Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 11. Darren
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Capítulo 11. Darren

Darren

Intento trabajar como cualquier otro día, pero es complicado recordando a Bonnie entre mis brazos, llegando al orgasmo delante de alguien por primera vez.

Recuerdo su pelo mojado, sus labios rojos por mi boca.

Su pezones duros en esas tetas que me vuelven loco, y su coño apretado mientras se corría mojando mi mano.

No, nunca en toda mi vida podré olvidarme de ella junto al lago.

Solo me detuve y no la follé sobre las toallas porque pensé en Max y eso me enfrió de golpe.

¿Qué estaba haciendo? Max está enamorado de ella, o eso dice; por primera vez me pregunto si solo es que quiere estarlo, porque Bonnie es lo más cerca que ha estado de tener una pareja que acepte su compromiso con todo menos con ella.

Si la quisiera de verdad, estaría aquí. Lucharía por ella. Pero no, encuentra excusas para no venir. Como siempre. Bonnie tiene razón, como novia no soportaría todo esto.

Y no lo merece.

Bonnie merece un hombre que bese el suelo que ella pisa. Un hombre que no puedo ser yo. Y no por falta de ganas. Quiero perderme en ella. Nunca he deseado nada así. Ni a nadie.

A media mañana me llega un mensaje. Saco el móvil personal y veo que es Bonnie. Algo late en mi pecho.

Bonnie: ¿Podemos ser amigos por mensajes? Así no puedo saltarte encima y montar al vaquero. :P

Darren: Podemos, sí.

Bonnie: Estoy almorzando y me he tenido que ir al centro médico, porque toqué algo que me hizo rascarme de más. Estoy bien.

Darren: Es lo malo de las plantaciones ecológicas, hay más bichos. Ponte repelente.

Bonnie: Me han dado una crema y todo bien.

Darren: Ten cuidado.

Bonnie: Me gusta que te preocupes por mí, pero que no se te suba a la cabeza, vaquero. Te dejo, sigo trabajando. Tengo un jefe muy duro.

Guardo el móvil y mi mirada se cruza con la de Lars.

—Debo de estar soñando, Darren el impasible sonriendo. ¿Te estás muriendo?

—Idiota.

—¿Hablas con una chica del pueblo?

—Con Bonnie.

—Joder, esto va a acabar mal.

—Solo es hablar.

—Ya, y tú parecías un tonto enamorado mirando el móvil. Tú, que odias esos trastos si no es para trabajar y poco más.

—No es nada de eso. Vete a la mierda, Lars.

—No, si yo me alegro mucho, pero a ver qué pasa cuando Max regrese.

—Ojalá lo haga pronto.

Así recordaré por qué no puedo desearla a ella. Nos alejamos hacia la zona de los caballos y antes de la comida me paso por la zona ecológica, tras dejar algo preparado en la cocina. Bajo de mi caballo y lo dejo bajo una sombra.

Bonnie sale cansada, pero feliz. Al verme sonríe, se sonroja y devora mi boca con los ojos. Luego se acuerda de que esto no está bien y aparta la mirada. Madre mía, no sé cómo voy a poder resistirme a ella.

Bonnie

—Necesito comprobar que estás bien. Como el buen jefe que soy. —Como buen jefe que es, dice, y mi corazón late como un loco, feliz por tenerlo cerca mientras revivo su beso y sus manos en mi cuerpo una y otra vez.

Le enseño el brazo.

Pasa los dedos por mi piel sensible y veo como la traidora se eriza bajo sus caricias, recordando dónde me tocaron esos dedos que me dieron tanto placer. Lo miro y sin querer me pierdo en su boca.

—No me mires así. —No me mira, pero no es tonto, siente el calor de mis ojos posados en su boca—. No va a volver a pasar.

—Lo sé —le digo en un susurro.

—No es que no me gustara, Bonnie…, es que no puede ser.

—También lo sé. Y yo no suelo hacer esto con cualquiera. —Alza la mirada y veo dolor en sus ojos—. No puedo evitar desearte, pero Max me importa más que esto, que seguro es algo pasajero, y a ti igual.

—Eres muy valiente exponiendo tus pensamientos así.

—No lo soy, nunca lo he sido. —Me río sin emoción—. Pero a tu lado me sale solo.

—Sé lo que es eso. —Aparta un rizo de mi mejilla hasta que se da cuenta—. Te he dejado comida para calentar en la cocina. Cómetela toda. —Empieza a irse.

—Eres un mandón.

—Me gusta cuidarte de la única forma que puedo.

Y tras eso se pierde por este lugar dejándome con el corazón latiendo con fuerza en el pecho. Solo es un detalle, pero desde que mi padre decidió dejar de mimarme es la primera vez que alguien se toma la molestia de pensar en mí. Porque a Max siempre lo he cuidado más yo a él que al revés.

Se monta en su caballo y se aleja.

Verlo me recuerda por qué me gustan tanto los libros de cowboys , madre mía.

Voy a la casa y, cuando entro en la cocina, no solo encuentro comida para mí, también una crema para picaduras de eucalipto limón ecológico.

Además, me ha escrito consejos para que me piquen menos los bichos.

Como ir siempre con manga larga y pantalón largo.

Esto ya lo sabía, pero no hice ni caso. Le mando un mensaje y le doy las gracias por todo.

Tras poner toda la comida en una bandeja me subo a mi cuarto y como en la mesa del balcón, que tiene un techado encima. Hace calor, pero se está muy bien aquí.

Llamo a mi hermana al acabar.

—Estoy a punto de cometer un asesinato —me dice—. Si tengo que hacerme más putas fotos, voy a convertirme en presidiaria.

—Lo siento.

—Yo más. No me deja perder la sonrisa. —Por su voz sé que está muy nerviosa.

—Toma aire.

—Tengo unos minutos, cuéntame algo jugoso con tu vaquero.

—No es mi nada, pero ayer se nos fue de las manos. Lo besé.

—Espera, repite eso. ¿Lo besaste?

—Eso parece, y luego acabé teniendo el mejor orgasmo de mi vida.

—¿Quién eres tú y que han hecho con mi hermana? —Me río—. ¿Te gustó?

—Mucho, pero hemos decidido dejarlo estar, por Max.

—Bueno, ese zoquete un día se dará cuenta de que si te amara de verdad no se comportaría así contigo.

—Tiempo al tiempo. —Su madre la llama—. Ánimo, Gretel.

—Estoy harta, Bonnie.

Cuelga y me quedo preocupada. Y, como gane el concurso, todo irá a peor.

No podrá alejarse del todo de ese mundo aunque quiera.

Entro en el cuarto y tras ponerme ropa fresca me echo en la cama y leo un poco.

Una de esas novelas eróticas que tanto me gustan…

El problema es que solo lo veo a él, a ese vaquero que me altera.

Y cuando la prota disfruta de sexo oral, es a él a quien imagino entre mis piernas.

Dejo de leer y me duermo, pero lo peor es que no dejo de soñar con Darren desnudo y yo montando al vaquero. Genial, simplemente genial.