Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 9. Bonnie
23%

Capítulo 9. Bonnie

Bonnie

Dejé ayer la infusión de Darren en la cocina con una nota diciendo que la calentara. Al bajar a desayunar, no está la taza donde le puse la infusión, la misma que él usó la otra noche, pero sí un «gracias» bajo mis palabras.

No quiero pararme a pensar por qué me guardo la nota. No he dejado de pensar en ese pequeño Darren sin infancia. Por eso trabajó duro para que a Max no le faltara nada, pero tal vez no se permitió algo tan sencillo como jugar con él o hacer cosas divertidas. No podía.

Estoy a punto de salir cuando la puerta trasera de la cocina se abre y aparece Lars.

—Qué suerte que te encuentro. —Parece agitado—. Empiezas a trabajar en unos días, ¿verdad?

—Sí… ¿Ha pasado algo?

—Nuestra niñera está con gripe y mi suegra no puede quedarse con Robin. ¿Puedes quedarte con él por las mañanas? Por las tardes ya puede mi suegra. Por supuesto, te pagaremos.

—No me tenéis que pagar nada, y claro que me quedaré con él. —Noto el alivio en sus ojos.

—¿Te acercas tú con tu coche?

—Sí, claro. No hay problema.

Me despido de él y voy a por mi coche tras preparar mis cosas para pasar el día fuera. Aparco y voy hasta la tienda de Tara, y de nuevo la gente me mira curiosa. Saludo a todos como si los conociera de toda la vida. Algunos me devuelven el saludo, otros me miran como si fuera una mujer marciana.

Al entrar en la tienda de Tara, empuja al niño y me dice que nos vemos luego; parece que está deseando estar tranquila sin el trasto.

Quedo en traerlo a la hora del cierre. Me da una mochila y las llaves de su casa, para que si se pone pesado en la calle pueda llevarlo a casa de sus padres y entretenerlo allí.

De nuevo me sorprende lo mucho que confían en mí.

Para ellos parece lo normal, pero en mi vida diaria nunca he vivido algo así.

Entramos a desayunar y pedimos lo mismo de ayer. Al salir vamos al parque y llamo a Max.

—Hola, mi chica.

—Vete a la porra, Max. —Se ríe y su risa es cálida—. Estoy cuidando al hijo de Lars y les parece muy normal, a pesar de que soy una extraña.

—No lo eres, hablo de ti todo el tiempo.

—Eso estoy viendo. ¿Cuándo vas a volver? Yo empiezo a trabajar en unos días. Iban a ser un par, pero se ha alargado la cosa.

—Pues no lo sé. Esto se está complicando más de lo que pensaba y no me puedo ir ahora. ¿Lo entiendes, verdad?

No, no lo entiendo. Si quiere que sigamos como antes de su confesión, esto no ayuda. Así es como estamos desde entonces. Hablando por teléfono sin vernos.

—Sí —miento, y odio hacerlo; el problema es que nuestra historia ya está bastante tocada de por sí.

—Te lo compensaré.

—Eso espero. Sé que odias este lugar… ¿Seguro que vas a venir?

—Está todo bien. —Noto algo en su voz que me hace pensar lo contrario.

—Vale, como quieras. —Robin se cae y le digo que tengo que colgar.

Voy a ver al pequeño y, tras limpiarle las heridas, sale corriendo como si nada.

Siempre me sorprendo de como los pequeños parecen de goma.

Nos quedamos en el parque un rato, hasta que está cansado.

Lo llevo a casa de su abuela y le doy una ducha rápida.

Le pongo la ropa fresca de estar por casa y se pone a jugar conmigo con los animales.

He escrito a su madre para decirle que íbamos a su casa y me respondió que si lo duchaba le hacía un favor.

Estoy haciendo muchas cosas por primera vez.

Nunca he pasado tanto tiempo con un niño, pero estoy descubriendo que me encanta.

—Ya estoy aquí.

—¡Mamá! —Robin sale corriendo a ver a su madre.

—Oh, qué bien hueles.

—¡Bon me puso colonia!

Tara entra y me da las gracias por todo. Preparamos la comida y servimos la mesa cuando llegan sus padres. Hoy, por suerte, no mencionan nada de Max y yo. Al regresar al rancho subo a mi cuarto y me pongo a leer un rato. Estoy acabando la novela cuando me escribe Darren:

Darren: Te espero para ir al lago. ¿O prefieres no hacerlo?

Bonnie: ¿Otro día usándome para dejar de trabajar?

Darren: Me has pillado. Vamos, te necesito para tener una excusa para no sentirme mal por tomarme un descanso.

Bonnie: Bajo ahora.

Noto mariposas en mi estómago que no deberían estar ahí.

Busco mis bañadores y me pongo uno de los que traje.

Soy una cobarde, lo sé, pero pienso que tal vez así no me mire como si ansiara apartar la mojada tela y desnudarme.

Mi sexo da una sacudida y aprieto las piernas.

