Capítulo 13. Bonnie
Bonnie
Podría vivir en la mirada que me echa cuando me quedo solo con el bañador puesto.
He evitado los bikinis porque no quería tentarlo.
Aun así, me mira como si no llevara nada.
Ando hasta el lago y me meto en el agua fresca con la esperanza de que se aplaque mi fuego.
Me encantaría cerrar los ojos y vivir una y otra vez en el beso que compartimos.
Deberían inventar la forma de poder volver a los recuerdos de tu mente y quedarte en ellos un poco más, para sentir de nuevo eso que hizo que se grabaran a fuego en tu alma.
Estoy jodida. Dudo que alguna vez pueda olvidarme de lo que sentí al besarlo. Al sentir su lengua lamiendo los contornos de mi boca mientras sus manos me tocaban como si supieran dónde hacerlo para que yo estallara de placer.
Salgo y me espera con la toalla en alto. No puede evitar cuidar de mí. Eso hace que mi corazón dé brincos en mi pecho mientras me envuelve en la gran toalla. No me toca. Tampoco me abraza, pero su calor sí traspasa este momento.
Me siento en la otra toalla tapada con la manta, con las rodillas alzadas y abrazada a ellas.
—Está helada, pero hace tanto calor que no me importa.
—Yo antes me bañaba más.
—¿Y por qué ahora no? —Apoya una mano en su rodilla.
—Creo que llevo años viviendo demasiado deprisa. —Espero que siga—. Cuando mi madre y mi abuelo vivían, este lugar era un desastre. Siempre estaba lleno de sus amigos. Rob cuidaba de mí todo lo que podía y el resto de los trabajadores fieles igual.
—¿Tenías amigos?
—Sí, Lars y Ehud. Íbamos juntos al colegio. Y cuando mi abuelo no me dejaba ir, me traían los deberes. Así es como conseguí estar al día. Pero perdí un año.
—Con lo de Max.
—Sí. Mi abuelo insistía en que estuviera en sus fiestas. Le gustaba que bebiera y, joder, para olvidar que estaba ahí me dejaba llevar. Ahí fue donde la madre de Max se me acercó. Me sacaba varios años y tengo un poco desdibujado todo.
—¿Te forzó?
—No lo recuerdo así. Porque yo estaba siempre con ganas de perderme en ella…
—Claro, estabas hormonado a tope. —Se ríe—. Y luego llegó Max. Te quedaste solo con él.
—Y tuve que remontar este lugar. Rob se encargó de buscar a mi abuela con el abogado, al que le dijo en qué lugares ella soñaba vivir, y así fue como entre los dos la encontraron.
Ella puso orden junto a él. Y yo me dediqué a sacar adelante este lugar y estudiar.
Tenía que tener estudios que avalaran que no era solo un crío.
Que podía ser dueño de todo esto. Y para ganarme el respeto de todos —sonríe y me pierdo en su sonrisa—, participé en rodeos de caballos.
Era muy bueno, porque el capullo de mi abuelo me hacía domar los caballos más fieros.
Me decía que si me mataban, un problema menos.
—Qué gran abuelo.
—Una mierda como abuelo. Pero luego todo eso me sirvió. Y era tan bueno que conseguí muchos contactos para el rancho.
—Y muchas conejitas, seguro. —Sonríe y no necesito que responda. Los celos se anidan en mi estómago, donde no deberían estar—. Entonces, rancho, Max, rodeos y estudiar. ¿Y respirar? ¿Lo tenías en cuenta o estaba sobrevalorado? —Se ríe y me encanta su risa ronca.
—Está sobrevalorado, pero ahora, aquí estoy.
Nos miramos con intensidad y me pierdo en sus ojos azules. Me encanta que se haya abierto a mí. Me hace sentir especial, casi más que el hecho de que me besara.
—Tres preguntas. —Asiente—. ¿Cambiarías algo de tu pasado?
—No —responde sincero—. Si cambiara algo, por horrible que fuera, no sería como soy ahora ni estaría aquí en este punto.
Lo entiendo; mi infancia ha sido complicada, pero todo eso me ha llevado a esto. A quien soy ahora. Si Darren hubiera tenido otro tipo de vida, seguramente Max no existiría, y no quiero una vida sin Max. Y Darren seguramente estaría casado. Con hijos pequeños.
