Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 14. Darren
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Capítulo 14. Darren

Darren

Entro a la cervecería a tomarme algo con mis amigos tras una semana intensa. No he vuelto con Bonnie al lago; ella no ha propuesto ir y yo he preferido no dejar que mis ganas de verla ganaran y me tentaran. Un día no podré resistirme a volver a comerle la boca.

Me cuesta mucho no subir a su cuarto cada noche. La imagino tendida en su cama medio desnuda, iluminada por la luna. Quiero venerar su cuerpo como si fuera una diosa. Joder, dormir es una mierda desde que sueño con ella y me despierto ansiando verla, aunque solo sea desde lejos.

O Max llega pronto, o cometeré otra tontería de la que tal vez me acabe arrepintiendo. Puede que crea que Max no está enamorado de ella. Pero él sí lo cree, y hacer algo con la chica que le gusta es una traición que no se hace entre amigos, menos aún a un hijo.

No sé cómo lidiar con esto, porque nunca me ha pasado sentir algo así por nadie.

Lars llega y luego Ehud, cuando ya hemos pedido cervezas y nos hemos instalado al fondo.

No es un reservado como tal, pero nadie se sienta ahí los viernes, porque es nuestro lugar.

Ser el empresario que más dinero aporta a este pueblo tiene sus ventajas.

Al menos yo no las uso para hacer daño, como hacía mi abuelo.

Al alcalde le viene bien tenerme de buenas y a los comerciantes también, porque cuando el rancho fue mal todos lo notaron. Que el rancho resurgiera fue bueno para todos.

—Entonces, en dos semanas vas a montarte de nuevo en un caballo salvaje. —Ehud me pica—. Ya tienes casi cuarenta…

—Estoy mejor que nunca, no puedes decir lo mismo. —Se ríe y Lars con él.

—Esta noche, Tara sale de fiesta —dice este como si tal cosa, y mira hacia la puerta—. Con Bonnie. Noche de chicas. Pero antes han ido a cenar y a arreglarse.

—Bien. —Miro hacia la puerta, inquieto por si Bonnie aparece, y Lars hace lo mismo, inquieto por su mujer. Cuando Tara sale, se le va algo de las manos.

En este bar hay muchos idiotas que en cuanto ven una mujer guapa se tiran como si nunca hubieran visto algo así.

Por eso sé que Bonnie vendrá, porque Tara seguro que quiere provocar a su marido.

No tengo ni idea de por qué Lars soporta esto.

Siempre es lo mismo cuando sale. Provoca a otros hombres bailando hasta que uno se propasa, Lars se levanta para ayudar a su mujer y se lía.

Luego se largan y tienen sexo. Mi amigo odia la violencia, y Tara lo lleva al límite.

No pienso meterme en su relación, pero a mí no me parece normal desear que tu pareja se pelee para hacer tu historia de amor más interesante.

Por eso no me hace gracia que Bonnie salga con Tara, porque seguro que la usa para atraer a más hombres. Y los Landry ya están por aquí.

Mi idea de estar aquí era para no pensar en la joven de grandes ojos verdes y pelo de color de fuego. Sigo hablando con mis amigos hasta que siento que el aire cambia. Es sutil, pero la gente mira hacia la puerta y sé que es ella, que ella ha entrado.

Me giro hacia la puerta bebiendo mi cerveza y casi la escupo. ¿Qué mierda lleva?

Bonnie parece incómoda y Tara, encantada con la reacción de los hombres ante ellas. Bonnie va hasta la barra moviendo su trasero embutido en una falda de cuero negro. El top que lleva atado bajo sus pechos no hace sino realzar su figura. Se le ve el ombligo y las largas piernas.

Tara pide algo para beber y a su lado aparecen varios hombres que las quieren invitar. Como ya imaginaba, la quería usar.

—Os juro que odio esta mierda —añade Lars—. Como uno de esos le ponga una mano encima a mi mujer, me tocará ir a poner orden.

—No sería la primera vez —añade Ehud—. Por suerte, mi mujer prefiere una novela y un buen vino. Y no provocarme hasta que me partan la cara.

—Tu mujer lee novelas eróticas y el vino se lo toma con sus juguetes —responde Lars divertido.

—También. —Ehud se ríe—. Es el trato al que llegamos cuando aceptó casarse conmigo. Podía ponerme los cuernos con cada personaje literario que quisiera.

—¿Y esforzarte por cumplir sus fantasías? —le pregunto.

—No, paso. Soy más del misionero y poco más.

Que folle en su imaginación con quien quiera; ella me quiere como soy y yo a ella como es.

—Se ríe, y yo no entiendo como no quiere hacer por ella todo eso que le pide a gritos, pero si son felices, no me meto.

Peor es lo que hace Tara para conseguir la atención de Lars.