¿Qué me pasa? Este fuego nunca me quemó ante nadie más.

Bajo y lo veo a los pies de la escalera. Lleva los vaqueros, con una camiseta blanca y el sombrero negro. Su mirada recorre desde mis pies a mis ojos y, aunque llevo un vestido playero, es como si no llevara nada, y dudo que mi bañador evite que me queme con sus ojos azules.

—Vamos —su voz es un gruñido, como si le molestara seguir deseándome tanto como ayer.

Podría hacerme la tonta, hacer como que no sé interpretar su mirada. Eso sería lo más fácil para todos.

***

Entro al lago ardiendo. Da igual lo que lleve puesto.

Me ha devorado con la mirada y cuando sus ojos alcanzaron los míos estábamos los dos jadeantes.

Anduve hasta el agua fría y me sumergí en el agua.

He nadado un poco, pero nada sirve para aliviar el calor entre mis piernas.

Tampoco tocarme ayer pensando en él en la cama.

Cuando salgo, me espera con la toalla y me abraza. Cierro los ojos para disfrutar de su calor. Max me dijo que su padre solo sabía trabajar, que a veces le daba la impresión de que se sentía muy solo. Que nadie entendía su oscuridad. Creo que no es oscuridad, sino tormentas que se quedó para él.

—¿Jugamos a las tres preguntas? —digo cuando me siento a su lado arropada por la toalla. Hoy ha traído otra toalla para sentarse y que yo pueda ponerme en ella.

—Presiento que es un juego muy infantil, pero dale, no tengo nada mejor que hacer.

—¿Seguro?

—¿Primera pregunta?

—Ni de coña. —Sonríe y veo marcado su hoyuelo. Qué guapo es.

—Tengo muchas cosas que hacer, pero quiero estar aquí, aunque no debería.

—Vale, primera pregunta. Si no vas a decir la verdad, di «paso». —Asiente y clava sus ojos en mí—. ¿Te sientes solo? —Su mirada se oscurece y contengo la respiración.

—Sí, muchas veces. Tal vez desde siempre, a pesar de tener ahora a mucha gente que me quiere. ¿Y tú?

—¿Es tu pregunta? —Asiente y el pelo negro cae sobre su ceja; se lo quiero apartar y aprieto las manos para no caer en la tentación—.

Sí, aunque no cuando estoy con mi hermana o con Max.

Pero mi hermana no para de viajar para ir a concursos de belleza con mi madrastra, y Max…

, bueno, Max siempre tiene algo que hacer.

—¿Y con tu ex te pasó?

—Sí. Mucho, pero era mejor que no tener nada. Ahora me doy cuenta de que duele menos estar sola a sentir que lo estás cuando tienes a alguien que te dice vacíos «te quiero». —Asiente—. Me toca. Te daré las otras dos por una pregunta, porque tú me has respondido a la otra mía.

—Es lo justo, sí, y ahora dispara.

—¿Alguna vez has tenido novia?

—No —responde sin darle vueltas—. Tuve que levantar este lugar con mi abuela.

Mi abuelo lo dejó casi arruinado. Mi abuela echó a todos los que no eran leales a ella y el que ahora es su marido, Rob, nació en este lugar, como te dije, y, bueno, lo conocía mejor que nadie.

Empezamos de cero. Tuvimos que ganarnos el respeto de la gente.

De los comercios, de las fábricas. Conseguir nuevos contratos.

Para cuando me di cuenta…, tenía más de treinta años y un hijo en la universidad, y estaba demasiado cansado de todo.

Lo miro ansiando abrazarlo fuerte. Este hombre nunca pudo ser un niño. Creció demasiado pronto. No es serio, es que la vida no le ha enseñado a sonreír. Lamo mi boca y observa como mi lengua rosada pasa por las comisuras.

—¿Deseas besarme? —No debí preguntarle algo así. Por la sorpresa de sus ojos sé que he roto este momento.

Ambos pensamos en Max. Me levanto; sé cuándo lo he estropeado todo.

—Te dejaré la infusión. Gracias por el baño.

Salgo casi corriendo tras recoger mis cosas y ponerme los zapatos. Cuando entro en la cocina, su abuela está dejando túpers con comida.

—¿Del lago con Darren?

—Sí. —Asiente y me dice dónde deja la cena.

La cojo y la subo a mi cuarto. Es mejor dejar de hacer el idiota con el padre de mi mejor amigo. Va a pensar que soy una cría que nunca ha estado al lado de un hombre sexi y guapo. Max me escribe por la noche y me dice que me quiere. Que siente no poder venir. Le digo que pronto estará aquí.

Max: No sé cómo llegar a todo… Me importas mucho, Bonnie. No creas que no me importa recuperar a mi mejor amiga.

Los ojos se me llenan de lágrimas. Le he contado a Max casi todo de mí. Pero si supiera por quién suspiro, sería una sentencia de muerte para lo nuestro. Con suerte, pronto estará aquí y dejaré de hacer el idiota con su padre.