece… —Saca el móvil y pone una canción.
—Solo un baile, por responder tus preguntas sin que yo te hiciera ninguna.
—¿Ahora es pregunta o atrevimiento?
—Tal vez. Nunca jugué a algo así.
—¿Crees que es sensato bailar juntos? —Me acerco a él y pone sus manos en mi cintura mientras yo enredo las mías en su cuello.
—No lo es, no, tampoco imaginarte medio desnuda en tu cama cada noche. —Apoya su frente en la mía—. Quiero que pase rápido el verano con la misma intensidad con que temo el día que te marches para seguir con tu vida.
Su sinceridad me encanta. No me gusta que se ande por las ramas.
Yo soy así, pero me oculté ante un mundo que quiere sinceridad menos cuando la tiene delante.
Contoneo mi cuerpo ante él y bailamos sin dejar de mirarnos.
Ninguno comenta nada por dejar que pase una canción tras otra.
Los minutos pasan, el deseo arde y las ganas nos consumen.
No hacemos nada, pero su aliento me acaricia cuando su nariz se enreda con la mía. Cierro los ojos para imaginar que en vez del aire quien me toca son sus labios. Junta su mejilla con la mía.
—Entiendo por qué Max se cree enamorado de ti. ¿Quién podría tener a su lado a una mujer como tú y no ansiar que fuera suya? —Se aleja, sé que ha dicho el nombre de su hijo para enfriarnos.
Coge mi mano y me la acaricia antes de besarme galante.
—Buenas noches, Darren.
—Buenas noches, diosa.
Sonrío de camino a la escalera. Estoy vibrando por su contacto, por él. Porque yo también lo imagino en su cama desnudo y ansío entrar en su cuarto y juntar su cuerpo al mío.
Estoy dentro de la cama cuando me llegan tres preguntas de Darren:
Darren: ¿Me hubieras besado? ¿Me hubieras devorado? ¿Hubieras montado al vaquero?
Bonnie: Atrevimiento…
Darren: Duerme desnuda, aunque no puedo hacer más que imaginarte…
Me quito la ropa y la tiro al suelo. Le hago una foto de mi ropa interior en el suelo de madera.
Darren: Soy idiota, ahora tendré que atarme a la cama para no devorar tu cuerpo… Buenas noches… si puedes dormir sin pensar en todo lo que te haría.
Bonnie: Buenas noches, vaquero, espero que en tus sueños sí me dejes montarte…, en ellos no existe Max. Ni el arrepentimiento del día siguiente.
Dejo el móvil y me cuesta dormir. Al final no puedo hacerlo hasta que me doy placer con mis manos imaginando que son las suyas.
Muerdo mi boca hasta que grito con fuerza.
Dejando que mis gemidos le lleguen. Escucho pasos y sé que está tras la puerta.
Se detiene, quiero que entre, que sean sus manos las que sustituyan a las mías.
La respiración se me agita ante su cercanía.
Podría detener, podría… Tiro de mis duros pezones notando como sentirlo tan cerca me excita.
Muevo los dedos recordando su mano en mi sexo cuando me dio el mejor orgasmo de mi vida. Contoneo mi cuerpo caliente y sudoroso por la cama. Lo imagino entre las sombras mirando lo mojada que estoy por él. No dejo de tocarme, de meter y sacar los dedos de mi sexo con fuerza.
Sé que si no estuviera achispada no lo haría. Pero esta noche me siento sexi. Lo peor es que su nombre se escapa de mi boca cuando me corro con fuerza sobre mis dedos.
Un mensaje suena cuando los últimos latigazos del orgasmo me recorren.
Darren: Si pudiera te haría gritar más fuerte, cariño…, pero gracias por regalarme tu orgasmo. Me ha encantado mi nombre en tu boca al correrte.
Bonnie: Tal vez un día no puedas evitar cruzar la puerta pase lo que pase.
Darren: Tal vez, pero no cuando estás achispada. Descansa.
Lo escucho irse y siento frío de golpe. Lo quería en mi cama, conmigo.