—Al final avanzamos hacia delante guiados por las huellas de un pasado que no volverá, pero que marca —comento.
—Sí. —Mira hacia el lago—. ¿Alguna vez te has besado con Max o ha pasado algo sexual entre los dos?
No me mira, pero noto los celos en su voz.
—No, porque yo no he querido. —Entonces sí me mira—.
Max es un mujeriego. Lo he visto irse con unas y con otras en las fiestas de universidad, y alguna vez que hemos estado bebidos ha tratado de besarme y le he cogido la cara para apartarlo y decirle que se perdiera con otra. —Sonríe, y yo al recordarlo.
—Soy un egoísta que se alegra de que no le hayas dejado besarte.
—¿Eso hubiera cambiado nuestro beso?
—Seguramente no. Llevas dos preguntas. —Su mirada se hace intensa antes de tornarse seria de golpe—. ¿Alguno de esos hombres que invitaba tu madre te forzó?
—No, pero lo intentaron —admito—. Eso no cambia sus miradas y el asco que sentía cuando lo hacían. Cuando mi madrastra hacía fiestas, me vendaba el pecho.
—Es comprensible. Y más siendo mujer en un lugar de babosos. —Su voz destila furia.
—Ya, bueno, es pasado. Desde que fui a la universidad dejaron de obligarme a asistir a esas fiestas.
Lo que fue un desahogo para mí. Entonces conocí a Max.
Tenerlo a mi lado en las fiestas de la uni me hacía sentir segura, y él me usaba como novia falsa cuando pasaba de liarse con nadie. Nos usábamos mutuamente.
—Lo de que te usaba como novia falsa sí lo sabía.
Pienso mi siguiente pregunta. Tengo ganas de saber muchas cosas de él. Al final me decanto por algo que comentó antes.
—¿Has vuelto al rodeo, vaquero?
—Sí, cada año, en verano, me subo en las fiestas del pueblo. Son dentro de dos semanas, por cierto.
—¿Y puedo ir a verte?
—Claro. —Muerdo mi labio y gruñe—. No me mires así, que me matas. —Se levanta—. Regresemos.
Recojo todo y lo sigo a su casa. Al llegar lo miro.
—Te queda una pregunta.
—Tal vez te la mande por mensaje luego. Te dejaré cena en la cocina.
Le digo que vale y nos despedimos. Subo a darme una ducha y luego leo un poco antes de bajar a por la cena.
Le dejo a él una infusión para dormir. Subo a mi cuarto a cenar en el balcón viendo las estrellas.
Se respira mucha paz en este lugar. Estoy leyendo en el balcón, un poco arropada con una manta fina, cuando me suena el móvil.
Al ver que se trata de Darren siento cientos de mariposas correr por mi estómago.
Darren: ¿Cuando te miro te hago sentir incómoda?
Bonnie: No, de hecho me encanta cómo me miras. Como si fuera una diosa que ha bajado a la tierra para que la veneren tus ojos.
Darren: Eso es justamente lo que pienso…, aunque tal vez no debería confesarlo.
Bonnie: Tal vez yo tampoco que nadie me ha mirado así y me ha hecho sentir tan sexi.
Darren: Entonces es que solo te has rodeado de idiotas, y si mi hijo nunca te ha mirado así…, tal vez es que no siente por ti lo que cree.
Bonnie: Lo conozco lo suficiente para saber que no está enamorado de mí. Pero soy lo más parecido que ha tenido a una pareja. Tenerme como novia hace que tenga algo «seguro» mientras vive por el trabajo. ¿Sabes que nunca me habla de lo que le preocupa?
Darren: A mí tampoco. Ya nos lo dirá.
Bonnie: Sí. Al final nos une lo mucho que lo queremos.
Darren: Y eso mismo también nos separa… Buenas noches, Bonnie.
Bonnie: Buenas noches, vaquero.
Leo la conversación más de una vez antes de seguir con mi libro. Sobre todo, esa parte de que querer a Max es lo que nos une y nos separa, porque no hay nada más cierto que eso.