Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 10. Bonnie
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Capítulo 10. Bonnie

Bonnie

No he vuelto a ir al lago y casi no he visto a Darren.

Ahora estoy con Lars para empezar mi nuevo trabajo.

Aquí debería estar Darren, pero no solo lo estoy evitando yo.

Esto es cosa de los dos. A pesar de eso, cada noche le dejo preparada la infusión.

Al día siguiente tengo una nota donde estaba la taza dándome las gracias.

Esta mañana ponía: «Suerte con tu nuevo trabajo. Irá todo bien».

Somos un par de idiotas.

Lars me presenta al equipo que se encarga de esta parte del rancho más ecológica.

La jefa es Violeta, que es la mujer del capataz Ehud, amigo de Darren también.

Lars se marcha cuando ve que estoy a gusto con Violeta.

Estos días he estado mucho con su hijo y su mujer.

Al fin la niñera está bien y puede cuidar al pequeño, aunque he prometido que alguna tarde libre bajaré para llevarlo al parque y a merendar.

No tengo tiempo para parar en toda la mañana. Mi trabajo es de lunes a viernes, empieza a las seis de la mañana y acaba poco antes de la hora de comer. Tengo las tardes libres. Al acabar mi primer día estoy agotada, pero feliz. Me gusta mucho esto. Darren me manda un mensaje justo cuando termino:

Darren: ¿Todo bien?

Bonnie: Me encanta, ahora voy a mi cuarto a darme una larga ducha y tirarme en la cama.

Darren: No se te olvide comer.

Bonnie: Si tengo que ir hasta la nave del comedor me da algo. Estoy agotada.

Darren: Estoy en el despacho de mi casa… Pásate por la cocina antes de subir. Te preparo algo.

Bonnie: No puedes evitar cuidar de mí, ¿eh?

Darren: Eres mi invitada.

Bonnie: Pues esta invitada se muere por volver al lago. ¿Pasa algo si voy sola y me meto solo hasta la rodilla?

Silencio. No dice nada. Estoy a medio camino de la gran casa.

El sol ya pica y me hace sentir acalorada.

No dejo de andar. Darren lee el mensaje, pero no me responde.

Entro en su casa y voy a la cocina tras quitarme las botas y el sombrero.

Hay comida en la mesa y una nota. Me lavo las manos y luego cojo la nota:

Te espero a las siete en el balancín. Cómete todo antes de dormirte.

Sonrío como una idiota y, tras coger la bandeja de comida, la subo a mi cuarto. Cierro y me lo como todo tras darme una ducha. Luego caigo en la cama agotada y a pesar de eso sueño con un vaquero de ojos azules tocando cada parte de mi cuerpo.

Al despertarme leo un poco antes de la hora en la que he quedado con Darren.

Estoy nerviosa cuando bajo ya lista para mi baño.

Llevo la bolsa de playa al hombro con un par de toallas.

Salgo y lo veo sentado mirando el atardecer antes de clavar sus ojos azules en mí.

Parece que hace una eternidad que no lo veo.

Estaba deseando volver a verme reflejada en sus iris azulados.

Y perderme en esa forma de devorarme que tiene, aunque los dos sepamos que está mal.

—Hola —digo yendo hacia él. Se levanta y me siento pequeña a su lado.

—Hola. ¿Todo bien en tu primer día?

Empieza a andar y lo sigo por el camino de tierra. Está rodeado de flores silvestres. Hay bancos y zonas de flores plantadas con un fin, pero aun así necesita un arreglo.

—Sí, todo bien… ¿Te molestaría mucho si en mi tiempo libre arreglo tu jardín trasero?

—Es todo tuyo. A mí no me da tiempo a tenerlo más decente. Antes se encargaba mi abuela, pero ahora se ocupa del suyo.

—¿Llevas mucho tiempo viviendo solo?

—Desde que Max se fue, mi abuela se fue a su casa con su marido y yo me quedé aquí.

—Solo —apunto, y asiente.

—Cuéntame algo más de tu trabajo. Puedo hablar con tu jefe si es muy duro. —Sonríe de medio lado. Me gusta ese lado juguetón de él.

Lo he echado de menos estos días.

—Me encanta. Es mejor de lo que esperaba. Max me dijo que este lugar me encantaría y así es.