Sigo la mirada de Lars. Está fuera de sí, por ver como su mujer mueve el culo de forma tentadora cerca de los Landry.

Tara es una buena mujer, pero le gusta cuando Lars pierde los papeles en plan cavernícola.

Y ha cogido a Bonnie como conejillo de Indias.

Tara y ella están bailando en la pista improvisada.

Varios hombres tratan de tocar a Tara y esta los mira coqueta.

Se está tomando en serio el juego de provocar a Lars.

Bonnie está incómoda, sobre todo cuando Tara se acerca a su cuerpo y baja por él de forma erótica. Se separa y se pone a bailar sola.

Me busca con la mirada y noto como se sonroja.

Se mueve y esta vez lo hace para mí, aunque no debería, aunque está prohibido, aunque no tocarla me mata.

Bebo mi cerveza mientras imagino mis manos en su cintura desnuda, subiendo hasta el bajo de sus pechos. Se le ve el nacimiento de estos. Me encantaría enterrar mi nariz en ellos y chuparlos juntos.

Bonnie acaba de bailar jadeante y va a por algo de beber. Saca el móvil y hago lo mismo. Lars solo hace caso a su mujer, por si la cosa se fuera de madre, y Ehud se ha ido a jugar a los dardos con unos amigos suyos.

Darren: ¿Bailabas para mí?

Bonnie: Sabes que sí.

Darren: Hay muchos vaqueros que te miran para ponerte su sombrero.

Bonnie: Pero yo solo me pondría el tuyo…

Muerde su boca y me mira. Un hombre se le pone cerca y habla con ella sin apartar los ojos de sus tetas. Como esto siga así, tal vez Lars no sea el único que se líe a tortazos.

Darren: ¿Quieres que le parta la cara por ponerte incómoda?

Bonnie: Si se pone tonto, yo le retorceré las pelotas hasta que me suplique clemencia.

Sonrío por cómo lo dice.

Darren: Que seas una chica dura me gusta aún más. ¿Estás bien con tantas miradas lascivas?

Bonnie: Es en bañador como más me tensa. Mi madrastra hacía fiestas de baño. Odiaba que me miraran al salir de la piscina. Ir así vestida… me gusta. A todos nos gusta gustar, Darren…, aunque nadie, nadie me mira como tú.

Darren: Eso no lo dudes.

El tío se le acerca de más y trata de tocarla. Voy a levantarme cuando Bonnie le hace una llave y le pone el brazo atrás. Y sí, suplica por que lo deje en paz. Joder, si antes me gustaba, ahora más.

Lars me mira y luego a ella. La gente la mira y cuando lo suelta la aplauden. Y así Bonnie se ha ganado el respeto de todo el pueblo. Me guiña un ojo y escribe algo.

Bonnie: Dale las gracias a Max; cuando le conté lo que me pasó, se apuntó conmigo a clases de defensa personal. Me dijo que así nunca más tendría miedo.

Por cosas como esta admiro a mi hijo y pienso que no lo hice tan mal, a pesar de que siento que como padre he sido un poco mierda, porque tenía que estar en muchos sitios y al final era un crío que no sabía cómo hacerlo.

Darren: Me alegra.

Bonnie: No dejes de mirarme, el siguiente baile también es para ti.

Darren: Nunca lo hago, por eso te evito. Para no caer en la tentación de nuevo.

Lo lee, me mira y luego guarda el móvil.

Va hasta la pista donde Tara lo da todo, bailan juntas, y es un baile que hace que Lars salte del asiento cuando Tara se mueve por el cuerpo de Bonnie como si la follara.

La gente grita emocionada mientras yo miro a la mujer que anda perdida en mi mente desde que la conocí.

Muerde su boca, se toca de forma sutil. Uno de los Landry se acerca a ellas, toca el culo de Tara y Lars ya esta ahí para partirle la cara. Voy hasta allí cuando se lía. Cojo a Bonnie y la separo del follón.

Vamos hasta la salida y andamos por las calles del pueblo hasta mi camioneta. La dejo en ella y nos miramos agitados.

—Y yo que quería descargar mi rabia con algún idiota. —Tira de mi camisa negra. Baja las manos y luego apoya su frente en mi pecho.

No puedo hacer nada, por eso solo nos quedamos así, sintiendo al otro sin cruzar la línea. Pongo mis manos en su cintura y disfruto de ella.

—¿Tres preguntas? —Me río—. Las preguntas no hacen daño.

—Las tuyas van cargadas de fuego. —La imagino sonriendo.

—¿Me besarías?

—Sí.

—¿Me devorarías?

—Sin dudarlo.

—¿Me follarías?

—Hasta que saliera el sol.

Entonces sí me mira y estoy perdido. Muy perdido.