Capítulo 12. Darren
Darren
—Hola, papá. —Estoy en el despacho, mirando hacia el atardecer y recordando esos momentos con Bonnie en el lago. Sin muchas ganas de trabajar. Pero es lo mejor.
Si hubiera priorizado, como siempre, el trabajo no hubiera besado ni tocado a la mejor amiga de Max.
—Hola, hijo. ¿Cuándo vienes? —Joder, que sea pronto.
—Para eso te llamaba; se va a retrasar un poco más. He hablado con Bonnie. Lo entiende.
—¿Y así es como esperas que ella se enamore de ti?
No sé por qué digo esto. No quiero hablar de él con Bonnie. Imaginarla con él me destroza. No quiero que la toque o que la bese…, joder. Tomo aire y me levanto.
—Ella sabe cómo soy…
—Si la amaras de verdad, no la pondrías en segundo lugar, Max.
—¿Qué quieres decir, papá?
—Que mientras tu trabajo sea lo más importante para ti, es que no amas de verdad a nadie.
—Habló el que no puede dejar de trabajar.
—Por eso te lo digo: nunca nadie me ha importado más que mi trabajo. De forma romántica, quiero decir.
Hasta que ella llegó y dejé todo de lado para mirarla bañarse. Aparto ese pensamiento de mi mente.
—Mira, intentaré ir pronto. Es importante, y Bonnie lo entiende.
—Porque es tu mejor amiga.
—La mejor, sí. Nos vemos pronto. Y rebaja el ritmo.
—Lo mismo digo. —Se ríe.
Cuelgo y miro por la ventana. Al poco aparece Bonnie preparada para ir al lago. Le escribo:
Darren: ¿No crees que es peligroso?
Se gira tras leer el mensaje y me descubre en la ventana. Sonríe y escribe:
Bonnie: Sí, pero solo voy a meter los pies y leer cerca del lago. Hace mucho calor.
Darren: Hay una piscina comunitaria, y también una zona del lago mejor habilitada, donde van los trabajadores.
La idea de que vaya ahí con esos bikinis indecentes no me gusta un pelo. Pero tengo que recordar que esta chica nunca será mía. Levanta la cabeza y me mira antes de escribir.
Bonnie: Tal vez no lo parezca, por cómo he ido vestida ante ti…
, pero por norma general me incomoda que me vean con poca ropa en lugares concurridos.
Mi madrastra siempre invitaba a casa a sus amigos del mundo de la moda…
para hacer fiestas de piscina. Desde pequeña he tenido que soportar miradas lascivas de viejos verdes a mis pechos. Lo odio.
Leo el mensaje y siento deseos de joder a esos cabrones. Bonnie me mira, a la espera de que responda.
Darren: Voy contigo. Necesito descansar un poco.
Bonnie: ¿Y podrás apartar las manos de mí, vaquero?
Me mira con una sonrisa coqueta y gruño. Esta mujer me va a meter en problemas. No lo pienso y salgo del despacho hacia donde está ella.
—Puedo. No pienso volver a tocarte. —Asiente.
—Yo tampoco. —Empezamos a andar y, cuando se quita el vestido al llegar, me mira, y los dos sabemos, por cómo nos devoramos con los ojos, que solo nos estamos mintiendo a nosotros mismos.