—Lástima que mi hijo no piense lo mismo.

—Bueno, él dice que odia la vida de campo. Es demasiado nervioso para este lugar.

—Ya, aunque tú piensas que hay algo más. —Asiento—. He estado pensando en ello y he preguntado a mi abuela y a mis amigos. Como yo, no han notado ni visto nada raro en Max. Como marcas de pelea, por ejemplo.

—Podía esconderlo.

—Sí. Si pasó algo, Max se lo guardó para él. Seguiré investigando.

—Mejor, por si acaso.

Llegamos al lago y pone su toalla en el suelo.

Yo también saco la mía, y dejo mis cosas encima.

Y luego lo miro mientras tiro de mi vestido hacia arriba.

En cuanto me quedo solo con el bikini, Darren contiene el aliento.

Joder, echaba de menos esa mirada. Esa forma de decirme sin palabras que quiere tocar cada rincón de mi cuerpo.

Aparta la mirada, pero yo lo he visto todo.

Ando hasta el lago sabiendo que ahora nada le impedirá devorar mi trasero.

Por eso me giro antes de tocar el agua y lo pillo.

Sonrío y por su gesto advierto que está enfadado de que lo haya pillado.

Entro al agua agitada y acalorada, y no por el sol.

Es por él. Demasiados días echando de menos tenerlo solo para mí.

Estamos jugando con fuego. Y a pesar de eso, lo miro a cada brazada.

No deja de observarme. Dirá que es para controlarme.

Me da igual. Sus ojos azules están puestos en mí.

Está muy sexi ahí sentado, con la mano apoyada en una de sus rodillas.

Con el sombrero calado hasta los ojos. Podría pasarme horas mirándolo.

Hago el muerto sabiendo que mis duros pezones sobresaldrán del agua. ¿Qué me pasa? No puedo parar. Provocarlo es mi nuevo pasatiempo favorito.

Nado un poco hasta que siento que algo me toca el pie. Nerviosa, me muevo por la zona y noto el pie enredado con algo. Antes de que pida ayuda, escucho el agua moverse y veo a Darren nadando hasta mí. Al llegar, se sumerge y desenreda mi pie. Me coge en sus fuertes brazos y me saca del lago.

—Me vigilabas de verdad —digo cuando estamos fuera. No me suelta y yo tampoco hago amago de bajarme; tengo los brazos enredados en su cuello y desde aquí puedo verlo mejor.

Se ha quitado solo el sombrero. El resto de su ropa ahora está empapada. Y el pelo negro gotea por su frente. Contengo el aliento al mirarlo.

—Sabes que no puedo apartar los ojos de ti —admite, y eso me calienta por dentro—. El otro día no te respondí, tal vez por cobardía, por Max o por falta de práctica. Pero sí, me muero por besarte.

Debería apartarme, bajarme y darle las gracias por salvarme. ¿Lo hago? No, cojo su cara entre mis manos y aplasto mis labios con los suyos, poseída por una locura por la que nunca me había visto atrapada.

Tocar su boca es como acariciar las puertas del paraíso. Donde sabes que, una vez que se abran, todo será mejor de lo que nunca soñaste. Y así es. Darren gruñe y luego me baja para coger mi cara entre sus manos y tomar el control del beso.

Nos besamos con hambre. Somos bocas, dientes y lenguas enredados.

Acerco mi cuerpo al suyo mientras tiro de su camisa.

Sus manos bajan ahora por mi espalda y noto mi sexo mojarse, y no por el agua del lago.

Estoy sedienta de él. Besarlo es mejor de lo que soñé.

Es como montar en una montaña rusa, excitante, atrevida y salvaje.

Una voz me grita que lo detenga, otra que no lo haga en la vida.

Al final me contoneo sobre él sintiendo su dureza golpeando en sus vaqueros.

—Vas a llevarme de camino al infierno. —Baja los besos por mi cuello—. No puedo dejar de pensar que nadie ha visto nunca tu cara de cachonda tras correrte. ¿Verdad, pequeña?

—Verdad.

—Joder…, vas a matarme. Esto no debería estar pasando.

—Detente… si puedes —jadeo cuando lame mi clavícula y baja los besos por mi escote.

