Capítulo 5. Bonnie
Bonnie
Cuando bajo a la cocina, sobre las ocho, encuentro a una mujer mayor. La reconozco de las fotos que me enseñó de ella Max. Quiere mucho a su bisabuela. No es muy mayor, porque se casó muy joven y tuvo pronto a su hija. Y Darren también corrió mucho, demasiado.
—Hola, cariño. —La mujer se me acerca y me da un cálido abrazo—. Te he preparado el desayuno.
—No hacía falta —digo tras darle los buenos días. Me hace señas hacia la mesa y veo galletas y pan recién hecho—. Oh, qué buena pinta todo.
Me siento a desayunar y, por suerte, se sienta a mi lado.
—Max llegará un poco más tarde. —Asiento—. Mi chico es maravilloso.
—Lo es, sí.
Su forma de mirarme es intensa, como si quisiera leer cada secreto de mi alma. Sus ojos son de un azul más claro que los de Darren y Max. Max me dijo un día que sus ojos azul oscuro eran parecidos a los de su bisabuelo; el desgraciado, dijo él.
—No sientes nada por mi muchacho. Le vas a partir el corazón.
—Yo no he dicho nada.
—No hace falta, no hay estrellas en tus ojos al hablar de él.
—Estoy aquí para recuperar a mi mejor amigo. Las cosas no van bien entre los dos desde…
—Desde que te dijo lo que sentía. Lo sé. Todos lo sabemos. Max nos cuenta todo. Bueno, por suerte no cuando tiene algún encuentro sexual. Que tiene muchos. ¿Es por eso que no te gusta para algo más? ¿Porque no sabe tener la polla en los pantalones?
—¡Abuela! —Miro tras de mí y veo a Darren.
Por suerte, esta vez va vestido. Con unos vaqueros desgastados y una camiseta blanca de manga corta. Lleva un sombrero negro de cowboy . Madre mía, madre mía, mis ovarios acaban de explotar.
—¡No he dicho nada que no sea cierto! —Nos mira alternativamente a ambos—. Tenemos un puto problema… Yo me marcho. Apáñate tú con ella. Tengo que poner al día a Rob de todo. Qué verano más divertido se ha quedado.
Se marcha, sin más. Miro a Darren a los ojos y él mira a su abuela negando con la cabeza.
—Lo siento, Saril es… especial.
—Max ya me ha contado cómo es.
—Tengo un día muy jodido, solo he venido a hacer una llamada. ¿Te enseño el rancho por la tarde o mañana?
—¿Puedo explorar sin miedo?
—Sí, claro. —Va hasta una libreta y me escribe su número de móvil—. Por si te pierdes.
—¿Hay cobertura en todo el rancho?
—Sí.
—Perfecto, pues haré una ruta turística antes de que Max venga y nos pongamos a trabajar.
—Perfecto. —No dice más y, tras desearme buen día, se marcha.
Sigo comiendo sin saber muy bien qué acaba de pasar. Lo peor es que a la luz del día resulta mucho más atractivo. Escribo a Gretel y le digo si sabe cómo apagar el fuego. Responde como solo ella puede responder:
Gretel: Follando con el señor Bennet como una loca y no contándoselo a nadie.
Mejor no pedir consejos a la salida de mi hermana. Termino el desayuno y recojo todo. Guardo lo que sobra para luego. Tras grabar el teléfono de Darren en el mío, me marcho. Le mando un mensaje para decirle que hola y que anote mi móvil. No responde, pero lo lee.
Lo imagino sudado y a caballo. No, mejor no pensar en él. Mejor recorrer el rancho y disfrutar de estar aquí.
Sigo un camino y veo a mucha gente trabajando.
Es la zona de los animales. Vacas, toros.
Pequeños terneros. También cerdos y gallinas.
Algunos perros salen a mi paso y se nota que son parte de este lugar.
Hay casas para los trabajadores y, por lo que me dijo Max, también tienen una zona para que los trabajadores que se jubilan sigan teniendo un lugar donde vivir si no tienen otro hogar.
Me gustó que Darren pensara en ese detalle, tal vez por su abuela, que vive con su marido en una casita.
Al llegar a la zona de los huertos veo los carteles de «huerto ecológico». Hay una nave y luego un huerto alejado del otro. Estoy deseando empezar. Aprender en este lugar… tan caluroso.
Busco un sitio donde beber agua. Entro en la nave y pregunto por la zona de refrigerio. Un hombre muy sexi me mira y entorna los ojos. Por suerte para mí, no siento nada al verlo.
Se me acerca. Y me doy cuenta de que es todo músculos y masculinidad.
Mi hermana, en este lugar, se montaría una fiesta.
Yo, por suerte, solo he sentido esa locura transitoria por un hombre; el problema es de quién es padre. Pero tengo fe en que se me pasará.
—Conozco a todo el mundo en este rancho. Hasta a los que vienen de vez en cuando. Esta cara nueva solo puede deberse a Bonnie, la mejor amiga de Max.
—¡Esa soy yo!
Sonríe y me tiende la mano.
—Soy Lars, uno de los mejores amigos de Darren.
