Intocable (Amar a un cowboy 1) Capítulo 4. Bonnie
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Capítulo 4. Bonnie

Bonnie

Tengo una sed tremenda y son las tres de la mañana.

Dudo, pero al final decido ir abajo, donde intuyo que está la cocina, y coger agua.

Me muevo por la casa con la luz del móvil.

Al bajar las escaleras me fijo en el cuarto de Darren y me pregunto si estará dormido.

¿Dormirá desnudo? No, joder, mejor no pensar en él así.

Tengo que pasar estos tres meses sin que esta atracción que he sentido por él me meta en problemas con mi mejor amigo.

Bajo hasta la planta baja y veo que hay luces en los enchufes que se encienden a mi paso.

Por eso apago el móvil, voy hacia donde creo que está la cocina y, bingo, era justo la habitación del fondo.

Entro, y no enciendo la luz. Hay luces tenues que se encienden pero luego se apagan.

Cojo el móvil al tiempo que una luz led amarilla se enciende bajo los muebles y me ilumina el lugar.

—¿No puedes dormir? —pego un grito y, cuando miro, veo a Darren apoyado en la encimera junto a la ventana, bebiendo agua y sonriendo.

Deja de hacerlo cuando sus ojos se posan en lo que llevo puesto.

Tarde me doy cuenta de que llevo unos pantalones minúsculos y una camiseta de tirantes sin sujetador.

Él tampoco lleva mucho más. Unos pantalones deportivos grises y punto.

Joder, no devorar su pecho cincelado como si fuera mármol es casi imposible.

Está muy bueno y rezuma hombría. Es como siempre me han gustado los hombres.

Con los que he fantaseado al tocarme en la noche.

No está bien.

Esto no está bien.

—Agua, tengo agua…, quiero decir, quiero. —Sonríe y va hasta la nevera para sacarme una botella.

La cojo y nuestros dedos se tocan y ahí saltan chispas. Que digo chispas, una hoguera incandescente.

—Gracias. —Separo la mano y bebo agua, tengo que salir de aquí—. Esto es muy bonito —le digo mirando por la ventana.

—Sí.

—Max tardará un poco en llegar.

—Al parecer le cuesta dejar el trabajo.

—Así es Max. Bueno, tú lo sabes mejor que nadie, eres su padre y, además, su mejor amigo. Lo sabes todo de él.

—Todo no, pero casi. —Por cómo me mira sé que sabe lo mío con Max, de cómo se confesó.

—Entonces sabes lo que siente por mí. —Asiente y lo confirma—. ¿Te puedo ser sincera, Darren?

—Claro.

No sé qué hago hablando con él, debería irme.

Meterme en la cama y dejar de mirarlo de soslayo sin que se dé cuenta de cómo me fijo en la goma de sus bóxers negros y en esa uve de vello corto que baja hacia abajo.

Madre mía. Debería salir corriendo antes de que diga algo que solo me complique la vida.

¡Yo no soy así! La sexi es mi hermana, yo soy la sosa.

—Quiero mucho a Max, es mi mejor amigo, pero… no estoy enamorada de él. A pesar de lo sexi que es, nunca he sentido chispas al mirarlo. Y no sé cómo ser su amiga de nuevo sin que lo que siente nos separe. Por eso estoy aquí. Echo de menos cuando estar cerca de él no le dolía.

Se queda callado y luego deja el vaso y me mira fijamente.

—No se pueden forzar los sentimientos, ni tú los tuyos, ni él los suyos. Quién sabe lo que pasará mañana, ¿no?

—Estuve saliendo con un hombre tres años por ese mañana.

Me parecía bueno, guapo, mono, y dije: ¿por qué no?

Nunca sentí nada, ni fuego, ni chispas ni nada, me pasé días buscando en Google si era normal, vi que muchas mujeres no sienten lo mismo, bueno…

, en las historias de cama, algunas, como yo, nunca llegan al orgasmo con su pareja…

¿Por qué te estoy contando esto? —Se ríe y su risa es ronca y sexi—. Lo siento.

Darren tiene algo que hace que quiera contarle toda mi vida. Y creo que es la forma en que me mira, como si lo que yo le cuento le importara.

—No pasa nada, Bonnie, y no, no puedes fingir todo eso y ser feliz. Nunca he tenido pareja, no sé qué haría en tu caso.

—¿No te gusta tener pareja?

—No es que no me guste, es que no he tenido tiempo de pararme a pensar si quiero algo más. Mi vida es este lugar y Max.

—Fuiste padre demasiado joven.

—Era un puto crío…, pero no cambiaría a Max por nada. Es a quien más quiero en mi vida.

—Es bonito eso. Y no quiero hacer daño a Max.

—Lo sé, Bonnie, sé que lo quieres. Pero tal vez hacerle daño sea inevitable. —Noto los ojos llenos de lágrimas y una cae por mi mejilla—. Eh, joder, no llores. —Me la seca y los dos sentimos cómo tiemblo—. Tal vez puedas arreglarlo.

—Tal vez.

Nos miramos. Estamos muy cerca y de golpe soy muy consciente de la poca ropa que llevamos los dos.

Quiero tocarlo. Lo deseo tanto que me duele la punta de los dedos.

Quiero sus manos por todo mi cuerpo. Aprieto los muslos sintiendo mi sexo agitado y tembloroso.

Ansioso de un alivio que no llegará por su parte.

Me aparto y cojo el agua.

—Gracias por la charla, voy a ver si duermo un poco más.

—De nada. Buenas noches, Bonnie.

—Buenas noches, Darren. —Me encanta su nombre en mi boca.

Salgo hacia mi cuarto buscando la seguridad de sus paredes antes de cometer alguna locura transitoria.

Tal vez todo esto que siento sea solo por el cansancio; espero que sí, de lo contrario, Max me va a odiar.

Ya me lo veo buscando canciones de amigas horribles.

Max escucha mucha música cuando quiere evadirse de todo y según el tipo de música sabes si está contento o no.

A veces he sentido que es para acallar sus fantasmas.

Como si algo en su pasado lo hiciera ser así.

No me lo ha contado y, entre otras cosas, decidí venir a este rancho porque sé que lo odia.

Por si vuelve para superar una herida que se quedó abierta y por eso me necesita cerca.

Solo espero que la atracción que siento por su padre desaparezca.

Darren

Miro hacia el techo desde mi cama sabiendo que ella está justo arriba.

No debí mirarla como lo hice, pero, joder, casi no llevaba ropa y su cuerpo me tienta.

Es pequeña y perfecta. Piernas largas y pechos redondos y firmes.

Joder, qué cuerpo. Lo peor fue que, cuando me miró, vi cómo me devoraba con la mirada y le gustaba mucho lo que veía.

Se sonrojó y el sonrojo llegó a la cima de sus pechos.

Sus pezones se pusieron duros contra la tela.

Esto es una putada. Quería hacerle de todo a la mejor amiga de Max. Soy un cerdo. Un idiota, por no poder mirarla como el resto de los padres. Claro que el resto de los padres no tienen mi edad.

No puedo joderlo todo; solo son tres meses, en cuanto llegue Max será más fácil todo.

Solo es una atracción a destiempo que seguro se apagará con la misma fuerza que ha llegado. Solo es eso, y por Max siempre he hecho lo que fuera. Siempre lo he puesto por delante de mí, hasta el punto de vivir para su felicidad y no para la mía.

Esta vez no será diferente.