—No puedo. Hay tanto que deseo hacerte…

Tiro de su pelo mientras toca mis pezones sobre el bikini. No lo hace como si me fuera a romper, lo hace como si no pudiera vivir si no me toca. Aparta la tela y los mira. Mojados y sonrojados. Pasa los nudillos por ellos.

—Eres tan preciosa. —Lame la punta. Tiro de su pelo, sonríe. Y lo repite con uno y con otro. Luego se mete todo lo que puede en la boca y los devora. Cuando los succiona con su boca, me pierdo.

—Más fuerte —le pido notando las vibraciones de mi clítoris.

—¿Así? —Se mete todo lo que puede y succiona con fuerza.

Madre mía, esto es muy bueno. Lo hace hasta que no puedo más. Hasta que necesito sus manos en otra parte.

—Por favor…

—¿Por favor qué, cariño?

—Tócame…

—¿Dónde? —Lleva sus dedos hasta la goma de mi braguita del bikini—. ¿Quieres mis dedos dentro de ti? ¿Quieres que te folle con mi mano?

Mi sexo da una fuerte sacudida y aprieto los muslos para contener este torrente de deseo líquido y caliente.

—Sí.

Mete la mano dentro y pasa sus dedos por mis pliegues.

—Joder, estás muy mojada por mí… —Besa mi boca mientras sus dedos hacen estragos en mi sexo. Jadeo y gimoteo mientras acaricia mi clítoris—. ¿Nadie nunca te ha visto tan cachonda?

—Te puedo jurar que no. —Un gruñido primitivo se escapa de su boca antes de besarme.

—Solo has salido con idiotas que no han sabido venerar a una diosa.

—Tal vez es que solo necesitaba a un hombre de verdad. —Mete un par de dedos dentro de mí y noto como mi cuerpo se abre para él—. Darren…

—Me encanta mi nombre en tu boca. —Lame mis labios y luego me besa desesperado mientras sus dedos entran y salen de mí—. Está tan estrecha… Mi polla se daría un festín con tu pequeño coño.

Mete un dedo más y me abro a él.

—Más duro.

Y lo hace, mete y saca los dedos con fuerza. Siento como me fallan las piernas. Me sujeta con su otra mano mientras su boca devora de muevo mis endurecidos pezones. Estoy cerca de correrme y lo nota, por eso se separa para verme.

—Córrete, cariño. Mójame los dedos con tu orgasmo.

Lo miro mientras hago algo por primera vez ante alguien. Y pienso que no era tan complicado, el problema solo fue conformarme en vez de luchar por sentir esto. Este fuego que arde en mí hasta que estallo en cientos de pedazos mientras Darren mete y saca los dedos.

No deja de moverlos hasta que los últimos coletazos de placer me sacuden. Los saca y coloca mi ropa. Lleva sus dedos a su boca y los chupa.

—Deliciosa. —Me acabo de correr y ya quiero más. Lo ve en mis ojos. Y luego me besa como si fuera una despedida—. Hay que volver a casa.

No lo dice, pero veo el arrepentimiento en su mirada y sé que él también lo ve en la mía. Ahora que el placer se ha pasado un poco, pienso en Max. En que esto solo complicará todo entre los dos.

—Sí, regresemos.

Recogemos todo y regresamos sin hablar. Al llegar a la casa entramos y se para cerca de su despacho.

—Sobre lo que ha pasado…

—No le contaré nada a Max. No sabrá lo que ha pasado. Te lo prometo. —Asiente—. ¿Vas a alejarte de mí?

—Es lo mejor, Bonnie. Eres la chica que Max quiere.

—¿Y lo que quiero yo?

—Solo es sexo, Bonnie, no puedo joder a mi hijo solo porque te deseo.

—Lo entiendo. No sé en qué pensé cuando te besé.

—No cambiaría lo que ha pasado por nada, Bonnie. —Me acaricia la mejilla—. Pero soy padre antes que nada y prometí que él iría siempre primero.

—Alguna vez te tocará volver a vivir, Darren, es hora de que seas algo más. Que seas egoísta—No dice nada y le doy las buenas noches sabiendo que cuando me encierre en mi cuarto no saldré hasta que tenga que ir a trabajar.

Es mejor que esto no se repita. Aunque dudo que pueda olvidarme de lo que ha pasado, por primera vez en mi vida he entendido por qué la gente pierde la cabeza por el sexo.