—He oído hablar de ti. —Le estrecho la mano y me dice dónde puedo beber algo. Tomo agua fresca como si estuviera en el desierto y luego lo miro—. No pude evitar darme una vuelta y ojear este lugar.
El pelo lo tiene castaño, con las puntas más rubias, y los ojos de un dorado muy peculiar, enmarcados por unas pestañas negras que dan profundidad a su mirada, y cuando sonríe, un hoyuelo se le marca a un lado. Joder, ¿por este lugar solo hay vaqueros atractivos?
—Haces bien, si sigues el camino trasero de la gran casona te lleva a un lago precioso. Puedes refrescarte allí.
—Ah, gracias. Darren estaba muy ocupado y Saril salió corriendo como si hubiera visto un fantasma.
—Esa vieja bruja es especial, no te asustes. —Por cómo lo dice noto que le tiene mucho cariño. Lo llaman y me indica cómo llegar al comedor central para comer algo.
Me quedo un rato hasta que decido ir al comedor.
En cuanto entro, la gente me mira descaradamente.
Ser la nueva es lo que tiene. La gente siente curiosidad por ti, pero luego, cuando la novedad se pasa, eres una más y todo lo interesante que tenías ha desaparecido.
Cojo una bandeja y me pongo algo para comer.
Voy al fondo y como en silencio mirando el móvil.
Por eso, cuando me llama Max, lo cojo enseguida.
—¡Hola! ¿Ya estás de camino?
—Por eso te llamaba. Me han propuesto ampliar el trabajo y, joder, estamos muy cerca de descubrir algo importante…
—Estoy bien, Max, la gente aquí me trata muy bien, quédate, anda.
—Eres la mejor. Te lo compensaré cuando regrese. ¿Pizza y cervezas?
—Por supuesto.
—Te quiero, Bon.
—Te quiero, Max.
Cuelgo y miro a mi alrededor. Tengo que empezar el trabajo sin él.
Y no es la primera vez. Max siempre anda metido en sus investigaciones de biología.
Por eso, cuando me dijo lo que sentía, en parte no lo creí.
Alguien que está enamorado de ti no te deja tirada tantas veces.
Como amigo se lo perdono y me da igual, pero mi ex era así.
Quedábamos y luego siempre tenía algo que hacer en el trabajo.
No pienso volver a pasar por eso. Quiero ser lo más importante para alguien, no creo que sea pedir demasiado.
Termino de comer y me marcho a la casa grande. Al llegar escucho ruido en el despacho de Darren y voy hacia allí. Toco a la puerta y me dice que pase.
Noto como me pongo nerviosa solo por verlo. Esto no tiene sentido.
Abro la puerta y lo veo tras su escritorio, clavando sus ojos azul oscuro en mí.
Contengo el aliento, como cada vez que lo veo, y sonrío mientras busco asiento.
¿Cómo sería besarlo y de paso saltar sobre su regazo?
Para, me digo mientras intento no fijarme en cómo se le pega la camiseta blanca al cuerpo.
—¿Todo bien? —me pregunta.
—Sí, solo que Max va a retrasarse y yo no puedo esperarlo para empezar a trabajar.
—Lo sé, me ha llamado. Max no sabe hacer otra cosa que no sea trabajar. —Sonríe con cariño.
—Ya me he dado cuenta. No es la primera vez que me deja tirada por estudiar algo nuevo, o por pasarse horas haciendo un trabajo hasta que queda perfecto para él.
—Es muy perfeccionista. Hasta un punto enfermizo.
—Sí. Y aun así, le queremos. —Asiente—. ¿Puedes darme trabajo antes?
—Claro. ¿Dentro de dos días te parece bien?
—Perfecto, aunque no sé qué hacer con tanto tiempo libre.
—Disfrutar de este lugar. —Sonríe y, aunque la sonrisa no llega a sus ojos, sí suaviza sus facciones.
Es tan guapo que duele mirarlo.
—Eso haré. Lars me ha dicho que hay un lago. Tal vez vaya a bañarme.
—Si vas, avísame para estar pendiente. Hay zonas profundas que pueden agotarte al no hacer pie.
—Si te aviso y me hundo, no llegarás a tiempo. Tal vez sea mejor no ir. O quedarme en la orilla.
—Hace mucho calor, avísame y yo me apaño. —Le hacen una llamada—. Tengo que irme —dice al colgar—. Debes comprarte un sombrero, si quieres moverte por este lugar sin quemarte.
Mira mis mejillas sonrojadas por el sol.
—Sí, iré al pueblo mañana. —Asiente y me escribe algo en un papel. Lo cojo.
—Es una tienda de ropa en la que hacen descuento si eres del rancho. Te dejaría uno de mis sombreros, pero ya sabes lo que se dice si aceptas el sombrero de un cowboy .
—Que tienes que montar al vaquero. —Noto como mi sexo da una sacudida solo de imaginarme subida a lomos de semejante hombre para montarlo como una gata en celo.
—Exacto.
Va hasta la puerta y yo hago lo mismo. Sujeta la puerta y salgo ante él. Vamos hasta la cocina y lo veo irse sabiendo que, o enfrío lo que siento a su lado, o tengo un problema gordo.